CRITERIO 90 AÑOS. Entre la continuidad y el cambio

Mi relación con la revista CRITERIO nació hacia 1950/60, cuando llegaba puntualmente al departamento de Las Heras y Laprida donde vivíamos. Mi tía materna Sofía Molina Pico estaba suscripta a la publicación que en ese tiempo dirigía monseñor Gustavo A. Franceschi, de lectura obligatoria en el círculo de intelectuales católicos del que ella formaba parte. Mi padre, de ideas nacionalistas de derecha, ya no simpatizaba con Franceschi, que en la posguerra mundial se había acercado al proyecto de la democracia cristiana europea. Por nuestra parte, mi hermana Jimena y yo nos limitábamos a leer la crítica de cine a cargo de Silvia y de Jaime Potenze, que nos informaba de las últimas novedades de la filmografía. El grueso del contenido eran artículos muy serios, escritos por especialistas, propios de una publicación que difundía el pensamiento del episcopado y las discusiones acerca de la doctrina católica y de su aplicación.
Después comenzaron los cambios, bajo la dirección del padre Jorge Mejía, más tarde cardenal, y del círculo de laicos vinculados al pensamiento del humanismo cristiano que, gracias a una mirada independiente de la jerarquía, tanto aportaron a la renovación del papel de la Iglesia católica en el mundo contemporáneo. Por entonces, yo había perdido contacto con CRITERIO. Lo que jamás imaginé, en esos tiempos remotos, era que en el siglo XXI tendría cercanía y amistad con su actual director y asesores, y hasta colaboraría en sus páginas. Es más, como historiadora, consulto la colección de la revista, fuente documental irreemplazable en la historia argentina de 90 años a esta parte; este seguimiento me permite admirar su capacidad de adaptación a los tiempos, y de continuidad en asuntos centrales, como uno de los secretos de su vigencia –al que hoy se agrega un formato atractivo y variedad de temas de interés general, intercalados con las notas de fondo–.
Fundada y dirigida por intelectuales de la talla de Atilio Dell’Oro Maini, ejerció desde un comienzo una suerte de arbitraje moral en cuanto a la cultura católica y su evolución. En Recuerdos de la vida literaria, Manuel Gálvez, colaborador de la revista en su primera etapa, hace el elogio de Dell’Oro, de su buen gusto y fina inteligencia, y de sus colaboradores, en su mayoría jóvenes escritores, entre otros, Ricardo Molinari, Rafael Jijena Sánchez, Ignacio B. Anzoátegui. Francisco Luis Bernárdez, Leopoldo Marechal, María Teresa León, Jacobo Fijman y Enrique Amorim. En su primer año de vida, los poemas de Jorge Luis Borges, algunos de ellos emblemáticos, como “Muertes de Buenos Aires”, dieron fe de la calidad literaria de la publicación. En ese espacio cultural ecléctico también escribían sacerdotes jóvenes de larga trayectoria en las filas del nacionalismo católico: Juan Sepich, Julio Meinvielle y Leonardo Castellani. Sea porque buena parte del elenco fundador era muy agresivo o porque su lenguaje estético resultaba un tanto hermético, lo cierto es que hubo un cambio de dirección. Gálvez lo atribuye al asesor religioso de la revista, el padre Zacarías de Vizcarra, a quien desagradaban tanto la poesía de Borges y de Molinari, como las xilografías de Juan Antonio Ballester Peña y las jitanjáforas de Anzoátegui. “Prodújose una breve tormenta”: con Dell’Oro se fueron casi todos sus colaboradores, y concluyó una época dorada, en la que se pagaban muy bien a las colaboraciones, gracias a un excelente conjunto de patrocinadores, agrega Gálvez.
Luego de un breve interregno, bajo la dirección de Enrique P. Osés –más tarde director del periódico filonazi El Pampero– la dirección fue encomendada a monseñor Gustavo A. Franceschi. Esta fue la época en que CRITERIO asumió la defensa de la ortodoxia en polémicas memorables como la que sostuvo con el filósofo francés Jacques Maritain, a propósito de la legitimidad del alzamiento militar de Francisco Franco en España, y del supuesto carácter de “guerra santa” de la contienda. Otra polémica que hizo época fue con Lisandro de la Torre y giró en torno a la cuestión social, en 1937. Sobre el peso de la opinión de Franceschi, vuelvo a los Recuerdos de Gálvez y al severo intercambio que tuvieron a raíz de la publicación de la novela Cautiverio, en la que el autor de La maestra normal abordaba temas de sexo y adulterio en la alta sociedad porteña. A pesar de que el libro estaba escrito en un lenguaje medido, que se condenaba el pecado carnal y se elogiaba el arrepentimiento, Franceschi reaccionó con fiereza en un artículo titulado “La castidad en la novela”, en la que cuestiona la trama del libro y a sus personajes. Tan fuerte resultó la crítica que Gálvez, aunque indignado y herido, no intentó reeditar la obra.
La modificación en la visión política de Franceschi se inspiró en las nuevas tendencias del catolicismo en la Europa de la posguerra mundial, en favor de la democracia cristiana. Su opinión se hizo sentir hasta su fallecimiento en 1957. En los años terribles del conflicto entre Perón y la Iglesia, del golpe militar y las presidencias de facto de Lonardi y de Aramburu, la posición de la Iglesia quedó comprometida: cuestionada por los vencedores, fue también objeto del resentimiento de los vencidos. En ese clima en que reverdeció la puja entre católicos nacionalistas y liberales, los artículos de Franceschi dieron apoyo al gobierno militar, pusieron distancia con el nacionalismo y señalaron la importancia de que la clase media argentina se tornara más visible y mereciera mayor interés de las autoridades eclesiásticas y de los gobiernos.
La apertura hacia una tolerancia más amplia y mejor comprensión del mundo moderno llegó de la mano del padre Jorge Mejía, sucesor de Franceschi. A este profesor de Teología, sin experiencia como periodista, le cupo difundir los documentos del Concilio Vaticano II, preparar la reforma e informar puntualmente de cuanto sucedía en Roma. En otro orden de cosas enfrentó críticas furibundas de la jerarquía, por ejemplo, cuando la revista publicó declaraciones del Círculo de periodistas cinematográficos, presidido por Potenze, su cronista de cine, contrarias a la reglamentación de la censura de películas, en 1961. La dura reprimenda del cardenal Antonio Caggiano, en una carta personal, llevó a Mejía a ofrecer su renuncia y al mismo tiempo, expresar su estado de ánimo en medio de las tempestades de la política:
“La tarea es hoy particularmente dura, más todavía que en tiempos de monseñor Franceschi […]. Quería tener a todo y a todos en cuenta, sin sacrificar ningún principio, ni comprometer indebidamente a nuestra Santa Madre la Iglesia en actitudes opinables […]. Aparentemente me equivoqué. Quisiera poder dar a S. E. una idea de los insultos, insinuaciones perversas, afrentas a mi dignidad sacerdotal y amenazas más o menos veladas, que he recibido por este hecho, de personas que se creyeron afectadas en su tarea de defender la moral y las buenas costumbres. Aun hoy mi desconcierto no tiene límites”, recuerda en su autobiografía. Historia de una identidad (Letemendía, 2005).
Las dificultades se incrementaron en el clima asfixiante de los ‘70 a medida que se radicalizaban las posiciones políticas y las ideologías. Respaldado por un calificado grupo de intelectuales católicos, clérigos como Rafael Braun y laicos como Carlos A Floria, Natalio Botana y Marcelo Montserrat, entre otros, CRITERIO atravesó dignamente los años de plomo. Véanse, por caso, los editoriales reunidos bajo el título El régimen militar. 1966-1973, publicado por La Bastilla. Por esa fecha, y ante nuevos embates, monseñor Antonio Quarracino calificó a CRITERIO como la única publicación católica en la Argentina de cultura general hecha con seriedad y equilibrio.
Leo en un reciente artículo de Pablo Capanna que CRITERIO ha sobrevivido a los bruscos vaivenes a lo largo de casi un siglo “con la ayuda de Dios”. Como directora de otra publicación, la revista Todo es Historia, que acaba de cumplir su 50 aniversario, entiendo que esa ayuda es necesaria para superar obstáculos y continuar la obra emprendida. Y aunque Todo es Historia, a diferencia de CRITERIO, es totalmente laica, también precisa de fe en sus objetivos para seguir adelante y de la buena voluntad divina para continuar la tarea.

 

La autora es historiadora y escritora, directora de la revista Todo es Historia.

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  1. lucas varela on 11 octubre, 2017

    Muy interesante!, es el escrito de la señora María Sáenz Quesada. Es sobrio en adjetivos y lleno de recuerdos que hacen historia. “Atravesar dignamente los años” es, creo yo, el tema siempre presente de todos los que vivimos luchando, y pasando hacia un porvenir incierto.
    La lucha de Revista Criterio, sedicente católica, debe ser siempre lucha por la verdad. Una verdad que es corona; y si vive dignamente será también coronamiento.
    Es digno hacer uso unívoco de las palabras y evitando la persecución de alguna idea en favor de otra. Es digno pretender vivir todas las ideas para con ellas enriquecer al hombre, como idea hombre. Una idea no es algo sustantivo; siempre se necesita un espíritu humano que la contenga.
    Es digno pensar que las ideas no rigen al mundo. El progreso del hombre se debe a los hombres con ideas y sentimientos.
    La Revista Criterio tiene una responsabilidad con Dios y con los hombres. Si la asume dignamente, será coronada con la verdad, que es corona.

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