Juan Tessi. Cotidiano deambular hacia los bordes

Nacido en Lima, ciudad en la que sus padres argentinos se radicaron temporalmente por razones de trabajo, Juan Tessi creció “en una casa con las puertas abiertas a experimentar la cultura local y las costumbres en general”. Después siguieron cuatro años en Santiago de Chile para regresar a la Argentina en 1984, con 12 años. Su formación académica fue en los Estados Unidos, pero regresó al país “sintiendo que había aprendido un oficio, pero no me consideraba un artista”. A los 26 años participó de una muestra colectiva en el Centro Cultural Ricardo Rojas y fue el inicio de su carrera. Respecto del arte argentino actual, destaca “el trabajo de mucha gente que está haciendo esfuerzos valiosos para sostener una escena local que pueda mantenerse en el tiempo”.

¿Cuándo comienza tu producción artística?
En mi casa se fomentaban las artes, sobre todo por parte de mi madre, con formación en arquitectura. Teníamos una enciclopedia de las artes bastante completa y todas las ilustraciones eran óleos sobre tela o sobre tabla y supongo que debo haber pensado que para ser artista tenía que pintar al óleo, así que pedí que me regalaran óleos a los 12 o 13 años. Durante la adolescencia seguí pintando y me ayudó el haber concurrido a un colegio con un departamento de artes en el que se podía trabajar. Después de terminar el secundario empecé a estudiar en la Escuela Prilidiano Pueyrredón y a los pocos meses me postulé para una beca para estudiar a los Estados Unidos. Terminé esa etapa sintiendo que había aprendido un oficio, pero no me consideraba un artista. Recuerdo que a los alumnos nos daban una lista de trabajos posibles y uno de ellos era payaso… La formación no me hizo artista sino que devine artista en la medida en que pude empezar a mostrar mi trabajo.

¿Cómo recordás la etapa en el exterior?
Me formé en una de las escuelas norteamericanas más antiguas y me aportó muchísimo: podíamos trabajar en distintas disciplinas y tuve muy buenos maestros, como Ken Tisa o Jo Smail, que siguen vigente. La formación del artista en los Estados Unidos está muy establecida, conun paso a paso enfocado en lo práctico, que incorpora las clínicas y espacios donde se produce y también se discute. Otro aspecto interesante fue trabajar de manera desplazada, en una ciudad relativamente periférica, sin estar ocupado ni preocupado por la escena contemporánea. Después me mudé a Nueva York, donde tuve un taller, pero miraba al mundo artístico con la ñata contra el vidrio; me parecía que el mundo del arte pasaba por otro carril. Y decidí volver a la Argentina.

¿Cuáles considerás las muestras clave de tu carrera?
La primera, que fue grupal, en el Centro Cultural Rojas, a fines de los años ’90, durante la dirección de Alfredo Londaibere. Había conocido a los artistas Hernán Salamanco y Verónica Romano en Nueva York. Cuando presenté mi carpeta para el Rojas, se dio una elipsis de coincidencias y volví a cruzarme con Hernán, con quien iniciamos una amistad que sigue hasta hoy. Era un momento propicio para estar en Buenos Aires porque empezaban a suceder cosas. Más cerca en el tiempo, la muestra “Cameo” en el Malbasignificó el apoyo de un espacio institucional, abrió otra escala y también fue muy valioso trabajar con la curadora Lucrecia Palacios.

¿Tenés un método de trabajo?
En realidad le huyo al método y a los sistemas. Las series se van dando por cuestiones de insistencia o porque algo en lo que estoy trabajando se sostiene en su repetición hasta agotarse, pero no soy lo suficientemente voluntarioso como para sostener temas, métodos, sistemas. Trato de ser un poco escurridizo. Insisto siempre con la pintura porque es el foco que va habilitando otras cosas y porque es lo que sé hacer. Soy muy doméstico, tengo el taller en mi casa, y es una especie de cubo donde las ideas se van volcando de una obra a la otra, y todo se va contagiando de lo que aparece (materiales, imágenes). La obra convive con mi cotidianeidad.

¿Cuál es tu historia de la pintura argentina?
Como no tuve una formación de artista acá, siempre pensé que estaba ajeno al arte argentino. Mis referencias eran Marsden Hartley, Forrest Bess o Florine Stettheimer, todos artistas norteamericanos; eran los años ’90 y los nombres argentinos que circulaban eran Guillermo Kuitca y Liliana Porter… Sin embargo, el año pasado en la Feria ARCO Catherine David pasó por el stand donde estaba mi obra e inmediatamente la asoció con la neofiguración argentina. No creo trabajar con una conciencia de la historia del arte argentino, pero hay cosas que aparecen. En realidad me interesan sobre todo artistas de letra chica, a los que la historia los pasó por encima. Gastón Jarry o Raúl Schurjin, a quien tuve muy presente en las obras que fueron parte de la muestra”Joven con Trenzas” en la Galería Nora Fisch.

¿Cómo llegó a tu obra el interés por salir de los límites?
Cuando me desentendí de la figuración y no tenía un norte como la narrativa, que había sido muy importante en un momento, algunas formalidades y problemas propios de la pintura empezaron a ser la zanahoria que me mantenía produciendo. El problema de los límites se volvió muy evidente: tratar de hacer pinturas que no se correspondieran con su superficie, o que se desplazaran. Las cerámicas que estoy haciendo ahora juegan justamente con los bordes, el adentro y el afuera de la pintura. De todas maneras a veces uno piensa que está haciendo cambios radicales pero después se da cuenta de que todo está mucho más relacionado de lo que parece. El problema del soporte sostuvo la producción durante un tiempo, del 2011 al 2015; empezó con un desplazamiento de superficie y terminó con un desplazamiento de la materia. En un momento despegaba de la superficie escamas de pinturas y luego las aplicaba de distintas maneras. La muestra en el Malba también me dio la posibilidad de preguntarme qué sucede con los objetos cuando quedan fuera de un sistema de preservación. Me interesa la pintura histórica pero quizás ese interés en parte tiene que ver con el añejamiento del material; pienso en una obra de Enrique Torroja: me fascina esa superficie, una especie de pátina de tiempo que hace que la pintura gane. Estas preocupaciones están en movimiento pero ahora estoy de nuevo con obras un poco narrativas, festivas y lúdicas sobre las formas, lo cual me permite deambular de una forma más… ¿irresponsable? Pero me siento cómodo con esa suerte de dispersión.

¿Hay algo que te interesa o te acompaña de otras expresiones como la arquitectura, la música o la literatura?
Una vez vi una foto con tres cajitas de fósforos que decían algo así como Cine, Literatura y Música. El arte no estaba. Y lo entiendo. Creo que esas tres disciplinasson mucho más intravenosas, consiguen afecto inmediato y espontáneo. Este tema es una preocupación de muchos de los que estamos en este medio y ha habilitado a numerosos artistas a buscar otras maneras de abordar su producción para alcanzar ese nivel de impacto. Estimo que el auge de la performance tiene algo que ver con este punto.

¿Qué sentís frente las instalaciones?
Me interesan, de hecho lo que hago a modo de pintura no sucede a espaldas del espacio. Pensar la pintura espacialmente es una manera de enhebrar el pensamiento. Es la manera más natural de articular lo que sucede en el taller. En muchos casos el espacio ha determinado una obra, y la he producido con conciencia del espacio donde sería mostrada. Sin embargo, a medida que el arte se reproduce más y más en internet y pasa a ser uno entre otros elementos de la vorágine de imágenes que estamos consumiendo, siento que las instalaciones, las esculturas y los site-specific tienden a banalizarse. Una pintura puede seguir conmoviéndome a través de su reproducción, mientras que una instalación o una performance, en su reproducción constante, puede llegar a expulsarme.

¿Cómo ves el ambiente del arte argentino?
Hay muchísimo talento y se produce a la par que lo que sucede en el mundo, pero, al mismo tiempo, por nostálgico y melancólico, me parece que antes había algo medianamente insular que también tenía su valor. De todas maneras destaco estos esfuerzos que intentan insertar a la Argentina en la escena global. La envergadura de las muestras que se han traído en los últimos años es notable, como el desembarco de Louise Bourgeois o Jeremy Deller en la Fundación Proa;o la participación de Argentina en la edición de la feria ARCO del 2017;también es muy destacable el trabajo de Agustín Perez Rubio como director del Malba, y su curiosidad y compromiso con los artistas locales.Hay nuevos espacios de formación ya consolidados como CIA o el Programa de Artistas, de la Universidad di Tella. Y daría la sensación que cada vez hay más artistas produciendo y que de a poco se está logrando seducir a nuevo públicos.Por un lado existe un esfuerzo muy grande por fortalecer las instituciones y por otro, por parte de los artistas, hay una determinación por seguir produciendo en condiciones aún precarias que es admirable.La efervecencia definitavemente surge por parte de los artistas.

Algunos artistas que han vivido en el exterior destacaban que en la Argentina nunca se dejó de pintar.
Es cierto que en nuestro país hay una tradición muy fuerte en pintura, pero más allá de esta tradición supongo que también tiene que ver con ciertas limitaciones. A diferencia de otros lugares del mundo, los artistas tenemos talleres en el Centro, en Chacharita, Paternal… Muchos trabajamos en espacios domésticos, pocos pueden tener un espacio industrial para trabajar. ¿Y qué tipo de obra podés hacer en un dormitorio? Seguramente no una escultura de seis metros. Por lo tanto la espacialidad define la producción, incide en la escala y el modo en que se trabaja. Paralelamente, el arte en el mundo, con las bienales y ese tipo de muestras, te fuerzan a pensar en grandes obras, en experiencias casi espectaculares, y la realidad de los artistas en la Argentina hoy notiene mucho que ver con eso. De todos modos en los últimos años hay quienes han logrado convertir espacios industriales en talleres comunitarios y muchos se las ingenian para abordar muestras en nuevos espacios enormes desde lugares minúsculos.

¿Qué pensás de ArteBA?
Es uno de los grandes motores de este esfuerzo colectivo para insertar a la Argentina en el mundo. Cuando era un estudiante en los Estados Unidos jamás había escuchado hablar de ferias de arte,pero después tuve la suerte de descubrir obras o galerías maravillosas a traves dedistintas ferias en distintas ciudades. ArteBA ha podido pulir muy exitosamente el formato que, si bien puede ser cuestionable,es sin dudas una plataforma clave para las galerías locales que tampoco la tienen particularmente fácil. Otro aspecto a destacar es que ArteBA está muy cerca de la comunidad artística, hacia donde los artistas seguimos gravitando; es una peculiaridad que vale la pena conservar porque no sé si se da en todos lados.

¿En qué estás trabajando en estos momentos?
Empecé a encerrarme en una pintura casi apolillada, donde un cuadro puede ser un plátano y un jarrón de agua. Quiero que la pintura sea lo que es, sin retórica ni discurso. Apareció de nuevo la figura desde otros lugares, y entiendo la cerámica como si fuera una prótesis. Son imágenes sencillas y la idea llega después de que la mano avanza. Aparecieron criaturas, formas un poco anfibias, hermafroditas, que empezaron a llevarme a la idea de las colonias, cómo se pueblan los territorios o cómo se conforman las sociedades. No es un ensayo pictórico, pero son cosas que sospecho. Hay algo de orientalismo como tradición pictórica, y lo políticamente incorrecto de representar algo en todo su exotismo, pero totalmente ajeno, sin querer documentarlo fehacientemente. Una fantasía proyectada sobre algo desconocido como si fuese una pintura de genero sobre una especie imposible. En estos momentos estoy preparando una muestra que se exhibirá en enero en una galería en Lisboa y desde noviembre me instalaré a trabajar en una ciudad cercana, Caldas de Rainha.

¿Aparecen ciertos elementos filosóficos o religiosos en tu obra?
Producir imágenes inevitablemente genera preguntas y suscita conversaciones, pero no quiero definirlas como filosóficas porque me parece que la camisa me queda grande. El misticismo quizás esté más cerca, aunque no sea consciente. Más que la idea, creo que los materiales son la poesía, y dado que uno está con ellos desde hace tanto tiempo,se produce algo. La pintura arrastra mucha historia. Cada gesto, cada rastro que uno deja sobre la tela, tiene algo animista, y si bien no trabajo sobre la historia del arte, lo hago con mucha conciencia de esa historia.

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