Lunes 28 de octubre de 2019. Un día pesado y gris. Húmedo y pegajoso. Difícil de enfrentar en todo sentido, también en lo político. SI Roland Barthes opinaba que el lenguaje era fascista qué decir de este “fasciobook” lleno de pensamiento binario y cargado de frivolidades y banalidades expresivas. Qué diría Foucault de estos intentos de disciplinación y “normalización” de la opinión política. Todos disciplinando a todos, atentísimos al panóptico horizontal que son las redes sociales. Expresión y deseo de dominación y control. Goce del pensamiento único, de la definición descalificante, de la plétora de palabras vacías (y vueltas a vaciar una y otra vez) que pretenden ser ocurrentes, ofensivas o brillantes o todo junto al mismo tiempo.
A lo Kafka, desearía metamorfosearme en molusco, encerrarme en mi caparazón, aislarme y tratar de no afectarme. Es inútil intentar la discusión. Manifestar que lo que queda claro, acá y en muchas otras partes del planeta, es la exclusión, el silenciamiento, el desplazamiento de las minorías. La democracia resulta ser una herramienta necesaria, pero no suficiente. Los factores de poder no escuchan razones ni atienden a la realidad y eso parte a las comunidades, las enfrenta internamente. Tal como nos viene pasando desde la Restauración Conservadora (y su famoso “fraude patriótico”) de 1930.
Un país partido en dos (el nuestro) porque los actores son sordos, sólo escuchan las realidades “distintas” cuando éstas se manifiestan con violencia, toman la calle o se rebelan políticamente. Pero si no suceden esas manifestaciones nada de lo que pasa o se sufre es registrado. Sólo interesa lo que expresa el selecto grupo de asesores (que usualmente obtienen beneficios económicos y/o de poder efectivo) y este por lo general está tan enfrascado en sus propias miserias inmediatas que no reacciona hasta que la derrota se vuelve evidente o la rebelión inevitable. Mientras que las minorías que podrían exponer la realidad de las situaciones no atendidas son barridas directamente afuera, ni siquiera bajo la alfombra.
El 93% de la Cámara de Diputados de la Nación quedó en manos de dos facciones, ni siquiera son partidos… Eso es exclusión. Esa es la barbarie que se ha construido desde el discurso político y social imperante. La polarización, como la inseguridad, es funcional al juego de reparto de poder en pocas manos., entre los siempre mismos actores. La verdadera representación es una ficción, una figura casi retórica, que no interesa a nadie, basta pasear por el “fasciobook” para verificarlo.
En estos días también vendría bien mirar (y meditar) un poco lo que está pasando del otro lado de la cordillera.

4 Readers Commented

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  1. fernando on 30 octubre, 2019

    Más allá de su verosímil argumentación, temo por su salud psíquica; le aconsejo consulte a un especialista. La negatividad no es buena consejera existencial.

  2. Diác. Lyonel on 30 octubre, 2019

    Ah…. era de Argentina que hablabas…! Yo creía que tu discurso era sobre Chile… Bueno, eso demuestra que poco importan ya las ideologías, los fenómenos, complejos, son sociales, culturales (por más básica que sea la arista desde la que se habla)

  3. Roberto on 1 noviembre, 2019

    Mucho palabrerío para decir que sus candidatos no llegaron a los cargos ansiados.

  4. Miguel Angel Fasson on 1 noviembre, 2019

    El autor de este artículo está muy alejado de la realidad argentina. No la comprende. No tiene ni idea de lo que pasa allá abajo, en la zona más pobre de nuestra querida Argentina.
    No es leyendo solamente que uno se acerca a la verdad, es yendo al lugar donde se producen los acontecimientos donde uno crece.
    Le recomiendo que averigue en que estado se encuentran las PYMES, visite León Suárez, Barrio Libertador, Laferrere, Villa Tranquila, San Martín profundo, Avellaneda, Lanús al fondo, y entonces comprenderá por qué se votó como se votó.
    Muy pobre aporte a la realidad de hoy.

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