Agamenón de Esquilo
Teatro La Comedia

Patriarca insuperable de la tragedia para los griegos, Esquilo fue apreciado tardíamente en la época moderna. Agamenón (458 a.C), primera obra de la Orestíada, traslada a la poesía de manera suprema la epopeya homérica: el regreso de la Guerra de Troya, y en particular, el destino de algunos de los miembros de la estirpe maldita de los Atridas donde “una vieja culpa engendra otra culpa”, como bien reflexiona el Coro de ancianos. Agamenón, triunfador en la guerra, ya nuevamente en Argos es víctima del rencor de su esposa y del odio de su primo Egisto, sentimientos que se ha granjeado por el accionar de sus ancestros y por su propia conducta, sumado al hecho de que en su ausencia ambos se han convertido en amantes.
La culpa hereditaria, la justicia vengadora y la tensión entre las exigencias de los dioses y la propia ley divina son ejes vertebradores del planteo temático de la obra. A ellos se suman otras cuestiones: los desastres de la guerra, el cuestionamiento ciudadano frente al ejercicio autoritario del poder y el rol de la mujer.
Manual Iedvabni, gestor del este proyecto, comenzó en octubre del 2017 un trabajo de investigación –con la colaboración de Ingrid Pelicori como adaptadora y de Pablo Flores Maini como co-director– que culminó con esta excepcional puesta en escena. Su propósito: lograr presentar la tragedia según sus particulares códigos expresivos –así el uso de las máscaras y la presencia de sólo dos actores– pero incorporando creativamente los aportes de la tecnología. El Coro de ancianos, de muy marcada intervención por sus reiteradas interacciones con los protagonistas, se “corporiza” a través de la impactante realización audiovisual de Pauli Coton cuyas imágenes también sirven para complementar y dinamizar los largos relatos del Vigía y el Mensajero, así como para el diseño escenográfico. Desde lo visual, el diseño de vestuario y máscaras de Paula Molina suma otro logro.
Dos actores de sólida trayectoria como son Ingrid Pelicori y Osmar Núñez tienen a su cargo la descomunal exigencia de interpretar a los distintos personajes, incluido el Coro. En el cuerpo y la voz de Pelicori se encarnan magistralmente Clitemnestra –una mujer sedienta de venganza y de dominio, capaz de encubrir con seductoras palabras sus aviesas intenciones– y Casandra –la esclava y amante de Agamenón, cuyos poderes adivinatorios la condenan a anticipar el infausto final de ambos frente a la incomprensión del Coro–. Osmar Núñez encarna con notable versatilidad, no sólo los roles secundarios del Vigía y el Mensajero, sino además el del Corifeo –la voz ciudadana que comenta, opina y enjuicia las acciones de los poderosos–, el del desprevenido Agamenón y el del vengativo Egisto. En suma: una oportunidad para acercarse a un clásico del teatro mediante una puesta que conjuga con delicado equilibrio tradición y contemporaneidad, además de talento y trabajo riguroso. En enero esta puesta se traslada a una nueva sala aún no definida.

La Vis cómica
Complejo Teatral de Buenos Aires

La última propuesta de Mauricio Kartun también resulta revitalizante para quienes valoran el teatro de texto. Una proyectada adaptación de El coloquio de los perros, de Miguel de Cervantes, fue el disparador de esta obra que el autor califica como la “más autorreferente” en términos temáticos de todas las que hizo. A partir del fenómeno teatral el autor nos insta a reflexionar sobre lo falso y lo real, lo verdadero y lo verosímil y cómo funcionan estas categorías, no sólo en el teatro sino también en la política. Junto con estas cuestiones también aparece problematizado el manejo discrecional y autoritario del poder, tanto en lo público como en lo privado, y la degradación del artista que a él se somete.
Kartun retoma la original propuesta cervantina de un perro parlante –Berganza– para ubicarlo tanto dentro de la intriga como fuera de ella, a manera de presentador/comentarista irónico de los sucesos pero también de las convenciones teatrales. Esto le permite tensar al máximo la “suspensión de la incredulidad” que opera siempre en el lector/espectador de la ficción, ya sea narrativa o teatral, a lo largo de las cinco jornadas en que se divide la obra a la manera de las comedias del Siglo de Oro.
Los sucesos se ubican en la Buenos Aires virreinal de fines del siglo XVIII, donde el barro y el contrabando eran moneda corriente. Desde España llega la compañía de Angulo, el malo –mediocre actor y despótico empresario– con Doña Toña, su esposa actriz y vestuarista, y su mascota, además del dramaturgo Isidoro, quien les ha costeado el viaje a cambio de la promesa del inminente estreno de sus obras. A ellos se suma la indígena Cacatúa –adquirida en el puerto para lucrar con ella por su condición exótica– que, si bien permanece fuera de la escena, encerrada en una jaula, genera fricciones entre los personajes que la desean. Ante la inexistencia de sala teatral alguna y sometidos a la voluntad del pregonero, de quien depende la actividad “cultural” de la ciudad, Ángulo deberá extremar su picardía y astucia para lograr desplazarlo con malas artes, pero a costa de someterse al poder de turno de manera infame y a no estrenar su repertorio. Un sorpresivo desenlace le cede protagonismo dentro de la intriga al perro Berganza y es el guiño final con que el autor desarma las convenciones teatrales.
Como es ya frecuente en los últimos trabajos de Kartun, el lenguaje adquiere una espesura deliberada para alejar al espectador de una recreación costumbrista del mundo. La escritura potencia tanto el sentido como la forma mediante los juegos de palabras, los retruécanos, los refranes, las rimas internas y la musicalidad. Bajo la dirección del propio Kartun un destacable elenco encara este desafío, que no es menor, con logradas interpretaciones: Cutuli como el perro Berganza, Luis Campos como Isidoro y Stella Galazzi como Doña Toña. Mención especial merece Mario Alarcón como Angulo, personaje que por su complejidad le exige desplegar una variada expresividad.
El diseño de la escenografía, el vestuario, la iluminación y la lánguida música de una armónica potencian la creación de una atmósfera signada por la desolación del lugar y la pobreza de estos artistas trashumantes. Con el humor fino que Kartun acostumbra, esta puesta no sólo nos muestra la construcción del artificio teatral sino que desnuda males sociales muy arraigados.

No hay comentarios.

¿ QUIERE DEJAR UN COMENTARIO ?