Norberto Padilla (1944-2020)

Conocí a Norberto Padilla hace treinta y cinco años, en CRITERIO. Él era entonces uno de los miembros “jóvenes” de un Consejo de Redacción donde había figuras notables y yo, un joven abogado haciendo mis primeras armas en distintas actividades. Desde entonces hasta ahora tuve la gracia de compartir muchas de ellas (académicas en la Argentina y en el exterior, de gestión pública, eclesiales y siempre en CRITERIO) con Norberto, aprendiendo de él y gozando de una amistad que era tan grato disfrutar por su bonhomía, su sencillez, que a veces hasta parecía ingenuidad, su cordialidad, su gran cultura y su sentido del humor.
Con él y muchas veces con Gloria, su esposa, viajamos a distintos lugares llevados por esas actividades compartidas. Siempre Norberto sabía despertar la simpatía y el aprecio que al momento de su partida han expresado personas muy diversas y de tantos sitios. Con Gloria hacían un gran equipo, además fecundo: siete hijos, muchos nietos, y también grandes tareas compartidas, especialmente en el ámbito eclesial. Durante varias décadas ambos trabajaron incansablemente en el ecumenismo, el diálogo interreligioso y la pastoral familiar.
Norberto, cultor entusiasta de la genealogía, era un porteño (aunque nacido fortuitamente en Mar del Plata) orgulloso su herencia tucumana. Volcó su trabajo generoso en diversos ámbitos, como la Fundación Navarro Viola, que presidió varios años. En 2019 fue incorporado como académico titular a la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas.
Abogado recibido en la Universidad de Buenos Aires, ejerció en ella la docencia en el Derecho Constitucional, siguiendo los pasos de su padre, que fue un destacado académico. Pero quizás sus mayores afanes en ese campo los dedicó a la Universidad Católica Argentina, donde fue profesor titular y luego emérito, e integró durante dos períodos el Consejo Superior, tareas que siempre asumió con entusiasmo, seriedad y humildad. La UCA fue un lugar para unir la tarea intelectual con el servicio a la Iglesia.
Hace veinte años compartimos la fundación del Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa, una asociación que reúne a estudiosos del Derecho Eclesiástico de América, España e Italia, y de la que era presidente al momento de su fallecimiento. También allí, siendo uno de los más veteranos, supo hacer muchos amigos y aportar sabiduría. Ellos lo han recordado estos días por sus contribuciones intelectuales pero también por sus apasionados recitales de ópera (otra de sus pasiones) en las sobremesas, en tantos momentos de confraternidad.
Norberto fue asesor y amigo de Fernando de la Rúa en el Senado y colaboró con él en la redacción de leyes muy importantes, como la ley antidiscriminatoria. En 1989 fue convocado por Ángel Centeno como asesor de la Secretaría de Culto, de la que fue luego Subsecretario. Compartimos todos esos años llenos de experiencias gratas y de las otras (incluyendo acusaciones muy injustas), hasta que fue imposible continuar. Cuando De la Rúa inició su mandato como Presidente lo nombró Secretario de Culto, cargo que ejerció durante todo ese Gobierno con brillantez. Por primera vez en la Secretaría de Culto él conformó un Consejo Asesor formado por personas destacadas de diversas confesiones religiosas. Al término de la gestión sus miembros constituimos el Consejo Argentino para la Libertad Religiosa (CALIR), del que Norberto fue miembro activo, integrando varias veces su comisión directiva.
Norberto Padilla estuvo siempre muy activo en el Consejo de Redacción de esta revista , del que era ahora el miembro más antiguo. Recordaremos su palabra mesurada, su cordialidad y la vastedad de su cultura. Siempre se preocupó porque CRITERIO mantuviera su sello de identidad católica y su compromiso ecuménico y con el diálogo interreligioso.
Es difícil imaginar el mundo sin la presencia amiga, calurosa y simpática de Norberto: será un mundo un poco más inhóspito. Se había sometido a una cirugía programada, necesaria, pero en el sanatorio se contagió del COVID-19 y se convirtió en una víctima más de la pandemia que nos aflige y perturba desde hace meses, y que no permitió que su familia extendida pudiera acompañarlo en sus últimos días, y sus muchos amigos despedirlo como hubiera merecido. Él hubiera sabido encontrar la cita bíblica adecuada para iluminar ese momento. Seguramente ahora, desde la Vida que esperaba y confiaba alcanzar, nos estará cuidando e intercediendo por quienes ya lo estamos extrañando.
Amó entrañablemente a su familia, a Dios, a la Iglesia y a la Patria. Fue un hombre bueno, de esos que son indispensables.

Juan Gregorio Navarro Floria

3 Readers Commented

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  1. DANIEL ROGGERO on 18 junio, 2020

    R.I.P.

  2. Susana on 19 junio, 2020

    Norberto, excelente persona, de gran compromiso. Muy buen perfil de Norberto!!!!

  3. Gracias Juan Gregorio por tan lindo comentario.

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