La cruz de Jesús, ¿tenía un cartel en tres idiomas?

Todos hemos visto alguna vez un crucifijo con un pequeño cartel en la parte superior que dice INRI. Son las iniciales de una frase latina que significa: “Jesús Nazareno Rey de los Judíos” (Iesus Naza-renus Rex Iudaeorum). Según el Evangelio de Juan, es la frase que se escribió en una tablilla, en tres lenguas, y se colocó sobre la cruz de Jesús por orden de Poncio Pilato, gobernador romano en Judea. Servía para explicar el motivo de la condena a muerte del profeta galileo.
Este cartel es importante porque contiene las únicas palabras que se escribieron sobre Jesús en vida de él, y que han llegado hasta nosotros. Pero si bien los cuatro Evangelios coinciden en que estaba la inscripción, no coinciden en su contenido.
Según Marcos el texto decía: “El rey de los judíos” (Mc 15,26).
Según Mateo: “Este es Jesús, el rey de los judíos” (Mt 27,37).
Según Lucas: “Este es el rey de los judíos” (Lc 23,38).
Y según Juan: “Jesús Nazareno, el rey de los judíos” (Jn 19,19).
¿Existió en verdad esa tablilla? ¿Qué decía exactamente? ¿Estaba redactada en tres lenguas?

No parece un invento
Algunos estudiosos niegan la veracidad del cartel, y lo consideran una creación de los evangelistas. Pero por los escritores antiguos sabemos que era frecuente ese tipo de inscripciones cuando se ejecutaba a un reo; se lo colocaba en diversos lugares, y había amplia libertad para redactar su texto.
Por ejemplo, el historiador romano Suetonio (siglo II) habla de un esclavo condenado a muerte que portaba una inscripción diciendo: “Gladiador que habló de forma impía”. El historiador Eusebio de Cesarea (siglo IV) cuenta que un creyente en el Evangelio fue conducido al suplicio con el rótulo: “Este es Átalo, el cristiano”. Tertuliano, un padre de la Iglesia (siglo III) afirma que a los creyentes convictos se les colocaba la tablilla con la inscripción: “Cristiano”. Y el escritor romano Dion Casio (siglo III) confirma que los condenados a muerte llevaban un letrero.
No tiene, pues, nada de extraño que a Jesús le hubieran redactado un rótulo semejante.
Por otra parte, es improbable que este detalle lo hubieran inventado los primeros cristianos, ya que estos nunca llamaron a Jesús “rey de los Judíos”, puesto que se trataba de un título peligroso, carga-do de connotaciones políticas y que les creaba serias dificultades (Hechos 17,7).
La única razón, entonces, de que ese letrero figure en los Evangelios es porque los romanos realmente lo habían colocado en la cruz.

La versión de Marcos
El relato más antiguo del cartel lo trae el evangelista Marcos, hacia el año 70. Dice así: “Había una inscripción escrita con su acusación: «El rey de los judíos»” (Marcos 15, 26).
Es la versión más breve de las cuatro. No dice sobre qué estaba escrita la inscripción, ni en qué lengua, ni quién la había redactado, ni dónde la habían puesto. Su texto es conciso y expresa lo funda-mental: el cargo por el que habían crucificado a Jesús.
¿Por qué decía eso el cartel? Sabemos que Jesús predicaba la llegada del Reino de Dios (Marcos 1,15). Este anuncio debió de haber sonado políticamente peligroso para el gobierno de Roma en Judea, de manera que Poncio Pilato lo hizo detener (Jn 18,12), lo acusó de comportamiento sedicioso (Marcos 15,2), ordenó su crucifixión (Mc 15,15) e hizo instalar el cartel con la causa de su condena (Juan 19,21).
Algunos piensan que el texto que proclamaba a Jesús “rey de los judíos” era una burla para mostrar el fin humillante del supuesto monarca. Pero ningún Evangelio insinúa que el rótulo fuera una mofa. Más bien fue puesto para expresar la razón de su condena.
Desde el punto de vista histórico, el texto del cartel de Marcos parece ser el más cercano a lo que realmente escribieron los romanos. Lo conservó tal cual, para mostrar que Jesús entregó la vida por su pueblo como un mártir de Dios.

La versión de Mateo
Unos diez años más tarde escribió Mateo su Evangelio. Y basándose en Marcos, también incluyó la información del cartel de la cruz, aunque con variantes. Su versión dice así: “Pusieron sobre su cabeza escrita su acusación: «Este es Jesús, el rey de los judíos»” (Mateo 27,37).
Como vemos, Mateo añade dos precisiones.
Primero, aclara quiénes lo habían escrito. Al atribuir la redacción a un sujeto plural (“pusieron”), apunta a los soldados que lo habían crucificado, que son los últimos mencionados en el párrafo anterior.
Y segundo, explica dónde estaba el cartel: “sobre su cabeza”, es decir, en la parte superior de la cruz. Esto ha hecho pensar que Jesús no fue clavado en una cruz commissa (cuyo palo horizontal está en la punta del palo vertical, en forma de una “T” mayúscula), que era la costumbre romana más antigua y común de crucificar, sino en una cruz immissa (cuyo palo horizontal está un poco más abajo, en forma de “t” minúscula o †), ya que en esta se podía fijar un cartel sobre su cabeza.
El dato resulta llamativo ya que no era el procedimiento romano corriente. Las diversas referencias antiguas que tenemos sobre dónde se situaba el letrero de un condenado, nunca mencionan ese lugar. Generalmente iba colgado al cuello, o en algún otro lugar visible, pero no sobre la cabeza del condenado.

El nombre de un proyecto
Aparte de esas dos precisiones, Mateo modifica el texto del cartel. A la frase de Marcos (“El rey de los judíos”) le hace preceder: “Este es Jesús”, agregando el nombre propio. No se trata de un dato menor. Para Mateo, el nombre de Jesús tiene gran importancia. Él mismo lo da a entender. En el momento de su nacimiento, dice que un ángel se le apareció a José y le dijo: “«María tu mujer… dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados»” (Mateo 1,20-21).
Mateo es el único que explica por qué le pusieron a Jesús ese nombre: porque en hebreo significa “Dios salva”. Su nombre predice su misión, que es la de traer la salvación a toda la humanidad. Su nombre expresa su programa de vida, su vocación misma, su esencia. Lo utiliza 150 veces en su Evangelio. Más que ningún otro evangelista.
Por eso, en el momento en que Jesús muere en la cruz, y para Mateo lleva a término su proyecto salvador, el evangelista no puede evitar añadir en el cartel de la condena el nombre propio, para dejar constancia de que su misión, anunciada por el ángel y reflejada en su nombre, está cumplida: Dios en ese momento nos ha salvado.

Debía venir de arriba
Pero Mateo hizo un segundo añadido importante en el cartel. Antes del nombre de Jesús agrega “Es-te es” (houtós estin). Según los estudiosos, el pronombre demostrativo (houtós) más el verbo copulativo (estín) es un mateanismo, es decir, un rasgo particular de Mateo, para expresar un anuncio di-vino, una revelación especial de Dios.
Por ejemplo, cuando Jesús se bautiza en el río Jordán, dice Mateo que se abrieron los cielos y una voz dijo: “«Este es (houtós estin) mi Hijo amado»” (Mt 3,17). Más adelante, cuando Jesús se trans-figura en la montaña, también una voz celestial exclama: “«Este es (houtós estin) mi Hijo amado, es-cuchadlo»” (Mt 17,5). Por lo tanto, cuando en la cruz la inscripción declara: “«Este es (houtós estin) Jesús, el rey de los judíos»”, el cartel se convierte en una voz divina que proclama la identidad de Jesús: es el rey de los judíos.
Mateo introduce, así, en tres momentos clave de la vida de Jesús una voz celestial que revela, con la expresión “Este es”, un aspecto de su persona. En el bautismo: que es su Hijo amado. En la transfiguración: que es el Hijo escuchado. Y en la cruz: que es el rey esperado.
Con esta genialidad, Mateo transformó un vergonzoso cartel que anunciaba el motivo de la condena, en una proclama divina sobre la realeza de Jesús.
Así se entiende por qué Mateo dijo que el cartel estaba “sobre su cabeza”. Porque la voz divina siempre viene de arriba, tanto en el bautismo (Mt 3,16) como en la transfiguración (Mt 17,5). Por lo tanto el cartel, que representa la voz divina, también debía estar arriba.

La versión de Lucas
Cuando Lucas escribió su Evangelio, hacia la misma época que Mateo, también incluyó el dato del cartel basándose en Marcos. Pero le hizo sus propias modificaciones. Su versión dice así: “Había asimismo una inscripción sobre él: «Este es el rey de los judíos»” (Lc 23,38).
Lucas señala que el cartel estaba “sobre él” (ep’autó). Esta indicación no es precisa, ya que la preposición griega “sobre” (epí) puede significar arriba de él (sobre su cabeza) o “encima de él” (colgada al cuello). Este segundo sentido parece ser el que le da Lucas, ya que coincide con la costumbre ro-mana más extendida confirmada por los historiadores antiguos.
En cuanto al texto del cartel, a la frase de Marcos (“El rey de los judíos”) Lucas agrega (como Mateo) la expresión “este es”. Pero no pone “Jesús”. Por lo tanto, la indicación “este es” recae sobre “el rey”, resaltando así la realeza de Jesús. De este modo, para Lucas la inscripción pretende señalar que Jesús es en verdad rey.
Esto coincide con su teología. Ya en la anunciación, un relato exclusivo de Lucas, había contado que el ángel le reveló a María sobre Jesús: “Dios le dará el trono de David, reinará sobre la casa de Jacob por los siglos, y su reino no tendrá fin»” (Lc 1,32). Asimismo, cuando entra en Jerusalén montado en un burrito, Lucas es el único de los sinópticos que dice que la gente lo aclamó como “rey” (Lc 19,38). También es el único que cuenta que Jesús se declaró rey ante Pilato (Lc 23,3). Y es el único que narra que, estando clavado en la cruz, uno de los malhechores lo reconoce como rey (Lc 23,42).
En Lucas, pues, el cartel pretende proclamar que finalmente Jesús ha subido al trono y ha comenzado a reinar.

La versión de Juan
Cuando llegamos al Evangelio de Juan, la escena del cartel aparece enormemente ampliada. Es el que más detalles aporta, aunque muchos de ellos son simbólicos, como lo es gran parte de su Evangelio. Su relato es el siguiente: “Pilato escribió un cartel y lo puso sobre la cruz. Estaba escrito: «Jesús Nazareno, el rey de los judíos». Muchos judíos leyeron este cartel porque el lugar donde Jesús fue crucificado se hallaba cerca de la ciudad. Estaba escrito en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas: ‘El rey de los judíos’, sino ‘Este ha dicho: yo soy el rey de los judíos’». Pilato respondió: «Lo que he escrito, lo he escrito»” (Jn 19,19-22).
Ante todo, Juan es el único que precisa el soporte material de la inscripción: un cartel (títlos). El término designaba la tablilla donde se hacía constar el crimen de un condenado.
En segundo lugar, dice que Pilato escribió el letrero y lo puso personalmente en la cruz. Pero se trata de una ironía del evangelista, para dar a entender que Pilato estaba presente ese día en el Gólgota ocupándose de Jesús y dejando constancia de que él era el rey.

Atracción mundial
En cuanto al texto, Juan trae la versión más larga y famosa, popularizada en los crucifijos. Agrega “Jesús Nazareno”, que no aparecía en ningún Evangelio. ¿Por qué? Porque los decretos del emperador romano siempre comenzaban con su nombre y origen familiar (“Tiberio César”) y seguían con su cargo (“Emperador Romano”). Imitando esa formalidad administrativa modelo, Juan puso el nombre y la procedencia de Jesús (“Jesús Nazareno”) y luego agregó el cargo (“Rey de los judíos”). Quiso mostrar así a Jesús ocupando el lugar del emperador.
El dato de que el cartel estaba en tres lenguas confirma esto. En efecto, resulta improbable que los soldados romanos, autores del texto, y que apenas sabrían leer, hubieran redactado un texto trilingüe. Tampoco se tomarían tantas molestias con un condenado judío. Es otro detalle simbólico de Juan, puesto que en la antigüedad los decretos del emperador eran plurilingües. Al decir que la inscripción estaba en hebreo (lengua sagrada), en latín (lengua de las autoridades) y en griego (lengua de los paganos), las lenguas más habladas del mundo conocido, Jesús resulta proclamado como rey ante todas las naciones. Ya no es el Mesías de los judíos sino de la humanidad entera. Para Juan, comenzaba a cumplirse la profecía vaticinada por Jesús poco antes de morir: “Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32).

Manejable y riguroso
Juan agrega que “muchos leyeron este cartel”, para indicar que, cuantos pasaban por el lugar, hacían una pausa y reflexionaban sobre lo que el texto significaba. A partir de ahora, todos comienzan a re-conocer al nuevo rey.
Finalmente la escena termina con un enfrentamiento entre Pilato y los sumos sacerdotes. Así da a entender que también estos estaban presentes en el Gólgota, lo cual es improbable. En vísperas de Pascua, los sacerdotes no se habrían trasladado a un lugar donde se ajusticiaba delincuentes, y que provocaba impurezas. En realidad es otra ironía del evangelista, para mostrar a Pilato vengándose de los religiosos judíos. Estos lo habían forzado a condenar a Jesús (Jn 19,4-16), y ahora él los provoca con un cartel ofensivo, que declara como verdadera la acusación presentada por ellos como falsa: que Jesús era su rey.
Cuando los sacerdotes le piden que modifique el texto, Pilato se niega. La inseguridad y el miedo que había mostrado antes, ahora desaparecen y se muestra firme. Absurdamente, el que había sido débil ante la crucifixión, ahora es inflexible ante una inscripción. Una nueva humorada de Juan.

Leer mejor el aviso
Es llamativo que los evangelistas no coincidan ni siquiera en una frase tan breve como la del texto de la inscripción de la cruz. Cada uno la adaptó, convirtiéndola en una buena noticia para sus comunidades. Según Marcos: proclamaba que Jesús es el mártir de Dios. Según Mateo: que es el salvador de su pueblo. Según Lucas: que es el rey de Israel. Y Según Juan: que es el emperador del mundo.
Es que el Evangelio consiste en eso: en una buena noticia, no en una biografía de Jesús. Por eso cada autor sagrado leyó el cartel a su manera, ofreciéndolo como un mensaje positivo y optimista. Y es lo que deberíamos aprender.
Cuentan que un hombre tenía una pequeña casa y quería venderla. Le pidió a su amigo, que era un gran poeta, que le redactara el aviso para el periódico. El poeta tomó papel y lápiz, y escribió: “Se vende una encantadora propiedad, donde los pájaros cantan al amanecer en sus frondosos árboles, y la acunan las aguas cristalinas de un hermoso riachuelo; de día la baña la luz del sol, y por la tarde la fresca sombra del crepúsculo la acaricia en sus pórticos”. Meses más tarde el poeta se cruzó con su amigo y le preguntó si ya había vendido la casa. Este le respondió: “Claro que no. Después de leer el aviso me di cuenta de la maravilla que tenía, y decidí quedármela”.
La vida de todos está llena de altibajos y claroscuros. Nos agobian los problemas y contratiempos. Pero debemos dejar de leer el cartel fúnebre, que a veces llevamos sobre nuestra cabeza, y aprender a mirarlo con ojos de buena noticia. Así es posible descubrir la maravilla que somos, en vez de vivir sintiendo lástima de nosotros. Estamos dotados de poderes desconocidos y de fuerzas magníficas. Somos únicos. Tenemos el poder de pensar, de amar, de curar heridas. ¿Qué estamos haciendo con esas energías colosales? No busquemos culpables de nuestros problemas y fracasos. De nosotros depende que seamos una buena noticia, para nosotros y para nuestra comunidad. Porque es triste llegar a morir como carbón, cuando uno lo tuvo todo para morir como un diamante.

3 Readers Commented

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  1. Luciano Tanto on 18 abril, 2021

    Interesante artículo, con título equivocado, ya que loa válido no es la cantidad de lenguas del famoso «cartelito».

  2. jorge on 30 abril, 2021

    Excelente remate cristiano.

  3. Dan on 12 octubre, 2021

    Me impresiona la manera en la que quieren justificar los errores bíblicos. Felicitaciones por eso.

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