Libro: El hombre que llegó a un pueblo

Reseña de «El hombre que llegó a un pueblo», de Héctor Tizón (Buenos Aires, 2021, editorial Mil Botellas)

Se preguntaba el escritor Héctor Tizón (1929-2012) en noviembre de 2004, desde la localidad jujeña de Yala: “¿Somos los que creemos ser, o somos lo que los demás creen o quieren que seamos?”. Y agregaba: “Sólo en los sueños nos atrevemos a ser el otro, el verdadero”. Así presentaba su maravillosa novela El hombre que llegó a un pueblo (felizmente ahora reimpresa), donde narra de manera austera, con una estupenda economía de palabras, fiel al paisaje norteño, la historia de un hombre que escapa sin rumbo y que llegado a pequeño poblado, después de siete días de marcha, la gente confunde con el sacerdote tantas veces prometido que debía llegar a la iglesia desolada. Todo esto ocurrió en otro tiempo, “cuando los días eran más largos que los de ahora y un mes era como un año y los hombres dormían tan poco como los pájaros”, anota Tizón.

Poco a poco y a desgano, ante el interés impreciso y esporádico de los parroquianos, este hombre solitario se va afincando. Cada tanto alguna enigmática frase que sale de sus labios, en voz baja, parece alumbrar a quienes se preguntan por el misterio de la vida y el destino de los pobres. Se trata de personas aisladas del mundo y a quienes muy de tanto en tanto llega alguna noticia.

El lector perspicaz podrá relacionar esta historia con aquella recordada película francesa interpretada por el gran Pierre Fresnay, titulada Dios necesita de los hombres. O volver sobre el clima de la prosa de Juan Rulfo en Pedro Páramo.

En los tiempos de Jesús y sus apóstoles, recuerda Tizón ante los campesinos iletrados, algún ciego podía ver y un paralítico escalar montañas, pero “ahora se nace olmo o peral y nadie lo cambia, salvo la lectura de los libros, la educación”. En efecto, siempre lo acompaña un misterioso libro que los demás creen que es de oraciones sagradas.

No hay comentarios.

¿ QUIERE DEJAR UN COMENTARIO ?