Reseña de «La mesa del olvido y otros cuentos de amor», de Marcelo Birmajer (Buenos Aires, 2020, Edhasa)

Fecundo narrador, en el cuento corto Marcelo Birmajer logra piezas admirables. Lo prueba, sin más, esta selección que los editores han hecho de relatos suyos que se relacionan con el amor, su búsqueda o su ausencia. El amor que uno de los habitantes del libro define como “lujuria más respeto” es el que campea en estas veintiséis narraciones.

Las acciones –varias situadas en la judería del Once– dan cuenta de hechos simples que el hábil narrador convierte en insólitos. En la observación y valoración de los detalles y cosas elementales de la vida el narrador, en efecto, encuentra la materia de sus ficciones que palabras vivas transforman en arte. Es eficaz en mostrar lo que se ve al tiempo que sugiere lo invisible.  Ecos del enorme Isaac Bashevis Singer están en el procedimiento; probablemente también O. Henry en la arquitectura del discurso. Un atento oído recupera el habla cotidiana de hombres y mujeres que combinan porteñismos, lunfardismos y voces en ídisch. El dosificado humor contribuye a capturar para siempre un tiempo y un lugar.

Es frecuente que en un libro de narraciones algunos textos interesen más que otros o que acusen desniveles. Eso no ocurre en La mesa del olvido y otros cuentos de amor donde todas las historias cautivan y la calidad nunca decae. Aun así, este lector destaca al menos tres títulos: “La curandera” (donde leemos que “Un milagro es una casualidad vista por un creyente” y que “Un verdadero agnóstico debe reconocer un evento extraordinario cuando se impone: negar un milagro evidente también es una superstición”), “La obrera millonaria” y “El sentido de la vida” (en el que sobre el asunto se afirma que sólo cabe el silencio). Lo que las convierte en inolvidables es el sutil manejo de la paradoja, la franqueza intelectual y la visión de la vida como constante proveedora de sorpresas.

Por lo demás, un delicioso prólogo de Pablo De Santis contextualiza las historias y brinda claves biográficas del autor, iluminando así las peripecias de tan humanos personajes que en sucesivas páginas no cesan de suscitar simpatía y piedad.

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