Fray Mamerto Esquiú. Un corazón ardiente de paz y santidad

El I Congreso Académico Beato Fray Mamerto Esquiú realizado en Catamarca, en forma virtual y presencial, durante seis viernes consecutivos en/los meses de agosto y septiembre, me brindó un tiempo y espacio para ahondar en mi propio itinerario hacia la Beatificación de Fray Mamerto Esquiú.

Esquiú estaba ya instalado en la historia de mi familia materna. Mi abuelo Manuel Gálvez había escrito su biografía 20 años después de que nombrara a su hijo menor Gabriel Mamerto como anticipo y compromiso. Aún así, conocí más de Esquiú gracias a mi marido Norberto Padilla quién me transmitió su gran aprecio por el Orador de la Constitución. Creo que ambos me acompañaron en esos días de intensa gratitud.

El nombre de mi ponencia está vinculado al camino recorrido con Norberto – comenzado por él desde antes de nuestro casamiento – en el ecumenismo, en el diálogo interreligioso y en la defensa de la libertad religiosa, mientras formábamos una familia numerosa y participábamos de la pastoral matrimonial.

Una vez aprobada mi ponencia y fijada para el viernes 3de septiembre, propuse a los organizadores del Congreso realizarla en forma presencial, con el deseo concretado de participar en la celebración de la Beatificación al día siguiente. Agradezco al responsable del Congreso, el Pbro. Oscar Tapia y a la Delegada de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de Catamarca, Samanta Reales, por su acompañamiento y afecto en todas las instancias.

No fue casual que el Papa Francisco anunciara el Decreto de su Beatificación en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús del 2020(19 de junio) pues el corazón de Esquiú, sobrevivió a la corrupción corporal. Aunque esta reliquia fue víctima de dos robos, ella nos refiere a su amor ardiente de paz para nuestra Patria, recompensado con la bienaventuranza prometida: Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Me emocionó mucho, visitando, en la víspera de mi ponencia, la iglesia del convento franciscano en la ciudad de Catamarca, presenciar la clase sobre las reliquias que una catequista daba a grupos de niños que se sucedían para venerarlas.

Esquiú es una figura para nuestro tiempo y toda la sociedad argentina. Creyentes de otras confesiones cristianas o de diferentes credos podrán comprender su aporte a la nación argentina ya que al beatificar o canonizar a una persona, la Iglesia Católica resalta la opción por el Evangelio y presenta su figura para ser imitada en su compromiso y testimonio.

Nacido en 1926, en Piedra Blanca, Provincia de Catamarca, en Argentina, Esquiú vistió de niño el hábito franciscano por piedad de su madre y, para siempre, por opción vocacional. Sus padres hicieron grandes esfuerzos para educarlo en el convento franciscano de San Fernando de Catamarca.

La base de mi ponencia fueron muchos artículos o conferencias en los cuales Norberto que fuera profesor de Derecho Constitucional y ex Secretario de Culto de la Nación, destacó la importancia del Sermón de Esquiú del 9 de julio de 1853, exhortando a la unidad, apertura y generosidad en el sacrificio del propio interés, y el valor de la unidad nacional de la invocación a Dios del Preámbulo de la Constitución Nacional.

Fray Mamerto Esquiú era consciente de que la libertad de cultos provocaba perplejidad pero que la libertad e independencia requerían la ley. Tras la experiencia de la violencia de la anarquía y el despotismo urgía fijar la Constitución, la organización nacionalde 1853aseguraría la celebración de la Libertad de mayo de 1810 y de la Independencia de julio de 1816.

La invitación de los constituyentes a que los inmigrantes no dejaran su religión, a que la trajeran consigo fue un voto de confianza a la riqueza de los propios recursos que las mismas religiones tienen para aportar a la formación de la sociedad. Su apertura a la inmigración acompañada de la religión fue ante todo, un reconocimiento al valor de la fe y de la permanencia en ella.

El perfil del inmigrante de Alberdi y de los Constituyentes como “homo religiosus” conllevaba la decisión de la libertad de culto entre los derechos a gozar. Ese concepto y esa invitación explican la religiosidad actual del pueblo argentino, demostrada por dos encuestas del CONICET, en 2008 /2019, con el 90 y 82 % de los argentinos creyentes en Dios aunque, entre ambas, aumentó el secularismo y constatamos, en los últimos años, un secularismo militante y violento.

Las palabras del Orador de la Constitución, el 9 de Julio de 1853, reflejaron el debate interno, entre posturas diferentes dentro del ámbito católico, sobre el lugar de la Iglesia Católica y de la religión en relación al Estado que, desde entonces ha aflorado, periódicamente, como en la discusión entre José Manuel Estrada y Félix Frías (1870) tratada por Norberto Padilla en su Discurso de incorporación a la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, en julio de 2019.

Los Constituyentes no optaron por la confesionalidad del Estado, no optaron por el laicismo reduciendo el hecho religioso al ámbito privado, optaron por la laicidad o secularidad. A partir de entonces, el Estado sostendría el culto católico y afirmaba la libertad de culto, distinguiendo el valor de lo secular y de lo religioso. Si bien la Iglesia Católica siguió sometida al Patronato, limitada en su libertad, ella iría evolucionando en su relación con el Estado para alcanzar, basado en los principios de autonomía y cooperación (respeto y reconocimiento de la realidad sociológica, histórica y constitucional), el Acuerdo entre el Estado y la Santa Sede de 1966, que, como los tratados y concordatos, tiene jerarquía superior a las leyes (art. 75).

Se ha dicho con razón que el mayor motivo del debate, dividiendo a los constituyentes, fue lo atinente a las cuestiones relacionadas con la religión. No se trató de un debate entre católicos y laicistas sino entre católicos más liberales y más conservadores. Entre estos últimos, el presbítero Pedro Alejandrino Zenteno, nacido enPiedra Blanca, 30 años antes de Esquiú, fue partícipe de la creación de la primera legislatura y constitución provincial y tres veces gobernador (2 interino y 1 titular). Se exilió en La Rioja para volver seis años después a la Legislatura y participar como representante de Catamarca en Santa Fe. Desde allí, se carteó con el Gobernador Segura sobre las discrepancias en materia religiosa que lo separaban de la tendencia liberal corporizada por Alberdi exiliado en Chile. Zenteno lideró el sector tradicional. Cerrado el debate con el triunfo liberal, el 1º de mayo de 1853, le tocó ser el primero en suscribir la nueva Constitución tras la firma del Presidente del Congreso. Regresó a Catamarcadispuesto a hacer lo posible para evitar que su provincia aprobara la Constitución. El Gobernador agradeció a Zenteno su servicio de transmitir el sentir de los hombres de su provincia.

Por otro lado, el joven presbítero Benjamín Juan Lavaisse, de Santiago del Estero, tuvo destacadas y decisivas intervenciones, varias veces en contra de Zenteno. Además desafió al Presidente del Congreso, el diputado salteño Zuviría, a presentar un proyecto mejor que la Constitución ya que no quería tratarla.

Esquiú había recogido firmas para un reclamo por las “malas doctrinas”del texto constitucional. El Gobernador Pedro José Segura, creyendo que era antiliberal, le encargó el sermón patriótico para el oficio religioso del 9 de julio, cuando la legislatura provincial se aprestaba a rechazar la Constitución.

Pese a la declarada oposición de la enorme mayoría de la provincia a la libertad de cultos, el Sermón de Fray Mamerto Esquiú logró que la flamante Constitución fuera aceptada. A él se debió, en gran parte, el acatamiento y la simpatía que en las provincias despertó el texto constitucional. El grito patriótico de un fraile desconocido,de 27 años,alcanzó para acabar con toda resistencia a la sancionada Carta Constitucional de la Confederación Argentina, elemento indispensable para lograr la paz nacional.

Norberto destacó en uno de sus artículos que, en la síntesis inicial de “Iglesia y Comunidad Nacional” (ICN) de la Conferencia Episcopal Argentina, “Nuestra Historia”, año 1981, encontramos a Fray Mamerto Esquiú  y su célebre sermón de la Constitución, quién “a pesar de los reparos doctrinales que con respecto a la Constitución tenía, consiguió, con la eficacia de su palabra, la aceptación de nuestra Carta Magna en un momento difícil de la organización nacional” y “no dudó en hacer una opciónpor encima de todas las banderías políticas, sin más metas que el bienestar de la Nación, superando grandes males y consiguiendo el don inapreciable de la paz”.

Fray Mamerto aplicó su exhortación “Sosegaos, católicos” a los católicos disconformes con que el Estado sostuviera el culto católico, que no hubiera realizado una profesión de fe y que consagrara la libertad de cultos para todos los habitantes, los que estaban y los que vendrían, en el pensamiento de Alberdi.

El Cardenal Mario A. Poli, en su homilía en el Te Deum del 25 de mayo de este año 2021, expresó que el servicio que Esquiú hizo con sus palabras, todavía espera su alumbramiento definitivo.

En el contraste de la Catamarca antiliberal, la voz de Fray Mamerto Esquiú aparece como una voz solitaria. Salvador Ma. del Carril, Vicepresidente en ejercicio de la Presidencia en el Congreso General Constituyente, al escucharla dirá “¿De quién es esa voz?” y Dalmacio Vélez Sarsfield, Secretario del Congreso General Constituyente, contestará “Donde haya sonado existe un gran pueblo”. Bendigo esta tierra de Catamarca elegida para ser el lugar de la Beatificación y, particularmente, Piedra Blanca cuna, en el siglo XIX, de una docena de sacerdotes y 3 obispos.

¿Cómo se explica la voz solitaria del padre Esquiú en la Catamarca antiliberal y en contra de su propio rechazo a la libertad de cultos, como una de las malas doctrinas de la Constitución Nacional? ¿Qué pudo suceder entre que el Sermón del Te Deum le fuera encargado en mayo y que lo expresara en julio?

Agradezco el consejo de Mons. Pedro Torres que me facilitara un artículo del sacerdote cordobés Ponza sobre el Diario de Recuerdos y Memorias de Fray Mamerto Esquiú, el cual me ayudó mucho en el discernimiento de las motivaciones que pudieran explicar esa voz solitaria. La relectura de la Biografía de Esquiú de Gálvez, me confirmó el valor de ese Diario de Fray Mamerto guardado fielmente por Odorico Esquiú, su hermano, amigo y confidente, hasta que fuera publicado, a comienzos del siglo XX por el franciscano tucumano Mamerto González.

El profundo anhelo de paz tras las tragedias recordadas había arraigado en un corazón moldeado por la santidad y se unía a su ansia de realizar la voluntad de Dios. Su esfuerzo por vivir el Evangelio lo había hecho capaz de escuchar a Dios y de actuar con prontitud para hacer su voluntad.

Fray Mamerto hablaba con conocimiento de causa, recordaba las tragedias vividas. Su patriotismo lo llevó a desear la paz y trabajar por la concordia. Recordemos que entre la Independencia firmada en Tucumán en 1816 y la organización nacional en Santa Fe en 1853, el país estuvo dividido entre la anarquía y el despotismo.

Entre las tragedias, basta recordar el asesinato en Mendoza del sanjuanino Dr. Narciso Laprida en 1829, y, en 1841, en Metán-Salta, fue decapitado el catamarqueño Marco M. Avellaneda, padre de Nicolás Avellaneda. Ese mismo año, en Catamarca, el Gobernador José Cubas fue decapitado junto a su ministro y su secretario, siendo sus cabezas expuestas en la plaza. El día anterior, la cabeza de un degollado había sido dejada sobre el sillón del despacho del Gobernador. Además fueron ejecutados 19 oficiales y varios soldados.

Al preparar el Sermón, se encontrarían en su corazón la memoria de las cabezas colgadas en la plaza de la ciudad con la convicción de los valores supremos de la paz que alimentaba la espiritualidad del carisma de su Orden que él deseaba infundir en el corazón de sus compatriotas.

Podríamos afirmar que sus dos profundos anhelos de paz y santidad arraigados al escribir el Sermón Patriótico de 1853, fueron acrecentados y permanentes en toda su vida.

Tras su Sermón Patriótico, su deseo de santidad lo llevará a huir de la tentación de la vanagloria y los honores, buscando la purificación en dos “puertos de salud”: Tararija-Bolivia y Tierra Santa. Esquiú se refugió en Bolivia, en 1862, en el Convento de Misioneros de estricta observancia del silencio en Tarija, donde experimenta que es Dios quien le ha comunicado misericordiosamente la fuerza de su gracia para cumplir su Voluntad. Impresiona la profunda humanidad de Fray Mamerto Esquiú, capaz de sentir y expresar el afecto hacia sus hermanos y hacia su tierra, sin dejar simultáneamente de hacer un discernimiento espiritual a fin de dar la primacía absoluta a los valores esenciales de su vocación religiosa.

Dos años después, fue llamado por el Arzobispo de Sucre, deja su “puerto de salud” para ponerse a sus órdenes. Allí fue profesor de seminaristas, entre ellos Indalecio Gómez que luego fuera el redactor de la Ley de Sufragio Universal. Estando allí, se entera de que el Senado lo había elegido como Arzobispo de Buenos Aires. Una vez más huye, ahora hacia Ecuador hasta que le consta que le han aceptado su renuncia realizada el 12 de diciembre de 1871, con la certeza de obedecer a la voluntad de Dios y con una humildad que causó asombro, afirmando que no renunciaba al amor de su patria y a cuanto le debía.

Cuando regresa a Argentina y parte para Tierra Santa, evita la celebridad, entrando a Catamarca por su natal Piedra Blanca y partiendo desde el puerto de Montevideo para no pasar por Buenos Aires. En su larga estadía en Tierra Santa, su otro “puerto de salud”, siguiendo los pasos de Jesús crece en capacidad de introspección y purificación. Regresó de Palestina, en diciembre de 1877, primero participó como convencional de Catamarca en un proyecto de Constitución y, en 1878, fue elegido para ser Obispo de Córdoba. La publicación de su renuncia, en octubre de ese año, a esa nueva designación, divulgó la fama de santidad del fraile.

Esquiú lograba el 4 de julio de 1879 que en el Convento de Catamarca se estableciera la vida en comúnpero no la pudo realizar. Fue citado a Buenos Aires por el Delegado Apostólico de Su Santidad. El 3 de diciembre, Mons. Di Pietro le dijo: El Santo Padre quiere que sea usted el Obispo de Córdoba a lo que Fray Mamerto respondió Si el Santo Padre lo quiere, Dios lo quiere, y le pidió que le transmitiera su sumisión pero que su conciencia lo acusaba.

Volvería a Buenos Aires para su consagración como Obispo el 12 de diciembre de 1880. Así se cumpliría la profecía realizada por el franciscano Cortés a los padres de Esquiú el día de su nacimiento y bautismo. Cuatro días antes, predicó en la Catedral Metropolitana. Buenos Aires se había convertido en capital de la República por ley, aprobada por Avellaneda y promulgada por Roca. Ambos presidentes se encontraban en la Catedral para escucharle. Había sido Avellaneda quien le comunicara el nombramiento de Arzobispo de Buenos Aires y la aceptación de su renuncia, quien intercediera ante el Papa León XIII para lograr la aceptación del Obispado de Córdoba, y quien realizaría su elogio fúnebre.

En el sermón del Te Deum por la capitalización de Buenos Aires, impresionó su recuerdo de los años de guerras, tiranías y apostasía de la fe cristiana que comparó a la peregrinación de los israelitas antes de entrar en la Tierra Prometida. Luego impactó su referencia al sacrificio de la pérdida para Buenos Aires de ser capital de la Provincia preguntando si no sería en expiación por las horribles hecatombes que los ejércitos del sistema federal hacían, en el año 40 por toda la República. En la noche de su Consagración escribió en su Diario: “Consagración episcopal del indignísimo sacerdote”. Hasta el final, constatamos la memoria de las tragedias relacionada a su anhelo de concordia y el deseo de santidad y humildad.

El Beato Mamerto Esquiú junto con la Beata Mama Antula, San José Gabriel Brochero y el Venerable Enrique Shaw son modelos de servicio al Bien Común. Eran parte de mi programa de Doctrina Social Cristiana cuando enseñaba en la subsede Buenos Aires de la Universidad Católica de Salta.

Entre los legados de Fray Mamerto Esquiú, su Sermón patriótico de 1853 es un aporte esencial a la libertad religiosa que está en las raíces de la fe de los argentinos y del diálogo ecuménico e interreligioso.

La Libertad de Cultos, luego llamada Libertad Religiosa, junto con el Diálogo Ecuménico e Interreligioso son tres pilares entramados de la religiosidad y convivencia social del pueblo argentino. Sin libertad religiosa no hubiera sido posible la expansión de la fe en la Nación Argentina ni hubiera arraigado el diálogo ecuménico e interreligioso, tan valorado por el pueblo de Dios.

Recordemos que Norberto, al destacar el rol de Esquiú, también resaltaba el valor del “rezo laico” de los Constituyentes de 1853, en la invocación a Dios, en el Preámbulo de la Constitución Nacional, como “fuente de toda razón y justicia”. En un artículo en el 2003, a 150 años de la Constitución Nacional, en un artículo – Consejo Argentino para la Libertad Religiosa CALIR- citó un documento de la CEA “Aportes para la reforma de la Constitución Nacional del 9 de marzo de 1994” “La referencia explícita a Dios reafirma nuestras raíces más hondas y da sentido a nuestro ser como Nación, que nace y crece en la fe de los mayores. Las diversas razas y culturas que formaron la Argentina encuentran su unidad en la fe de un Ser Supremo. Nuestro régimen es teísta; no ateo, ni neutro. Aún para el argentino que no tiene fe, la religión debe ser valorada como factor de cultura, que hace a la Nación”.

En otro artículo en el 2012, expresó: “El Preámbulo refleja la visión de sus autores: el Dios de la fe que recibieron y profesaban los lanzaba a la convocatoria a la Humanidad, única en el constitucionalismo, a gozar de los beneficios de la libertad de culto reconocida en los artículos 14 y 20. El pluralismo religioso es razón para construir y no pretexto para destruir. La impronta de la fe católica en el territorio argentino, se expresó fuertemente con el grito de Mayo, con la voz del joven franciscano Esquiú, cuando se cumplió el tiempo “suspirado por los hombres buenos”.

El rezo laico ya explicitado en la fe católica del país naciente y coherente con la cosmovisión de los pueblos originarios presentes, se explicitó, luego, en las invocaciones de todas las confesiones cristianas y de los credos en el país con el advenimiento de los inmigrantes que permanecieron fieles a su fe.

La preeminencia de la razón en la invocación del Preámbulo, también se dio en el Sermón Patriótico de 1853, en el que Esquiú privilegió el llamado a aceptar con racionalidad la libertad de cultos y, por lo tanto, de las religiones, para aprobar la Constitución Nacional como un medio de pacificación.

Para ahondar en la comprensión del valor del Sermón Patriótico de Esquiú, contamos con el aporte del Catecismo de la Iglesia Católica (1992) cuando nos enseña en el nº 39 que la base del diálogo interreligioso es la capacidad de conocer a Dios: «Al defender la capacidad de la razón humana para conocer a Dios, la Iglesia expresa su confianza en la posibilidad de hablar de Dios a todos los hombres y con todos los hombres. Esta convicción está en la base de su diálogo con las otras religiones, con la filosofía y las ciencias, y también con los no creyentes y los ateos.» Así mismo, cuando en el nº 33 trata la apertura del hombre al infinito y a la dicha, cuya pregunta por la existencia de Dios es signo de su trascendencia.

En Fray Mamerto Esquiú se unen el conocimiento interior místico de Dios que lo lleva a la búsqueda de la santidad y paz, y el conocimiento por la vía de la razón a través de los dos caminos de la analogía de Dios, por los que el ser humano puede conocer algunos aspectos de Dios. Nuestro Beato conocía muy bien a Santo Tomás y, seguramente, la Suma Contra los Gentiles cuya estructura fue organizada con esas dos vías del conocimiento de Dios. Es así, que en su Sermón Patriótico las combina.

Por un lado, la analogía entis, por la vía “ascendente”, con la que se puede alcanzar cierto conocimiento de Dios creador, con un método deductivo, a partir de la realidad creada y su teleología. Descubrimos a Dios desde la realidad. Esquiú comienza su Sermón: «El carácter prominente del universo es revelar su autor y sus perfecciones. A la primera ojeada se siente la presencia de Dios, cuyos inefables atributos vienen revelándose con más claridad, a medida que subimos desde lo bajo hasta lo alto de la escala de los seres, hasta esa sustancia que con el pensamiento y la libertad resume admirablemente el universo entero, sus fenómenos y sus leyes.»

Por otro lado, la analogia fidei que se corresponden con la vía “descendente” con la que se puede alcanzar pero no agotar el misterio íntimo de Dios revelado por El mismo, que funda la realidad creada, los pueblos. Dios imprime su identidad a la creación. Esquiú continúa: «pero el reflejo divino se presenta con una solemnidad que sorprende, cuando consideramos la sociedad, la grande y sublime humanidad, (…) Dios se mece sobre los hombres, como el sol centellea sobre los planetas! ¡Por esto es sublime la sociedad! ¡Por esto es grande! ¡Por eso se exalta, palpita nuestro corazón cuando sentimos la vida de las naciones! por eso la religión y la patria tienen los mismos intereses, nacen de un mismo principio, caminan cada uno por vías peculiares de un mismo fin, y la una y la otra con sus pies en la tierra, y asidas de sus manos con eterno amor, campean sus cabezas en el horizonte de lo infinito.»

Fray Mamerto Esquiú tenía un profundo conocimiento bíblico. Comenzó su Sermón Patriótico citando uno de los libros de Macabeos, que nos relatan una historia de defensa de la libertad religiosa del pueblo judío, cuando en la época helénica, sufrieron la imposición de que dioses griegos fueran adorados en el Templo reconstruido.

El análisis de las consecuencias del Sermón Patriótico de 1853, nos permite afirmar que el mismo es un legado para la Libertad Religiosa y para el Diálogo Interreligioso

La presencia posterior, en nuestro país, de tantos inmigrantes con vínculos de pertenencia a distintas confesiones cristianas y diferentes credos, permanentes en el tiempo, explica que haya podido arraigar en la Argentina la convivencia interreligiosa, y que se haya pasado de la tolerancia al aprecio mutuo desde que la Iglesia Católica, a través del Concilio Vaticano II diera un paso tan importante, sumándose al movimiento ecuménico nacido en ámbito protestante, con el Decreto Unitatis Redintegratio (noviembre 1964) y promoviendo el diálogo interreligioso con la Declaración Nostra Aetate (octubre 1965) y la libertad religiosa con la Declaración Dignitatis Humanae (diciembre 1965). Todos estos documentos, acompañados por gestos, fueron actualizados, respectivamente, por otros documentos del magisterio: Ut Unum Sint (1995), Diálogo y Anuncio (1991), Libertad religiosa para el bien de todos. Aproximación teológica a los desafíos contemporáneos (2019).

El camino del Ecumenismo, del Diálogo Interreligioso y de la Libertad Religiosa ha sido muy fecundo aunque desigual en la Argentina y en el mundo.

El Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso publicó en el 2014 un documento excelente Diálogo en la Caridad y la Verdad dando orientaciones pastorales para el diálogo interreligioso, y destacando el aprecio y reconocimiento mutuo como camino para ofrecer, ante el secularismo, un testimonio de trascendencia.

En la Carta Encíclica Fratelli Tutti (2020), el Papa Francisco hizo un llamado a la amistad social. Así como el Papa se había inspirado en San Francisco para escribir Laudato Si (2015) y la Declaración de Abu Dabi (2019), vuelve a tomar, del santo de Asís, las ideas principales de fraternidad que desarrolla en la reciente encíclica y las palabras con las que la comienza: Hermanos todos.

Todo el documento sobre la amistad social es un llamado al diálogo y al consenso, al servicio y a la solidaridad, pero es en el capítulo 8 que trata el rol de las religiones y su valioso aporte para la construcción de la fraternidad y para la defensa de la justicia en la sociedad.

En su libro Soñemos juntos (2020), en el contexto de la pandemia, el Papa Francisco nos invitó a unirnos para salir mejores de la pandemia que nos ha flagelado y nos exhortó a vivir la fraternidad.

Desde la experiencia argentina de la Libertad Religiosa, del Diálogo Ecuménico e Interreligioso, creo que podremos aportar a nuestro continente y al mundo el Legado del Beato Mamerto Esquiú, celebrando su figura en nuestro país y orando para que la declaración de santidad lo eleve como modelo universal.

En este tiempo, en el que se percibe la necesidad de un acuerdo nacional para superar las divisiones y el maltrato social, la figura del Beato Mamerto Esquiú puede ser un aporte para lograr concordia y paz en la convivencia nacional, en la medida en que nos dejemos estimular por su compromiso y testimonio y realicemos una conversión personal y de todos a Dios.

Las Encíclicas Fratelli Tutti y Laudato Si, concluyen con una oración interreligiosa que podría expresar el sentir de los argentinos cuando recitamos el Preámbulo de la Constitución Nacional, y hacemos nuestra la invocación de los constituyentes a “la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia”.

TEXTOS DE NORBERTO PADILLA

CIENTOCINCUENTA AÑOS DESPUÉS, en Consejo Argentino para la Libertad Religiosa – CALIR , 2003, http://www.calir.org.ar/libro/04.pdf.

IGLESIA-ESTADO. DEL PATRONATO AL ACUERDO, 2005,https://www.lanacion.com.ar/politica/relacion-iglesia-estado-la-experiencia-argentina-nid689353/

OPCIÓN POR LA DEMOCRACIA, en  COMMUNIO Revista Católica Internacional-(Año 18 nº3) Navidad de 2011.

INVOCANDO LA PROTECCIÓN DE DIOS, 2012 (sin datos de publicación).

LA TRAGEDIA DE LAS LUCHAS CIVILES EN EL SERMÓN DE ESQUIÚ Y EL DISCURSO DE SARMIENTO EN EL SENADO. Conferencia en el Ciclo del Bicentenario del Jockey Club de Buenos Aires, 2016, y artículo para la REVISTA FORUM de la UCA, 2017https://repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/3195/1/dos-nueve-julio-tragedia-luchas.pdf

Bibliografía consultada:

Gálvez, Manuel, VIDA DE  FRAY MAMERTO ESQUIÚ, en Biografías completas, Ed.Emecé. Buenos Aires, 1962.

Bazán, Armando Raúl, Esquiú apóstol y ciudadano, Emecé, Buenos Aires, 1996.

Spangenberg, Ernesto Agustín – Director,  LOS CONSTITUYENTES DE 1853- Su genealogía y su descendencia, Edición del Jockey Club, Buenos Aires, 2019 (Vera-Ortiz, JORGE A., Pedro Alejandrino Zenteno –  ps. 659-665) y Padilla, norberto , Benjamín Juan Lavaisse, ps. 355-367).

Vera, mario, Fray Mamerto Esquiú Perenne, Ed. Santa María, Buenos Aires, 2019.

Ponza, Carlos Oscar, SEMBLANZA FRAY MAMERTO ESQUIÚ Rasgos de su camino hacia la santidad, en CUADERNOS PASTORES nº 13, 1998.

http://www.cuadernospastores.org.ar/wp-content/documents/PASTORESN13.pdf

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