Tombuctú, como le dijimos siempre. Tumbútu en la lengua bambara. Tombouctou en francés. Timbuktu en inglés, como ahora se impone. La ciudad de enormes edificios de adobe al borde del Sahara, “la ciudad de los 333 santos”, cita comercial de caravanas bereberes y nativos mandingas, anhelo de los místicos, ilusión de novelistas, declarada Patrimonio Universal de la Humanidad, soñada por todos pero largos años prohibida a los impíos. Pocos blancos lograron conocerla antes de 1893, y sólo uno vivió para contarlo.

Allí nació una de las primeras universidades musulmanas del mundo, se guardaron antiguos textos griegos, se construyeron grandes mezquitas, bibliotecas y madrazas, desde allí se propagó el Islam hacia el África Negra, hasta ahí llegaron los moros del sultán de Marruecos y los legionarios de la Troisième République, buscando las esquivas minas de sal y de oro.

Supimos de ella cuando niños, por una cinta de aventuras con Victor Mature donde los miembros de un fuerte en el Sudán Francés enfrentaban la amenaza de los tuaregs, incitados al odio por el imán local. Pero este último era un viejito manso dominando por un sangriento emir anheloso de guerra y poder. Al final los buenos redujeron al malo, y el imán, desde arriba de una torre, convocó a sus fieles a la paz y la amistad con Francia, que les ofrecía las ventajas de la civilización y el progreso (así dijo).

Tombuctú se llamaba la cinta, dirigida por Jacques Tourneur, parisino residente en Hollywood. No lo sabíamos, pero justo en ese entonces, 1958, la República de Mali comenzaba a nacer, los franceses empezaban a retirarse, y Occidente trataría de mantener las buenas relaciones. Por algo nos contaban esa historia.

En 1999, fines del milenio, un dentista quiere escapar de nuestra civilización y parte en bicicleta rumbo a ese lugar del que le han hablado vagamente. Tal es el disparador de la comedia de don Luis García Berlanga París Tombuctú, donde el hombre se demora en España, entretenido por una galería de personajes típicos de la decadencia o el disparate de la época. Como fondo se oye el tango Cambalache. Al final sigue su viaje hacia lo desconocido. Sobre el costado del camino, alguien ha escrito “Tengo miedo.B”, y como ése era el último largo de Berlanga, muchos consideraron la frase como toda una declaración respecto al futuro. En verdad, la frase fue idea de uno de los productores. “Ponle esto, para que el público salga pensando”, le dijo. “Hombre, yo nunca he tenido miedo a nada”, replicó Berlanga, que en su vida sufrió la Guerra Civil, la guerra en el frente ruso, obligado a integrar la famosa División Azul, y otras penurias, y todo lo tomaba con humor (amargo, pero humor al fin). Pobre, murió sin saber a qué infierno estaba mandando a su dentista.

Otra historia se ambienta un poco más cerca de nosotros. Dos peruanitos juegan con ir a ese lugar “cuando seamos grandes”. Sólo conocen el nombre, pero sueñan. Ya más grandes encaran otra clase de viajes, tratando de avanzar en la vida. Pero no los dejan. Son los años ´90 y alrededor de ellos combaten las bestias de Sendero Luminoso y las bestias de las fuerzas de represión. Quien cuenta esto, con recuerdos agridulces de vivencias propias, es, en Viaje a Tombuctú, sensible relato peruano-argentino estrenado el año pasado sin ninguna difusión.

El año pasado también nació otra película referida a ese lugar. Un drama basado en hechos reales, contado del modo más suave posible. Aún así resulta fuerte: “Timbuktu”. El autor es Abderrahmane Sissako, un mauritano criado en Mali, tierra de su padre. Lo conocimos por La vie sur la terre, sencilla y calma pintura de los habitantes de un pueblito perdido, dejando que pase el último día del año (casualmente 1999). También agradables, Heremakono. Esperando la felicidad, cuyos personajes muestran tímidas, leves expectativas de emigración y cambio, y Bamako, ya más compleja, con situaciones alegóricas donde se discute la responsabilidad de los organismos internacionales y de las propias naciones africanas en la mantenida crisis de ese continente. Bamako es la capital de Mali. Como un chiste paralelo, se proyecta un western llamado Muerte en Tombuctú.

Tiempo después de esa película, ahí llegó la muerte. Unidos un grupo “de liberación nacional” y tres grupos yihadistas, se apoderaron de parte del país e impusieron sus particulares interpretaciones de la sharia, la ley islámica. Ambientada en una pequeña aldea cercana a la ciudad, la nueva película de Sissako describe precisamente los métodos de imposición por la prepotencia, el absurdo y el terror, que emplea esta gente, y también los pasos de resistencia cordial y burlona, creatividad y paciente aceptación que desarrollan los lugareños. Asimismo, las contradicciones de los propios guardianes de la ley, las explosiones de maldad, el espanto y la esperanza. Por suerte hay varias situaciones humorísticas. Por desgracia, lo que se cuenta es real. Y es lo más verosímil que podemos ver sobre el asunto ya que lo cuenta alguien de la misma tierra y la misma religión.

Filmada en Mauritania con respaldo del productor Etienne Comar, el mismo de la notable De dioses y de hombres (sobre la actitud cristiana frente al fanatismo y la crueldad), Timbuktu recibió el Premio Ecuménico de Cannes, otorgado por jueces de distintas religiones, y trascendió al público mundial gracias a su nominación para el Oscar, la primera que recibe Mauritania. Habrá que ver ahora cómo la considera la Academia Africana de Cine, que entrega sus premios aproximadamente en junio. Más allá de esos galardones, la obra nos deja grabado de otra forma el nombre de la legendaria ciudad. Ya no como un sueño, sino una pesadilla.

Postdata: la película no lo aclara, pero parece que el grupo de fanáticos llegado a la aldea es el Ansar Dine, o más bien Ansar ad-Din, Defensor de la Fe, al que se le imputa la destrucción de abundantes mausoleos, estatuas y bibliotecas de Tombuctú, y unos cuantos santuarios sufíes de la zona. Pero cuando Francia decidió intervenir arrasando con los fundamentalistas de la zona, este grupo replegó sus banderas y se declaró públicamente en contra del terrorismo y enemigo de Al Qaeda. Como si Victor Mature hubiera aparecido de nuevo para liberar al imán bueno.

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