Reseña del libro “El testigo. Medio siglo de un latinoamericano en la Roma de los Papas”, de Guzmán Carriquiry Lecour (México, 2025, Sapientia)

Guzmán Carriquiry Lecour es un abogado uruguayo, bien conocido y muy apreciado en la Roma vaticana, donde acaba de jubilarse, después de casi diez lustros a su servicio, desde 1971. Comenzó en el entonces Pontificio Consejo para los Laicos y luego en la Comisión para América Latina, entre otras variadas tareas y muchas misiones temporales en Roma y en viajes papales por todo el mundo. Supo también, durante algún tiempo, servir como Embajador de su país ante la Santa Sede.

Liberado ya de la discreción y prudencia debida en un alto funcionario vaticano, en este libro comenta abiertamente su visión sobre los sucesos y procesos vividos y las personalidades involucradas en ellos. Cubre varios registros simultáneamente: testimonial, histórico, crítico y anecdótico. Por ello es posible decir que en estas páginas se entrelazan y complementan tres géneros literarios: el diario autobiográfico, la historia y el ensayo. 

En el diario encontramos la vida familiar y espiritual del autor por medio de reflexiones, conversaciones y anécdotas con rasgos de intimidad. Son relatos y comentarios de numerosos encuentros que mantuvo cara a cara con sucesivos Papas y altos prelados de la Curia romana.

También se muestra el fiel testigo protagonista, historiador y analista, con la recuperación de numerosos hitos de la vida de la Iglesia en todo el mundo. Destaca el papel de sus protagonistas de orden pastoral, doctrinal y ecuménico, desde el papado de Pablo VI hasta las puertas del pontificado de León.

El tercer enfoque del libro es el ensayo, donde el laico comprometido comparte visiones y sugiere cursos de acción en la Iglesia. Afirma que fideísmo y moralismo son corrupciones del cristianismo y propone una reforma profunda de la educación católica a todos los niveles. A su juicio, el proceso sinodal debería contar con una mayor presencia de dirigentes laicos. 

Carriquiry Lecour pone en evidencia el importante papel que América Latina, y la Iglesia en ella, deberían cumplir en el marco global. A su juicio, la Iglesia latinoamericana no estuvo a la altura de las circunstancias durante el primer papado de un latinoamericano. 

Además, formula propuestas originales. Critica al CELAM por no haber logrado suscitar una colegialidad dinámica y eficaz en la región. Al mismo tiempo, califica de “exhausto” al eurocentrismo eclesial y propone una reforma profunda de la educación católica en todos los niveles. También considera que los sacerdotes, luego de prestar servicios en el Vaticano durante diez años, deberían regresar a sus diócesis de origen para ejercer el ministerio pastoral. 

En el comienzo de un nuevo papado tan del norte como latinoamericano, Carriquiry escribe que más que un solista, lo que hace falta en la Iglesia es un director de orquesta. Si el pontificado de Francisco fue de ruptura, el de León deberá ser de unidad. 

Aquí también aflora el jurista devenido analista político que comenta procesos, critica decisiones y propone cursos de acción. También contextualiza su memoria con agudos comentarios sobre la evolución del contexto internacional y su compleja problemática. En su carácter de ensayo histórico, este libro trata sobre características y tendencias globales en el tránsito del siglo XX al XXI. Entre ellas, menciona la crisis de la democracia representativa en Occidente: Carriquiry aporta valiosos ejes analíticos sobre los procesos y tendencias vigentes en América Latina, donde pone énfasis en la necesidad de alcanzar una postergada y necesaria integración regional. Aborda, también, la enorme desigualdad social en el mundo y la oculta complicidad entre el crimen del narcotráfico y las finanzas, así como los riesgos que entraña la militarización de la lucha contra la droga, como la que lleva a cabo la actual administración en los Estados Unidos. 

En estas páginas, rinde homenaje a autores contemporáneos que han ejercido un fuerte influjo en su formación intelectual: “Tucho” Methol Ferré, Abelardo Ramos, Augusto del Noce y Claudio Magris, entre otros. Al citar a Massimo Borghesi, afirma que lo que hace falta es un pensamiento católico a la altura de nuestro tiempo. También subraya la importancia de una activa participación de laicos responsables y bien formados en la vida pública de sus respectivos países. 

Con respecto a los efectos de la vigente política anti inmigratoria y de deportaciones en los Estados Unidos, propone a los episcopados de las Américas concertar una respuesta en sintonía con la Ecclesia in América de san Juan Pablo II.

Finalmente, el libro es un valioso testimonio humano sobre la transición entre la vida activa y el tiempo del retiro y es de lectura recomendada para quienes se interesan por el papel de la Iglesia en la desafiante coyuntura internacional.

En un párrafo, Carriquiry dice que preferiría recibir críticas constructivas sobre su texto que generen reflexión y acción. Algo que sin éxito he intentado no tener en cuenta, como amigo del autor, al redactar esta reseña.

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