La muestra Dalí: todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas, que se lleva a cabo hasta septiembre en el Museo de Arte Reina Sofía de Madrid, revaloriza la obra de un artista polémico e innovador.
Pese a la crisis económica, los museos españoles siguen deslumbrando. Lo consiguen con las máximas de siempre: exposiciones transitorias de gran jerarquía, originalidad en sus propuestas y un envidiable acervo patrimonial. Para el espectador foráneo, empero, la crisis posibilita tener más chances de apreciarlas dado lo prolongado de su presencia en el calendario cultural.
En coincidencia con el programa de la muestra, “Dalí se autodefine como una máquina de pensar y, al mismo tiempo, mediático y creador de un estereotipo y de su propio mito”. Artista renovador por momentos y, en otros, sólo irreverente, su vida fue un cúmulo de experimentaciones que la exposición del Reina Sofía ubica inteligentemente en su papel dentro del surrealismo y en un sentido más amplio en el arte del siglo XX.
¿Qué es la imaginación? Seguramente la capacidad creadora de universos tan fantásticos como íntimos y personales. ¿Cuándo se conjuga con el arte? Platón indica el camino de la figura idealizada en la memoria como una “pintura del alma”. La representación en el plano concreto de esas phantasmatas seguramente permita a los artistas definirse como tales, y realizar “una aptitud mental y una técnica del pensamiento”, tal el concepto de creatividad al decir de Barron. Exploración consciente y cristalización material de un universo privado que todos poseemos.
La biografía señala que nació en Figueras el 11 de mayo de 1904 y falleció el 23 de enero de 1989, como marqués de Dalí y de Púbol (título honorario que el rey Juan Carlos otorgó al pintor) y sus herramientas fueron escritura, pintura, escultura, grabado, fotografía y cine. En Madrid asistió a la escuela de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; y en la residencia de estudiantes entabló amistad con Federico García Lorca y Luis Buñuel y conoció las borracheras y el vagar por las calles. Pero también fue el germen de Un perro andaluz, que la exposición proyecta acompañada de fotos de rodaje, la reseña de la revista La Révolution surréaliste y un imponente retrato de Luis Buñuel realizado por Dalí. La historia posterior es conocida: los dos amigos se pelearán y el pintor denunciará por comunista y ateo al realizador de Belle de Jour. Pero antes concretarán L’Age d’or, que también se exhibe acompañada por fotos de rodaje, el programa de mano y una exposición que acompañaba las proyecciones y cuyos cuadros fueron destruidos en el Cine-estudio.
En buena medida, puede decirse que Buñuel le permitió a Dalí concretar sus ambiciones cinematográficas. Eso puede intuirse desde la primera sala de exhibición, donde junto con los autorretratos y retratos familiares, las afamadas pinturas Pierrot toca la guitarra y Figura en una ventana conviven con el temprano homenaje que el pintor realizaba a un noticiario de la Fox, en 1926. Era la experimentación previa con la luz y el color que desembocaría en su contacto con el fauvismo, el cubismo y el futurismo. Para entonces era conocido en Madrid, Barcelona y París, donde entabla amistad con Picasso, y es expulsado definitivamente de la Escuela de Bellas Artes de Madrid.
La etapa surrealista seguramente sea una de las más conocidas de Dalí; aquí su definición: “En verdad no soy más que un autómata que registra, sin juzgarlo, y lo más exactamente posible, el dictado de mi subconsciente: mis sueños, las imágenes y visiones hipnagógicas y todas las manifestaciones concretas e irracionales del mundo oscuro y sensacional descubierto por Freud… El público debe sacar su placer de los recursos ilimitados de misterios, enigmas y angustias que tales imágenes ofrecen al subconsciente de los espectadores”. Es por eso que lo posterior del movimiento, inmerso en la Guerra Civil española y la diáspora, no sea tan célebre pese a juzgar negativamente el avance fascista con obras como Hitler masturbándose o El rostro de la guerra, que lo llevará, junto a su esposa Gala, al exilio en los Estados Unidos al iniciarse la Segunda Guerra. Etapa dominada por contrastes: el Manifiesto místico, que incluye temas religiosos, convive con su preocupación por el peligro atómico y la realización de publicidades, fiestas en Hollywood junto a Bob Hope, y un proyecto no concretado para los hermanos Marx, del que queda una foto donde se lo ve pintando a Harpo y diversas cartas que hilvanan ideas de lo que sería el film Giraffes on Horseback Salad. Por esos años realiza la polémica y, exhibida junto a su explicación fílmica luce La chaqueta afrodisiaca, el famoso esmoquin con pequeños vasitos de licor.
Muy probablemente su exilio lo convierta en un personaje en sí mismo, venerado como una de sus favoritas estrellas de la pantalla. Y aquí comienza un período en el cual convive el genio con la provocación simple, la agudeza con el recurso publicitario, y la teatralización de su propia vida a través de su autobiografía (tan sincera como falsa), La vida secreta de Salvador Dalí, y sus constantes happenings y performances. Es que en Dalí conviven el talento y la boutade en partes iguales; y, al buscar el aplauso del gran público, muchas veces será difícil discernir sus gestos.
Afortunadamente aún se adeudaba la labor para Cuéntame tu vida, de Alfred Hithcock, con su famoso óleo de ojos que forma parte de la exhibición, y demás proyectos (algunos valorados y otros no) para Disney. La exposición del Reina Sofía despide al visitante con las instalaciones desarrolladas en base a las teorías matemáticas de René Thom, su simpático Diorama de Mae West (un living con una intensa boca roja) y Cabeza rafaelesca estallando. En sus últimos años Dalí estuvo envuelto en polémicas domésticas y en la depresión luego de la muerte de su esposa Gala. El pintor falleció a los 85 años, aplaudido fundamentalmente por haber sido aquel artista incontrastable de su juventud cuando no había seriado su futuro en cuanto objeto exista. ¿Qué es la creación artística? Quizás sólo prodigo, espacio y tiempo representados en una constante aventura del intelecto.


















