Sucedió en Recoleta, en el bar La Biela. Dos chicas jóvenes, novias entre sí, se besaban en público, causando incomodidad a otros clientes del lugar. El mozo se acercó tímidamente para pedir que conservaran el decoro dentro del local. La reacción, como era de prever, fue explosiva y seguramente planificada de antemano: la organización de un “besazo” o “tortazo” frente al conocido café (que contó con más de 300 participantes de organizaciones defensoras de las “minorías sexuales”), y la denuncia de rigor al INADI. María Rachid, directora del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, inmediatamente dictaminó que se trataba de una actitud “sumamente discriminatoria”, ya que “todas las parejas y demostraciones de afecto deben ser tratadas por igual”.
Por su parte, la Subsecretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural del gobierno porteño lamentó en su comunicado, que “no siempre la realidad acompaña los avances legislativos”. Pero, en una simpática iniciativa para poner fin a esta situación, dicho organismo decidió brindar una capacitación a los casi 50 empleados de La Biela sobre “convivencia en la diversidad”, como modo de ayudarlos a liberarlos de “prejuicios y miradas estereotipadas”. Una especie de probation colectiva.
Es verdad que los legisladores están “avanzados” respecto del conjunto de la sociedad. Lo que no me queda claro es hacia dónde. Poco a poco nos vamos enterando que hemos votado gobernantes y legisladores para que nos “enseñen” la Verdad, a saber, que la educación que hemos recibido en nuestras familias, colegios o parroquias, la que nos ha inculcado los valores que inspiran nuestra vida, no son más que prejuicios atávicos, como ellos han descubierto providencialmente hace no más de cinco o seis años. Para quienes persistan en el “error” no hay derecho de propiedad (el dueño de un local no podrá decidir qué conductas son aceptables en él), tampoco libertad religiosa ni libertad de conciencia. Hay que reconocer, sin embargo, el encanto de este autoritarismo de rostro sonriente y comprensivo. Por el momento, nada de sanciones, sólo cursitos. El Gran Hermano también puede ser, cuando quiere, un Gran Papá.
Temo, entre otras cosas, por el futuro de las comunidades religiosas. ¿Qué pasará, por ejemplo, cuando un colegio religioso imparta contenidos que no se avienen a este nuevo dogma? ¿Y qué nos pasará a los sacerdotes cuando prediquemos el mensaje del Evangelio sobre estos temas o cuando nos neguemos a celebrar una “boda gay”? ¿Nos obligarán a hacer cursos de diversidad sexual? ¿O tal vez obliguen al arzobispo, confiando en el “efecto derrame”? O quizás un día el Gran Papá pierda la paciencia y nos amenace con la cárcel. Suerte que el papa Francisco vive en Roma…

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7 Readers Commented

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  1. Jorge Albertella on 1 octubre, 2016

    Excelente comentario de Gustavo Irrazábal. Quizá algún día los legisladores “de vanguardia” tendrán que dar cuenta de a quien respondían cuando legislaron sobre el matrimonio gay y en general sobre la ideología de género. ¿Por qué impusieron cuestiones que tienen que ver con costumbres, cultura y convicciones religiosas entrañables a nuestra idiosincracia aun cuando no constaban en las plataformas electorales de sus respectivos partidos?

  2. Graciela Moranchel on 1 octubre, 2016

    Me pregunto cuál es “el mensaje del Evangelio sobre estos temas” (sic), tal como afirma el autor de esta nota, dado que no encuentro en ninguna parte de los textos sagrados referencias sobre moral sexual.
    Por otra parte, el autor del escrito se pregunta con pesar si también obligarán a los sacerdotes o arzobispos a hacer cursos de diversidad sexual. Creo que estaría muy bien que así sea, a fin de no continuar transformando o más bien “deformando” la Buena Noticia del Reino que predicó Jesús en sólo cuestiones de sábanas, como cierto clero nos tiene acostumbrados.
    Aceptar la realidad, no pretender imponer una visión de la persona y de la familia que en definitiva es una cuestión cultural, no discriminar, no perder el centro del anuncio salvador por cuestiones aleatorias es tarea urgente de toda la Iglesia.
    Saludos cordiales.

  3. RODOLFO BARRUTI on 2 octubre, 2016

    Rodolfo Barruti · Staff de la Editroial. Tutor de Cursos at Diario Judicial
    Respeto su opinión pero no la comparto.
    Soy heteresexual y tengo familiar hijos y nieto pero no por eso discrimino a quienes optan por una elección distinta o diversa a la mía.
    Tampoco entiendo su última alusión al Papa Fransisco quien tiene una mirada mas tolerante a la suya cuando se ha referido a los homosexuales.

  4. Jorge E. on 3 octubre, 2016

    Muy buen artículo. Y hubiera dicho “muy claro”, si no fuera porque algunos comentarios evidencian que no se conoce el contexto evangélico y magisterial que el autor da por sentado. Parece que ha llegado el momento en que en los mismos medios católicos se debe agregar, a las notas de opinión, un “recordatorio” de las enseñanzas del Evangelio y del Papa.

  5. Graciela Moranchel on 7 octubre, 2016

    Estimado Jorge E.: Justamente el conocer el contexto magisterial dentro del que se ha escrito esta nota es lo que nos permite a algunos disentir respetuosamente con lo expuesto, tanto por el señor Gustavo Irrazábal como por ciertas doctrinas morales eclesiásticas que han dejado de tener relevancia en la cultura actual.
    Guste o no, la libertad de conciencia es un valor hoy indiscutible. Debe respetarse y no discriminar a quien piensa y obra distinto de como lo enseña la Iglesia, mientras no estemos dentro del marco de conductas delictivas o aberrantes de acuerdo a lo estipulado en el código penal de cada país. Aquí no estamos ante ninguno de los dos casos. Sólo ante una pareja que tenía expresiones de afecto en público.
    Por otra parte, es bueno recordar a algunos que el Evangelio del que tanto se usa y abusa, de ningún modo es un manual de moral, sino una “Buena Noticia” para todos. Haber transformado las palabras atribuidas a Jesús o a San Pablo en un catálogo de mandatos de moral sexual es haber llevado la deformación del anuncio al máximo. Es un hecho lamentable que debe corregirse. Saludos cordiales.

  6. Nelson on 12 octubre, 2016

    ¿Hay verdad o no hay verdad? ¿En el fondo la “cultura contemporánea” no impone una verdad?, ahora bien, si la impone ¿por qué no acepta en ningún contexto la discusión acerca de la verdad?, si no hay hechos, sino sólo interpretaciones (dice el maestro Nietzsche) por qué algunos tienen libertad respecto de algo que otros no la tienen. O bien hay verdad (y si la hay, discutamos), o bien no la hay; si no la hay todo vale, toda interpretación es un derecho y toda acción es legitima (o ninguna lo es)

  7. gonzalo fernandez on 19 octubre, 2016

    Pedir que no franeleen en público, homosexualeso heterosexuales, acto íntimo por excelencia, no es discriminar. Y no hay por qué darles cursos a los empleados que no han restringido la libertad ni maltratado a nadie.

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