Los curiosos casos de Read & Wright, de Hernán Toso (La Plata, Ediciones Masmédula, 2012, 24 páginas) es un libro excelente para enseñar gramática desde la literatura. Su clave es la creatividad.
Hernán Toso plantea las categorías gramaticales en siete cuentos policiales. El lector opera a modo de detective, como Read: lee el caso rastreando las pistas. Pero desconoce, como Wright, su asistente, qué procedimiento ha utilizado el inspector para resolver el interrogante: quién mató o quién robó. La solución de cada historia aparece separada, al final.
Este libro no tiene definiciones, clasificaciones, ejercicios ni ejemplos. No es un manual. Read no es un investigador tradicional. El sólo sigue huellas lingüísticas, haciendo honor a su apellido. Read lee y lee, piensa, sabe escuchar. Su pista está en las palabras. Como Holmes, tiene hiperdesarrollada la observación y la deducción, dos procedimientos capaces de volver a cualquiera más perceptivo y sagaz, más inteligente. Dos virtudes del filósofo y del científico.
Una creatividad muy infrecuente en nuestros textos escolares llena de placer la lectura de estos cuentos ingeniosos y breves. Están cargados de guiños humorísticos: desde los apellidos del inspector y su asistente hasta las incorrecciones protocolares del segundo; nombres de personajes y lugares a veces reales, a veces inventados, entretejidos en la urdimbre de realidad y ficción; la distraída inocencia de Wright, que deambula por pleno centro de Londres con la etiqueta del precio de su atuendo recién comprado y la cariñosa advertencia con que el inspector, dirían nuestros chicos, lo gasta; el desorden de su escritorio, que provoca una rápida identificación, con la que el autor gana la voluntad de sus lectores, y, en el último cuento se convierte en clave de solución del enigma.
La verdad básica del cuento policial es el logro del bien. Atrapar al ladrón o al asesino, ayudar a descubrirlos para que haya justicia. Un bien altísimo sustenta uno de los géneros más livianos de leer, más evasivos y entretenidos. Es una temática benéfica en sí misma, como el hada. Últimamente muy contaminada con sexo y violencia –se nos ha colado la bruja en la literatura y, antes, en la vida–, porque el criterio es, en muchos casos, que, se publica lo que se vende, y ¿a quién le interesan hoy los cuentos del candoroso Padre Brown?, parecen pensar muchos. Habría que probar y repensar si Chesterton está tan pasado de moda como aparenta o nos dicen, o si la incursión metafísica de El hombre que fue jueves no mantiene su interés y su suspenso. Para adolescentes nuevos hacen falta escritores nuevos y nuevos editores.
Los cuentos tratan todos los temas sin infantilismo. Los asuntos son el robo, el crimen pasional, el error nacionalista, el atentado terrorista, las intrigas amorosas de palacio, las estafas mayúsculas. El pecado, en suma, constituyendo, como siempre, la materia de la literatura policial.
La autora es poeta y ensayista, doctora en Letras por la Universidad de El Salvador.