¿Habrán sido discípulos de Jesús los dos hombres que murieron en cruz a su lado? ¿Por qué los lla-maron bandidos? ¿Es posible conocer su identidad?

Todos los Evangelios afirman que Jesús no murió solo, sino que fue crucificado junto a otros dos hombres. Pero no nos dicen quiénes eran. Marcos y Mateo afirman que eran “bandidos” (en griego: lestés). Lucas los llama “malhechores” (kakúrgos). Y Juan sólo habla de “otros dos”, sin más explicaciones.
¿Qué delito habían cometido estos bandidos? ¿Cuándo fueron detenidos? ¿Por qué el Nuevo Testamento olvidó sus nombres, a pesar de que compartieron el trágico destino de Jesús? La tradición siempre los ha considerado “ladrones”. Por eso se ha pensado que eran autores de algún robo, y que la casualidad hizo que fueran condenados a morir el mismo día que Jesús, por orden de Poncio Pilato.
Pero no parece ser eso lo que se deduce de los Evangelios. La crucifixión era un castigo que los ro-manos aplicaban únicamente a los rebeldes políticos, a los revolucionarios sociales, y a los subversivos. Tenemos constancia de que, durante los años que Roma dominó la provincia de Judea, sólo fue-ron crucificados sediciosos o simpatizantes de ellos. Jamás ningún ladrón. Ni el robo, ni el hurto con violencia, eran crímenes capitales para el derecho romano. ¿Por qué, entonces, aquel día crucificaron a dos ladrones con Jesús?

Un decorado de muerte
Flavio Josefo nos aporta la solución. En su libro La Guerra de los Judíos, cuenta que a mediados del siglo I la palabra lestés (que las Biblias traducen por “bandido”) había adquirido un nuevo significa-do. Dice Josefo: “Una nueva especie de bandidos surgió en Jerusalén: los sicarios” (2,254). O sea que, al momento de escribirse los Evangelios, el término lestés no se refería a cualquier bandido sino a los sicarios, es decir, a los judíos sublevados contra Roma. Por lo tanto, los “bandidos” crucifica-dos con Jesús no eran ladrones, sino agitadores sociales.
Esta primera conclusión nos lleva a preguntarnos: ¿qué relación tenían con Jesús de Nazaret? Porque según los Evangelios, Jesús fue condenado a muerte por subversivo político (Mc 15,2), rebelde (Lc 23,2) y agitador social (Lc 23,5). Eso no significa que lo fuera. Pero sí que las autoridades romanas lo consideraron como tal. El hecho de que sobre su cabeza pusieran un cartel con el motivo de su condena, “el Rey de los judíos” (Mc 15,26), confirma que la causa de su sentencia fue política y no religiosa. Jesús, pues, fue ejecutado por los romanos como sedicioso.
Ahora bien, si los hombres que estaban a su lado también lo fueron, es lógico preguntarse: ¿tenían alguna conexión con Jesús? Los Evangelios no los vinculan para nada. Los presentan de repente: “Con él crucificaron a dos bandidos” (Mc 15,27). No dicen de dónde vinieron, ni por qué estaban allí. Sólo figuran como un añadido a los sucesos del Gólgota.

Penas que nos apenan
Sin embargo, es poco probable que varias personas crucificadas el mismo día, a la misma hora, en el mismo lugar, por la misma causa y por el mismo gobernador, no estén de alguna manera relaciona-das. Por otra parte, tampoco había levantamientos políticos todos los días en Judea como para suponer que eran perturbadores sociales de otra rebelión diferente de la de Jesús.
Además, los Evangelios sostienen que cuando los soldados arrestaron a Jesús en el Monte de los Olivos, éste se defendió diciendo: “¿Han venido a prenderme con espadas y palos, como si fuera un bandido (lestés)?” (Mc 14,48; Mt 26,55; Lc 22,52). Los evangelistas nos indican que Jesús fue considerado un lestés, el mismo título que ellos utilizan para designar a los otros dos hombres crucificados.
Esto nos permite sacar una segunda conclusión: los dos condenados debieron de ser discípulos de Jesús, apresados y juzgados por el mismo delito. Por eso terminaron muriendo junto a él.
Una confirmación indirecta puede encontrarse en las palabras de uno de ellos, el llamado “buen ladrón”, cuando al defender a Jesús de los insultos del otro crucificado, le dice: “¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? (Lc 23,40). Aunque esta escena no parece ser histórica, nos señala que, para el evangelista Lucas, los compañeros de suplicio sufrían “la misma condena” que Jesús, es decir, habían sido condenados por idéntico motivo. La palabra “condena” (en griego kríma) no alude sólo al castigo, sino a todo el proceso judicial. O sea que los tres habían sido juzgados y condenados por una causa similar.

Olvidando las promesas
Pero si los dos crucificados con Jesús eran discípulos suyos, ¿por qué, según los Evangelios, cuando lo apresaron, sólo detuvieron a Jesús y dejaron libres a los demás? ¿Cuándo detuvieron a esos discípulos?
Una lectura más atenta de los textos revela que no fue así. Las autoridades también intentaron atraparlos a ellos. Por ejemplo, en el momento del arresto de Jesús en el huerto de Getsemaní, sus discípulos “lo abandonaron y huyeron todos” (Mc 14,50). El hecho de que escaparan rápidamente revela que también quisieron detenerlos. Por lo tanto, estaban en la mira de las autoridades.
Lo mismo nos dice el Cuarto Evangelio. Cuando el Sumo Sacerdote interroga a Jesús para averiguar más sobre él, no sólo le preguntó sobre sus enseñanzas sino también trató de sacarle información sobre sus discípulos (Jn 18,19). Es decir que las autoridades los consideraban políticamente peligrosos.
Asimismo, en las tres negaciones de Pedro (Mc 14,66-71) leemos que hubo quienes reconocieron a éste como uno de sus partidarios, pero él lo negó enfáticamente, con maldiciones y juramentos, hasta el punto de romper la promesa de lealtad que le había hecho a su maestro (Mc 14,31). Más allá de que el relato tenga o no base histórica, el enorme miedo que manifiesta Pedro sólo se explica si los discípulos temían ser reconocidos y sufrir el mismo destino que su líder.
Debemos concluir, pues, que los representantes de la ley no sólo tenían interés en capturar a Jesús, como líder del supuesto movimiento rebelde, sino también a sus seguidores.

El pastor solitario
Pero en este punto debemos plantear una objeción. Los Evangelios cuentan que cuando arrestaron a Jesús, no detuvieron a ninguno de sus discípulos, porque todos huyeron (Mc 14,50; Mt 26,56; Jn 18,8-9).
Para responder a esto, debemos tener en cuenta que la frase de los Evangelios “entonces lo abandonaron y huyeron todos”, más que contar un hecho realmente sucedido, intenta mostrar el cumplimiento de una profecía de Jesús. Momentos antes de ser arrestado, Jesús les había declarado a sus discípulos: “Todos ustedes se van a escandalizar de mí, porque está escrito: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas»” (Mc 14,27).
Esta profecía fue puesta por Marcos en labios de Jesús, para explicar por qué éste afrontó solo su dolorosa pasión y su muerte, sin nadie a su lado. Se debía a la existencia de una profecía de Zacarías, sobre el pastor herido y las ovejas dispersas. Pero no significa que realmente huyeran todos los discípulos y escaparan de la policía. Más bien parece haber sucedido lo contrario, de acuerdo con algunos indicios que encontramos en los textos.

A la luz de una criada
Veamos, por ejemplo, la escena de las negaciones de Pedro. Cuando Jesús estaba siendo juzgado en el palacio del Sumo Sacerdote, Pedro se coló sigilosamente hasta el patio del recinto para ver si podía obtener noticias de su maestro. La noche era muy fría, y el apóstol se acercó a la hoguera que habían encendido en el zaguán, para poder calentarse. Entonces llegó una de las criadas del Sumo Sacerdote, y al verlo junto al fuego, lo reconoció y le dijo: “Tú también estabas con Jesús el naza-reno” (Mc 14,66-67).
Resulta llamativo que la criada le diga: “tú también”. ¿Por qué “también”? ¿Quién más estaba con Jesús el nazareno en ese momento? Si suponemos que además de Jesús estaban detenidos y siendo juzgados dentro del palacio otros discípulos suyos, la frase se aclara perfectamente.
El Evangelio continúa diciendo que Pedro, ante las palabras de la criada, tuvo miedo de ser descubierto y salió a la puerta. Entonces la misma muchacha lo vio, y esta vez no habló con Pedro sino con los presentes que estaban allí, diciendo: “Éste es uno de ellos” (Mc 14,69).
Ahora la mujer no se refiere sólo a Jesús sino a un grupo (“es uno de ellos”). Nuevamente la frase tiene sentido si “ellos” son algunos discípulos arrestados juntamente con Jesús.
Poco después, otros que estaban en la entrada del palacio reconocieron igualmente a Pedro y le dijeron: “Sí, tú eres uno de ellos” (Mc 14,70). De nuevo el plural (“uno de ellos”) confirma que los detenidos eran varios hombres, no Jesús solo; y que Pedro es acusado de pertenecer a dicho grupo.

El hombre del medio
Marcos no explica cómo las personas que vieron a Pedro, reconocieron que era galileo. Pero Mateo sí. Dice que los hombres agregan: “pues se te nota hasta en tu manera de hablar” (Mt 26,73). Sabemos que los galileos hablaban en un arameo ligeramente distinto al que se hablaba en Jerusalén. No fue, pues, difícil identificar la procedencia de Pedro, y relacionarlo con Jesús y el grupo de galileos.
Otro detalle que confirma la relación entre Jesús y los dos compañeros de suplicio es la forma como fueron crucificados. Los cuatro Evangelios coinciden en que, al momento de clavarlos, Jesús fue puesto en el medio, mientras que a los otros dos los colocaron “uno a su derecha y otro a su izquierda” (Mc 15,27; Mt 27,38; Lc 23,33; Jn 19,18).
Ahora bien, ¿cuál fue la razón para ubicarlos así? No parece haber sido una decisión caprichosa de los soldados. La explicación más plausible es que Jesús fue puesto en el medio porque los romanos lo consideraron el líder de los otros dos. Sabemos que los asientos de la derecha y la izquierda de un rey eran los de mayor prestigio. Colocando a sus partidarios a cada lado, los verdugos quisieron mofarse de las pretensiones de realeza de Jesús, y parodiar una corte real. Los dos pobres desdichados a cada lado simulaban perfectamente el séquito de un rey.
Sabemos que este tipo de burlas eran frecuentes. Filón de Alejandría, por ejemplo, en el siglo I nos relata el caso de cierto loco llamado Carabas, al que quisieron ridiculizar, y lo vistieron como rey, mientras unos jóvenes se ponían a su derecha y a su izquierda, simulando ser su comitiva.

Esperanzas poco creíbles
Una última escena nos confirma que los dos crucificados con Jesús tenían vinculación con él. Marcos y Mateo relatan que, junto con los que se burlaban de Jesús, “también lo injuriaban los dos crucificados” (Mc 15,32; Mt 27,44). Ahora bien, si esos dos hombres eran simples ladrones condenados con Jesús por casualidad, ¿por qué lo insultaban? Es difícil entender que unas personas que no tienen nada que ver con él, reaccionen de esa manera. Pero la escena se aclara si ellos eran sus seguido-res. Como formaban parte de su movimiento, se sintieron desilusionados ante el fracaso del líder, y protestaron indignados.
Lucas es más explícito, y reporta algunas palabras de esos hombres. Aunque la escena no es histórica sino una creación del evangelista, sin embargo tiene sentido únicamente si, para Lucas, los crucifica-dos eran discípulos de Jesús y no simples malhechores. Veámosla.
El primero de ellos le recrimina a Jesús: “¿No eres tú el Mesías? Pues sálvate a ti y a nosotros” (Lc 23,39). Si el hombre era un delincuente común, no se comprende su frase. ¿Cómo un simple ladrón, que no conoce a Jesús, va a creer que es el Mesías? ¿Y por qué va a esperar que el Mesías, el enviado divino, lo salve a él y a su compañero de fechorías? Pero tiene sentido si ese hombre conoce a Jesús, si ha participado de su proyecto mesiánico, y está siendo ajusticiado por haberlo seguido como Me-sías. Así se entiende que espere su salvación y la de su compañero, que habían confiado en él.
Las palabras del otro crucificado son también reveladoras. Luego de reprender al primero, recordándole que ellos sufren la misma sanción que Jesús, se vuelve a éste y le ruega: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino” (Lc 23,42). Resulta sorprendente la confianza con la que este hombre le habla. Es una de las pocas personas, en todo el Evangelio, que lo llama “Jesús”, algo ilógico para un delincuente que lo ve por primera vez. Es evidente que lo conocía de antes y tenía cierta familiaridad con él. Por otra parte, el hombre está convencido de que Jesús es rey, y que tiene poder para hacerlo entrar en su Reino. Eso significa que había aceptado sus enseñanzas, y seguía siendo un leal seguidor a pesar de su aparente fracaso.

El ocaso de un recuerdo
¿Es posible conocer la identidad de esos dos discípulos? Los Evangelios callan sus nombres. Pero sin duda no era ninguno de los Doce, pues todos ellos vuelven a aparecer reunidos en Jerusalén después de muerto Jesús (Hch 1,13). Sin embargo sabemos que, aparte de los Doce, Jesús tenía un grupo más amplio de discípulos que lo acompañaban como auxiliares y cooperaban con su movimiento. Algunos de ellos incluso lo ayudaron durante los últimos días que estuvo en Jerusalén, como los que le prestaron el burro para entrar en la ciudad (Mc 11,1-6), o los que le prepararon la habitación para la última cena (Mc 14,12-16). A este grupo más amplio de anónimos colaboradores deben de haber pertenecido los dos detenidos y crucificados con Jesús aquel funesto viernes santo.
Falta contestar una pregunta. ¿Por qué los Evangelios nunca aclararon que los crucificados con Jesús eran discípulos suyos? La respuesta es sencilla. Muy pronto, entre los primeros cristianos, se desarrolló la idea de la muerte salvadora de Jesús. Es decir, se elaboró la tesis de que Jesús había dado la vida por nosotros, que su muerte en la cruz había sido redentora, y que su sangre había sido derramada para el perdón de los pecados. De este modo, la crucifixión se convirtió en el hecho central de su vida, y se le atribuyó un valor salvador único e incomparable. Se la vio como un hecho querido por Dios, e instrumento del plan divino para librar al mundo de sus culpas.
En este contexto, un Jesús muriendo por el Reino junto a otros compañeros, le hacía perder centralidad y exclusividad. Por eso la tradición olvidó pronto la identidad de esos dos discípulos, y se silenció toda referencia a ellos, dando la impresión de que había muerto solo.

Encendamos entre todos
Junto a Jesús fueron crucificados dos de sus discípulos. Era una práctica romana común acabar no sólo con el líder de una revuelta, sino también con sus seguidores. Pero la historia posterior los olvidó, y nunca sabremos quiénes fueron. Sólo sabemos que, en aquel momento excepcional, Jesús estu

Crucifixión, de Andrea Montegna

vo acompañado por dos amigos, que habían compartido sus ideales, y que ahora entregaban la vida por el Reino que soñaron.
Todos somos importantes, y debemos cooperar si queremos que un nuevo mundo amanezca. Aunque nuestra aportación parezca pequeña, insustancial, y nadie llegue a conocerla.
En 1965, Martín Luther King debía pronunciar un discurso sobre los derechos civiles de los negros, en un estadio de fútbol americano de Atlanta. Antes de aparecer en público, pidió que se apagaran las luces del estadio. En medio de la oscuridad y el desconcierto general, subió al escenario y solicitó que los que tuvieran un encendedor lo tomaran en sus manos y que, cuando él diera la orden, lo prendieran. Hubo un súbito silencio. Cuando se oyó su voz diciendo “¡Ahora!”, miles y miles de pe-queñas llamas aparecieron alumbrando el gigantesco coliseo. Todos podían verse, saludarse y encontrarse. Aunque cada uno había aportado una minúscula luz, el enorme estadio había quedado iluminado. Aquella fue una de las más grandes demostraciones de cómo, cuando cada uno ofrece su pequeño esfuerzo, el mundo entero puede cambiar.
A veces la sociedad en que vivimos entra en un cono de sombra, confusión y desánimo. Entonces buscamos que alguien venga de afuera, de arriba o del más allá, a traer la luz que nos hace falta. Pero nos olvidamos del encendedor en nuestro bolsillo. Es tiempo de aportar nuestra pequeña luz cada día, y unirnos a tanta gente que ya lo hace. Así desaparecerán muchos miedos, angustias e incertidumbres que aún dan vueltas por ahí. O al menos las compartiremos. Como escribió María Elena Walsh: “Porque el camino es árido y desalienta/ porque tenemos miedo de andar a tientas,/ porque esperando a solas poco se alcanza/ valen más dos temores que una esperanza./Dame la mano y vamos ya”.

El autor es teólogo y biblista

17 Readers Commented

Join discussion
  1. Guillermo Rocca on 28 diciembre, 2016

    Es un artículo muy bello; porque, aunque plantea una hipótesis plausible y difícil de probar, no menoscaba en lo más mínimo el sentido profundo de la escena.
    En esta época en que algunos estudiosos de la Biblia en los medios masivos de comunicación, intentan atacar con argumentos falaces a la fe, la exegesis hecha con seriedad enriquece y fortalece a todos los cristianos.

  2. EVA LORENTZ on 29 abril, 2017

    Este artículo es todo una obra maestra de narración y concatenación. Un verdadero análisis legal de los hechos que parece haberlo ofrecido experimentado abogado penalista, tratando de analizar y complementar los hechos con lo indicios que juntos nos puedan llevar a una conclusion. No obstante pude observar la omisión en la narrativa de una parte del mensaje del buen ladrón, que indica que ademas de forajidos (en los términos que lo define el articulo) si eran ladrones o malhechores bajo el concepto natural) pues el señala que el castigo que a ello les entran imponiendo si es justo…

  3. Mr Rankin on 26 diciembre, 2017

    En mi parecer lo que no este claro en la biblia de quienes fueron los otros dos no es de mi incumbencia, lo que me importa es saber quien es el que murio por mi porque si bien fueron 3 los que murieron ese dia de la misma forma pues es 1 el que resucito por amor a mi!!! Que si panchito o pepito era su discipulo que si eran bandidos o sicarios como los quieran llamar pues eso no importa! Mejor denle mas enfoque a nuestro salvador! No pierdan tiempo es querer presentar sus suposiciones, lo que es de Dios dejenselo a Dios!!!!

  4. claro por eso no creo en cuentos y religiones nunca dicen la verdad realmente simpre trejiversanla propia verdad yo me pregunto porque esconden la verdad verdadera

  5. Es interesante la hipótesis que levanta el autor, sin embargo, muy dificil de corroborar. Sin embargo, hay algo cierto en el artículo estos dos hombres no eran bandidos comunes. El término griego «lestés» tambien puede traducirse » insurrectos», y se puede aplicar a los sicarios del tiempo de Jesús. Uno de los sicarios, posiblemente del grupo de Barrabás el «lestés» (Juan 18: 40) que había luchado contra el imperio para lograr la autonomía de su nación, y que consideraba era lo mejor para su pueblo, ahora entiende que lo que el pretendía lograr con su lucha, solo se encontraba en la propuesta de Jesús, que iba a morir junto a él. Lo que él con su lucha armada no había logrado, Jesús lo estaba logrando. Este acto de fe en el poder, la deidad y la realeza del Señor Jesucristo, a pesar de que la cruz parecía decir lo contrario…es uno de los actos de fe más impresionantes de los relatados por los Evangelios. Solo el Espíritu de Dios (muy lucano) pudo haber revelado esta verdad. Este es un ejemplo de las segundas oportunidades que da el Señor. Este insurgente judío, reconoce en el momento de la muerte, la verdad sobre Jesús y recibe una oportunidad de salvación única: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (verso 43). Jesús le dice…el orden político, social y económico que estás buscando lo encontrarás hoy en mi Reino.

    • francisco on 1 octubre, 2019

      no fueron solo 3 los crusificados fueron 5 pero los otros 2 fueron crucificados en otro lugar

  6. Enrique Marín Pech on 30 marzo, 2018

    Felicidades soy ateo pir la gracia de Dios, Uds rompen paradigmas, y a lo intangible, lo absoluto, lo omnopotente lo hacen entendible,fuerade intereses cristianos, divididos en muchisimas partes.

  7. dani4 on 10 abril, 2018

    bonita la lectura sobre dios
    me encanto

  8. sofi on 18 abril, 2018

    esto si tiene mucha informacion pero le falto que dijieran los nombres de los que fueron crucifiados a la derecha o izquierda de jesus pues si esto no dice yo si a la dereha esta dimas que es el ladron bueno y gestas que es el malo esta a su izquierda.

  9. Gran expositor del exégeta en comento. Nos describe con mucha propiedad su posición frente a los históricos evangelistas. Su trabajo es laudable por cuanto nos regala una fundametada retórica investigación, que merece analizarla con criteros desapasionados, y, concluir, cada quien, su propio análisis y respetado. Merece darle reconocimiento al columnista por su agradable pieza literaria. Felicitaciones.

  10. Genial, formato de tu blog! ¿Cuanto tiempo llevas bloggeando? haces que leer en tu blog sea entretenido. El diseño total de tu web es bien pensado, al igual que el material contenido!
    Saludos

  11. Alfio on 30 octubre, 2018

    La interpretación del evangelio de Álvarez Valdés relativiza como si fueran una invención literaria, ciertos hechos descriptos para darles otros significados y toma como literales los que asume para asentar sus tesis. Hace dos mil años que se utiliza el mismo método para confundir al creyente y buscar una fama que no se conforma con los encendedores. Es más fácil de entender que esos dos “lestés” eran compañeros Barrabás y que estaban detenidos y con fecha de crucifixión preestablecida de antemano. El hecho de que haya sido liberado el líder en perjuicio de Jesús y, o casualidad con el apoyo de un grupo del pueblo con más capacidad de movilización (ejemplo repetidamente visto en la historia de que el fanatismo es más ruidoso que la racionalidad, que en tiempos de miedo se paraliza y se esconde), nos explica mejor, que es Jesús el nuevo en el proceso y que ocupa el lugar del que iba a estar en el medio sorpresivamente a los ojos del que se lava las manos. Me pregunto, ¿quién tendría dinero para movilizar y oponerse a la liberación de Jesús sino quienes detentaban el poder religioso y social y temían perderlo? Los amigos de Jesús huyen o se esconden, será el Espíritu Santo quien les dará la valentía o “un cambio de actitud psicológica obtenida por una sobredosis de Sertralina y Captagon”. Ahora bien, nadie duda de que el evangelio sea una composición en donde se resuelvan cuestiones catequísticas y dogmáticas con una fusión de lenguajes muy humanos y espirituales; y nadie con fe es ajeno a la duda que humaniza su fe y la lleva a la tierra, a recorrer el camino de la humildad. Como nadie duda de que si algo de esa fe no ilumina la lectura de la palabra ella en vez de cortar sólo sirve de recurso literario que ayuda a buscar argumentos a escritores que no conocen el sudor ni de sangre ni de sal. La palabra es vida y está viva, así Martín Luther King la entendió y predijo su muerte con la paz de los condenados por Cristo, no insultó sino miró el cielo y como cualquier hombre de fe pidió misericordia como “el ladrón bueno”, con confianza. Sobre esto el teólogo ve “sorprendente la confianza con la que este hombre le habla” por esto dice que lo conocía de antes. Quizás el teólogo no cree observar confianza o fe, en tantos pecadores que se cruzan con Jesús en el evangelio escrito en papel, tierra o cielo. Tal vez ha perdido él su confianza en Jesús, cosa que entiendo y vivo a menudo. En fin, de después de todo lo único que queda es la necesidad de amar y el amor no cambia si Eva estaba desnuda o en jogging.

  12. Tony on 27 noviembre, 2018

    Siempre se valoran los esfuerzos; pero cabe
    Mencionar que en los pasajes citados existe la clara omisión de un versículo clave :
    Marcos 15:28 y se cumplió la escritura que dice: Y fue contado con los inicuos.
    Lo que demuestra que por ninguna razón pudieran ser discípulos de Cristo, sino más bien; ellos mismos conocian la causa y vida del Señor; pues en su tiempo, Jesús era mucho muy popular.
    El versículo citado es una profecía y como tal se debía cumplir al cien por ciento.
    Recordemos la biblia se interpreta no solo con ciencia, armonía, gramática, semántica,lógica etc etc lo principal es la interpretación con temor, reverencia y sobre todo espiritualidad pues sin el discernimiento del espíritu Santo solo nos
    Engañamos y desviamos a muchos de la verdad absoluta de la palabra del Señor.

  13. Daniel on 19 abril, 2019

    Siempre se dijo que el» ladrón bueno» se llamaba Dimas

  14. Lc on 28 septiembre, 2019

    Los ladrones crucificados al lado de Jesús no eran discípulos, uno de ellos reconoce que merecían ser castigados por haber cometido algún tipo de delito. Una ladrón le dijo al otro: «nosotros merecemos ser castigados», pero éste, ¿qué delito ha cometido? Jesús no fue condenado por revolucionario, Pilato aclaro que no había hallado ningún delito en él. El pueblo Judío fue que lo crucificó porque Jesús mismo se hacía llamar hijo de Dios. Pilato entrego en manos de los judíos la desición de matar a Jesús…

¿ QUIERE DEJAR UN COMENTARIO ?