Septiembre 2006
El catolicismo no es un cúmulo de prohibiciones
- Santo Padre, en septiembre usted visitará Alemania o más precisamente Baviera. El Papa tiene nostalgia de su patria, han dicho sus colaboradores en el curso de la preparación de este viaje. ¿Qué temas desearía tocar en particular durante la visita? El concepto de patria, ¿forma parte de los valores que desea proponer?
- Ciertamente. El motivo de la visita es volver a ver los lugares, las personas con las que he crecido, que me han marcado y han formado parte de mi vida. Personas a las que querría agradecer. Y naturalmente también expresar un mensaje que vaya más allá de mi tierra, como es coherente con mi ministerio. Simplemente he dejado que las conmemoraciones litúrgicas me indicaran los temas. El asunto fundamental es que debemos redescubrir a Dios, no a un Dios cualquiera, sino al Dios con rostro humano, porque cuando vemos a Jesucristo vemos a Dios. Y partiendo de esto debemos encontrar los caminos para encontrarnos en la familia, entre las generaciones y también entre las culturas y los pueblos, en los caminos de la reconciliación y la convivencia pacífica en este mundo, los caminos que conducen hacia el futuro. Y estos caminos hacia el futuro no los encontraremos si no recibimos la luz desde lo alto.
- Como Papa, usted es responsable de la Iglesia en el mundo entero. Pero naturalmente su visita dirige la atención a la situación de los católicos en Alemania. Ahora todos los observadores concuerdan en que la atmósfera es buena, también gracias a su elección. Pero los antiguos problemas permanecen. Sólo por poner algunos ejemplos: cada vez menos practicantes, cada vez menos bautizados, sobre todo cada vez menos influencia en la vida social. ¿Cómo ve la actual situación de la Iglesia católica en Alemania?
- Ante todo diría que Alemania forma parte de Occidente, si bien con sus características particulares. Y en el mundo occidental hoy vivimos una ola de un nuevo iluminismo drástico o laicidad, o como se lo quiera llamar. Creer se ha vuelto más difícil, porque el mundo en el que nos encontramos está hecho completamente por nosotros mismos y en el que, por así decirlo, Dios ya no aparece directamente. Ya no se bebe directamente de la fuente, sino del recipiente que se nos presenta ya lleno. Los hombres se han construido el propio mundo, y encontrarlo a Él en este mundo se ha convertido en algo muy difícil. Esto no es específico de Alemania, es algo que se constata en todo el mundo, de manera particular en el occidental. Por otra parte, Occidente está hoy tocado fuertemente por otras culturas en las que el elemento religioso de origen es muy poderoso. Y muchas personas de esas culturas quedan horrorizadas por la frialdad que encuentran en Occidente en lo que respecta a Dios. Y esta presencia de lo sagrado en otras culturas, aunque quede velada de muchas maneras, toca nuevamente al mundo occidental, nos toca a nosotros, que nos encontramos en el cruce de tantas culturas. Y también desde lo más profundo del hombre en Occidente, y en Alemania, surge la búsqueda de algo más grande. Vemos que en la juventud aparece la búsqueda de ese más; vemos cómo en cierto modo el fenómeno religión como se lo llama vuelve, aunque se trata de un movimiento de búsqueda a menudo indeterminado. Pero con todo esto la Iglesia está de nuevo presente, la fe se ofrece como respuesta. Creo que esta visita, como la de Colonia, será una oportunidad para mostrar que creer es algo bello, que el gozo de una gran comunidad universal posee una fuerza que arrastra, que tras ella hay algo importante y que por lo tanto junto a los nuevos movimientos de búsqueda, existen también nuevas desembocaduras de la fe que nos llevan los unos hacia los otros y que son positivas también para la sociedad en su conjunto.
- Hace exactamente un año usted estaba en Colonia con los jóvenes, y creo que en esa oportunidad experimentó que la juventud está extraordinariamente dispuesta a recibir, y que usted fue muy bien acogido. En este próximo viaje ¿lleva un mensaje especial para los jóvenes?
- Quisiera decir antes que nada que estoy muy contento de que haya jóvenes que quieran estar juntos, que quieran estar juntos en la fe, y que quieran hacer el bien. La disponibilidad para hacer el bien es muy fuerte en la juventud, basta pensar en las diversas formas de voluntariado. El compromiso para ofrecer en primera persona una contribución propia ante las necesidades de este mundo es una gran cosa. Un primer impulso puede ser, por lo tanto, alentar a esto: ¡sigan adelante! ¡Busquen las ocasiones para hacer el bien! ¡El mundo necesita de esta voluntad, necesita de este compromiso! Y luego quizá dejaría este mensaje: ¡tengan el valor de tomar decisiones definitivas! En la juventud hay mucha generosidad, pero ante el riesgo de comprometerse para toda la vida, ya sea en el matrimonio o en el sacerdocio, se experimenta miedo. El mundo está en movimiento de manera dramática: ahora puedo disponer continuamente de mi vida entera con todos sus imprevisibles eventos futuros: con una decisión definitiva ¿no ato mi libertad y no me privo de la libertad de movimiento? Despertar el valor de atreverse a tomar decisiones definitivas, que en realidad son las únicas que permiten crecer, caminar hacia adelante y alcanzar cualquier objetivo importante en la vida, las únicas que no destruyen la libertad, si no que le ofrecen la justa dirección en el espacio. Arriesgar esto, este salto por así decir en lo definitivo, y con eso acoger plenamente la vida, es algo que quisiera poder comunicar con alegría.
- Una pregunta sobre la política exterior. La esperanza de la paz en Oriente Medio en las pasadas semanas se ha debilitado nuevamente. ¿Qué posibilidades le ve usted a la Santa Sede en relación con la actual situación? ¿Qué influencia puede ejercer en el desarrollo de la situación en Oriente Medio?
- Naturalmente no tenemos ninguna posibilidad política, y no queremos ningún poder político. Pero queremos hacer un llamado a los cristianos y a todos aquellos que se sienten de alguna manera interpelados por la palabra de la Santa Sede, para que sean movilizadas todas las fuerzas que reconocen que la guerra es la peor solución para todos. No aporta nada bueno para nadie, ni siquiera para los supuestos vencedores. En Europa lo sabemos muy bien, como consecuencia de las dos Guerras Mundiales. La paz es lo que todos necesitan. Existe una fuerte comunidad cristiana en el Líbano, hay cristianos también entre los árabes, hay cristianos en Israel, y los cristianos de todo el mundo se comprometen por estos países tan queridos a todos nosotros. Existen fuerzas morales dispuestas a mostrar que la única solución es que debemos vivir juntos. Estas son las fuerzas que nosotros queremos movilizar: los políticos deben encontrar los caminos para que esto pueda acontecer lo más pronto posible y sobre todo de forma duradera.
- Como obispo de Roma usted es sucesor de san Pedro. ¿Cómo puede mostrarse en los tiempos actuales el ministerio petrino? ¿Cómo ve usted la relación de tensión y equilibrio entre el primado del Papa, por una parte, y la colegialidad de los obispos, por otra?
- Una relación de tensión y equilibrio existe naturalmente, y nosotros decimos que así debe ser. Multiplicidad y unidad deben siempre encontrar nuevamente su relación recíproca, y esta relación debe incluirse de una manera siempre nueva en las cambiantes situaciones del mundo. Hoy en día existe una nueva polifonía de las culturas, en la cual Europa ya no es más la única que determina, sino que las comunidades cristianas de los diversos continentes están adquiriendo su propio peso, su propio color. Debemos aprender siempre de esta fusión de los diversos componentes. Por esto hemos desarrollado diferentes instrumentos; las llamadas visitas ad limina de los obispos, que han existido siempre, son en la actualidad mucho más aprovechadas para hablar con todas las instancias de la Santa Sede y también conmigo. Yo hablo personalmente con cada obispo. Ya he hablado con casi todos los obispos de África y con muchos de los de Asia. Ahora vendrán los de Europa central, Alemania, Suiza, y en estos encuentros, en los que precisamente el centro y las partes se encuentran juntos en un intercambio franco, yo pienso que crecerá la correcta relación recíproca en esta tensión equilibrada. Además tenemos otros instrumentos, como el Sínodo, o el Consistorio, que mantendré regularmente y que querría desarrollar. En ellos, aún no teniendo un orden del día importantísimo, se discutirán juntos los problemas actuales, intentando encontrar soluciones. Por un lado sabemos que el Papa no es un monarca absoluto, pero tiene que por decirlo de alguna forma personificar la totalidad que se une en escucha de Cristo. Pero la conciencia de la necesidad de una instancia unificadora, que garantice también la independencia de las fuerzas políticas y que los cristianismos no se identifiquen demasiado con la nacionalidad, esta conciencia precisamente, que necesita de tal instancia amplia y superior, capaz de crear unidad en la integración dinámica del todo, y por otro lado que acoja y promueva la multiplicidad, esta conciencia es muy fuerte. Por eso creo que se trata una adhesión íntima al ministerio petrino que se expresa en la voluntad de desarrollarlo ulteriormente, de forma que responda tanto a la voluntad del Señor, como a las necesidades de los tiempos.
- Alemania como tierra de Reforma está particularmente marcada por los contactos entre las distintas confesiones. Las relaciones ecuménicas son una realidad sensible, que encuentra siempre nuevas dificultades. ¿Qué posibilidad ve de mejorar la relación con la Iglesia evangélica, o qué dificultad ve en este camino?
- Quizá sea importante decir, antes que nada, que la Iglesia evangélica presenta una notable variedad. En Alemania tenemos, si no me equivoco, tres comunidades principales: luteranos, reformistas y Unión prusiana. Además hoy se forman numerosas Iglesias libres (Freikirchen) y, en el interior de las Iglesias históricas, movimientos, como la Iglesia confesante entre otras. Por lo tanto, se trata también de un conjunto con muchas voces, con las cuales tenemos que entrar en diálogo en la búsqueda de unidad con respecto a la multiplicidad de voces, y con las que quiero colaborar. Creo que lo primero es que todos juntos nos preocupemos porque sean claras, hallables y traducibles en los hechos las grandes directrices éticas, para garantizar la consistencia ética de la sociedad, sin la cual no puede llevar a cabo los fines de la política, que son la justicia para todos, una buena convivencia y la paz. En este sentido creo que ya se ha conseguido mucho, que nosotros nos encontramos realmente unidos bajo un pilar cristiano común, frente a los grandes desafíos morales. Naturalmente, después hay que dar testimonio de Dios en el mundo, con dificultades a la hora de encontrarlo, como ya hemos dicho, y de hacer visible a Dios en el rostro humano de Jesucristo, de ofrecer a los hombres el acceso a esas fuentes, sin las cuales la moral se torna árida y pierde sus referencias; y también brindar felicidad, porque no estamos solos en este mundo. Sólo así nace la felicidad ante la grandeza del hombre, que no es un mero producto de la evolución, sino imagen de Dios. Nos tenemos que mover en estos dos sentidos por decirlo de algún modo el de las grandes referencias éticas, y el que muestra a partir del interior y orientándose hacia él la presencia de Dios, de un Dios concreto. Si lo hacemos, y sobre todo, si en todos nuestros grupos singulares buscamos no vivir la fe de forma industrial, sino a partir de raíces más profundas, entonces quizá no lleguemos tan rápido a las manifestaciones externas de unidad, sino que maduraremos hacia una unidad interior, que si Dios quiere un día llegará también a exteriorizarse.
- Hace un mes usted estuvo en Valencia para celebrar el Encuentro Mundial de las Familias. Quien ha escuchado con atención, se ha dado cuenta de que usted no ha pronunciado la palabra matrimonio homosexual, no ha hablado de aborto, ni de contraconcepción. Atentos observadores han dicho: ¡interesante!, evidentemente su intención es anunciar la fe y no dar la vuelta al mundo como apóstol de la moral.
-Benedicto XVI: Claro que sí. Ante todo tengo que decir que tuve solamente dos ocasiones de veinte minutos para hablar. Teniendo tan poco tiempo no se puede comenzar diciendo: no. Tenemos que saber qué es lo que queremos decir, ¿no es así? Y el cristianismo, el catolicismo no es un cúmulo de prohibiciones, sino una opción positiva. Y es muy importante que esto se vea nuevamente, ya que hoy esta conciencia ha desaparecido casi completamente. Hemos oído hablar tanto de lo que no está permitido que ahora hay que decir: tenemos una idea positiva que proponer; el hombre y la mujer están hechos el uno para el otro; existe, por así decir, una escala sexualidad, éros, ágape que indica las dimensiones del amor y sobre este camino crece desde siempre el matrimonio, como encuentro entre un hombre y una mujer, culmen de la felicidad y de la bendición, y después la familia, que garantiza la continuidad entre generaciones, en la que las generaciones se reconcilian entre sí y en la que también las culturas se pueden encontrar. Por lo tanto, ante todo es importante subrayar lo que queremos. En segundo lugar, se puede ver después también el porqué nosotros no queremos algo. Y yo creo que sea necesario ver y reflexionar, ya que no se trata de una invención católica, el hecho de que un hombre y una mujer estén hechos el uno para el otro para que la humanidad siga existiendo: lo saben todas las culturas. En relación al aborto, no pertenece al sexto, sino al quinto mandamiento: No matarás. Y esto tenemos que presuponerlo como obvio y tenemos que rebatir siempre que: la persona humana inicia en el seno materno y sigue siendo persona humana hasta el último aliento. El hombre tiene que ser respetado siempre como hombre. Pero todo esto queda más claro, si antes hemos explicado lo positivo.
- En todo el mundo los creyentes esperan de la Iglesia católica respuestas a los problemas globales más urgentes, como el sida y la superpoblación. ¿Por qué la Iglesia católica insiste tanto sobre la moral en lugar de proponer soluciones concretas para estos problemas cruciales de la humanidad, por ejemplo en el continente africano?
- ¿Insistimos realmente tanto sobre la moral? Yo diría estoy cada vez más convencido tras mis encuentros con los obispos africanos que la cuestión fundamental, si queremos dar pasos adelante en este sentido, se llama educación, formación. El progreso puede ser progreso real sólo si sirve a la persona humana y si la propia persona humana crece, no sólo su poder técnico sino también su capacidad moral. Y creo que el verdadero problema de nuestra situación histórica sea el desequilibrio entre el crecimiento increíblemente rápido de nuestro poder técnico y el de nuestra capacidad moral, que no crece de forma proporcional. Por eso la formación de la persona humana es la verdadera receta, la clave de todo diría, y ésta es también nuestra vida. Y esta formación tiene para resumir dos dimensiones. Ante todo tenemos que aprender, adquirir saber, know-how como se suele decir. En esta dirección Europa, y en los últimos decenios América, han hecho mucho, es algo importante. Pero si sólo se difunde el know-how, si sólo se enseña cómo se construyen y se usan las máquinas, y cómo se emplean los métodos de anticoncepción, entonces no hay que maravillarse de que al final nos encontremos con guerras y con epidemias de SIDA. Porque nosotros necesitamos dos dimensiones: es necesaria al mismo tiempo la formación del corazón si me permiten utilizar esta expresión con la que la persona humana adquiere referencias y aprende también de este modo a usar correctamente su técnica. Y esto es lo que estamos intentando hacer. En toda África, y también en muchos países de Asia, tenemos una gran red de escuelas de todos los niveles, donde sobre todo se puede aprender, adquirir el verdadero conocimiento, capacidad profesional, y con ello alcanzar autonomía y libertad. Pero en estas escuelas nosotros intentamos precisamente comunicar no sólo el know-how, sino formar a personas humanas que quieran reconciliarse, que sepan que tenemos que construir y no destruir, y que tenemos las referencias necesarias para saber convivir. En gran parte de África, las relaciones entre musulmanes y cristianos son ejemplares. Los obispos han formado comités comunes junto a musulmanes para ver cómo es posible crear paz en las situaciones de conflicto. Y esta red de escuelas, de aprendizaje y formación humana, que es muy importante, viene completada por una red de hospitales y de centros de asistencia, que llegan de forma capilar a las aldeas más remotas. Y en muchos lugares, a pesar de las destrucciones de la guerra, la Iglesia es la única fuerza que ha permanecido intacta. ¡Ésta es una realidad! Es donde se cura, donde se atiende también el SIDA, y por otro lado se ofrece educación, que ayuda a establecer relaciones justas con los demás. Por eso creo que se debería corregir la imagen según la cual sembramos en torno de nosotros rígidos no. Precisamente en África se trabaja mucho, para que las diferentes dimensiones de la formación se puedan integrar y así sea posible la superación de la violencia y también de las epidemias, entre las que están también la malaria y la tuberculosis.
- El cristianismo se ha difundido por todo el mundo partiendo de Europa. Ahora, muchos piensan que el futuro de la Iglesia se encuentra en los otros continentes. ¿Es verdad? O en otras palabras, ¿qué futuro tiene el cristianismo en Europa, donde parece que se está reduciendo a un asunto privado de una minoría?
- Sobre todo yo querría introducir algún matiz. En realidad, como sabemos, el cristianismo nació en Oriente Próximo, y durante mucho tiempo su desarrollo principal se quedó allí, difundiéndose por Asia mucho más de lo que nosotros pensamos tras los cambios traídos por el Islam. Por otro lado, precisamente por este motivo su eje se trasladó sensiblemente hacia Occidente y Europa; y Europa estamos orgullosos y nos alegramos ha desarrollado ulteriormente el cristianismo en sus grandes dimensiones también intelectual y cultural. Pero creo que es importante que recordemos a los cristianos de Oriente, ya que es el período en el que ellos, que han sido siempre una minoría importante, en relación fructífera con el contexto circunstante, ahora emigran. Existe el peligro de que estos lugares que dieron origen al cristianismo se queden sin cristianos. Pienso que debemos ayudar mucho para que se puedan quedar. Pero ahora contesto a su pregunta. Europa se ha transformado sin lugar a dudas en el centro del cristianismo y de su movimiento misionero. Hoy los demás continentes, las otras culturas, entran con igual peso en el concierto de la historia del mundo. De este modo crece el número de voces de la Iglesia, y esto es un bien. Es bueno que se puedan expresar los diferentes caracteres, los dones propios de África, de Asia y de América, en particular de América latina. Naturalmente todos ellos tocados no sólo por la palabra del cristianismo, sino también por el mensaje secular de este mundo, que lleva también a los demás continentes la prueba irrebatible que hemos vivido nosotros mismos. Todos los obispos del resto del mundo dicen: todavía necesitamos de Europa, si bien Europa es sólo una parte de un todo mayor. Todavía tenemos la responsabilidad que nos da nuestra experiencia, de la ciencia teológica que ha sido desarrollada aquí, de nuestra experiencia litúrgica, de nuestras tradiciones, y también de las experiencias ecuménicas que hemos acumulado: todo esto es muy importante también para los otros continentes. Por eso es necesario que nosotros no nos rindamos, compadeciéndonos y diciendo: Ya está, somos sólo una minoría, intentemos al menos conservar nuestro número reducido. Sino que tenemos que conservar vivo el dinamismo, abrir relaciones de intercambio, para que en consecuencia de ahí nos lleguen nuevas fuerzas. Hoy hay sacerdotes indios y africanos en Europa, también en Canadá, donde muchos sacerdotes africanos trabajan de modo muy intenso. Es un dar y recibir recíprocos. Pero si nosotros en un futuro recibimos más, tendremos que seguir dando con un valor y un dinamismo crecientes.
- En las sociedades modernas las decisiones importantes sobre política y ciencia no se orientan en valores cristianos y la Iglesia lo sabemos por las encuestas está considerada la mayor parte de las veces sólo como una voz que amonesta o que incluso frena. ¿No debería salirse de esta posición defensiva y asumir una actitud más positiva en lo relacionado al futuro y a su construcción?
- Diría que en cualquier caso tenemos el deber de poner de relieve lo que nosotros queremos de positivo. Y esto sobre todo tenemos que hacerlo a través del diálogo de culturas y de religiones, ya que, como he dicho, el continente africano, el alma africana y también el alma asiática están horrorizadas de la frialdad de nuestra racionalidad. Es importante que vean que aquí no hay sólo esto. De forma recíproca es importante que nuestro mundo laicista se dé cuenta de que la fe cristiana no es un impedimento, sino un puente para el diálogo con los otros mundos. No es justo pensar que la cultura puramente racional, gracias a su tolerancia, tenga un acercamiento más fácil a las otras religiones. Le falta en gran parte el órgano religioso y con este el punto de enganche a partir del cual y hacia el cual los otros quieren entrar en relación. Por eso debemos y podemos mostrar que precisamente por la nueva interculturalidad en la que vivimos, la pura racionalidad desenganchada de Dios no es suficiente, sino que es necesaria una racionalidad más amplia, que ve a Dios en armonía con la razón, y es consciente de que la fe cristiana que se ha desarrollado en Europa es también un medio para hacer confluir juntas razón y cultura e integrarlas también con las acciones en una visión unitaria y comprensiva. En este sentido creo que tenemos un gran deber, es decir, mostrar que esta Palabra, que nosotros poseemos, no pertenece por decirlo de algún modo a los despojos de la historia, sino que es necesaria precisamente hoy.
- Hablemos de sus viajes. Usted está en el Vaticano, posiblemente le cueste estar un poco lejos de la gente y separado del mundo, también aquí en Castelgandolfo. Pero usted dentro de poco cumplirá 80 años. ¿Piensa poder realizar muchos viajes? ¿Tiene idea de los que piensa realizar? ¿A Tierra Santa, Brasil? ¿Lo sabe?
- Verdaderamente no estoy tan solo. Efectivamente existen por decirlo de alguna manera las murallas que dificultan el acceso, pero hay una familia pontificia, todos los días muchas visitas, en particular cuando estoy en Roma. Llegan obispos, otras personas, hay visitas de Estado, de personalidades que quieren hablar conmigo también en privado y no solamente de cuestiones políticas. En este sentido hay una multiplicidad de encuentros que gracias a Dios se dan continuamente. Y es también importante que la sede del Sucesor de Pedro sea un lugar de encuentro, ¿no es verdad? Desde el tiempo de Juan XXIII, el péndulo ha cambiado de dirección: son los papas los que han comenzado a visitar. Debo decir que no me siento tan fuerte como para agendar muchos y grandes viajes, pero cuando estos permiten dirigir un mensaje y responden a un verdadero deseo, los quisiera hacer, con la dosis que me es posible. Alguna cosa está ya prevista: el próximo año en Brasil hay un encuentro del CELAM, el Consejo Episcopal Latino Americano, y pienso que estar allí será un paso importante en el contexto de las vicisitudes que América del Sur está viviendo intensamente, y para reforzar la esperanza que está viva en aquella región. Después quisiera ir a Tierra Santa, y espero poder visitarla en tiempo de paz, y del resto veremos qué me reserva la Providencia.
- Permítame insistir. Los austríacos hablan también alemán y lo esperan en Mariazell.
- Sí, ha sido concordado. Yo lo he prometido sencillamente, de manera un poco imprudente. Es un lugar que me ha gustado tanto que he dicho: sí, volveré a la Magna Mater Austriae. Naturalmente ésta se ha convertido inmediatamente en una promesa, que mantendré, y la mantendré con gusto.
- Insisto todavía. Yo lo admiro cada miércoles, cuando celebra la audiencia general. Hay 50.000 personas. Debe ser cansador, muy cansador. ¿Consigue resistir?
- Sí, el Buen Dios me da la fuerza necesaria. Y cuando se ve la acogida cordial, naturalmente uno queda animado.
- Acaba de decir que ha hecho una promesa un poco imprudente. Quiere decir que a pesar de su ministerio, con sus abundantes vínculos protocolares, ¿no renuncia a su espontaneidad?
-Lo intento. Además, aunque las cosas puedan estar acordadas, yo quisiera conservar y realizar también alguna actividad personal.
- Las mujeres son muy activas en las diversas funciones en la Iglesia católica. ¿Su aporte no sería también más visible en lugares de mayor responsabilidad?
- Sobre este argumento naturalmente se reflexiona mucho. Como usted sabe, nosotros pensamos que nuestra fe, la constitución del Colegio de los Apóstoles, nos obliga y no nos permite conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres. Pero además no hay que pensar que en la Iglesia la única posibilidad de tener un papel sea la de ser sacerdote. En la historia de la Iglesia hay muchísimos deberes y funciones. Comenzando por las hermanas de los Padres de la Iglesia, para pasar a la Edad Media, cuando grandes mujeres han tenido un papel determinante, y llegar a la época moderna. Pensemos en Ildegarda de Bingen, que con fuerza protestaba contra los obispos y el Papa; en Catalina de Siena y en Brígida de Suecia. También en los tiempos modernos las mujeres deben y nosotros con ellas buscar, por decirlo de alguna manera, su justo lugar. Hoy, están bien presentes también en los Dicasterios de la Santa Sede. Pero existe un problema jurídico: el de la jurisdicción, es decir el hecho que según el derecho canónico el poder de tomar decisiones jurídicamente vinculantes va unido al orden sagrado. Desde este punto de vista hay límites, pero creo que las mismas mujeres, con su empuje y su fuerza, con su superioridad, con la que definiría su potencia espiritual, sabrán ganarse espacio. Y nosotros deberemos intentar ponernos a la escucha de Dios para que no ser quienes lo impidamos, sino alegramos de que el elemento femenino obtenga en la Iglesia el pleno lugar de eficacia que le conviene, comenzando por la Madre de Dios y de María Magdalena.
- En tiempos más recientes se habla de una nueva fascinación del catolicismo. ¿De qué y de dónde provendría la vitalidad y la capacidad de futuro de esta institución antiquísima?
- Diría que ya todo el pontificado de Juan Pablo II ha impactado a los hombres y los ha reunido. Lo que ha ocurrido en ocasión de su muerte permanece como muy especial históricamente: cientos de miles de personas se dirigían disciplinadamente hacia la Plaza de San Pedro, permanecían de pie por horas, y en lugar de desfallecer resistían movidas por una fuerza interior. Y después, lo hemos revivido en ocasión de mi pontificado, y en Colonia. Es muy hermoso que la experiencia de la comunidad se convierta al mismo tiempo en una experiencia de fe, que se haga experiencia de la comunidad no solamente en un lugar cualquiera, sino que esta experiencia se convierta en más viva y dé al catolicismo su luminosidad intensa precisamente en los lugares de la fe. Naturalmente esto debe proseguir también en la vida cotidiana. Las dos cosas deben ir juntas. Por una parte los grandes momentos, en los que se experimenta que es hermoso estar aquí, que el Señor está presente y que nosotros formamos una gran comunidad reconciliada más allá de todos los confines. Pero después desde aquí es menester también cobrar empuje para resistir durante las fatigosas peregrinaciones cotidianas, y vivir a partir de estos puntos luminosos y orientarse hacia ellos, y saber invitar también a otros a formar parte de la comunidad en camino. Pero quiero aprovechar esta ocasión para decir que me siento algo turbado por todo aquello que se hace en preparación a mi visita, por todo lo que la gente está haciendo. En Alemania, mi casa ha sido pintada nuevamente, una escuela profesional ha rehecho el recinto. El profesor de religión evangélico ha colaborado. Estos son pequeños detalles, pero son la señal de lo muchísimo que se hace. Todo esto lo encuentro extraordinario, y no lo considero referido a mi persona sino como signo de una voluntad de pertenecer a esta comunidad en la fe y de servir. Demostrar esta solidaridad y dejarse inspirar en esto por el Señor es algo que me conmueve y por ello quiero también dar gracias de todo corazón.
- Usted ha hablado de la experiencia de la comunidad. Irá a Alemania, ya por segunda vez tras su elección. En la Jornada Mundial de la Juventud, y posiblemente también por el campeonato mundial de fútbol, la atmósfera en un cierto sentido ha cambiado. Se tiene la impresión de que los alemanes se han vuelto más abiertos al mundo, más tolerantes, más alegres. ¿Qué desearía usted para nosotros, alemanes?
- Diría que con el final de la Segunda Guerra Mundial comenzó una transformación interior de la sociedad alemana, también de su mentalidad, que ha sido reforzada además por la reunificación. Nosotros nos hemos inserido mucho más profundamente en la sociedad mundial y naturalmente hemos sido transformados por esta mentalidad. Y de esta forma salen a la luz también aspectos del carácter alemán que antes se desconocían. Posiblemente hemos sido caracterizados un poco como si todos fuéramos siempre disciplinados y reservados, cosa que también tiene su fundamento. Pero si ahora se ve mejor aquello que todos estamos viendo, lo encuentro hermoso: los alemanes no solamente son reservados, puntuales y disciplinados, también son espontáneos, alegres y hospitalarios. Esto es muy bonito. Y esto deseo: que estas virtudes crezcan todavía, y que reciban empuje y permanencia también en la fe cristiana.
- Su predecesor ha declarado beatos y santos a un gran número de cristianos. Algunos piensan, que demasiados. Aquí mi pregunta: las beatificaciones y las canonizaciones aportan a la Iglesia algo nuevo, sólo si las personas pueden ser consideradas como verdaderos modelos. Alemania da relativamente pocos santos y beatos respecto de otros países. ¿Se puede hacer algo para que esta dimensión pastoral se desarrolle, y para que la necesidad de beatificaciones y canonizaciones den un verdadero fruto pastoral?
- Al inicio yo también era de la idea de que la gran cantidad de beatificaciones casi nos aplastase y que a lo mejor era necesario elegir más figuras que entrasen más claramente en nuestra conciencia. Entre tanto he descentralizado las beatificaciones, para que se hagan más visibles estas figuras en los lugares específicos a los que estas pertenecen. Quizá un santo de Guatemala no interesa en Alemania y viceversa, uno de Altötting quizá no interesa en Los Ángeles, ¿no es así? Además creo que esta descentralización sea afín a la colegialidad del episcopado, con su estructura colegial, y que sea una cosa oportuna justamente para poner de relieve que los diferentes países tienen sus propias figuras y que estas son eficaces en sus propios países. También he observado, que estas beatificaciones en diferentes lugares, tocan a innumerables personas y que la gente dice: ¡Finalmente es uno de nosotros! y va a él y vuelve inspirada. El beato pertenece a ellos, y nosotros estamos contentos de que haya muchos. Y si gradualmente también nosotros, con el desarrollo de la sociedad mundial, los conocemos mejor, es hermoso. Pero sobre todo es importante que también en este campo exista la multiplicidad y por eso es importantísimo que nosotros en Alemania aprendamos a conocer a nuestras propias figuras y a alegrarnos de ellas. Cerca de éstas están las canonizaciones de las figuras más grandes, que son de relieve para toda la Iglesia. Yo diría que cada conferencia episcopal debería elegir, debería ver qué es apto para nosotros, qué nos transmite realmente algo y estas figuras deberían volverse visibles no demasiado numerosas que suscitan una profunda impresión. Pueden hacerlo a través de la catequesis, la predicación, quizá se podrían presentar también a través de una película. Puedo imaginarme películas muy hermosas. Yo naturalmente sólo conozco muy bien a los Padres de la Iglesia: una película sobre Agustín, también una sobre Gregorio Nacianceno y su particular figura, su escapar continuo de las responsabilidades cada vez mayores que le venían asignadas
Hay que estudiar: no existen sólo situaciones desagradables entorno a las cuales hablan tantas películas nuestras, sino que hay figuras maravillosas de la historia, que no son para nada aburridas, y que son de gran actualidad. Por último, hay que intentar no cargar demasiado a la gente, y hacer visible para muchos las figuras que son actuales y que nos inspiran.
- ¿Historias en las que haya también humor? En 1989 en Munich se le hizo entrega de la condecoración del Kart Valentin Orden. ¿Qué papel juega en la vida de un Papa el humor?
- [ríe] Yo no soy un hombre al que le ocurran continuamente chistes. Pero saber ver también el aspecto divertido de la vida y la dimensión feliz y no tomarse todo de forma trágica, esto lo considero muy importante, y diría que es también necesario para mi ministerio. Un escritor dijo que los ángeles pueden volar porque no se toman a sí mismo demasiado en serio. Y nosotros quizá podríamos volar un poco más, si no nos diéramos tanta importancia.
- Cuando se tiene un deber tan importante como el suyo, Santo Padre, se es naturalmente observado. Los demás hablan de usted. Y leyendo, me sorprendió lo que dicen muchos observadores, que el Papa Benedicto es una personalidad diferente del cardenal Ratzinger. ¿Cómo se ve a sí mismo?, si me puedo permitir hacerle esta pregunta.
- He sido ya seccionado en diferentes ocasiones: como profesor durante un primer período y el período intermedio, como cardenal primero y en el período sucesivo. Ahora llega una nueva división. Naturalmente las circunstancias y las situaciones y también los hombres influyen, ya que se asumen responsabilidades diferentes. Mi personalidad fundamental y mi visión básica han crecido, pero en todo aquello que es esencial han quedado idénticas, y yo me alegro de que ahora se pongan de relieve aspectos que antes nadie advertía.
-¿Se podría decir qué su deber le gusta, qué no es un peso para usted?
- Sería decir demasiado, porque en realidad es cansador, pero de todas formas intento encontrar la felicidad también en esto.
Traducción del original alemán distribuida por Radio Vaticano.
Cuba después de Fidel
La enfermedad de Fidel Castro y la transferencia provisional del mando a su hermano Raúl abren el interrogante de cuál será la política económica después de 48 años de gobierno fidelista. El heredero recibirá una economía que aún no ha recuperado el nivel previo a la grave crisis resultante del colapso del bloque socialista en 1989. Al comparar las cifras de 2004-2005 con las de entonces, se constata que: el PIB por habitante es aún inferior (los datos oficiales manipulados alegan que lo ha rebasado, pero CEPAL suspendió la publicación de dichas cifras); la producción azucarera ha caído 84%; las principales producciones manufactureras (cemento, acero, textiles, fertilizantes) están entre 38% y 94% por debajo, y las principales agrícolas (carne, leche, huevos, pescado, cítricos) son entre 22% y 63% menores; la generación eléctrica sólo ha aumentado 2% (ha disminuido per capita); la inversión bruta ha declinado 59%; la liquidez monetaria (un indicador de inflación) ha trepado 43%; el déficit de la balanza comercial sobrepasa los US$ 4000 millones (un récord histórico) porque las importaciones han crecido, pero las exportaciones aún están 62% por debajo.
Por otra parte, con ayuda de inversión extranjera y reformas económicas tímidas introducidas en 1993-1996, Cuba ha cosechado varios éxitos importantes: la producción de petróleo creció 4 veces, la de gas 12 veces, y la de níquel 63%; el número de turistas se ha multiplicado casi 8 veces y genera US$ 2300 millones (la mayor fuente de divisas), y las remesas en divisas del exterior se estiman entre US$ 400 y US$ 1000 millones. Pero los factores que impulsaron esos éxitos han sido socavados en los últimos tres años a contrapelo de la lógica económica: las tímidas reformas de mercado han sido revertidas desde 2003 con la recentralización de las decisiones económicas, el incremento del control estatal y la reducción del pequeño sector privado; las remesas están ahora cargadas con un descuento del 20%, y la inversión directa extranjera ha caído pues el Gobierno ha cancelado varias empresas mixtas y declarado que sólo las aceptará en sectores estratégicos. Dos razones explican esta reversión: Fidel aceptó las reformas a regañadientes debido a que la severa crisis amenazaba al régimen, pero con la generosa ayuda de Chávez (sólo US$ 1000 millones en subsidio de precios a los 98.000 barriles diarios de petróleo), consideró que ya no eran necesarias. Además, su muerte cercana lo llevó a recentralizar el poder económico disperso entre cientos de empresas y miles de productores y prestadores de servicios privados, a fin de asegurar un traspaso del poder sin obstáculos potenciales.
Pero dichas contramedidas son negativas para la economía, como lo demuestran 48 años de políticas fidelistas. Raúl parece ser más pragmático que Fidel: en el decenio del 70 envió para entrenamiento en la URSS a Humberto Pérez que presidió la junta de planificación e impulsó modestas reformas económicas, pero fue purgado por Fidel en 1986; Raúl también apoyó los mercados libres campesinos en 1982 que Fidel suprimió en 1986, y después tuvo que reabrir en 1994. La esperanza de muchos economistas jóvenes y de mediana edad en Cuba es que Raúl siga el modelo de mercado socialista de China y Vietnam que ha propiciado un boom en dichos países, pero que Fidel rechazó, o la posibilidad de seguir los modelos económico-sociales exitosos de Chile y Costa Rica.
Texto de Nueva Sociedad (www.nuso.org)
El Presidente y el diario La Nación
Reiteradamente el presidente Néstor Kirchner critica al periodismo independiente, en especial al diario La Nación. En la última expresión pública dijo textualmente: Yo sé que el que escribe en La Nación tiene que ser opositor, qué va a hacer, si no… Porque esto de la libertad de prensa… Miren si un periodista va a escribir algo que esté en contra de lo que piensa el dueño de la empresa periodística, ¿se imaginan ustedes?
Similar actitud tuvo el dictador Fidel Castro, en su reciente estadía en Córdoba, cuando eludió la respuesta a un periodista sobre la situación de la médica Hilda Molina: ¿Y a ti quién te paga para preguntar esas cosas?, le dijo muy molesto.
Cuando el poder político enfrenta a la prensa por su función crítica, revela ante todo intolerancia democrática y expresa un desconocimiento sobre cómo se conduce un medio independiente. Así termina construyendo una caricatura de la realidad: ¿se imaginan ustedes al dueño de un diario exigiendo a sus periodistas que escriban lo que él piensa? ¿o a los periodistas haciendo preguntas por encargo? Sólo en los regímenes dictatoriales ocurren estas cosas.
En referencia a los dichos del presidente, entidades de prensa, periodistas y hasta dirigentes políticos, señalaron que la línea editorial, en todo el mundo, la fija el propietario del diario. A mi juicio la réplica fue incompleta, pues Kirchner no podría referirse a los editoriales, ya que los editorialistas son periodistas que necesariamente escriben la opinión del director o propietario; por eso ni firman ni podrían contradecir a su verdadero autor y responsable, lo cual no afecta la libertad de prensa.
Si fuera cierto que en La Nación sólo escriben opositores, tampoco estaría vulnerado el derecho de expresión si los autores se manifestaran libremente. Ni sería ilegítimo tampoco, en un régimen de libertad política, que en un medio partidario sólo escribieran opositores. Pero no es el caso de La Nación.
El diario que no es el medio de un partido político- publica cotidianamente en la página contigua a la de los editoriales, un amplio arco de opiniones: ex presidentes, políticos de todo signo, ministros y funcionarios del actual o de otros gobiernos, o simples ciudadanos, escriben libremente. Recientemente (4/8/06), el diputado kirchnerista Jorge Coscia replicaba en esa sección (pág.25) un artículo de Santiago Kovadloff, que señalaba los riesgos de gobernar a lo guapo que exhibía el actual presidente.
Es habitual, también, que La Nación publique en sus páginas opiniones diferentes y encontradas sobre un mismo tema, coincidentes o no con su línea editorial. Los mismos lectores envían cartas que expresan desacuerdos con el diario y hasta le observan errores de información. Kirchner, cuando gobernaba Santa Cruz, criticó en una recordada carta un editorial de La Nación que aludía a su gestión.
Los reportajes a intelectuales del país y del mundo son otra muestra de independencia. ¿Cómo explicar desde la óptica del presidente por citar un reportaje entre muchos que la periodista de La Nación, Juana Libedinsky, haya entrevistado recientemente a un marxista que criticaba el neoliberalismo? (16/8/06, pág.1).
Muchas veces se ignora que una nueva generación de periodistas se desempeña bajo exigencias de capacitación, que no admiten prácticas de subordinación editorial o dictatorial, lo cual no quiere decir que los medios no tengan pensamiento propio. Ambas realidades conviven en los grandes diarios. La nueva generación de políticos que nos gobierna, en cambio, no ha progresado en tal sentido y choca con la realidad expuesta. No es rara su coincidencia con la vieja dictadura cubana, con sus hábitos y estilos tan perimidos. Cuesta entender, aunque se comprende que esto ocurra.
Un diario independiente es esencialmente un servicio, fundado en el deber de informar a quienes tienen el derecho de saber. Un servicio con el riesgo intelectual de no ser aprobado. Y hasta con el riesgo físico que corrieron en estos días los corresponsales de guerra en Cercano Oriente, entre ellos Silvia Pisani y Elisabetta Piqué, de La Nación.
¿Sociedad sin instituciones?
La irreversible globalización
Juan José Sebreli
Transitamos momentos de gran fragilidad de las instituciones en la Argentina. Pero no quiero quedarme en lo inmediato. Quiero situar esa fragilidad en un marco espacial y temporal. Haré referencia a la crisis de las instituciones hoy en el mundo occidental al que pertenecemos y a la evolución histórica de las instituciones en la Argentina.
Vivimos tiempos de crisis del sistema político-democrático en Occidente. Los mismos fenómenos que criticamos en la Argentina se ven, aunque por cierto mucho más atenuados, en Europa y los Estados Unidos: la crisis de los sistemas políticos, la separación el abismo entre la sociedad política y la sociedad civil, la despolitización, la desvalorización del Parlamento.
¿A qué se debe esta crisis institucional? Nos hallamos ante una transición histórica muy profunda, que tendría dos aspectos fundamentales: uno es la evolución de un sistema basado en el Estado-nación que surge en el siglo XVIII a una sociedad global; el otro, es la transformación de una sociedad industrial en otra basada en la automatización, la información y la comunicación, lo que algunos llaman sociedad inteligente. Esta profunda transformación se debe fundamentalmente a la gran revolución científico-técnica experimentada en las últimas décadas del siglo XX, que provocó el fenómeno de la globalización. Muchos creen todavía que se trata de una ideología como el neoliberalismo, que se puede combatir o que va a pasar. Pero la globalización no es una idea, sino un hecho irreversible. La economía se adecuó parcialmente a la globalización tecnológica. En cambio, la política quedó totalmente rezagada; sigue limitada por los Estados-nación, sigue habiendo política nacional en momentos en que el mundo es global. Esto provoca la impotencia de los políticos, aun en los países más poderosos. El tema del desprestigio de los políticos en el mundo occidental no es tanto la corrupción como la impotencia. Son impotentes para resolver los grandes problemas actuales, que son todos problemas mundiales. La cuestión del medio ambiente, de la explosión demográfica, de las inmigraciones masivas, del terrorismo, de la miseria, del narcotráfico, de las plagas. Ningún Estado-nación puede encarar eficazmente todos estos problemas. No hay otra solución a mediano o a largo plazo que una política global, y será la tarea del siglo XXI. Esto parece algo utópico, pero ya hay ciertos síntomas: el tribunal penal internacional y en cierto modo la Unión Europea, que trasciende los límites nacionales.
El problema en nuestro país es que hay una doble vuelta de tuerca con respecto a esta crisis política porque, precisamente, en este momento de crisis mundial la Argentina accede, después de más de medio siglo de regímenes antidemocráticos y autoritarios, a la democracia. Así que hay una doble vuelta: no es lo mismo soportar esta transición en viejas democracias, con instituciones muy asentadas, que en un país donde esas instituciones están en formación. Lo más parecido a esta situación sería la de los países de Europa del Este que, salvo algunas excepciones, tienen gravísimos problemas. Eso sería la parte espacial del contexto mundial.
En la historia argentina
Nos queda enfocar el tema de la crisis política en la Argentina desde el punto de vista del desarrollo histórico en el país. En toda la historia argentina hay una permanente crisis institucional. Por supuesto, las primeras décadas de una sociedad independiente son tiempos de guerra civil y anarquía. Se puede decir que la República Argentina recién empieza a existir en 1880. Y en 1880 tampoco hay instituciones muy firmes. El gobierno está compuesto por familias patricias, hay partidos políticos meramente nominales. Porque los comités de los partidos funcionan en períodos comiciales y el resto de la política se hace en el Jockey Club, en el Club del Progreso, en sociedades empresariales, o en fiestas y reuniones familiares. Prácticamente no había instituciones. No obstante, dentro de este grupo clase gobernante, que posteriormente se lo llamará oligarquía, había un sector reformista que trató de crear una sociedad institucionalizada y lo logró primero y fundamentalmente con la creación del sufragio universal masculino. 1916 es la fecha clave donde parecería ser que la Argentina entra en una sociedad institucionalizada. Lamentablemente, en el comienzo mismo ya está el fracaso: en 1916 la clase económicamente dominante y gobernante hasta ese momento que debería haberse expresado a través de un partido conservador moderno y democrático- no logra crear un partido de alcance nacional. Pierde las elecciones, a pesar de tener un candidato brillante, como era Lisandro de La Torre. Ya nos quedamos con una democracia renga, porque no puede haber democracia sin dos partidos. Simétricamente al fracaso del conservadurismo se da el triunfo de la UCR, que no se concibe a sí misma como un partido, sino como un movimiento, expresión total del país y del pueblo, que es la negación misma de lo que es un sistema democrático de partidos. Y ya, en ese primer gobierno yrigoyenista, se empiezan a ver las características que van a imposibilitar la creación de una sociedad institucional. El movimientismo, primero y fundamental, contra el sistema de partidos, que implica el liderazgo carismático. El desdén total por el Congreso Yrigoyen nunca pisó el Congreso para mostrar su profundo desprecio, la consideración del opositor no como un interlocutor válido sino como un enemigo al que hay que destruir el conservadurismo, y finalmente el clientelismo, que ya existía con el régimen conservador, y que luego se acentúa enormemente. El clientelismo constituye a ciertos personajes, como el puntero y el intendente, en el único intermediario entre el Estado y el ciudadano, papel que deberían jugar los partidos políticos y el Congreso. Y a tal punto el corporativismo será el verdadero sistema que regirá el país durante casi todo el siglo XX que ya en 1920, poco tiempo después de las primeras elecciones, habrá un personaje, Alejandro Bunge, famoso economista, que propondrá abiertamente el desprecio por los políticos, demagogos, y la organización de corporaciones. Bunge, si bien hoy parece un personaje olvidado, tuvo gran influencia: intervino en el golpe del 30, es uno de los ideólogos del intento fascista del 30 y sobre todo el factotum desconocido del régimen peronista del 45, a través de su discípulo José Figuerola, quien organiza el plan económico y social del peronismo.
El corporativismo crea una sociedad en la que cada corporación defiende sus intereses particulares y opuestos a otros. Es una sociedad donde ninguno de los sectores puede crear una forma de hegemonía aceptada democráticamente por los demás. Se da un empate. El poder de las corporaciones fue el de obstruir lo que hacían otros. Y así llegamos a esta fórmula tan curiosa, peculiar y sui generis de la Argentina de todo el siglo XX que es la de gobiernos autoritarios, en muchos casos dictaduras, y en algún caso, como el del primer Perón, con atisbos de totalitarismo, que sin embargo no pueden imponer el orden. La peor de las fórmulas posibles: autoritarismo y anarquía. Ahora bien: esta fórmula, ¿no es un poco la que se está implementando en la Argentina actual? Dejo esta pregunta para que se discuta.
No hay sociedad sin instituciones
Natalio Botana
Voy a hacer pie en una idea de las muchas que presentó Sebreli.
Todos nosotros tenemos muchas veces la impresión de que la Argentina funciona sobre dos planos: el de las cosas escritas, lo que Alberdi llamaba la expresión caligráfica de la ley, y el plano de los comportamientos concretos. Es decir que desde hace muchísimas décadas, por lo menos para fijar una fecha desde 1880 en que se constituye la Argentina moderna, el período que yo he llamado del orden conservador, hasta el presente, vivimos aferrados, por un lado, a la fórmula prescriptiva de las leyes (fundamentalmente me puedo referir a la Constitución Nacional) y, por otro, a una realidad institucional que no corresponde al ideal histórico que se ha dado el país. Es decir: una discrepancia permanente entre valores y hechos. De modo tal que ante la pregunta de Criterio: ¿una sociedad sin instituciones?, yo respondería: es una sociedad con instituciones porque no hay sociedad que pueda permanecer en la existencia salvo que vaya en camino de una disolución pavorosa, sin un minimun de mecanismos y de reglas institucionales. Lo importante aquí es detectar qué es lo que se ha constituido en estos años de democracia otra fecha apta para el análisis- bajo el ropaje de las instituciones. La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma republicana representativa federal. La reforma de 1994 ha introducido a esta definición el valor, por todos nosotros fervorosamente compartido, de la democracia. ¿Qué se esconde detrás de lo representativo? ¿Qué se esconde detrás de lo republicano? ¿Qué se esconde detrás de lo federal? Y este es el gran problema que enfrentamos las argentinas y los argentinos en los albores del siglo XXI. Mi impresión es que paralelamente a la normativa de una Constitución que quiere ser republicana y democrática, y practicar realmente la representación política y el federalismo, se está configurando una suerte de democracia hegemónica o, si se quiere, de principado republicano. Digo principado porque el viejo Maquiavelo nos enseñó que los principados son sistemas políticos que están concentrados fundamentalmente en las autoridades ejecutivas.
Días pasados releí El juicio del siglo de Joaquín V. González, texto que escribió para la conmemoración del primer centenario en 1910. González, que era un hombre muy sagaz, con experiencia teórica y también práctica, dijo que la tradición del gobierno en la Argentina en el sentido de su constitución orgánica por la que entendía constitución real, era el lenguaje de la época no era representativa ni republicana, sino ejecutiva. Es decir que nosotros, la ciudadanía argentina, hemos engendrado un sistema político concentrado en la figura dominante del señor o la señora presidente. Y esto no es responsabilidad del gobierno actual ni del anterior. No es algo nuevo. Puede haber estilos más intolerantes, que aman más la confrontación que otros, pero la tradición argentina está forjada en torno de los presidentes, los gobernadores y los intendentes. Ellos son los que mandan. En el ocaso del sistema político lo señaló con mucha perspicacia Sebreli, están los parlamentos, las legislaturas, los consejos deliberantes; todo aquello que es propio de una democracia deliberativa. Parlamento viene de parlare, del sentido que tiene una conversación entre iguales para poder hacer leyes que nos comprometan a todos porque las consideramos legítimas. Y la idea real de esta sociedad con otra clase de instituciones no sin instituciones- es que las leyes no provienen de ese órgano representativo, sino que ese órgano ejerce las funciones de un escribano mayor de gobierno que ratifica el decisionismo del Poder Ejecutivo. No se trata de algo reciente; pasó en tiempos de Menem, y más en tiempos de gobiernos radicales, cuando en el momento que se aproximaba la crisis comenzó a jugar, y de qué manera, el concepto de los poderes de emergencia.
Los tres pilares
Esta es la fórmula operativa de las instituciones en la Argentina. Y tiene, a modo de resumen, tres pilares fundamentales: el predominio incontestable de los cargos ejecutivos, la subordinación de una mayoría legislativa a esos dictados, y un ordenamiento decisionista que, desde el ápice del rol del presidente, desciende hacia los gobernadores, intendentes y legisladores. Esta mecánica se puede observar a través de las grandes leyes que se están discutiendo en este momento en nuestro país. Ya se ha reformado el Consejo de la Magistratura, ya votaremos una ley a través de la reforma de un artículo en virtud del cual el Presidente de la Nación puede hacer uso y desplazamiento, a través del jefe de Gabinete, de los montos fijados por el propio Parlamento para la estructura del Presupuesto nacional. Por fin, la ley en este momento en discusión (estas dos leyes serán probablemente muy pronto aprobadas en la Cámara de Diputados) ya tienen media sanción del Senado, de los decretos de necesidad y urgencia. Con los decretos de necesidad y urgencia se está moviendo en el país anualmente una suma cercana a 20 mil millones de dólares. Que si se compara con la suma global del presupuesto no es tanto. Pero si se observa que esa cifra se aplica sistemáticamente para conquistar voluntades en el plano de los gobernadores y los legisladores, para beneficiar a unos y perjudicar a otros, la cosa adquiere un perfil mucho más grave.
¿Qué consecuencias tiene esto para la oposición? Porque, lo dijo también Sebreli, no hay democracia sin oposición. Lo ideal sería tener dos partidos en la Argentina. Estamos viviendo una paradoja muy grande. Si el régimen es federal y formalmente lo es en la Argentina, se supone que los partidos que tienen mayor número de posiciones institucionales en provincias e intendencias serán los que más posibilidades tienen de transformarse en genuinos partidos de oposición. Pues si tienen esas posiciones institucionales eso significa que electoralmente les ha ido muy bien. Sin embargo, he aquí la paradoja, el hecho de que ocupen esas posiciones los debilita frente al Poder Ejecutivo. Porque en la medida en que el Poder Ejecutivo sea la estructura dominante en el sistema descrito, ellos dependen de ese Poder y, por consiguiente, en la negociación de las leyes en el Congreso ordenan a sus legisladores, representantes de las provincias que gobiernen, para que voten la línea legislativa que ha fijado el Poder Ejecutivo Nacional. Y esto evidentemente nos está planteando una serie de desafíos extraordinariamente complejos que tienen que ver con el crecimiento de la economía, y sobre todo por el uso fiscal que del crecimiento de la economía está haciendo este sistema político.
Porque, efectivamente, el aceite que permite que este engranaje funcione bien es el superávit fiscal. Una economía argentina sin superávit fiscal lo que produce recuerden ustedes el momento de Fernando de la Rúa, y luego el momento de Duhalde son ligas de gobernadores encrespadas, enfrentadas con el Poder Ejecutivo. Pero cuando cambia la orientación general de la economía debido a situaciones internacionales, y el Poder Ejecutivo dispone de esa masa de dinero, se produce lo que he llamado en muchas oportunidades la paradoja del éxito. Es la segunda paradoja que quería plantearles esta tarde. La paradoja del éxito proviene de esto: cuando Alberdi escribió las Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina allá por 1852, realizó una suerte de apuesta histórica, como buen liberal que era -liberal, con L mayúscula, no como los de ahora-. Dijo: en el futuro tendremos la república verdadera, partiendo de la república posible. Porque el propio crecimiento económico, la propia forja de la riqueza, los inmigrantes que llegarán a nuestros puertos y fecundarán nuestras tierras, todos ellos permitirán que las instituciones de esta Constitución que proponemos al país funcionen mejor. Esa era la teoría de Alberdi, que en gran medida compartía Sarmiento, aunque Sarmiento hacía mucho más hincapié en el valor de la educación pública.
¿Qué ha pasado en los pocos momentos en esta historia contemporánea a partir de 1983 en que hemos tenido holgura económica? Lo que ha pasado es la paradoja del éxito. La holgura económica no mejora el funcionamiento real de la Constitución, sino que refuerza el funcionamiento de esta fórmula operativa que consolida cada vez más la hegemonía de los cargos ejecutivos. A quien entienda esta situación le puede ir bien, pero hasta cierto punto, como también señaló Sebreli. Porque el precio de la fórmula operativa es el clientelismo. Y no es lo mismo el clientelismo en tiempos de Julio Argentino Roca, cuando tenía que satisfacer con créditos del Banco Nación a sus amigos del Jockey Club, que el clientelismo de la actualidad, propio de una democracia de masas. Ese clientelismo es extraordinariamente caro. Y, evidentemente, lubricar este sistema real, esta democracia hegemónica que se ha sobreimpuesto a las normas de la Constitución, tiene un costo muy grande que en el corto plazo no lo vamos a ver, pero que no tengo duda de que en el mediano plazo comenzará nuevamente a crujir.
Decisionismo sin debate
Juan José Sebreli
Estoy de acuerdo en todo lo que ha dicho Botana. Querría subrayar un aspecto que yo esbocé y él desarrolló al referirse a la situación argentina, y me parece un punto decisivo: el predominio del Poder Ejecutivo sobre el Legislativo. Aquí reside la diferencia de concepciones de la política. El Ejecutivo es el poder que decide, el Legislativo es el poder que debate. Casualmente, el filósofo que ha puesto el eje en la decisión -hay una filosofía llamada decisionismo-, el alemán Carl Schmidt, fue el jurista del nacional-socialismo. Decisionismo, y no debate. Hay que decidir sin perder tiempo en debates algo característico del liberalismo y de la democracia, que el nacional-socialismo quería superar. En cambio, la democracia es fundamentalmente diálogo; no hay democracia sin diálogo, sin confrontación de ideas, sin diálogo y sin polémica. Y justamente el espacio de ese diálogo, de ese debate, desde el punto de vista institucional, es el Poder Legislativo y también los medios de comunicación, fundamentalmente la prensa. Precisamente el espacio que hoy está en decadencia. Es vergonzoso lo que está pasando hoy en el Congreso. Además, el espacio del debate es el único ámbito institucional que tiene, junto a los medios de comunicación, la oposición. En el Poder Ejecutivo la oposición no tiene espacio, lo tiene en el Poder Legislativo. Esa concepción me parece decisiva.
El crepúsculo de los parlamentos
Natalio Botana
Voy a volver a la primera exposición de Sebreli, porque creo que él ha puesto sobre la mesa un punto que me acompaña gran parte del día en mis preocupaciones. Es el tema de la mutación del mundo. Porque si nos centramos en el tema del Parlamento, es también evidente que en el mundo se está viviendo un crepúsculo de los parlamentos. Salvo algunos países con gran tradición parlamentaria como Inglaterra, donde Blair tuvo que defender a capa y espada y sin éxito creo yo, sus decisiones ante la Cámara de los Comunes con respecto a guerra en Irak, en general daría la impresión de que entramos en un mundo donde hay desafección por la política, crisis de la propia clase política (Italia estuvo gobernada por Berlusconi con gran apoyo popular) y poder muy grande de las decisiones ejecutivas y burocráticas. Fíjense ustedes lo que es en este momento la relación del presidente Bush con el Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica. Lo que está marcando el paso en este momento en los Estados Unidos es la imagen muy complicada, en mi opinión extremadamente negativa, de un Presidente en guerra. Y los hechos además lo acompañan. Me remito a la tragedia en el Líbano.
Sin embargo, hay un punto que quisiera destacar y enunciaré telegráficamente. Es cierto que Bush ha marcado el paso de esta guerra con Irak. Pero, por otro lado, hace 15 días la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos le ha dicho que no: que en la prisión de Guantánamo no se puede tratar a los prisioneros como lo hace Fidel Castro. Es decir, hay que aplicar las reglas no del Estado de derecho, porque no es un concepto norteamericano, del rule of law, del gobierno de la ley. En la hegemonía argentina el problema que tenemos es que en todos los gobiernos que se han sucedido, la Corte les ha dado la razón, salvo en temas menores que no son decisivos para la política que dichos gobiernos se han trazado. Con respecto a Europa, recuerdo que cuando publicamos un libro con Jean-Yves Calvez sobre el perfil del nuevo siglo, destacamos mucho que una de las grandes ventajas europeas en este momento es que en rigor de verdad los ciudadanos y ciudadanas tienen una suerte de doble legalidad. Si advierten que no hay satisfacción a sus bienes jurídicos afectados o derechos afectados en el plano nacional pueden recurrir a los tribunales en el plano regional de la Unión Europea. Quiere decir que, pese a todo, son sistemas políticos maduros que todavía siguen funcionando con reservas institucionales sólidas. En la Argentina daría la impresión de que la única reserva institucional está concentrada en el Poder Ejecutivo. Y esto es gravísimo, porque todas las expectativas, todas las ilusiones se vuelcan sobre el Presidente, y cuando las cosas no andan bien, toda la ira, toda la desilusión y el sentimiento de fracaso también se vuelca sobre él. Es decir, el régimen político carece de una distribución sensata de pararrayos, porque la política democrática también es la política de las pasiones. Me parece importante puntualizar estos aspectos para tener un panorama más acabado de la situación institucional en nuestro país.
Por una pedagogía del corazón
El personalismo contemporáneo nos ha enseñado la importancia del encuentro, de la relación, del yo-tú y del nosotros, de cómo la persona se despliega constitutivamente en una red de relaciones que contribuyen a constituirla como persona. Desde la figura del padre y la figura de la madre, la amistad, el noviazgo, la vida conyugal, la relación con Dios que es comunión de amor en sí mismo, y llama a una relación de alianza siempre vista en analogía con lo conyugal, todo ello nos habla de la persona que se despliega en una red de relaciones que se afincan últimamente en el corazón como centro de la persona que conoce amando y amando conoce.
La cultura el cultivo la educación del corazón es entonces tarea primordial de quienes han de transmitir y ayudar a crecer a las generaciones que nos suceden. Y uno agregaría, quizás inspirado por Bergson y aquella nostalgia suya por un suplemento de alma que el hombre actual necesita, que a mayor desarrollo tecnológico se requiere una mayor pedagogía del corazón, que acompañe el crecimiento de una afectividad y una inteligencia de la persona, que tiene un horizonte inmenso de posibilidades de realización, pero que puede quedar presa de una chatura cerrada en el instante consumista que ahoga un verdadero deseo de amplitud y profundidad.
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El bien es arduo, pide esfuerzo. No necesariamente es divertido, pero si se persevera está lleno de interés, y para quien sabe verlo y tratarlo es fuente inmensa de alegría que llena el corazón.
Saber ver. Recordamos a un joven caminando en el valle Calchaquí. Asombraba su capacidad de ver, su aptitud perceptiva. El paisaje y el entorno le decían infinidad de cosas a las que el hombre de ciudad no está acostumbrado ni presta atención: las huellas de un animal que acaba de pasar, el potrero regado a lo lejos como una mancha verde en medio del desierto, el aguilucho que sobrevuela nuestras cabezas, la camioneta que baja de un pueblo perdido al pie del Maleante, las cabras del vecino comiendo detrás de unos cardones. Se trata de educar para ver, para contemplar, para recibir, para dejar que la realidad pueda ser vista y gozada (y no sólo manipulada y utilizada). Educar la estima, enseñar a saborear la belleza grande y la belleza pequeña de un árbol de una ventana invernal que espera la primavera.
Hay que trabajar el respeto en nuestra tierra. A las personas y a las cosas, a las normas de la república y a las leyes de la vida, que tiene sus propios ciclos. El hombre crece lentamente, no hemos de forzar su desarrollo ni su término. Hay que recuperar la paciencia, el tiempo lento, no todo se consigue apretando la tecla enter.
Hay que aprender una sabiduría de uso del mundo de los instrumentos. De la computadora al auto, de Internet al telefonito, de la televisión a la radio invasiva omnipresente en el bar, en la espera del médico o en el tren. No bastan la destreza y la naturalidad en el uso de estos medios objetivamente tan útiles. Hay que apostar a su uso sabio para no terminar siendo esclavo. El telefonito es un caso patente de ambivalencia.
Hay que enseñar a vivir y gozar del silencio. Lo cual pide ascesis, pero es la puerta de todo diálogo real, con los demás y con Dios, tanto en la escucha de su Palabra como en una celebración litúrgica que tenga profundidad verdadera y no pretenda competir con el modelo del show.
Abrir el corazón a la música. Ya los griegos sabían que la música forma a la persona. Toda música profunda (de Bach al Cuchi Leguizamón). Esto exige mucho tiempo, paciencia y dedicación.
Abrir el corazón a la literatura grande, a la narrativa. Anna Karenina o Pepita Jiménez pueden ayudar a una educación sentimental más eficazmente que muchas horas de clase.
Redescubrir el gozo y el descanso en el deporte cuando es vivido con gratuidad y no con un ritmo y competitividad tales que parecieran una nueva forma de trabajo.
Redescubrir que amar no sólo es dar, sino también, en forma igualmente importante, recibir y escuchar. Es necesario redescubrir la gratuidad en una sociedad cada vez más utilitarista. Descubrir que la sexualidad es un profundo lenguaje de amor cuya casa es la conyugalidad sacramental.
El amor es lo primero y lo último. Sobre él seremos juzgados en el último día (Mt 25) y en especial con referencia al pobre y al necesitado en quien está Jesús. Dios nos amó primero y Jesucristo en su Cruz-Resurrección nos regaló el Espíritu de la alianza nueva, que nos enseña a amar mejor. A su vez, Jesús nos muestra que aquí, en este mundo, no existe el amor sin cruz. No hay, en efecto, verdadera pedagogía del corazón si no enseña a ver el dolor de frente y a vivirlo junto al Señor en un camino que mañana no hoy será de Resurrección.
El tiempo del otro
He aquí tres frases aparentemente iguales, con un mismo sujeto y una misma determinación, pero ubicadas en tiempos diversos, a saber: 1) el tiempo del individuo así llamado, ido para siempre; 2) nuestro propio tiempo, marcado entre otras cosas por esa muerte y por la conmemoración ahora acontecida; y 3) en fin, el tiempo del otro, vale decir del otro Borges. Tenemos en el primer caso un pretérito puntual, cual marca irreversible. Un presente durativo en el segundo: un presente especioso, o mejor: espacioso, puesto que apunta a un espacio-de-tiempo visto por nosotros como de golpe, uno intuitu. Y en fin un pretérito perfecto, acabado y como de cuerpo presente, pero en un extraño modo pasivo. Es como si dijéramos que Borges existe, que sigue existiendo, pero bajo la determinación del estar muerto, o sea que está paradójicamente en cuanto no está ahí, en suma: que su presencia se da como ausencia. Se da, ¿dónde? Obviamente, en nosotros, los presentes de ahora, del presente nuestro. Somos nosotros los que lo echamos de menos, utilizando una expresión antitética: primero lo arrojamos fuera, fuera del horizonte del ser, pero inmediatamente y por ello sentimos esa ausencia como algo que nos hace de menos, que nos hace literalmente ser menos. Somos nosotros pues los que, ahora, notamos que Borges literalmente nos hace falta. Borges es la falta. Es la persistente presencia in absentia de esa su muerte, como la de tantos otros cuya falta conservamos, y de la que vivimos, es esa inaudita presencia digo la que nos hace sentirnos a nosotros mismos en falta, como seres fallidos. Y el fallo es el tiempo.
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Por otra parte, no sólo el tiempo de la naturaleza en su conjunto es una imagen móvil de lo eterno. Mayor relieve tiene para nosotros y nuestra lucha con el tiempo el destino de los animales, cuya especie goza en cada caso de vida sempiterna circular, también ella en virtud de la muerte de los individuos en los que una y otra vez ella se encarna. Los individuos serían, así, copias de copias, sueños de sueños. Una tentación que rondará también a Borges. Sólo que él es demasiado moderno, ha leído demasiado a Unamuno como para aceptar esa idea supuestamente aquietante y conciliadora del individuo sacrificado por la especie (como luego lo será por la raza, por la nación o por cualquier otra colectividad abstracta). Y menos cuando tamaña idea procede de un tardoplatónico como Schopenhauer, empeñado en seguir siendo eternamente yo a costa de no ser nadie en particular y cualquiera en general, como un incierto, anodino león: mera ocasión para el lucimiento del León Eterno. A lo cual replica Borges, con sorna: Presumo que la eterna leonidad puede ser aprobada por mi lector, que sentirá un alivio majestuoso ante ese único León, multiplicado en los espejos del tiempo. Del concepto de eterna Humanidad no espero lo mismo: sé que nuestro yo lo rechaza, y que prefiere derramarlo sin miedo sobre el yo de los otros 1. Bien pueden los otros, en su mostrenco conjunto, ser Humanidad, que yo no lo soy. Más bien soy yo por decirlo con Unamuno, tan amado y a la vez rechazado por Borges nada menos que todo un hombre. Como Jesús, como Nietzsche: Ecce Homo.
Por ello, no parece desde luego que ni Jorge Luis Borges el hombre ni Borges el hacedor de ficciones pueda haber aceptado en ningún caso esa primacía, esa promesa de renovación a costa del individuo. Mas tampoco la hinchazón tan teratológica como vana del Yo unamuniano tentará a nuestro fino poeta y pensador, templado como está en las mesuradas aguas de las letras inglesas. El yo borgesiano es más bien reo de un futuro que no es ni el del Individuo perdurable car tel est son plaisir, ni el de la Naturaleza, sea elemental o específica; un futuro que no está indefinidamente abierto ni tampoco es cíclico, sino que se presenta más bien como deshilachado e implacablemente degenerativo, según se dictamina arremetiendo con saña contra la vida de uno mismo en la última estrofa de El reloj de arena:
Todo lo arrastra y pierde este incansable
Hilo sutil de arena numerosa.
No he de salvarme yo, fortuita cosa
De tiempo, que es materia deleznable. 2
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¿Pertenece o no al tiempo mismo el instante en que se entrecruzan y unifican los dos momentos de la visión borgesiana? ¿Coincide ese instante con la visión-ahora, la cual engulliría por así decir a la visión de antes? Por un lado, Borges parece creer en ambas cosas, es decir que no sólo el instante se da en el tiempo, sino que sólo él es el tiempo verdadero, siendo ilusorio el ayer:
No hay otro tiempo que el ahora. Este ápice
Del ya será y del fue. De aquel instante
en que la gota cae en la clepsidra. 3
Pero, por otro, sus querencias neoplatónicas lo llevan a postular la identidad de ese instante apical con una eternidad en la que se guardarían los paradeígmata de los grandes hombres (Erico el Rojo, Carlos Doce, Breno), mas también y sobre todo: esa tarde inasible que fue tuya, como le dice el yo lírico a Borges, al final del mismo poema El pasado. Todas esas cosas (cosas, que no recuerdos): Son en su eternidad, no en la memoria (ib.). Por el contrario, los recuerdos depositados en la memoria corresponderían al otro tiempo, al tiempo devorador, que irá perdiendo en sus espejos figuras y reminiscencias literarias.
Queda por tanto claro que esa visión de la identidad entre la calle-vista-por-Borges y Borges-que-ve-la-calle no ha sido obtenida por una comparación debida a la conjunción de una percepción actual y una memoria mecánica: el vidente y lo visto han implosionado más bien aquí en un tercer elemento tercero para el común de los hombres; en realidad de verdad, un elemento primero y único, en un fundamento eterno que acoge a ambos y los funde en contrapuesta unidad quiasmática. Si pudiéramos intuir esa revelación tendríamos ante nosotros una suerte de pléyade o constelación de figuras y acaecimientos singulares, redondos y en sí mismos cerrados. O bien, la conexión entre una figura y otra, entre un acontecimiento y otro sería engañosa, toda creencia en un espacio de tiempo o lapso sería propia de una cósmica voluntad disparatada, empeñada como en Schopenhauer en seguir devorando y siendo devorada, haciendo creer a los hombres en conexiones causales y en sucesiones temporales: llevándolos al mundo como representación.
Sin embargo, Borges es demasiado sutil y sibilino como para aceptar por un lado, sin más, ese despedazamiento nihilista, y por otro aquellas eternidades platónicas, cuyo riesgo mayor es la insipidez 4. A las veces se inclina a un dios dizque cristiano, pero de estirpe aristotélica, al menos en su rasgo característico: aunque podría haber acogido en su infinito seno tanto la omnitudo realitatum como los destinos individuales, ese dios que todo lo sabe prefiere demorar su atención en las vidas virtuosas, ya que como en Aristóteles hay cosas que no merecen ser vistas, y menos por un dios. De ahí que alabe al dios de Escoto Erígena, que se niega a percibir el pecado y las formas y promete la reversión final de las criaturas (incluido el tiempo y el demonio) 5 a la unidad primera de Dios (ib.).
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Seguramente, el intento de cancelar el tiempo cósmico, objetivo, era cosa desmesurada. Hacer eterna una tapia, una esquina, una calle y un barrio implica en última instancia la salvación in aeternum del mundo todo, como en una instantánea fotográfica. Cosa más hacedera parecería, en cambio, refutar el tiempo subjetivo, vivido, cuya intensidad y grado de consciencia dependen de factores internos. Se trataría pues de establecer cortocircuitos de la memoria, yuxtaponiendo en un espacio-de-tiempo instantáneo (pero suficientemente especioso como para posibilitar una conversación y hasta suscitar un recíproco espanto) dos secciones temporales del hombre Borges. La primera, impensable experiencia de Borges con su otro (no con un Doppelgänger suyo, sino consigo mismo en distinta edad) está recogida en un escrito (casi periodístico) de 1972 6, y narrada con toda prolijidad. Sucedió en Cambridge, Masachussets, a las diez de la mañana de un febrero de 1969, en un banco frente al río Charles. Cerca, pues, de la Universidad de Harvard. Súbitamente, Borges se percata de la presencia de un joven a su lado, en el cual se reconoce a sí mismo. Mas no a la inversa: algo ilógico, cuando se trata de cancelar el tiempo y, con él, su irreversibilidad. Quizá se trate, empero, de una tácita advertencia por parte de Borges respecto a la inanidad final de la presunta prueba. El joven, por su parte, insiste lógicamente no sólo en no reconocer a su interlocutor (pues, ¿cómo saber del futuro desde el pasado?), sino en asegurar su propia, inalienable estación-del-instante, por decirlo con Heidegger. Él se empeña en quedarse donde está: en un banco, a unos pasos del Ródano, en Ginebra y en 1918. No nos importan demasiado los detalles de este personal ajuste de cuentas del autor con su pasado. Sí resulta en cambio necesario poner de relieve una pregunta decisiva por parte del joven: Si usted ha sido yo le dice, ¿cómo explicar que haya olvidado su encuentro con un señor de edad que en 1918 le dijo que él también era Borges? (op. cit., p. 14). La cuestión es insidiosa, pues remite inmediatamente a un eterno retorno. Para tener sentido y ser única, la experiencia ha de ser unidireccionalmente asimétrica, como si el tiempo sólo pudiera ser negado trayendo el pasado al presente, no al revés (es el viejo Borges el que relata la experiencia, y presumiblemente también el que escribe, aunque esto sería por otro lado discutible). De modo que el anciano responde sin convicción que quizá fue esa experiencia tan extraña que ha tratado de olvidarla. Entonces, parece como si el joven se apiadara de él (y en el fondo, de sí mismo) y achacara tal olvido a la vejez y fragilidad de su alter ego, con la consiguiente pérdida de memoria.
Desde luego, la peor explicación de este insólito encuentro sería echar mano del tan manido recurso de resolver o disolver aquél en el interior de un sueño. Más plausible sería apuntar a la analogía de lo señalado por el viejo Borges a propósito de una breve pieza de Walt Whitman recitada por el joven, a saber: que el poema gana cuando es la manifestación de un anhelo, no la historia de un hecho (p. 15). También nosotros podríamos aplicar esa sentencia, a fortiori, a la narración del imposible encuentro. Al respecto, lo subsiguientemente contado puede hacer más brillante y entretenido el final de este brief encounter, pero no es más profundo que esa declaración de nostalgia. Es sabido que, siguiendo la fantasía de Coleridge, el viejo propone un intercambio de dinero. Fallido por ambas partes, ya que el joven hace pedazos un billete de banco (no sin antes advertir, consternado, que su fecha es de 1964, aunque Borges se encarga de señalar al punto en nota de punzante ironía que supo luego por alguien que esos billetes no llevan fecha) y el viejo tira el escudo de plata del joven al río. Por último, conciertan una cita a la que ellos saben de antemano que ninguno acudirá. Naturalmente, ¿dónde habría podido tener lugar esa cita, dado que, lejos de ocurrir el encuentro primero y único en una no mans land y en un instante atemporal, lo ha hecho en dos espacios-de-tiempo Cambridge, Mass., y Ginebra tan perfectamente determinados como impensablemente compenetrados? La aclaración de Borges (de Borges, el escritor, identificado con el viejo) es poco convincente: él habría conversado con el otro en la vigilia, y por eso le seguiría atormentado el recuerdo. En cambio, la conversación del joven habría sucedido en el sueño, y por eso no se acordaría después de ella ni él mismo ni el viejo que muchos años después viviría el encuentro.
Amarga ironía: la narración querría ser una refutación del tiempo vivido, del tiempo subjetivo, y acaba convirtiéndose derrota en toda la línea en la dura confesión de la irreversibilidad del tiempo. Contra la ciceroniana historia magistra vitae, decía Hegel que lo único que enseña la Historia Universal es que nunca le ha enseñado a nadie nada. A nivel biográfico, el asunto es aún peor. Salvo un par de citas literarias (Whitman y Hugo), las advertencias y consejos del viejo al joven no hacen en éste la menor mella. Borges quisiera haber cambiado su vida; y por eso va hacia el joven. Pero éste le rechaza. La presupuesta identidad de ambos, a favor de la parcialidad del narrador, redunda en una manifiesta desconfianza del joven para con ese torpe aprendiz de dios que se permite, a un paso de la muerte, decirle cómo van a andar las cosas, sin parar desde luego mientes en que, si le hubiera hecho caso, las cosas habrían sido entonces de otro modo a como el viejo las recuerda. Bien puede ser verdad que haya una multitud de mundos posibles, como quería Leibniz. Pero cada uno es efectivamente cada uno: un mundo solo, de modo que cualquier trayectoria por mínima que fuere que pretendiese saltar de un mundo a otro no haría sino producir… otro mundo distinto, y así al infinito.
Y sin embargo, recalcitrante, Borges narra otro encuentro (¿otra revelación?), el 25 de agosto de 1983 7. El lugar es esta vez el de un innominado hotel. El tiempo, de noche (como en la experiencia de la tapia rosada en el arrabal). Borges, más cauto, prescinde aquí de referencias precisas. Se trata, además, de un sueño. Un sueño necesariamente frustrado (y frustrante), ya que debiera haberse tratado de la experiencia (por parte del más joven, de 61 años) de la muerte, o mejor del suicidio del más viejo (de 84 años, como la edad a la sazón del propio Borges, si cabe hablar aquí de propiedad). Como en tantas otras experiencias literarias (recuérdese a Goethe y su Werther), Borges ha escrito seguramente la narración para no suicidarse de veras, concediéndose el asombro de veintitrés años a redrotiempo. Y más: en el sueño del más joven se entremete el del más viejo, empeñado en no estar muriéndose en un hotel, sino en la casa de la calle Maipú [...] en el cuarto que fue de madre (op. cit., p. 378). ¿Son dos los hombres que aquí se enfrentan y dos los sueños en que están enzarzados?
De nuevo, la razón vacila ante lo impensable. Ninguno quiere ser el otro, pero ninguno es sin el otro, como en una insólita exacerbación del otro del otro en la Lógica hegeliana. Existen en abrupta contraposición, de modo que es el presente mismo el que se tambalea aquí. Pace el propio Borges, no es cierta su a pesar de todo, consoladora declaración: nos sentimos dos y no uno. La verdad es que somos dos y no uno. (ib.). Pero no es ésa la verdad. Como la sustancia misma del tiempo hegeliano, cada uno es cuando no es el otro, o sea cuando lo es por no serlo y cuando no lo es (no es él) por serlo (por ser el otro, y cuando lo es). Cada uno es el no-ser del otro y no es su ser propio. Por eso, cuando la mano del viejo cercana ya su muerte busca la del más joven, éste rehúsa el contacto. Retrocedí dice; temí que se confundieran las dos. (p. 380). Bien podría temer eso el más joven. Pero más plausible sería pensar, no tanto en una confusión de las dos manos y, por ende, de los dos dobles, lo que conllevaría (como cuando el Comendador ofrece su mano a Don Juan) el que el anciano arrastrara al más joven a una muerte para él prematura. No es eso, digo, lo plausible, sino que ese contacto hiciera más bien desaparecer a la vez los dos sueños y a los dos soñadores: entropía existencial. Nihilismo en que naufraga toda identidad.
* * *
En el otro extremo, ciertamente, la imposibilidad de todo encuentro entre dos o más Borges despierta el sentimiento de la pérdida de sí mismo en las abigarradas figuras, no sólo de los ancestros, sino de las distintas dramatis personnae del teatro de mi vida. En All our yesterdays comienza Borges preguntándose: Quiero saber de quién es mi pasado. / ¿De cuál de los que fui? Para concluir con un desesperanzado: Soy los que ya no son. Inútilmente / soy en la tarde esa perdida gente 8.
Hay, con todo, un Borges más sutil, más avisado y animoso. Es Borges el hacedor. Un Borges in pluralis:
Somos el río que invocaste, Heráclito.
Somos el tiempo. Su intangible curso
Acarrea leones y montañas.
[...]
Un incesante espejo que se mira
En otro espejo y nadie para verlos
[...]
Ecos, resaca, arena, liquen, sueños.
Otra cosa no soy que esas imágenes
Que baraja el azar y nombra el tedio.
Con ellas, aunque ciego y quebrantado,
He de labrar el verso incorruptible
Y (es mi deber) salvarme. 9
Salvarme… de querer ser Uno y ser de facto muchos. Salvarme de esa muchedumbre que yo fui, así como de aquella que yo podría haber sido, por ello levantándose y mordiendo en la conciencia 10. Salvarme de ser Yo, para serme en lo Otro. En lo Otro… de la escritura misma.
Dijimos al inicio que no es lo mismo afirmar el hecho de que Jorge Luis Borges murió que constatar la insistencia en un estar muerto como presencia de una ausencia. Mas lo presente en Borges, lo que en él insiste y persiste es la urgencia de las palabras, de las ficciones y de la alta prosa, de la poesía laboriosamente trabajada. En ellas late una promesa de vida, desde la muerte. La muerte de la literatura, la muerte como literatura es fértil e incitante. Es muerte en suspensión, en espera de ser reavivada la palabra, vicariamente. En la lectura y el recitado compartido, vivido solidariamente.
Por eso: No te habrá de salvar lo que dejaron / Escrito aquellos que tu miedo implora: / No eres los otros, y te ves ahora / Centro del laberinto que tramaron / Tus pasos. [...] Tu materia es el tiempo, el incesante Tiempo. / Eres cada solitario instante. Tant mieux!, cabría exclamar. No me basta seguir la firme letra, la sola scriptura, para salvarme. He de hacerme yo mismo escritura, desangrarme en fijeza como de piedra, pero de piedra como de sangre coagulada, dispuesta siempre a licuarse ante la mirada del otro. Mi salvación estriba en dar tiempo al tiempo del otro. Salvarme es salvar. En la escritura, en el corazón, en la memoria. Borges escapa así del insoportable sentimiento de la disolución de la conciencia, sea como horror (provocado por la multiplicidad incontable de impresiones yuxtapuestas: conversión del tiempo en espacio esparcido) o como maravilla (al remontarse de la dualidad a la Unidad originaria de toda escisión) 11. Ahora, Borges sabe que la conciencia viene sostenida, fomentada por el tiempo del otro. Lo sabe, como lo sabían famosamente los pobres diablos fingidos (¿fingidos?) por Jean-Paul Sartre en Huis clos 12 y como insistiera luego en ello, con otra vuelta de tuerca, Jean-François Lyotard: Un muerto deja de estar muerto cuando ya no se visita su tumba [
] cuando ya no hay nadie que pueda recordar su imagen
13. En el caso de Borges, diríamos: cuando, per impossibile, no haya nadie que quiera leer y releer sus palabras. Transfusión de la palabra viva, entendida como tiempo del otro, a la muerte-letra como tiempo del yo retenido.
Tal la frágil propuesta de salvación de Jorge Luis Borges. Salvación en el tiempo literario, más alto y a la vez más precario que el existencial: En el tiempo real, en la historia, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina y pierde las otras; no así en el ambiguo tiempo del arte, que se parece al de la esperanza y al del olvido 14. En ese tiempo extraño y tan cercano, tan cordial, crecen y proliferan los senderos que se bifurcan. Mas esas ramificaciones forman en su conjunto el jardín del que brotan espacios de juego del tiempo de esos seres mortales estremecidos por el ala radiantemente tenebrosa de la eternidad, y que tejen por ello incesantes historias y ficciones de irrupción de lo eterno en el mundo para el espanto, la lección… y la compasión hacia todos esos proyectos de oscuros minotauros.
Transición personal, así: paso de considerarse a sí mismo como un muerto percibidor abstracto del mundo (un mundo abajado a mero esse est percipi) a ser, ya irremediablemente muerto, amorosa u hostilmente sostenido por memorias ajenas que espejean en esas letras a cada golpe reanimadas. Tal la sola manera de advertir con admiración no exenta de estupor que los años que nos separan de la existencia de ese hombre son al mismo tiempo algunos de los años que a la vez nos ligan al escritor, indisolublemente, en sus versos de intrincadas revueltas y en su prosa de afilada cuchilla. Son los años que debemos a Borges, nuestro otro.
Notas
1 . Historia de la eternidad (O.C. I, 357).
2 . En El hacedor. Obras Completas (= O.C.). Emecé. Buenos Aires 1989; I, 812. Las alusiones siguientes se refieren a este poema.
3 . El pasado, últ. estr. En El oro de los tigres. O.C. I, 1087.
4 . Historia de la eternidad, en la compilación homónima. O.C. I, 363.
5 . Adviértase lo intencionado de esta aviesa equiparación.
6 . En El otro, de El libro de arena. O.C. III, 11-16.
7 . El relato, homónimo, apareció en La memoria de Shakespeare. O.C. III, 377-380.
8. En La rosa profunda. O.C. III, 106.
9. El hacedor. En La cifra. O.C. III, 311.
10. Cf. la Elegía del recuerdo imposible. En La moneda de hierro. O.C. III, 124. Aquí, memorablemente, Borges escapa del solipsismo (que también hay un solipsismo plural, mucho más insidioso), para abrir su memoria al imposible sueño de ser el deseo de la amada: Qué no daría yo por la memoria / De que me hubieras dicho que me querías / Y de no haber dormido hasta la aurora… Desgarrado y feliz. Esta última expresión antes, casi un oxímoron en la pluma de Borges muestra la convivialidad posible (aunque no haya sido realizable) del yo en el otro y desde y por el otro.
11. Tal el: sentiment que se donne la conscience de la dissolution de la conscience, comme lhorreur, celle de devenir multiplicité dimpressions juxtaposées, et lémerveillement, celui de remonter de la dualité du sujet et de lobjet vers lunité qui est lorigine de leur paraître et de leur distinction. (Serge Champeau, Borges et la métaphysique. Vrin. Paris 1990, p.160).
12. Estelle, encerrada con Inés y Garcin en un infierno formado por ellos mismos, intenta bailar, como en la tierra, advirtiendo entonces, angustiada, que el sonido proveniente de este lado se va apagando: Je nentends plus très bien. Ils ont éteint les lampes comme pour un tango; pourquoi jouent-ils en sourdine? Plus fort! Que cest loin! Je… Je nentends plus du tout. Jamais plus. La terre ma quittée, Garcin. (Huis clos suivi de Les mouches. Gallimard. París 1947, p. 57; subr. mío). Garcin, por su parte, se aferra a la ilusoria creencia de que, por el hecho de haberse supuestamente sacrificado por la causa, sus camaradas no lo olvidarán nunca, con lo cual podrá él seguir viviendo su muerte: Ils ne moublient pas, eux. Ils mourront, mais dautres viendront, qui prendront la consigne: je leur ai laissé ma vie entre les mains. (p. 66).
13 . ¿Por qué filosofar? Paidós. Barcelona 1989, p. 111.
14. Nueve ensayos dantescos. O.C. III, 353.
Sembrando vientos
Durante su breve historia moderna, el Líbano fue víctima del maltrato tanto de sus vecinos como de sus divisiones internas. Siria, los palestinos, Hezbollah, Israel y las propias milicias religiosas, todos han asestado sus golpes al pequeño Estado mediterráneo. Además de la invasión en 1982 para desplazar a la Organización para la Liberación de Palestina de Beirut y de los dieciocho años de ocupación del sur del Líbano en los noventa, Israel invadió el Líbano dos veces: con la Operación Rendición de Cuentas (1993) y con la Operación Viñas de Ira (1996). En ambos casos, la intención era poner fin al bombardeo de ciudades del norte de Israel por Hezbollah, pero la víctima del ataque siempre fue el pueblo libanés. En las últimas semanas, la historia se repite.
El conflicto actual ha estado preparándose durante mucho tiempo. Hezbollah ha venido construyendo su arsenal de cohetes desde el retiro israelí del sur del Líbano en 2000, y, según se informa, los israelíes han venido organizando el actual ataque como golpe por anticipación durante casi el mismo tiempo. El secuestro de dos soldados en la frontera más que una provocación fue el pretexto para un combate deseado por ambas partes. Sólo después de dos semanas de salvaje bombardeo, los adversarios se trabaron en combate directo, cuerpo a cuerpo.
En ambos lados de la frontera, las víctimas han sido principalmente civiles. El norte de Israel se halla privado de su actividad diaria, y el sur del Líbano se ha convertido en un páramo; pero las bajas libanesas han superado en número a las muertes israelíes en más de diez a uno. Un tercio de ellas han sido niños. Al suplicar en vano un alto el fuego, el primer ministro libanés Fouad Siniora preguntó: ¿Acaso el valor de la vida en el Líbano es menor que el de la vida de ciudadanos de otros lugares? ¿Somos hijos de un dios menor? ¿Es que una lágrima israelí vale más que una gota de sangre libanesa?. A los ojos de la secretaria de Estado estadounidense Condoleezza Rice, pareciera que sí, dado que resistió la presión europea y árabe a favor de una tregua inmediata durante casi un mes, a fin de dar tiempo a Israel para que socavara la capacidad de lucha de Hezbollah.
Lo único que lograron las tácticas de sitio empleadas por la Fuerza de Defensa Israelí, con el supuesto objetivo de impedir la fuga de combatientes de Hezbollah y bloquear su reabastecimiento, fue empeorar la situación. Por lo menos en tres ocasiones, Israel difundió mensajes exhortando a huir, pero aparentemente en ningún momento detuvo el bombardeo para permitir el paso libre hacia el norte. Ni siquiera se concretó el alto el fuego de dos días anunciado el 30 de julio, porque Israel respondió a ataques de Hezbollah contra sus tropas. Si el Líbano fuera Bosnia, la devastación de barrios y la matanza de civiles hubieran sido catalogadas de limpieza étnica. En el caso de Líbano, se nos dice, el bombardeo simplemente crea una zona de contención destinada a proteger el norte de Israel contra los ataques. Pero la despoblación del sur del Líbano no es herramienta legítima para proteger a la población de Galilea.
El gobierno de Bush, el Congreso y los medios de comunicación parecen mostrarse indiferentes ante la violación en gran escala de la inmunidad de los no combatientes. La Cámara de Representantes se negó incluso a llamar a la moderación en los ataques contra objetivos civiles en una resolución que emitió en apoyo a Israel. Mientras tanto, el resto del mundo observa la carnicería, se horroriza y, con razón, piensa que otra vez los Estados Unidos están empleando una doble moral. Si Medio Oriente se precipita fuera de control, tal vez vivamos para lamentar esta hipocresía. Interesa a todos los países preservar la inmunidad de los no combatientes en tiempos de guerra. Al violar este precepto, los Estados Unidos e Israel, como también Hezbollah, están sembrando vientos. Un día todos ellos podrían cosechar tempestades.
La estrategia de ir tras Hezbollah atacando al Líbano constituye un retorno a las ilusiones de Bush II de rehacer Medio Oriente a través de la fuerza armada. En la región el Líbano era un país donde la democracia empezaba a tener frágil asidero. La Revolución del Cedro fue el emblema de la renovación democrática árabe. El ataque de Israel y la aquiescencia estadounidense a su estrategia han socavado gravemente al Estado libanés junto con las oportunidades de democracia en la región. Han debilitado la participación de las fuerzas árabes moderadas en general y han fortalecido la de las milicias islámicas, incluido el gobierno teocrático de Irán.
Los cristianos, y los católicos en particular, tienen motivos de seria preocupación, porque Líbano ha sido el último país de Medio Oriente donde los cristianos desempeñan un papel significativo en la sociedad. El experimento libanés de coexistencia multirreligiosa, lo que los libaneses llaman convivialidad, prometedora alternativa al gobierno de los mullahs, ha recibido un golpe letal. El debilitamiento del Líbano significa el desvanecimiento de las posibilidades no solamente para el cristianismo en Medio Oriente, sino también para la coexistencia interreligiosa. Los tiempos en que los maronitas podían retirarse al monte Líbano pertenecen al pasado. La crisis actual exige que los cristianos norteamericanos y demás cristianos occidentales defiendan al Líbano y a sus cristianos con las más firmes expresiones de solidaridad.
Traducción: Silvina Floria.
La paz es un camino
¡Hermanos y hermanas del Líbano, de Tierra Santa, de toda la Tierra, de Oriente a Occidente!
Juntos saludamos a Nuestra Señora de Harissa que nos acoge, ella que, justamente en este día 15 de agosto, en su ronda maternal de amor nos anima a abrazar a toda la familia humana, tal como ella la ve desde lo alto del cielo, tal como la ve el Dios trinitario que a cada uno nos ha creado a su imagen.
El miércoles último cuando a mediodía el papa Benedicto XVI me pidió que viniera en su nombre a celebrar esta divina liturgia, yo tenía el corazón lleno del evangelio de la mañana (Mateo 15, 21-28) que evoca, precisamente, el paso de Jesús por la región de Tiro y de Sidón donde el grito de una madre: ¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí!, arranca la curación de su hija: Mujer, ¡qué grande es tu fe!. Ciertamente, el viejo y fiel amigo de Líbano que soy no podía tener mejor argumento para responder al llamado del Papa. Sí, pueblo libanés, muy grande es la fe de ustedes, y estoy aquí para asegurarles que el sucesor de Pedro quiere confirmar esa fe tan puesta a prueba hoy, al punto de que algunos sienten propias las palabras angustiadas de Jesús: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?.
En la espesura de la horrible noche en la que ustedes están sumergidos, es necesario ante todo dar testimonio de hasta qué punto la paz y la oración están vitalmente ligadas la una a la otra.
La paz: ¿quién no habla de ella?, ¿quién no la desea, incluso los que hacen la guerra? Pero, ¿cuánto están dispuestos a sacrificar por ella? La oración: ¿qué creyente no ruega al Dios Todopoderoso? Pero, ¿cuántos no ven en ella sino un refugio en las horas de pánico o un escape de sus propias responsabilidades? Orar por la paz es la prueba más segura cuando la tomamos en serio. La paz y la oración, la una con la otra, la una por la otra.
¡Una paz sólida, a construir cueste lo que cueste, entre pueblos con recuerdos lacerantes por un pasado y un presente jalonados con revueltas, con venganzas! ¡Una paz fecunda como una rosa para que germine en esta tierra bíblica donde todas las contradicciones que dividen al mundo encuentran una expresión y un símbolo! Es necesario ser claros: el conflicto palestino-israelí es uno de esos dramas en los que, si no se encuentra rápidamente una solución equitativa, en ninguna parte ningún Estado quedará absuelto ni inclusive intacto para su propio futuro. Si no hay justicia y verdad por igual para ambos pueblos, entonces no habrá ni justicia ni verdad, y no habrá paz duradera en el mundo.
La paz en este Cercano Oriente, por otra parte, no puede ser diferente de la que se busca en todos lados; está forjada por la misma justicia, por la misma fraternidad entre los pueblos. Pero aquí las razones de la paz son más apremiantes ya que se nutren de la visión mesiánica descrita por Isaías y del ejemplo de Cristo que vino a habitar entre nosotros para dar un nuevo comienzo a la paz sobre la tierra. No sólo Cristo nos da la paz, sino que Él mismo es nuestra paz. Al simbolizar la paz, san Pablo alude a un camino más que a un mensaje; el camino de Aquel que derribando el muro del odio creó en su propia carne crucificada un único Hombre nuevo a partir de hermanos enemigos. Estas expresiones tan actuales están extraídas de la Carta a los Efesios (2, 11-17). Pero no sólo los cristianos son interpelados así por su Maestro; toda la gran familia de los descendientes de Abraham, más aún, toda la humanidad mezclada en el arca de Noé para salvarse del diluvio, comienza hoy a tomar conciencia de su profunda unidad a través de las diferencias, a veces exacerbadas, de razas, culturas y religiones. Vivir juntos es en todos lados un desafío y un programa, pero aquí lo es de manera especial.
Vine al Líbano en nombre del Papa como un mensajero de paz y nos hemos unido a quienes también hoy se reúnen en una misa en la ciudad mariana de Nazaret. Aquí y allá compartimos los sufrimientos, las angustias, las esperanzas de pueblos apresados en la vorágine de una guerra fratricida, sobre la que Benedicto XVI dijo que nada puede justificar el derramamiento de sangre inocente, venga de donde venga (2 de agosto), sin dejar de reclamar el cese del fuego.
Pero la hemorragia es particularmente tremenda entre ustedes, pueblo libanés, ya que el 30% de las víctimas tiene menos de 12 años. Rogamos por las madres de familia que bañan de lágrimas sus hogares destrozados. Acompañamos al millón de desplazados precipitadamente en un mes de una tierra naturalmente hospitalaria. Agradecemos a Cáritas Libanesa y a las organizaciones humanitarias de todos los países, exigidas de solidaridad sobrehumana. Este no es el lugar ni el momento para un balance completo; pero ante Dios podemos ya calcular la amplitud del mal y también el precio de la curación ansiada. Ningún remedio podrá curarnos si no se llega a la raíz del mal, y si humildemente cada uno no reconoce que el enemigo no es solamente el otro sino también uno mismo. Cada uno de nosotros, cada día, a través de nuestra manera de pensar y de vivir con los demás, tomamos partido por o contra la paz.
Ciertamente, la promoción de la paz no puede ser artesanal, reducida al bricolage de mil pequeños gestos: para decir adiós a la guerra, no basta con saludar a la paz. A pesar de todas nuestras críticas, a pesar de toda nuestra impaciencia, debemos rendir homenaje a los diversos responsables de la sociedad nacional e internacional, que se ingenian en abrir en laderas abruptas un camino de paz para todos los pueblos de la región, donde se enredan cada vez más los problemas del mundo entero.
Pero el verdadero camino es aún más espiritual que político. No habrá paz, definida por acuerdos, si no va acompañada por la paz de los corazones. Sólo Dios puede ablandar los corazones endurecidos, sobre todo en una época en que la paz misma se tornó belicosa, permitiendo que la violencia se infiltre en la vida cotidiana, suscitando el miedo que animaliza al hombre y lo lleva a rugir más que a pedir socorro. Ninguna religión puede tampoco, sin ofender a Dios, retenerlo, es decir: capturarlo para llevarlo al propio campo contra el otro. Más bien, toda religión es invitada hoy, urgentemente, a hacer un llamado a Dios, clemente y misericordioso. Porque nuestra miseria humana es muy profunda y tenemos necesidad de la misericordia divina, que es todavía más profunda. En el clima de odio que respiramos con demasiada frecuencia, sólo el perdón puede conducir a la reconciliación; un perdón que no es ni erosión del tiempo, ni olvido, ni cálculo interesado, ni debilidad cómplice ni incluso piedad condescendiente. Un perdón que el hombre herido, humillado, burlado no se animará a dar sino a ejemplo del Dios del amor quien, después del pecado del primer hombre, no puede ya amar sino perdonando, al punto que el hombre llegue a ser, a su vez, también misericordioso. Entonces, y sólo entonces, la tierra será respirable y habitable con una paz desbordante de alegría.
Rogamos por todas las guerras que desfiguran en todos lados el rostro de Dios Creador, la guerra del momento en primera plana, las guerras olvidadas, las guerras ocultas. Pero, ¿cómo no expresar aquí nuestra compasión por nuestros hermanos de Irak que mes tras mes acumulan víctimas? Sólo en julio se han contado 1800 muertos.
Si es verdad que amar a alguien es decirle: no te mueras nunca, hoy, con más fuerza que hace 21 años, cuando Juan Pablo II me envió a un Líbano ya devastado, yo quiero gritar: ¡Líbano, tú no morirás!
Pueblo libanés, escucha a Cristo que te dice: No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma (Mateo 10, 28). No; ¡tú no morirás! Bajo los escombros humeantes de la violencia, de la venganza; detrás de los maltratos de tu cuerpo humillado, descubrimos todavía intacta tu alma; no desesperamos por ti. A pesar de todas las amenazas de afuera y de adentro, tú sigues siendo lo que eres en el fondo de ti mismo: una tierra de comunión y de participación. Jamás podrán faltarte la montaña y el mar: la montaña para identificarte y el mar para dialogar. Sé fiel a tu vocación histórica de la coexistencia de culturas y religiones para presentarla, como un modelo reducido, frágil pero viviente, a la imaginación abatida o sofocada de una humanidad que ha perdido las razones para vivir juntos. No te defiendes sólo a ti, sino a todos los pueblos de la tierra.
Pueblo libanés, mira con ternura hacia el lado de los jóvenes. Carcomidos por el horror y la desesperación, víctimas de todas las seducciones, incluso la de dejar el país. Ellos esperan que los mayores y las comunidades eclesiales les enseñen a gustar la verdadera vida que extraiga su savia primaveral de las Bienaventuranzas.
Nuestra señora del Líbano, he aquí a tu pueblo.
Son tus hijos, los que están quebrados por el odio y los que aprenden a perdonar.
Son tus hijos, los que están cercados por el miedo y los que comienzan a esperar.
Nuestra señora del Líbano, he aquí a tu pueblo.
Si Dios es el Padre de los comienzos, tú eres la Madre de los que vuelven a empezar.
Concede a los que han perdido el gusto de vivir la fuerza de vivir más todavía por los otros.
Nuestra señora del Líbano, he aquí a tu pueblo.
Tú ayudas al hombre envejecido por el pecado a reencontrar un rincón florido de su infancia.
Tú ayudas al hombre sublevado por la violencia a entregar a Dios las armas de su destino.
Nuestra señora del Líbano, mira a tu pueblo.
Consérvalo libre, libre, libre en la integridad de su cuerpo y en la unidad de su alma.
Para la gloria del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, para la gloria de tu divino Hijo Jesús, para el servicio a los pueblos de Oriente y de Occidente.
Que el Líbano viva del Líbano para que el mundo entero viva la paz.
Amén.
Traducción del francés: Alberto Azzolini
Claves para la comprensión del conflicto
Jean-Yves Calvez: Más allá del horror de la guerra local en sí, el trasfondo es terrible porque significa que hay gente decidida a hacer desaparecer a Israel: Hamas, Hezbollah, Irán, posiblemente otros. Y esta actitud no se registraba con tanta nitidez años atrás. Es lo que más me ha golpeado de los acontecimientos recientes.
Por otro lado, tenía la vaga impresión supongo que no muy bien informada de que Hezbollah era una inserción en el Líbano de elementos provenientes de Irán, que habían tomado posiciones allí para atacar y contrarrestar la política de Israel. He tenido que aprender que no es así: se trata de algo más fuerte de lo conjeturado, y muy libanés. Hace algunos años, pensaba sustancialmente que Líbano estaba más bien a favor de la existencia de Israel, con buenas expectativas de relaciones comerciales. La situación es más grave sobre todo porque ante el actual cese del fuego tanto Israel como Hezbollah pueden esgrimir razones para no obedecer, o demorar los actos requeridos. Reitero no sé si me equivoco la impresión de que hay gente que quiere la desaparición de Israel. Los israelíes son conscientes de ello, vislumbran la posibilidad no cercana, claro de ser echados al mar, algo que antes hubieran negado incluso como hipótesis. Estas son algunas de mis impresiones inmediatas. No hay solución mientras no haya personas decididas a cambiar radicalmente el panorama; y, si las hubiera, ¿qué podrían hacer?
Khatchik Derghougassian: Comparto con Calvez que, quizás como nunca hasta hoy, existe en Medio Oriente un discurso que amenaza la existencia de Israel. Proviene fundamentalmente de Irán, pero también de Hezbollah y Hamas. Pero no estoy seguro de que ese discurso pueda traducirse concretamente en una política. Por supuesto, poniéndose en el lugar de los israelíes, es prudente considerar, ante cualquier eventualidad, el peor de los escenarios. Esto implica evidentemente el riesgo de la manipulación política de un miedo que lleva precisamente a que en la sociedad israelí haya desaparecido o disminuido hasta sus niveles más bajos cualquier consideración de una reconciliación con su entorno en Medio Oriente. Y que se lleve adelante un proyecto unilateral, que busca garantizar la existencia de Israel, y por lo tanto la continuidad del pueblo judío, mediante la imposición de una paz levantando muros, y manteniendo superioridad militar.
El riesgo de esta alternativa a una paz negociada es la perpetuación de una situación de guerra permanente, y la ausencia de todo horizonte de verdadera paz y reconciliación. No obstante, no creo que la amenaza en los discursos se traduzca en lo inmediato en una política o proyecto real, aun en el caso hipotético de que Irán tenga el arma nuclear situación en la que evidentemente el riesgo sería mucho más grande. Pero yo creo en el proceso de socialización aun de los actores más duros que, sin embargo, tarda en acontecer porque, entre otras cosas, la política internacional no está ayudando. Hay, digámoslo así, una superestructura llamada guerra contra el terrorismo que en su abstracción más absoluta pone en una lista a ciertas organizaciones, a ciertos países, sin considerar factores internos de la sociedad musulmana en general y de los países de Medio Oriente en particular. En otras palabras, por más que se caracterice a Hezbollah y Al-Qaeda como organizaciones terroristas según la definición del concepto de terrorismo, sus visiones y sus agendas políticas son distintas. Aunque ambas sean organizaciones islamistas, Hezbollah es chiíta y Al-Qaeda sunnita, y en sí reflejan la competencia entre sunnitas y chiítas por el dominio de la Umma, la comunidad de los musulmanes. El discurso anti-Israel que recobra vigencia en Irán y en algunas organizaciones se debe al vacío que deja la pretensión del panarabismo de los 50 y 60 de borrar Israel del mapa que era más que nada su bandera de unidad contra un enemigo externo. Desde los 90 este discurso no aparece, ni siquiera en la expresión más fuerte de la organización islamista Al-Qaeda, cuyo blanco siempre fueron los Estados Unidos, Occidente, mientras su escenario de conflictividad era global, y no regional. Israel, por lo tanto, aparece sólo en un segundo plano. La visión geopolítica de los chiítas es más limitada, abarca la extensión geopolítica que va desde Irán al Líbano, pasando por Irak y Siria. En tanto la visión de Al-Qaeda, que pretende la resurrección del Califato, va desde el norte de África hasta Asia central; allí concentra sus esfuerzos políticos discursivos y de lucha.
Hago notar dos cosas: en todo este conflicto, ni en los discursos de Hamas ni en los de Hezbollah se mencionan a los Estados Unidos como el enemigo o el blanco; todo se concentra sobre Israel. En cambio, en los discursos de Al-Qaeda y sus representantes, el blanco siempre son los Estados Unidos y Occidente; Israel, la causa palestina, siempre quedan en segundo plano. Aymán al Zawahiri, número dos de Al-Qaeda, pronunció un discurso en el que habló de los palestinos, pero en ningún momento mencionó su apoyo a Hezbollah. En otras palabras, la enemistad entre chiítas y sunnitas es hoy tan profunda como la enemistad entre Israel y su entorno. Y algo más: durante los últimos episodios de guerra entre Israel y el Líbano, los titulares destacaban las víctimas en uno y otro país, y olvidaban que el promedio de bajas en Irak una guerra civil entre sunnitas y chiítas es de casi un centenar por día.
Israel no tenía ningún plan anticipado para reaccionar después del 12 de julio. Se propuso un objetivo maximalista, neutralizar a Hezbollah, sin calcular demasiado la racionalidad en términos de costo y beneficio, o hasta de probabilidad de éxito; y lo hizo alentado por los Estados Unidos que de esta manera no sólo desviaban la atención del fracaso de la estabilización de Irak, sino que continuaban con su discurso de la guerra contra el terrorismo. Creo que ninguno de los dos campos, Israel y Hezbollah, tenían en claro la inminencia de la escalada, y no hubo un contexto externo para detenerla. Finalmente, la consecuencia política fue que hasta los libaneses que le temen a Hezbollah se encolumnaran detrás de la organización para no dejarle otra vez el monopolio de la bandera de la lucha de la resistencia nacional; y también porque la desproporcionada respuesta israelí llegó al corazón de la zona cristiana. Luego de la invasión del Líbano en 1982 y la ocupación del sur, Israel intentó firmar una paz separada en la misma forma en que lo había hecho con Egipto. Un sector en el campo cristiano estaba a favor. Pero la propuesta fue un fracaso total. Los cristianos, además, salieron políticamente muy debilitados de la guerra civil de 1975-1990, por no decir que la perdieron, mientras la posición y el poder de los chiítas, y de Hezbollah en particular, se consolidó en la lucha de liberación nacional contra la ocupación israelí del sur del Líbano. La posición de poder de Hezbollah no cambió aun después de la retirada de las tropas de su aliado, Siria, en virtud de la Resolución 1559 del Consejo de Seguridad, y la llamada Revolución de los Cedros en marzo 2005. La misma resolución contemplaba el desarme de Hezbollah, sin tener en cuenta que había prácticamente sólo dos formas de lograr este objetivo: una guerra civil o el ejército libanés. Ningún sector libanés, aun aquellos que lucharon para que Siria retire sus tropas del Líbano, está dispuesto a volver a la guerra civil. En cuanto al ejército libanés, nunca recibió la adecuada ayuda en términos de armamento y entrenamiento de ninguno de los mayores auspiciantes de la resolución Estados Unidos y Francia por la simple razón de que un tercio de la población libanesa es chiíta con fuertes simpatías, sino lealtad, a Hezbollah. Este último, a su vez, no ha aclarado todavía si su lucha se circunscribe exclusivamente a una agenda patriótica libanesa, o se extiende más allá de las fronteras de la lealtad nacional para abarcar la identidad chiíta y su propia agenda. Hezbollah nació en 1983 bajo el auspicio directo de los Guardianes de la Revolución Islámica de Irán; fue hasta 1989 la abanderada de la expansión de esta Revolución al Líbano, pero desde su inserción en el sistema político libanés ese mismo año se presenta a la vez como un movimiento de resistencia y liberación nacional, una organización social, y un partido político representado en el Parlamento y el Poder Ejecutivo. Hezbollah, por lo tanto, no es una organización títere de Irán o de Siria; tiene amplia autonomía en sus decisiones y acciones políticas, y es esta autonomía y su posición hegemónica en términos de poder en el sistema libanés lo que le proporcionan el carácter de un Estado dentro del Estado.
Proletariado y burguesía
- ¿Cómo es la proporción en el Líbano entre chiítas y sunnitas, y cuál entre musulmanes y cristianos?
- Khatchik Derghougassian: Imposible saberlo. Creo que la primera estadística, en los años 20 dio 55% cristianos y 45% musulmanes. Evidentemente hubo cambios demográficos muy importantes luego, y de hecho los acuerdos de Taif en 1989 los tuvo en cuenta. Lo cierto es que los chiítas resultaron la comunidad más fortalecida y más activa después de la guerra. Hoy se estima que el 40% de la población libanesa es chiíta. El 60% restante se reparte entre cristianos de distintas confesiones, sunnitas y drusos. Por lo tanto los islámicos chiítas constituyen la primera minoría, posición que antes ocupaban los cristianos maronitas.
- ¿Cuál es actualmente la proporción de chiítas en el Líbano que provienen de los campamentos de refugiados palestinos?
- Khatchik Derghougassian: Los chiítas son libaneses. Es más, cuando los chiítas tuvieron que llevar durante siglos una vida escondida porque eran perseguidos por los sunnitas, se refugiaron y crecieron en el sur del Líbano y Bekaá, Irak y luego Irán. Es decir que estamos hablando de una población libanesa auténtica.
- Jean-Yves Calvez: Hace 50 años, cuando fui por primera vez a aquella región, los chiítas eran generalmente los pobres, y se advertía el desprecio por parte de los cristianos y los sunnitas. La burguesía era sunnita. Los chiítas eran una población miserable para los demás, y probablemente en la realidad de su vida cotidiana también. No hay que olvidarlo, porque da la impresión de que todavía esto permanece latente en Hezbollah. Hay que considerar el problema social, la rebelión de los pobres.
- Khatchik Derghougassian: De hecho se los llamaba la clase comunidad, la clase proletaria, que era mayoritariamente chiíta. Ellos empiezan a recuperar cierta identidad gracias a la labor de una persona, el Imán Moussa Al-Sadr, que toma tanto la bandera del chiísmo como la de los descamisados del Líbano. Y en esto, a principios de la década del 70, tuvo un colaborador, el padre Gregoire Haddad; juntos intentaron un movimiento casi ecuménico que defendía a los pobres en esta suerte de lucha de clase que se daba en el Líbano. La desaparición de este Imán en 1978 en Libia, país sunnita, abanderado del nacionalismo panárabe, marca el despertar de la comunidad que empieza a descubrir una identidad propia. Evidentemente, la revolución islámica en Irán le da ya todos los elementos para volver a pensar su destino histórico en términos de una identidad totalmente distinta, y reclamar su espacio en el sistema libanés, con Amal, la primera organización chiíta, y con Hezbollah levantar ya la bandera de la revolución islámica, por lo menos hasta 1989. Después la historia cambia, como cambia la historia en Irán. Entonces lo que llamaríamos el despertar de la identidad chiíta es un fenómeno que se perfila recién a fines de los 60, principios de los 70. Y un detalle particular: cuando en 1975 empieza la guerra civil en el Líbano, y se da esa gran división entre cristianos-musulmanes, derecha-izquierda, nacionalismo-internacionalismo, occidentalismo-panarabismo, antipalestinos-propalestinos, los chiítas no toman partido. No participan al principio de la guerra, y se concentran en el sur de Líbano. Y ahí se ven hostigados tanto por los ataques israelíes, como por la presencia de los palestinos. Los chiítas se tornan los mayores enemigos de los palestinos. En 1982, cuando Israel empieza la operación Paz por Galilea, y en una semana llega a Beirut (donde la guerra iba a durar 3 meses), en todo el tiempo, en la zona que separa Beirut de la frontera de Israel, no hubo disturbios como para que Israel se preocupara por los territorios ocupados. Ahora le costó dominar dos aldeas en el sur del Líbano. En 1982, la salida de los palestinos del Líbano no desagradó a los chiítas, porque de hecho desaparecía un Estado dentro del Estado en el sur del país. Y quizá, diría yo, si Israel se hubiera retirado del Líbano después de 1982, sin pretender una paz separada bilateral con el Líbano como lo hizo con Egipto, la historia hoy sería distinta. Porque lo que le da legitimidad a Hezbollah, gran popularidad y justifica de alguna manera su presencia armada, es la bandera nacionalista de la liberación del territorio libanés ocupado. Sin este elemento, le hubiera resultado muy difícil lograr tanta legitimidad, tanto apoyo en la sociedad libanesa, una sociedad que no cree en grandes proyectos fundamentalistas. En el Líbano hay una gran diversidad cultural y religiosa que prevaleció durante décadas.
La amenaza Siria
- ¿No pasará lo mismo ahora? ¿Y cómo juega Siria en todo esto?
- Khatchik Derghougassian: Una vez más, se trata de un gran dilema. Todo el mundo se concentró, después del cese del fuego, sobre un hecho: la supervivencia de Hezbollah ya es su victoria. Porque Israel se había propuesto como objetivo neutralizarla, y no lo ha logrado a pesar de la gran destrucción que le causó al Líbano. En la primera declaración pública que el secretario general de Hezbollah, Hasan Nasrallah, hace después del cese de fuego del 14 de agosto (y la tercera desde el inicio del conflicto), proclama la victoria en la guerra, y advierte que sería inmoral exigir el desarme de la organización mientras hubiera presencia enemiga israelí en el territorio libanés, mientras haya presos libaneses en Israel. Por otra parte, cuando se negociaba el cese del fuego, en el Líbano hubo un gran debate público, y la gente no dejaba de expresar públicamente su miedo, su preocupación ante el futuro. Y, abiertamente, cristianos, sunnitas, drusos, tanto líderes políticos como ciudadanos comunes se preguntaban: ¿ahora tendremos un país donde van a mandar Nasrallah y Hezbollah? Lo que no se dio fue una condena abierta a Hezbollah y menos aún querer cargar la culpa sobre la organización, porque todo el mundo sintió la agresión de Israel como un castigo colectivo. Como respuesta a esta actitud de distintos sectores libaneses algo que no aparece mucho en los medios de comunicación, Nasrallah en su última declaración pública dijo que la victoria de Hezbollah es la victoria del Líbano, que las armas de Hezbollah son las armas del Líbano, y que una vez liberado el territorio libanés ya nada justificaría que Hezbollah sea una organización armada. Esto dio tranquilidad y seguridad a las otras confesiones libanesas. Nasrallah también agradeció a la sociedad libanesa por la ayuda a los refugiados del sur, afirmando que Hezbollah nunca olvidaría este gesto. Fue un discurso de unidad nacional. Político hábil, sabiendo que desde la sociedad se le pedirían explicaciones acerca del costo y beneficio de la operación del 12 de julio, Nasrallah anticipó respuestas que daban una mínima tranquilidad a las demás confesiones de la sociedad libanesa. No quiere decir que esté dispuesto a ceder en la posición de poder que ocupan Hezbollah y él mismo.
Con respecto a Siria, la prensa internacional refirió que a fines de mayo en el encuentro entre Bush y el primer ministro israelí Olmert, este último le dijo al dueño de la Casa Blanca que Israel estudiaba un plan para atacar y neutralizar a Hezbollah. Bush le dio respaldo y apoyo a Olmert. Y cuando empezó el conflicto y su escalada, algunos sectores en Washington vieron en ello la oportunidad para expandir la guerra primero hacia Siria y luego a Irán. Yo creo que durante los cinco primeros días de la guerra esa posibilidad estuvo muy presente: hubo aviones que sobrevolaron Damasco, el norte de Siria, y el indicador más importante fue el precio del petróleo, que llegó a casi 79 dólares el barril. Pero pronto Shimon Peres salió a decir que el enemigo está en el Líbano, que no había ninguna intención de expandir la guerra a Siria e Irán. Siria resultó uno de los ganadores sin pagar nada en este conflicto, porque si la decisión 1559 la había marginado como actor, al abrir sus fronteras y recibir a más de 100.000 refugiados libaneses durante el conflicto, recuperó una legitimidad frente a toda esa gente, que va a volver al Líbano con simpatía hacia Siria. Y de hecho uno de los planes estratégicos era incluir a Siria para tener cierta influencia sobre Hezbollah y, al mismo tiempo, tratar de alejar a Siria de Irán, aislar a Irán. Siria puede tener influencia sobre Hezbollah, pero yo creo que se trata de una organización muy autónoma, que tiene su propia agenda, su propia capacidad de acción, y no las va a cambiar por orden de Teherán o Damasco. Igual, Siria, un país acusado de haber planificado el asesinato del ex premier del Líbano, Rafik Al Hariri, un país casi blanco de los Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo por auspiciarlo, que fue considerado responsable del 12 de julio, salió más bien ganador políticamente.
- Jean-Yves Calvez: No hay que olvidar tampoco que antes de Bush, nadie colocaba a Siria en esta categoría. Israel trató de mejorar las relaciones con Siria, y esperó en cierto sentido algo similar a lo de Egipto. Es muy probable. Lo cierto es que Bush amalgama las situaciones. Me impresionaron mucho sus palabras días atrás: ahora tenemos un tercer frente. Así tendremos también un cuarto frente, todo el mundo puede ser un frente en la guerra de los Estados Unidos en todo el mundo. Se tiene la impresión de que para Bush todas las cosas son homogéneas, cuando en realidad las situaciones son distintas. No hay que dejarse engañar por el vocabulario. Siria queda de verdad en una situación distinta y no es un gran amigo de Israel, pero tampoco un enemigo absoluto, tal como el Líbano.
- Khatchik Derghougassian: Hay una noticia que pasó inadvertida en la Argentina y en la prensa internacional en general, pero no en Francia. Antes de negociar el cese del fuego, el canciller de Francia estuvo en el Líbano al mismo tiempo que el canciller de Irán. Tuvieron un encuentro, y luego el canciller de Francia dijo que a Irán hay que reconocerle un rol en el Medio Oriente. Claramente ahí hay una diferencia entre los Estados Unidos, que supuestamente pensaban aislar a Irán incluyendo a Siria en la ecuación, y Francia, que principalmente se opone a Siria, y trata de incluir a Irán para dejar a Siria fuera de la ecuación. Es un cambio importante en la política de Medio Oriente, dado que Francia, un actor en la región, le reconoce legitimidad al rol iraní.
¿Un nuevo Vietnam?
- Da la sensación, escuchando lo que ustedes dicen, que esta es una derrota política para Israel. ¿Podría ser una especie de Vietnam para los israelíes, un lugar donde la situación se empantana sin solución ni salida?
- Jean-Yves Calvez: No creo que hayamos llegado a ese punto, pero en el futuro la acumulación de acontecimientos podría llevar a algo similar.
- Khatchik Derghougassian: En el corto plazo yo diría que están todos los elementos para afirmar que políticamente Israel en esta etapa perdió. De hecho ha bajado la popularidad del gobierno de 87% al 52%. Hay fuertes críticas internas, tanto de la derecha como de la izquierda. La izquierda sionista, que al principio de la guerra se alineó con el gobierno sosteniendo la argumentación de la guerra justa, criticó al gobierno y se opuso a la última decisión de Olmert de expandirla justo antes del cese del fuego y llamar a los reservistas. Al margen de todo esto, creo que la consideración más importante es que para Israel no existió un plan estratégico, una estrategia de salida, no se supo bien cuál era el fin político de una operación militar de esta envergadura. Pero en el mediano y largo plazo, evidentemente el Líbano ha perdido mucho. El país ha retrocedido 20 años. En términos económicos el retroceso es terrible. Ya hay una situación crítica en el Líbano, y creo que lo peor es que la esperanza que había nacido en el país de una recuperación económica, de un regreso a la normalidad, de una generación que nació y creció cuando se terminó la guerra civil recibió otra vez un golpe muy fuerte. Y queda abierta la perspectiva de un diálogo nacional, y de cuál va a ser el futuro del Líbano: si las divisiones internas seguirán y llevarán finalmente a otra guerra civil, o si el hecho de mandar 15 mil soldados libaneses al sur puede ser el inicio de un diálogo donde empezaría a construirse una suerte de unidad nacional secular que no permita el desborde de ninguna de las confesiones religiosas que conforman el Líbano. La gran pregunta es ¿qué puede convencer a Nasrallah, a Hezbollah, para trabajar en la construcción de esta unidad nacional, por un nuevo nacionalismo libanés? Repasando a los candidatos posibles para las elecciones presidenciales del año próximo, por ahora se me ocurre un solo nombre que en este momento contaría tanto con el acuerdo de los musulmanes como de los cristianos y Hezbollah. Se trata de Michel Aoun, ex general anti-sirio, cuyo proyecto siempre fue un Líbano secular, un orden político laico que asegure la diversidad cultural, religiosa y confesional. El interrogante es cuán realista o factible es esto.
Lo que dicen los blogs
- Resulta impactante que todo este análisis parta de la dimensión nacional del Líbano, que es lo que menos se divulga en cualquier medio en este momento.
Khatchik Derghougassian: Yendo a los blogs y siguiendo la prensa libanesa ahí sí se encuentra un debate fuerte. Hay, quizá, miedo de manifestarse muy abiertamente, pero se da una discusión muy intensa sobre el futuro del Líbano.
- ¿Es posible que haya existido un vía libre de parte del gobierno del Líbano a la invasión de su territorio, como forma de buscar una solución del problema Hezbollah? Por otra parte, siguen intrigando mucho las razones de esa intervención. Cuesta creer que Israel haya hecho todo lo posible para ser más odiado en Medio Oriente. Y parece muy difícil que no lo supiera
Jean-Yves Calvez: Esperaban de verdad sacar a Hezbollah de su territorio, desarmarlo o acabar con él. ¿Por qué lo hicieron en esta ocasión? Es otro elemento sobre el que yo no sabría qué decir. Es posible que esperaran la ocasión y aprovecharon de la captura de dos soldados, o bien podrían haber esperado un par de años más
esto no lo sé. Pero sostener que no había planes resulta impensable. Había planes y se frustraron.
- Khatchik Derghougassian: Con respecto a la primera pregunta, mi respuesta es no. El gobierno libanés jamás podría pensar en dar luz verde a Israel para terminar con el problema Hezbollah. Y por varias razones. En primer lugar, porque sabe el precio que esto conlleva. En segundo lugar, porque Hezbollah tiene dos ministros en el gobierno libanés. Y se trata de un gobierno que después del 14 de marzo de 2005, después de la Revolución de los Cedros, intentó por todos los medios mostrar una unidad nacional y lo logró en este sentido, yendo en contra de lo que proponía Washington, incorporando a Hezbollah en el gabinete. Además, como Hezbollah tiene absoluta superioridad militar y política dentro de todas las organizaciones y comunidades es la única organización realmente armada en el Líbano, no estamos en 1982. En aquel año, en plena guerra civil, un sector de los cristianos pensó que aliándose con Israel podría echar a los palestinos, considerados en ese momento el gran problema del Líbano, y crear así un Líbano con una identidad nacional propia, distinta de su entorno árabe. En 1982, después de expulsar a los palestinos el jefe de la entonces milicia cristiana, Bashir Gemayel, electo presidente e inmediatamente asesinado, se dio cuenta de la dificultad de una paz por separado inmediata con Israel. Creo que esta fue una de las lecciones más importantes que el sector cristiano aprendió de la guerra civil del Líbano. Y salvo algunas voces muy individuales fuera del Líbano, la opción de recurrir a una fuerza externa, más precisamente a Israel, para desarmar a Hezbollah, nunca aparece en los debates internos. El gobierno de Fouad Siniora, aliado de los Estados Unidos, que llegó al poder después del 14 de marzo de 2005, trató de convencer a Washington que el diálogo nacional libanés era la única forma de socializar a Hezbollah. Sin pretender, por supuesto, controlar a la organización. Es altamente probable que los estrategas israelíes estudiaran cómo neutralizar a Hezbollah, y que este último se preparara para un enfrentamiento de gran envergadura con Israel. Pero creo que ni Hezbollah planificando la operación del 12 de julio, ni Israel en su respuesta, creían que la escalada iba a ser incontrolable. No hubo racionalidad de control de la situación, sino que se dio un proceso que cobró su propia lógica y dinámica… Israel no actuó para que el entorno lo odiara, pero desde el abandono de Oslo (que era la paz multilateral), desde la llegada de Sharon y el proyecto de Kadima, una paz unilateral con muros, con fronteras fijadas por Israel, ya no consideraba una reconciliación regional para terminar con la situación de tensión y conflicto permanente. En otras palabras: se pensaba que con fijar las fronteras, construir los muros y mantener superioridad militar, Israel lograría la seguridad que tanto buscaba, sin mayores concesiones como inevitablemente se sucede en las negociaciones. Creo que calcularon mal en términos militares, pensando que una combinación de la superioridad de la fuerza aérea e incursiones de comando podrían terminar con organizaciones como Hezbollah o Hamas, y no tuvieron en cuenta, fundamentalmente, que esta era una guerra asimétrica, y que Hezbollah sobre todo se había formado de esa manera y había preparado el terreno para enfrentar una invasión israelí. Para no decir que casi lo esperaba. Muchos analistas militares creen que este gobierno de Israel tiene poco y nada de experiencia en asuntos militares. No hay mayores figuras militares en este gobierno como las hubo en el pasado. Por lo tanto, Israel quizás esté cometiendo el mismo error de los Estados Unidos cuando piensan estratégicamente que la superioridad militar tecnológica de aire, las armas de precisión, y una buena inteligencia, pueden neutralizar una amenaza que proviene de una organización que caracterizan simplemente de terrorista olvidándose de las razones políticas, económicas y sociales en que se ha formado y sigue creciendo.
La pasividad europea
-¿Cuál es el rol de Egipto y de Europa en este conflicto?
- Jean-Yves Calvez: Sobre Egipto no sabría decir nada en particular. La reacción en Europa es más potencial que de facto, pero yo creo que va a generar un sentimiento de desánimo. Hay gente a quien le gusta que Israel haya recibido un golpe, pero no es la actitud común de los europeos. Siempre se ha esperado algo, Oslo y después de Oslo, Ginebra, llegar a un cierto entendimiento de las partes, acuerdos finales, y salvar a Israel también. Por eso va a haber bastante desánimo. ¿Cómo volver a una negociación de fondo? La perspectiva de un fracaso definitivo es algo insoportable para los europeos, y para los alemanes en particular.
- Khatchik Derghougassian: No tengo mucho más que agregar a lo que dijo Calvez sobre la postura de Europa: es lamentable ver que no la haya. Por el contrario se profundiza la división, la desunión en los asuntos internacionales. De hecho hay dos posturas sobre el tema, una es la francesa y otra es la británica. Dos posturas, si no totalmente opuestas, al menos en un gran desacuerdo. El único país preocupado es Francia por el rol histórico que tuvo en el Líbano. Entre los demás europeos, salvo en el aspecto humanitario donde sí son muy activos, hay un gran silencio inexplicable. Con respecto a Italia no hubo acciones, incluso ahora que Berlusconi ya no está. ¡No sé qué hubiera sido de la postura de Italia con él! Es lamentable que la ausencia de una voz europea unida y con peso en el Medio Oriente haga que toda la política se polarice en favor o en contra de los Estados Unidos. Quizás, simplificando, no tiendo a ver la política en Medio Oriente como de procesos interestatales. Actualmente en el mundo árabe, si no se considera la gran división entre sunnitas y chiítas por un lado, y por otro entre los regímenes y las llamadas calles árabes, no se entiende el problema. Inmediatamente después de la escalada de los primeros días de la agresión de la guerra en el Líbano, la Liga Árabe tuvo un encuentro en El Cairo. ¿Cuál fue el resultado más comentado de ese encuentro? La condena a Hezbollah que hicieron Arabia Saudita, Kuwait, Egipto, Jordania y hasta el presidente de Irak. No es que no estuvieran en contra de la agresión de Israel, pero lo que más sobresalió fue la condena a Hezbollah. Condena que prosiguió. Ahora, fíjense ustedes que inmediatamente después, cuando el primer ministro de Irak va a los Estados Unidos, habla en el Congreso, ni menciona a Hezbollah ni lo condena. ¿Sorpresa? Yo diría que no. El presidente de Irak es kurdo, sunnita de confesión por cierto, pero más bien kurdo. El primer ministro de Irak es chiíta, y ya la milicia chiíta poderosa e influyente en Irak, el Ejército del Mahdi del jeque Moqtasa Al-Sadr, había empezado a manifestarse a favor de Hezbollah. No hay una voz fuerte que condene a Israel, apoyando a Hezbollah, si uno mira los regímenes conservadores sunnitas de las monarquías del Golfo, de Jordania y hasta Egipto. Ahora, si uno presta atención a las calles, ahí vemos un fenómeno totalmente distinto. Allí la gente, sunnitas incluidos, manifestaron a favor de Hezbollah y condenaron la postura de sus propios gobiernos. Creo que en este apoyo hay tanta defensa del Líbano o del Islam ante la agresión israelí como oposición a los propios regímenes que carecen de peso en la política medio oriental. En una declaración durante la reunión de la Liga Árabe en El Cairo durante la primera semana de la guerra, Amr Moussa, secretario general de la Liga Árabe, dijo que los países árabes ya consideran muerto el proceso de paz en el Medio Oriente. ¡Vaya novedad! Ya estaba muerto.
Egipto actualmente está en una situación de impotencia. El gran punto de inflexión en toda la política de Medio Oriente se dio 1967 con la crisis del proyecto nacionalista secular panárabe, cuyo líder más notable fue el presidente Gamal Abdel Nasser. El Islam reaparece como fuerza renovadora en el mundo árabe luego de la victoria de Israel en la Guerra de los Seis Días. Nasser murió poco después, y no hubo otros que pudieron ocupar su posición de liderazgo. Afees Al-Assad de Siria y Saddam Hussain de Irak pretendieron, pero no pudieron, primero porque nunca tuvieron el carisma de Nasser, y segundo porque habían cambiado la política y la sociedad en el mundo árabe. Ningún país árabe, por otra parte, puede cumplir el rol de liderazgo que tuvo Egipto, y que es único por su trayectoria histórica y por su peso. Egipto fue el país donde se inició el renacimiento nacional árabe, Al Nahda, las grandes ciudades del Levante. Pero Egipto también es el país donde nace el islamismo con la formación de la organización de los Hermanos Musulmanes. Es casi un país simbólico de la contradicción interna de una identidad en búsqueda de sí misma. Lo que sí ha desaparecido son los nacionalismos propios del Estado-nación, la razón de un Estado, la política del Estado-nación, que nunca pudo consolidarse en el Líbano. Oslo hubiera podido abrir esta etapa, pero ya estamos hablando de historia.
El crimen de la guerra
Durante este último tiempo la guerra entre la milicia chiíta de Hezbollah y el Estado de Israel ha sacudido al mundo y a la conciencia humana. La percepción de la situación es ciertamente sombría. Sobre todo porque la mayor parte de las víctimas no pertenece a ninguno de los dos bandos en pugna, sino a la población civil del Líbano. El dolor es más agudo aún cuando se constata que en altísimo porcentaje los caídos no habían ni siquiera alcanzado la edad de la adolescencia.
La guerra no ha dejado un triunfador. Ambos bandos reclaman para sí la victoria. Israel salió más perjudicada a pesar de la destrucción sembrada en territorio libanés. La potencia militar puede resultar insuficiente para derrotar a un enemigo escurridizo y resistente. La batalla mediática puede a veces más que las bombas. En cuestión de horas puede cambiar la percepción del drama y hasta la posición ideológica de neutrales o implicados. Por más sensata y realista que luzca la antigua sentencia Si quieres la paz prepara la guerra, es evidente que se trata de una proposición insuficiente e ingrata.
Frente a este nuevo derramamiento de sangre, la Iglesia católica ha llamado a las partes a un cese del fuego que permita recuperar los canales de diálogo clausurados. En este sentido, Benedicto XVI se ha revelado un fiel heredero de Benedicto XV, quien supo reaccionar con firmeza para intentar detener la carnicería de la Primera Guerra Mundial. La homilía del cardenal Roger Etchegaray, que reproducimos en este número, constituye un documento elocuente en favor de la paz: apela a la conciencia de los contendientes y del mundo entero, que no puede no debepermanecer indiferente.
Por otra parte, la noche oscura de la guerra del Líbano ha de ser analizada y comprendida sin simplismos ni esquematismos. No es fácil: la vastísima complejidad del escenario histórico y cultural de Medio Oriente se interpone como un obstáculo muy difícil de sortear para el lector occidental. Por este motivo el Consejo de Redacción de Criterio, recurriendo a una práctica habitual en estos casos, invitó a dos especialistas en relaciones internacionales para que opinaran sobre el tema. Se trata del padre Jean-Yves Calvez, miembro del Consejo Asesor de la revista, y de Khatchik Derghougassian, conocedor profundo de la historia, la actualidad y el entramado cultural de la región más directamente sacudida por el conflicto.
A ellos les dejamos la palabra para que el lector acceda a algunas de las claves que permiten comprender mejor lo que está ocurriendo. El misterio de la noche oscura no puede ser justificado por ninguna razón política ni por ningún enfrentamiento cultural o religioso. El llamamiento al diálogo, que no puede sino aflorar de los anhelos de paz de los hombres, debe ser leído como un rechazo a la violencia como forma de dirimir cualquier conflicto, en cualquier lugar del planeta. A los ojos de Dios, dice Etchegaray, la sangre de los hombres vale lo mismo en todos los casos. Es éste el espíritu que debe oponer la conciencia cristiana al crimen de la guerra, en un mundo en el pareciera que la condena de la violencia depende del bando al que pertenecen las víctimas, y las violaciones de los derechos humanos fueran más o menos graves según quién las inflige y quién las padece.




