Revista Criterio
Julio 2007
Nº 2328 » Julio 2007

Diario de Aparecida (II)

por Fernández, Víctor Manuel · Comentar 

Jueves 17 de mayo

 

Queridos/as:

 

Les mando las coincidencias que veo hasta ahora. Me refiero a cuestiones que aparecen en más de un tercio de los presidentes de Conferencias Episcopales que hablaron ayer. Permiten comenzar a delinear algunos consensos. Podremos estar de acuerdo o no, pero ésos son los acentos.

 

A. Desafíos: 1) La erosión de la identidad católica y la ruptura en la transmisión de la fe a causa del secularismo, el proselitismo anticatólico, etc. 2) La escandalosa desigualdad en la distribución de los ingresos, que engendra miseria, exclusión, violencia, etc. 3) Los ataques a la familia y a la vida.

B. Grandes líneas pastorales: 1) Partir de una clara valoración de la riqueza de la religiosidad popular. 2) Llevar a su plenitud (santidad) el discipulado de los creyentes por cuatro cauces: a) la creación de procesos de iniciación cristiana; b) la promoción de la lectura y meditación de la Palabra de Dios; c) el aliento a la participación en la Eucaristía dominical. d) la formación en la Doctrina Social de la Iglesia en orden a una renovada opción por los pobres, a un mayor compromiso ciudadano y a la creación de estructuras más justas. 3) Organizar una formación pastoral de los agentes en orden a crear un estado permanente de misión, con notas de cordialidad y cercanía, que llegue a las periferias geográficas y existenciales (indígenas, migrantes, jóvenes en riesgo, etc.), provocando un nuevo dinamismo de inculturación. 4) Atender a las nuevas problemáticas de la familia y de la vida estimulando una nueva valoración de los vínculos y de la dignidad de cada persona humana.

C. Otros temas destacados: La ecología, la integración latinoamericana, el diálogo ecuménico, el mundo de la comunicación, la educación, la pastoral vocacional, la formación sacerdotal.

 

* * *

 

Al posible esquema que les mandé ayer se han ido agregando nuevos temas medulares. En algunos grupos el de la crisis de los vínculos, un aporte argentino. En otros se remarcó la integración latinoamericana y la ecología (una gran preocupación de Brasil).

 

En mi grupo está el famoso cardenal López Trujillo, más bien conservador, y también el obispo brasileño (de Jales) Luiz Demetrio Valentín, más bien progresista. Se escuchan con respeto, y alcanzaron un notable acuerdo cuando López Trujillo comentó que hoy en día el peor país en lo referente a la legislación sobre la vida es Colombia. Allí un gobierno de derecha liberal recibe dinero y apoyo de los Estados Unidos a cambio de determinadas leyes (de control de la natalidad y aborto).

 

En otro grupo, el cardenal prefecto de la Congregación de los Religiosos dijo que a pesar de los aspectos negativos de la vida religiosa en América Latina, este continente ha dado a la Iglesia algunas congregaciones sumamente valiosas, entre las que destacó a las del Verbo Encarnado y los Legionarios de Cristo.

 

De las charlas de pasillo que puedo comentar (porque hay cosas que no deben hacerse públicas) resalto mi conversación con el cardenal brasileño Hummes, prefecto de la Congregación para el Clero. Le dije que el Directorio para la vida de los presbíteros me parece un manual para monjes con alguna tarea pastoral, ya que no contiene nada sobre la espiritualidad del clero diocesano ni motivaciones claras para alimentar la pasión misionera. Sonrió complacido, y me dijo que están comenzando a trabajar en eso, y que le gustaría hacer una consulta al clero  sobre esos asuntos.

 

Los no católicos presentes dispondrán de un tiempo para hablarnos. De todos modos, entre los protestantes no todo son flores. Uno de los presentes, el pastor Harold Segura, tiene un blog donde el 12-05 comenta que un pastor amigo rechazaba que viniera a Aparecida, y le dijo: “Lamento que tengas que cumplir ese papel. Soy de la opinión de que es nefasto para el testimonio del cristiano”. Pero Segura vino con gusto, presta atención a los aplausos y comenta otras observaciones interesantes. Se tomó el trabajo de leer el extenso Documento de Síntesis, y hasta se detiene en el tema de la religiosidad popular, que muchos protestantes consideran supersticiosa o idolátrica. Él dice que en este tema “el protestantismo corre los riesgos del conservadurismo excluyente tras su aspiración al Evangelio puro”. He conversado con gusto con el metodista Néstor Míguez y con el ortodoxo Tarassios.

 

Los diarios de varios países se hicieron eco de algunas afirmaciones de los obispos que están aquí. Saben que el desubicado de Alberto Fernández se enojó porque Bergoglio habló de la desigualdad, como si el cardenal quisiera criticar al gobierno argentino. Simplemente se refirió a una problemática de toda América latina que sigue siendo escandalosa por más que haya algunos pequeños avances. Por otra parte, a mi derecha, en las asambleas, se sienta un cura boliviano, que me mostró comentarios de los diarios de su país. Allí se ve que los indígenas se han ofendido un poco, porque Terrazas Sandoval se había referido al “revanchismo” indigenista. Habría que comprender que, antes del loco de Evo Morales los presidentes gobernaban para unas minorías poderosas y los indígenas no existían, a pesar de ser la gran mayoría de la población boliviana. Hoy sienten que son protagonistas después de varios siglos, y les molesta mucho escuchar que los obispos los traten de “revanchistas”. En este sentido, creo que a la hora de criticar el autoritarismo y los errores de algunos gobiernos, conviene mostrar de alguna manera que uno no está defendiendo los intereses de las minorías ricas o de una oposición que no representa los intereses de los pobres.

 

Además de los que participamos de la V Conferencia, en Aparecida se han instalado unos treinta sacerdotes y teólogos invitados por el grupo “Amerindia”. Algunos curas que no integran la V Conferencia dijeron que son el último suspiro de la teología de la liberación, y que vienen a presionar. Pero el cardenal Rodríguez Maradiaga señaló que de algún modo el grupo está “integrado a las discusiones” y han venido aportando material y propuestas a la V Conferencia desde hace dos años. Ellos nos acercaron a algunos de nosotros un material bastante completo acerca de la realidad actual latinoamericana. Algunas cosas que dicen sobre la desigualdad, el neoliberalismo y la exclusión, la ecología o el protagonismo político, los derechos humanos, las ciudades, las migraciones, la lectura popular de la Biblia, los defectos de las estructuras eclesiales y la educación, coinciden básicamente con lo que se está conversando adentro. Sin duda los obispos no asumirán lo que mencionan sobre los “análisis de género” o sobre el acceso de la mujer a los ministerios ordenados, aunque hayan hecho el esfuerzo de decirlo con bastante delicadeza.

 

                 Viernes 18 de mayo

 

En Aparecida, a esta altura comienza a haber un fervoroso intercambio sobre algunos temas, dentro y fuera de la Conferencia. Se discuten tanto los contenidos como el modo de interpretar algunas cuestiones. El diálogo en los grupos es sumamente abierto y fluido. Si bien es una Conferencia de obispos, y el reglamento dice que los demás podemos “ser invitados a tomar la palabra”, en los grupos todos hablamos cuanto queremos, incluidos los laicos y los no católicos. Es un ambiente de participación envidiable.

 

Hoy seguimos dialogando acerca de la situación de nuestros pueblos y de nuestras comunidades. Los relatores de los quince grupos se reunieron y nos presentaron en la asamblea cinco síntesis distintas. Creemos que se va perfilando una mirada muy rica sobre la situación. Algunos obispos pidieron la palabra. Por ejemplo, el mexicano Arizmendi se quejó del desconocimiento de los indígenas y de la falta de respeto hacia sus culturas. Pidió que se los reconozca como sujetos de la acción pastoral más que como destinatarios, y valoró la teología indígena con su propio método, más simbólico. Dijo que hay que ser fieles a Cristo y a la Iglesia, pero también a los pueblos y a sus culturas. Criticó las traducciones protestantes de la Biblia a las lenguas indígenas y pidió traducciones católicas. Lo lamento, porque las Sociedades Bíblicas han hecho un enorme y generoso esfuerzo al respecto. Después un obispo de Guatemala habló del narcotráfico y distinguió el cultivo de la amapola del cultivo de la coca, que debe ser considerada una cuestión menos preocupante. El cardenal peruano Cipriani pidió evitar generalizaciones al describir la situación y que no se pretenda resolver todos los problemas del mundo. Más bien habría que suponer muchos diagnósticos que ya se hicieron y ofrecer líneas de acción misionera.

 

También habló el pastor metodista argentino Néstor Míguez, que  llamó mucho la atención y cosechó fuertes aplausos. Sus palabras representan a los pastores que hacen un inmenso esfuerzo ecuménico, quizás mayor que el nuestro. Contó que su padre fue observador en el Concilio Vaticano II. Dijo, en nombre de otros cuatro evangélicos presentes, que se sienten convocados por el papa Benedicto a un despertar misionero. Valoró la evangelización de América porque sembró la Palabra, constituyó comunidades servidoras de los necesitados que celebraron al Dios Trino y enraizaron el mensaje de Cristo en las variadas culturas. De ese modo contribuyeron a delinear los rostros hermosamente diversos de nuestros pueblos. Si bien hubo aspectos cuestionables, tampoco la evangelización realizada por los protestantes estuvo exenta de ambigüedades. Rechazó las prácticas sectarias o beligerantes que atentan contra el verdadero ser misionero, pero invitó a erradicarlas mediante el camino del diálogo.

 

Por la noche, gente del grupo de Amerindia suele pasar por el hotel y nos deja material. Uno de ellos me dijo que hay que “contextualizar” lo que dijo el otro día un obispo de Guatemala sobre los grupos evangélicos, ya que se puede entender bien a la luz de la imposición yanqui del general Efraim Ríos Montt como presidente, y del espantoso genocidio indígena. Allí se ubica también el plan de imposición de algunos movimientos evangélicos por parte de los Estados Unidos. Es verdad. De todos modos, sigo pensando que cuando uno habla de estas cosas tiene que explicitar mejor a quiénes se refiere y a quiénes no se refiere.

 

Entre los de Amerindia está Consuelo Vélez, teóloga colombiana con la que estuve trabajando en el verano para el Documento de Síntesis. Ella pasó anoche y conversamos sobre las modificaciones que se hicieron al Documento luego de nuestro trabajo de enero. Descuidaron un poco la redacción e introdujeron muchos defectos gramaticales, y en algunos párrafos debilitaron la fuerza del original. Por ejemplo, donde decía que “en América Latina los derechos humanos son ante todo los derechos de los pobres”, ahora dice que “en América Latina los derechos humanos son los derechos de todas las personas, sin excepción, pero…” (n. 120). No obstante, otros párrafos mejoraron notablemente, y el documento en su conjunto es mucho más rico y significativo que el anterior. 

 

Consuelo me comentó que está preocupada por el tema “mujer”. No le preocupa tanto si se habla poco o mucho de las mujeres, sino cómo se las menciona. Especialmente, espera que no se utilice un lenguaje que relegue a la mujer completamente al hogar, sin incidencia social y sin inserción en el mundo. Dice que lo dicho por el Papa en contra del machismo latinoamericano está muy bien, aunque no es lo único que hay que decir.

   

Sábado 19 de mayo

 

             

Olvidé contarles que ayer, en nombre de los laicos, hablaron un varón y una mujer. Habló primero ella y se refirió a temas de bioética y familia. Luego él de temas sociales. Espero que el diálogo tan intenso de estos días nos ayude a todos a encontrar síntesis constructivas.        

     

Hoy hubo tiempo para conversar más sobre la situación de la Iglesia y sobre la necesidad de renovar sus estructuras. Se habló de la necesidad de partir del amor que Dios nos tiene y del ofrecimiento de su amistad, que responde a nuestros anhelos más hondos de verdad, de cariño, de sentido. Finalmente pudimos detenernos unos minutos en la vida que Jesús ofrece, que implica la amistad con Cristo que nos introduce en la vida de la Trinidad, y transforma todas las dimensiones de la existencia cotidiana. También hablamos sobre la vida degradada, descuidada, malherida, maltratada, y sobre los caminos para manifestar a Jesús en esas situaciones. Se presentó a María como la primera discípula y misionera.

 

Me preocupa que muchos hablan de la misión como si fuera la última etapa de un camino que comienza en la conversión, sigue en la comunidad y se profundiza en la formación. Eso contradice la afirmación del Papa de que discipulado y misión “son dos caras de la misma moneda”, e ignora la tarea misionera popular, que no requiere de cursos y retiros. En todo caso, estos medios son necesarios para profundizarla.

 

Ayer pedí tomar la palabra en la asamblea. Para eso hay que entregar media página resumiendo la cuestión. Evidentemente, dan prioridad a los obispos, pero el secretario general (Stanovnik) se interesó en el planteo y me dio tres minutos. Las repercusiones fueron más positivas y entusiastas de lo que esperaba, porque quizás expresan algo presente en el inconsciente colectivo de la mayoría de los participantes. Lo que dije es lo siguiente:

 

Quiero proponer un lenguaje estratégico. Es decir, invito a prestar suma atención al modo de decir las cosas para evitar un efecto contrario al que pretendemos. Doy algunos ejemplos: 1) Si procuramos un encuentro de la gente con la Palabra y un proceso formativo, evitemos dar a entender que el pueblo es una masa ignorante o supersticiosa. Propongamos más bien llevar a plenitud las riquezas espirituales que ya posee. 2) Si criticamos el hedonismo o el inmediatismo, al mismo tiempo mostremos que Jesús ama la felicidad de la gente y ofrece a cada uno vida digna, plena, integral. 3) Si rechazamos las uniones irregulares, reconozcamos también lo dura que es la continencia o la soledad en el mundo de hoy. 4) Si condenamos los populismos, dejemos claro que no estamos poniéndonos del lado de los intereses de las minorías ricas que tuvieron mucho poder. 5) Si ponemos en el centro el encuentro personal con Cristo, no lo hagamos debilitando la centralidad de la misión y de la lucha por la justicia en la identidad del discípulo. 6) Si criticamos los espiritualismos e invitamos a un mayor compromiso, no dejemos de valorar una sed espiritual que no encuentra una respuesta atractiva en nuestras propuestas.

7) Si nos duele la pérdida de católicos, mostremos que nos preocupa que se vayan de nuestra casa, más que atacar a quienes los reciben.

 

En síntesis, cuando pretendamos erradicar cosas negativas, reconozcamos las inquietudes legítimas que pueda haber detrás. De otro modo no conseguiremos un efecto positivo y habremos perdido el tiempo. No callemos ni disimulemos nada importante, usemos fuerza y contundencia; pero si queremos llegar al corazón de nuestra gente, cuidemos con suma delicadeza el “modo” de decirlo.

 

Lunes 21 de mayo

 

 

Ayer, domingo, disfrutamos del impresionante río humano que corre en Aparecida todos los fines de semana. Uno disfruta contemplando ese espectáculo desde la pasarela, y metiéndose entre la gente para percibir la variedad de rostros, sonrisas y palabras que colorean los senderos. Cientos de colectivos con gente de todo el país llenan el inmenso estacionamiento de la basílica, y todos los domingos del año vienen unas 150.000 personas.

 

Anoche los de Amerindia propusieron una reunión con algunos teólogos para resaltar los temas más sociales. Éramos doce. Estaban preocupados porque alguien les había pasado un esquema de la comisión de redacción que supuestamente no partía de la realidad (no sé qué obispo se dedica a filtrar material reservado). Pero la mayoría de los obispos quiere mantener el esquema “ver-juzgar-actuar”, que implica comenzar haciéndose cargo de la realidad. Algunos dicen que hay que partir de la fe, pero esa objeción casi no se sostiene, porque los que miramos la realidad somos creyentes y pastores. La única observación atinada al “ver-juzgar-actuar” es la que me hizo el chileno Pérez Cotapos: que el “ver” nunca es imparcial, y que todos “vemos” con determinados prejuicios. Por eso, antes del “ver” hay que acordar y determinar con qué criterios vamos a ver. Puede suceder que dos personas coincidan en destacar una cuestión, pero con diferentes preocupaciones. Por lo tanto, aunque usen las mismas palabras, están acentuando aspectos diferentes de la realidad. Entonces, cuando llegue el momento del actuar, propondrán acciones diferentes.

 

Hoy fue un día clave. Se propusieron los temas a debatir en comisiones. Finalmente, después de mucha discusión y de variadas propuestas, quedó el esquema “ver-juzgar-actuar”. La subdivisión y organización de los temas es algo confusa, pero no se quiere demorar el debate a causa del esquema. Los temas pastorales más destacados son: la transmisión de la Palabra de Dios, la opción preferencial por los pobres, las estructuras injustas, la religiosidad popular, el diálogo ecuménico, la iniciación cristiana, las diversas vocaciones y su formación, la pastoral de la cultura, la educación católica, la familia y la vida, la Iglesia en estado de misión permanente, la renovación de las estructuras de la Iglesia, el compromiso de los laicos en el mundo –con un espacio especial para la mujer–, y la difusión de la doctrina social de la Iglesia. También se plantean diversas situaciones de riesgo (juventud, migrantes, indígenas, etc.). Pero todo se sitúa en el marco del discipulado, del encuentro con Cristo, de la espiritualidad.

 

Los que decían que la era del cardenal Sodano y la marcha de la Iglesia en los últimos tiempos pronosticaba un debate altamente conservador, no podían imaginar la apertura con la cual se está debatiendo, y la generalizada sensibilidad social que se percibe en los obispos. Parece que el contacto con los problemas y los planteos concretos de la gente han podido más que cualquier política eclesiástica.

 

Se apunta a un documento más bien pastoral-espiritual con poca teología. Me parece bien, porque los objetivos, la modalidad de trabajo y el poco tiempo que tendremos no dan lugar a pretensiones especulativas. Pero espero que esas cosas pastorales-espirituales se digan bien: con claridad, sencillez, profundidad y novedad.

 

Cada uno de nosotros tiene un casillero donde todo el mundo nos tapa de libros y de papeles. Mucha gente quiere influir, o dar una opinión, y todo se recibe. Hay, por ejemplo, una propuesta de la pastoral obrera y una nota de los diputados y senadores católicos de Brasil, donde insisten en diversos temas de doctrina social y reivindican la Populorum progressio. Los obreros lamentan el discurso “fatalista” que predomina en la sociedad, como si hubiera razones económicas indiscutibles e inevitables que impidan procurar directamente una mejor distribución del ingreso.

 

Se está debatiendo acerca de un posible mensaje a los indígenas que reconozca los excesos de la conquista-evangelización de América y reivindique sus reclamos, pero sin dar a entender que se quiere discutir el discurso del Papa. En realidad queda claro que el Papa no pretendió negar que haya habido excesos justificados o tolerados por algunos misioneros, sino que en realidad una cultura no puede imponerse por la fuerza, y que el Evangelio sólo fue acogido y se incultura perdurablemente en nuestros pueblos porque hubo culturas receptivas que no lo recibieron forzadamente. Se están buscando las expresiones más adecuadas para hablar del tema. El padre Tomichá (boliviano) había escrito un buen mensaje, pero no se aprobó. Se aprobó uno más breve y menos incisivo, pero se optó por no comunicarlo como carta oficial sino como comunicado de prensa.

 

La prensa está mirando más positivamente este acontecimiento. Ayer en el diario Página 12 se dijo que “en Aparecida está ocurriendo un hecho político, cultural y religioso de mucha trascendencia para la región”. Hoy, en el diario La Nación se destaca el servicio de los obispos y sacerdotes argentinos en esta Conferencia. En realidad, aunque a veces nos consideran un poco agrandados y arrebatados, se nota que valoran nuestras intervenciones de un modo particular.

 

Estoy pensando algunas propuestas para el mensaje a los pueblos, que serán menos de dos páginas. Aunque yo no tengo ingerencia directa en su redacción, me gustaría proponer frases como las siguientes: 1) Para evitar la imagen de maestros autosuficientes diría: “Aunque invocamos cada día la luz del Espíritu Santo, reconocemos que no lo sabemos todo y que no podemos encontrar todas las respuestas”. 2) Para recoger la figura de la Virgen Aparecida, que fue encontrada por unos pescadores cuando echaron las redes al río: “Nuestra madre querida nos dice desde el santuario de Guadalupe que estamos en el hueco de su manto, y desde Aparecida nos invita a echar las redes en el mundo de hoy. Que ella les regale la fortaleza, la paz y el impulso misionero para darle una nueva vida a la sociedad”. 3) Para recoger algo de poesía latinoamericana: “Golpeados, ignorados, despojados, los latinoamericanos y las latinoamericanas no bajamos los brazos. Nos aferramos al inmenso amor que Dios nos tiene y que nos recuerda permanentemente nuestra propia dignidad. Por eso seguimos caminando, y todavía cantamos, todavía soñamos, todavía esperamos”.

 

* * *

 

Me veo obligado a realizar esta segunda entrega porque hoy pidieron la palabra varios argentinos. No les comenté que ya habló monseñor Villalba. Hoy monseñor Arancedo se atrevió a cuestionar la propuesta del cardenal Castrillón Hoyos acerca de la misa en latín. Dijo que podría entenderse como una expresión de rechazo del Concilio Vaticano II, y que la disciplina litúrgica del Concilio no implicó una ruptura sino sólo una liberación de añadidos innecesarios a la Liturgia. Monseñor Garlatti destacó la importancia de las instituciones educativas de la Iglesia para la evangelización de la cultura y la transformación de la sociedad. Monseñor Radrizzani dijo que la fe en el Dios trinitario y crucificado nos protege del individualismo y de las pretensiones de dominio y de gloria. Eso nos configura como creyentes que sirven a los demás, que no juzgan, que no dominan, que creen en un Dios optimista, que irradia vida y alegría, pero que al mismo tiempo nos da fuerzas para cargar la cruz. Monseñor Martínez retomó el pedido del Papa de que América Latina no sea sólo el Continente de la esperanza sino también del amor, y remarcó la centralidad de la Eucaristía, que nos configura con Cristo y así hace posible el amor donado y sacrificado, que no utiliza al otro, y que opta por los excluidos. Monseñor Cargnello habló sobre la Liturgia y la necesidad de una catequesis mistagógica (para ir descubriendo el Misterio). Monseñor Fenoy se refirió a la religiosidad popular como una forma de espiritualidad y de vida teologal cristiana, y no una forma degradada o secundaria.

 

También pidió la palabra Carlos Galli, que insistió en el método “ver-juzgar-obrar” y sugirió evitar el riesgo de una doble escisión en el tema de la V Conferencia. Por una parte, privilegiar los agentes (discípulos misioneros) descuidando la segunda parte: “para que nuestros pueblos tengan vida”. Hemos conversado mucho acerca de esa mutilación que empobrecería el tema. El segundo riesgo que planteó Carlos es el de colocar la formación como una condición para poder ser misioneros, ignorando que hay muchas formas populares de misión, sin negar los necesarios procesos formativos. Finalmente, pidió remarcar el primado del amor de Dios y propuso una formulación trinitaria: “Somos discípulos misioneros de Jesucristo que comunicamos el amor del Padre para que nuestros pueblos tengan vida en el Espíritu”.

 

Debo decir que hemos logrado que se impusiera la expresión “discípulos misioneros”, que yo propuse insistentemente cuando elaborábamos el Documento de Síntesis. El solo hecho de evitar la “y” remarca, como lo dijo el Papa, que “son dos caras de una misma moneda”.

 

Hoy se disolvieron los grupos de trabajo. Mañana se crearán comisiones, cada una con un tema diferente. Voy a extrañar mi grupo, sobre todo una cosa que me llamaba la atención: cuando hablaba largamente el épico López Trujillo, la reacción de brasileño Luiz Demetrio Valentini, que no estaba de acuerdo, era sonreír placidamente un largo rato. El petiso Valentini era el secretario del grupo, y una vez que el cardenal dijo que había que agregar la obediencia al Magisterio, Valentini dijo por lo bajo: “Ya puse la Doctrina Social de la Iglesia, así que ya está”.

 

Aunque yo vine como representante de los presbíteros de Argentina, hoy me agregaron al equipo de los peritos con el pedido especial de escribir sobre algunos temas. Seguimos mañana.

Martes 22 de mayo

Hoy se trabajó mucho, porque se formaron las distintas comisiones y subcomisiones. Yo estuve en una, presidida por el cardenal Cipriani (de Perú) para discutir acerca de la “vida en Cristo”. Es uno de los ejes de la Conferencia, que introduce el tema de la misión, porque hay que concluir diciendo que esa vida nueva se afianza y se acrecienta cuando uno la comunica a los demás. Pero el cardenal Bergoglio me pidió que pensara especialmente el tema de la religiosidad popular, y que escribiera algo al respecto. Me alegró ese pedido. En eso estoy ahora, en medio de mi descanso nocturno.


No pude estar en la subcomisión que trata la espiritualidad. Estaba preocupado por esa cuestión, porque temo que se desarrolle una espiritualidad separada de la comunión, del compromiso en el mundo y de la misión. Creo que hoy más que nunca hay que desarrollar una espiritualidad que despierte las ganas de entregarse junto a los demás para buscar un mundo nuevo. Pero la religiosidad popular, presentada como una “espiritualidad popular” me permitirá desarrollar una mística integradora.



Tuvimos una reunión de los 16 peritos, y se comentó que el nivel de trabajo ha sido muy dispar. Algunas comisiones llegaron a redactar algo, otras sólo elencaron algunos puntos. Algunas dialogaron con mucha armonía, otras discutieron todo el tiempo, y otras optaron por subdividirse en distintos grupos para no pelear. De todos modos, no se puede decir que haya tirantez. Todos los días se escucha a los más viejos decir que este clima de debate está a años luz de la Conferencia de Santo Domingo, donde el aire estaba bastante caldeado.

Lo que no convence del todo es el esquema con el que estamos trabajando. Por ejemplo, está en un mismo capítulo el tema de la religiosidad popular y el del ecumenismo. No es fácil entender por qué. No se sabe bien dónde estará el tema “mujer” (perdonen las chicas). Hay gente que se pone muy mal por esta falta de claridad, pero hay otras personas de muy buen ánimo, como el cardenal Rodríguez Maradiaga (de Honduras). Aunque es capaz de discutir con mucha fuerza, cuando se acaba la discusión es pura sonrisa y cariño.

Me avisaron que mañana habrá mucho, mucho trabajo, y que tendré que estar dispuesto a quedarme hasta tarde. Pasado mañana habrá que presentar una primera redacción del documento, de manera que haya tiempo para discutirlo y corregirlo.

 

 

Jueves 24 de mayo

 

Ayer todos trabajamos en siete comisiones, elaborando textos sobre los temas propuestos. Cada comisión tenía una parte del esquema de trabajo. La Comisión de redacción aprobó varios de los textos entregados, pero devolvió algunos para que los abrevien, los mejoren, o para que reflexionen un poco más algunas cuestiones importantes.


Hay cierto malestar porque el esquema general de temas no ayuda. Es algo desordenado, tiene muchas repeticiones y demasiados temas. Por lo tanto, el tiempo no alcanza para profundizar, y algunos temas centrales quedan poco desarrollados. Pero se sigue adelante.


Me llamó la atención que en muchas comisiones se retomaran las breves palabras que dije días atrás sobre el lenguaje. Veo una gran preocupación de muchos por evitar un lenguaje agresivo y por tener en cuenta la sensibilidad de la gente.


Los ocho obispos de la Comisión de redacción pidieron la ayuda de ocho peritos: França Miranda (Brasil), Carriquiry (Uruguay), Petrillo (Roma), Silva Retamales y Morandé (Chile), Escobar Herrán (Colombia), Galli y yo (Argentina).


Hoy a las 11:30 la Comisión de redacción presentó un primer borrador, muy provisorio, del documento final. Ahora todos pueden elevar propuestas para enriquecerlo. Por lo tanto, se creó un hervidero: todos fueron corriendo a escribir algo y muchos se reúnen por países o por intereses comunes, para poder darle más fuerza a lo que les interesa.

Por otra parte, esta mañana se debatió en asamblea sobre la propuesta de una Gran Misión Continental. A continuación les resumo lo que se dijo. Es un breve texto que propondré para incorporar al documento, si hace falta:

 

1) Muchos católicos dejan de reconocerse parte de la Iglesia o ya no llevan sus hijos a bautizar. Esto manifiesta cierta ruptura en la transmisión de la fe a causa del secularismo y el relativismo, pero también por una insuficiente cercanía pastoral. La Gran Misión que proponemos pretende llegar a todos, especialmente en las periferias, desplegando un poderoso impulso evangelizador dentro del propio territorio de cada diócesis.

2) Esta actividad misionera, centrada en la Palabra de Dios, debe ser capilar, procurando tomar contacto con cada persona y convocando a todos los discípulos, sin excepción. Debe ser inseparable de la solidaridad con los pobres y de su promoción integral, pero también se dirige a las personas de todos los segmentos de la sociedad que requieren una iluminación evangélica: la política, la economía, la cultura, los medios de comunicación, etc.

3) Las pequeñas comunidades, insertas en el corazón de la sociedad, pueden prestar una preciosa colaboración, pero esta potente decisión misionera debe impregnar todos los planes de pastoral de parroquias, diócesis, comunidades religiosas y de cualquier institución de la Iglesia. Nadie debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en un constante y fervoroso estado de misión. Jesucristo nos llama a dar la vida.

4) Este empeño requerirá también serios proyectos de formación permanente para los discípulos misioneros, siempre orientados a la comunicación de la vida en Cristo. Pero nada será posible sin un nuevo Pentecostés, para lo cual se volverá imperioso asegurar cálidos espacios de oración comunitaria que alimenten el fuego de un ardor incontenible y hagan posible un atractivo testimonio de unidad: “Que sean uno, para que el mundo crea”.

 

 

Viernes 25 de mayo

 

Ayer todos entregaron sus aportes que hoy pasaron a las distintas comisiones para intentar incorporarlos. Aquí es donde las cosas se complican, porque todos insisten en un texto breve, pero luego nadie quiere renunciar a nada de lo que se le ocurre. En estas cosas hace falta una gran ascesis comunitaria, para defender cosas muy importantes, pero permitiendo que los demás te modifiquen algo. Pero sobre todo para aceptar que el documento no tenga todo lo que te interese destacar, sino que refleje los grandes consensos del conjunto.


El gran desafío está en dejar que se expresen todas las líneas, pero al mismo tiempo lograr algo que no sea muy diluido. No conviene que, por dejar a todos tranquilos, quede un documento muy “light”. Pero tampoco conviene que un sector se imponga a los demás a través de artimañas de poder. Es un arte sumamente difícil.


De todos modos, veo que las comisiones están poniendo todas las ganas para mejorar el primer borrador, y en muchas partes del documento se ve un gran progreso. Por eso me da mucha pena que alguien haya pasado el texto a gente de afuera y que se esté difundiendo por e-mail. Todos habíamos asumido el compromiso de no divulgar textos en elaboración, porque los primeros borradores suelen ser desastrosos y se expone a los obispos a críticas injustas y a burlas.


Es notable cómo se utiliza el Documento de Síntesis. Quizás porque llega un momento en que la gente se cansa y no tiene mucha concentración como para redactar otros textos. Pero quizás lo valoren porque recoge los aportes de todos los países. Por otra parte, la Comisión que se dedicó a la espiritualidad ignoró el Documento de Síntesis y escribió un texto que sólo habla del encuentro con Jesús en la Palabra y en la Eucaristía, sin destacar la dimensión fraterna, social y misionera de la espiritualidad. Sería terrible que eso no se mejore, porque el gran objetivo de todo esto es alentar un nuevo impulso misionero. No nos ayuda ahora una espiritualidad que nos encierre en la intimidad. Pero hablé con varios de esa comisión y creo que van a mejorar lo que escribieron.


El capítulo 2, después de “ver” la realidad, es una hermosa alabanza. Carlos Galli me hizo notar que allí incluyeron, convertidos en alabanza, todos los puntos que escribí en el Documento de Síntesis sobre la vida que Jesús ofrece ante el individualismo, la despersonalización, la vida sin sentido, etc.


Gracias a Dios anteayer el Papa, en la audiencia general, recordó su viaje al Brasil y dejó bien claro que no ignora los excesos que se cometieron contra los indígenas en la conquista de América. Dijo: “Ciertamente el recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de la evangelización del continente latinoamericano. No es posible olvidar los sufrimientos y las injusticias que infligieron los colonizadores a la población indígena, pisoteada a menudo en sus derechos fundamentales”. Habla de “crímenes injustificables, condenados ya entonces por misioneros como Bartolomé de las Casas y teólogos como Francisco de Vitoria”.


Mañana las comisiones entregarán lo que han hecho y la Comisión de redacción tendrá que ponerse a elaborar la segunda redacción del documento para entregarla el lunes a la mañana. El martes se votará si se aprueba o no el documento.

 

Lunes 27 de mayo

 

El sábado por la mañana hubo una discusión muy viva en la Comisión que me tocó. Allí estaban los temas polémicos de opción por los pobres, familia, bioética, etc. Algunos lo ven muy sociológico por el acento en los pobres, otros lo ven demasiado espiritual o moral. Unos acentúan a la mujer como madre y otros defienden su lugar en la sociedad. El cardenal Cipriani (de Lima) decía: “¡Dale con los pobres, dale con los pobres! ¿Vamos a salir de aquí para hacer comedores por todas partes?”. Aquí uno toma contacto con obispos de una profunda religiosidad, como Cipriani, y con otros llenos de un fervoroso sentido social, como muchos brasileños. Pero hubo un consenso general y queda una cierta síntesis que aúna con fuerza lo espiritual y lo social. En el fondo es admirable, y creo que tiene que ver con el discreto paso del Espíritu.


Monseñor Marchetto, del Vaticano, insistía en mencionar a los turistas junto con los migrantes. Evidentemente, no es lo mismo el que se muere en una balsa o el que sobrevive a duras penas en un país extraño, que un tipo que disfruta del descanso en un hotel. Pero él insistió varias veces, hasta que los obispos de esa Comisión votaron y le dijeron que no por unanimidad. Puso cara de turista.


Pero de verdad es un hombre muy bueno. He encontrado aquí obispos y cardenales que son pura bondad. Por ejemplo, el cardenal Rubiano, de Bogotá. No pienso como él en algunos temas, pero me desarma su sonrisa y su tono tan cariñoso. Más allá de las diferencias, se ven muchas personas con corazón paternal.
El sábado por la tarde y el domingo, los obispos de la Comisión de redacción y ocho peritos estuvimos trabajando para mejorar los textos sin modificarlos demasiado y para darle algo de unidad a un conjunto poco articulado. Carlos Galli propuso recoger el esquema del Documento de Síntesis, como pidieron muchos obispos. La Comisión de redacción tomó esa idea y armó un esquema de tres partes que acentúa el tema de la vida que Cristo ofrece. Me encanta esa propuesta porque me interesa sobremanera que el eje sea una vida digna y feliz para nuestros pueblos. Además, el esquema del Documento de Síntesis ayuda a organizar mejor la multitud de asuntos.


Hubo que reordenar muchos puntos y hacer desplazamientos. Yo me ocupé especialmente del capítulo siete, que ahora trata sobre la vida en Cristo, su dimensión social y la necesidad de comunicarla. Así se abre a la misión, y se termina hablando de la renovación de todas las estructuras de la Iglesia para volverlas misioneras y comunicadoras de la vida nueva. Me parece que quedó bastante redondito. También me ocupé de la primera parte del capítulo 8, que trata sobre la dignidad humana, la opción por los pobres y la promoción integral. Pero el resto de ese capítulo sigue un poco más despiolado, con multitud de temas. Allí se incluyen: familia, vida, jóvenes, migrantes, drogadictos, educación, diálogo con la cultura, etc. No se puede hablar de todo. La opción será mencionar esos ámbitos y sólo tirar unas breves líneas para que se siga pensando en cada país. Quizás los brasileños, después de la Conferencia, profundicen el tema de los afrodescendientes, que a nosotros nos dice poco, y los mexicanos se detengan más en los migrantes. Este tema a nosotros también nos dice poco, si olvidamos la cantidad de bolivianos y paraguayos que hay en nuestro país, aunque no los veamos, y si no recordamos que muchos jóvenes se van a vivir a Europa. Cuando se toma contacto con gente tan apasionada por ciertos asuntos, uno se pregunta si no tiene el corazón algo insensible o la mente un poco cerrada.


Pasado el mediodía del sábado, todos se fueron a sus hoteles, y en la Comisión de redacción nos dividimos en siete grupos, y analizamos todo hasta el mediodía del domingo. Al final, la Comisión me pidió que me quedara para darle una leída a todo y propusiera mejoras, reducciones, desplazamientos o clarificaciones que no alteraran demasiado lo ya hecho. No me alcanzó el tiempo para terminar, porque a las 17.00 hs. había que mandar el documento a fotocopiar. El cardenal Bergoglio me dijo de paso: “Si esto no sale bien no le podemos echar la culpa a otros, porque en la Comisión de redacción al final estuvimos trabajando tres argentinos. Así que si no funciona, lo tendremos que bancar.” Se refería a él, a Galli y a mí. Carlos esta tarde cayó en cama, es uno de los afectados por una gripe que volteó a muchos, entre otros al cardenal López Trujillo.


En la redacción pude incorporar algunos pedidos que llegaban de curas y laicos que están aquí, siempre con la autorización de alguno de los obispos. También incorporé inquietudes de personas que me mandan e-mails. Por ejemplo, escribí un párrafo sobre el matrimonio: “La familia está fundada en el matrimonio entre una mujer y un varón enamorados, que la Iglesia eleva como sacramento, signo del amor de Dios por su pueblo y de la entrega de Cristo por su esposa. Creemos que ‘la familia es imagen de Dios que, en su misterio más íntimo no es una soledad, sino una familia’ (DP 582). En el seno infinito de las tres Personas que se aman, nuestras familias tienen su origen, su modelo perfecto, su motivación más bella y su último destino”.


También incorporé algo sobre las mujeres a pedido de la hermana Josefina Llach. Además agregué algunas ideas nuevas a lo que escribí sobre religiosidad popular, para expresar que hay que aprovechar su potencial de santidad y de justicia social y que la Virgen, reuniendo a los hijos, integra a los pueblos latinoamericanos. Me llamó la atención el gran interés que tiene Bergoglio al respecto. Dijo que si ese tema queda así él ya se da por satisfecho por todo el trabajo de este mes. Como era tratado en una comisión en la que yo no participaba, no sabíamos qué iba a pasar, y le pedimos a monseñor Fenoy que lo defendiera. Se portó muy bien. Lo defendió con uñas y dientes. Algunos insisten en la necesidad de purificar la religiosidad popular, pero lo resolvimos diciendo que esperamos fomentar un contacto más directo con la Biblia y que nuestros pobres lleguen a disfrutar del banquete dominical de la Eucaristía. Yo había colocado también la idea de crecer en la formación cívica y el compromiso ciudadano, pero un amigo chileno dijo que era un lenguaje que no se entendía igual en todos los países. Si logramos que ese texto quede bien en la última redacción del documento, se lo ofreceré con cariño al recordado padre Rafael Tello y al difunto amigo Juan Filipuzzi.


A media tarde pasó a saludarme el cardenal Errázuriz, presidente del CELAM, que en la práctica está presidiendo la asamblea, aunque oficialmente el presidente es el cardenal Re. Me dijo que en la parte de religiosidad popular habría que mencionar a los ángeles. Me llamó la atención ese aporte, porque este hombre, que está siempre con las antenas paradas, nunca habla de cosas secundarias o de poca incidencia. Hay que reconocer que a él le debemos que esta Conferencia se haya realizado, a pesar de las oposiciones de la Curia romana. Porque, ya que él trabajó varios años allá, supo manejarse con buena muñeca y logró finalmente el sí. Además, logró que los participantes de la Curia romana vinieran con una actitud muy respetuosa. Por otra parte, viendo que el cardenal Bergoglio logró una multitud de votos para presidir la Comisión de redacción, terminó dejándolo trabajar con mucha libertad. De paso, un obispo argentino preguntó sotto voce: “¿Cómo hace Bergoglio para salir siempre primero en las votaciones?”.


Hoy lunes se propuso esta nueva redacción del documento en la asamblea. Pero ahora los obispos podrán entregar “modos” (correcciones, agregados o recortes) a cada párrafo.


Fuera de la Conferencia también hay movimiento en torno a los temas que se discuten. Se hizo un seminario de Teología de la Liberación para laicos, donde Pablo Richard dio una charla. Por otra parte, la gente de Amerindia escribe propuestas que nos llegan a través de obispos amigos. Algunas propuestas son buenas y sirven para mejorar el texto. En otras se nota que no tienen en cuenta el contexto de las discusiones, acuerdos y negociaciones que hay adentro.


En la Misa de hoy hubo un blooper. Le hicieron leer la primera lectura a un pastor evangélico bautista (Segura). Justo tocaba un texto del libro del Eclesiástico, que los protestantes no aceptan en el canon. Y tuvo que decir “Es Palabra de Dios”. Se la tragó con dignidad y sentido del humor, pero recibió las cargadas de los otros pastores, y de mí.


Miércoles 30 de mayo

 

Yo había trabajado en la colocación de modos en el texto Navega mar adentro, pero allí eran un poco más de cuatrocientos. ¿Para este documento cuántos hubo? Nada menos que dos mil cuatrocientos cuarenta. Eso manifiesta el interés y el deseo de participar que nos enriquece a todos.


El gran problema con los modos es que muchos se contradicen entre sí. Por ejemplo, unos piden eliminar un párrafo porque no tiene importancia, y otros piden ampliarlo porque es muy importante. Hay que ser magos.


Cinco peritos ayudamos a la Comisión de redacción en la organización de los modos e incorporamos los más sencillos. La Comisión decidía sobre los que implicaban cuestiones de fondo o temas debatidos. Luego nos quedamos tres peritos para mirar el conjunto: Mario França Miranda, Santiago Silva y yo. Finalmente, a las dos y media de la mañana, sólo quedaba nuestro cardenal Bergoglio al pie de la cruz, dos curitas auxiliares y yo. Los cuatro estábamos en una situación mortal. Creo que era necesario un día más para poder revisar todo con tranquilidad. Los empleados del CELAM se quedaron toda la noche trabajando para poder entregar el documento esta mañana. Hay que felicitar al CELAM por sus grandes esfuerzos en estos días. Además del siempre despierto cardenal Errázuriz, está el trabajo constante de monseñor Stanovnik, de Sydney Fones, de Blanquita y de todos los que se esmeran en este servicio.


Esta mañana se entregó el texto para que los obispos voten. La votación se realiza por escrito y por cada tema desarrollado en un apartado (por ejemplo: seminarios, mujer, familia, movimientos, etc.). Después que se entregó el texto muchos, en lugar de leerlo entero, iban directamente a mirar lo que había de “su” tema. Inmediatamente los representantes de movimientos se reunieron y plantearon quejas, cuando en realidad en varias partes del documento se los menciona muy positivamente. Pero parece que la mayoría está feliz, porque ha quedado un documento amplio, positivo, alentador, que incorpora los temas nuevos y desarrolla con cuidado y delicadeza las cuestiones conflictivas. No se le puede pedir perfección en todos los temas, porque no tiene ese objetivo. Pero recoge mucha vida, porque no partió de un “documento base” sino del debate de las comisiones, donde todos los participantes pudieron hablar, proponer e insistir.


La primera parte comienza con un breve primer capítulo que da gracias a Dios y canta la alegría de ser discípulos. Inmediatamente viene una mirada sobre la realidad social y sobre la Iglesia. Después hay una segunda parte, con cuatro capítulos, que se llama “La vida de Jesucristo en los discípulos misioneros”. Comienza también con una acción de gracias y luego se detiene en el llamado y el encuentro con Jesucristo, el envío, los lugares de comunión, el ecumenismo, los diversos caminos de formación cristiana y la espiritualidad. Allí aparece también el modelo de María como discípula misionera. Finalmente, la tercera parte se titula “La vida de Jesucristo para nuestros pueblos”. Es la más larga y comienza hablando de la vida nueva que Jesucristo ofrece, y que nos impulsa a comunicarla en la misión, renovando todas las estructuras de la Iglesia para que sean más misioneras. Luego, hay tres capítulos finales: uno sobre opción por los pobres-dignidad-promoción humana; otro sobre familia-personas-vida; el último sobre evangelización de la cultura-integración de nuestros pueblos.


Hoy pueden presentarse más modos, pero sólo si tienen el aval de siete presidentes de conferencias episcopales. Los grupos más radicalizados, de derecha y de izquierda, se jugarán las últimas cartas, y se están moviendo. Pero eso sólo podrá lograr que se remarque un poco más algún tema, porque ya no pueden entrar cuestiones que requieran un amplio debate de la asamblea. De todos modos, por lo que dicen los que han participado de otras conferencias o sínodos, aquí el ambiente está bastante sereno, por lo que se ve que el documento en general cayó bien.


Además se aprobó y distribuyó un breve “mensaje a los pueblos”. No está mal, pero son cinco páginas con un montón de títulos. No parece una pequeña carta afectuosa y alentadora. De cualquier manera, tiene un buen tono, dice algunas cosas lindas y termina con una bella “confesión de esperanza”.

 

* * *


Esta noche escribo conmovido. Por la tarde nos dieron los resultados de las votaciones. Los que tenían derecho a voto eran 134 obispos. Una información equivocada y quizás malintencionada decía que 30 obispos se habían retirado en desacuerdo. Se ignora que los 160 obispos no tienen derecho a voto (los tres nuncios, cinco obispos de los Estados Unidos y de Canadá y los representantes de Conferencias de otros Continentes no tienen voto, por ejemplo). Además, algunos faltaron con previo aviso y otros llegaron con un boleto de avión para regresar antes por cuestiones familiares o de salud. No sería raro que 4 o 5 se hayan ido en desacuerdo, pero eso no altera los consensos ni los resultados de las votaciones. Lo que interesa es que la inmensa mayoría de los puntos tuvieron más de 125 votos a favor, y algunos temas tuvieron 133 votos favorables y una abstención. En las Conferencias anteriores no hubo un consenso tan notable. Parece que hay sólo un obispo que votó siempre en contra o se abstuvo. Esto para mí es una gran alegría y una esperanza. Porque se trata de un documento con tono positivo, que además de ser profundamente creyente y centrado en Cristo y su Palabra, tiene también un fuerte sentido social, transmite entusiasmo misionero y en general plantea con delicadeza, cuidado y respeto los temas que se discuten en la sociedad. Eso significa que los obispos latinoamericanos quieren ese estilo, y que se están dejando interpelar por los reclamos de la gente. Cuando salimos del aula le pregunté a França Miranda –de 70 años– qué sentía. Él sufrió mucho en Santo Domingo por el clima que había, por los temores que reinaban y por la fuerte intervención de la Curia romana en aquel momento. Me contestó que hoy se sentía muy feliz, porque esta es la Iglesia que él quiere. “Volvió la Iglesia latinoamericana”, le dije. Sonrió conmovido y me respondió: “Sí, esta es la Iglesia latinoamericana”.


Los que quedaron preocupados por algún punto tuvieron oportunidad para agregar algo, consiguiendo la firma de siete presidentes de conferencias episcopales. Esto muestra una nueva tendencia. Se presentaron 15 propuestas. La mayoría eran muy sencillas. Hubo dos más importantes: una que pedía ampliar los números dedicados a las comunidades de base. El cardenal López Trujillo pidió la palabra y habló del peligro de politización. Pero se votó y se aprobó la propuesta presentada. Otra pedía quitar los números previos a la observación de la realidad, que son una breve acción de gracias, solicitando que se pasara más rápidamente al “ver”. El cardenal Bergoglio respondió diciendo que era mejor mantener una breve mirada espiritual antes de presentar la realidad, para indicar el modo de esa mirada. Votaron 96 por la opinión de Bergoglio y 30 por la propuesta presentada. Me llamaron la atención tres cosas: Una, que se aprobó una propuesta de un obispo de Guatemala (Ramazzini) de colocar un párrafo a favor de la apologética dentro del punto dedicado al ecumenismo. Podría parecer como una actitud cerrada o de un ecumenismo meramente diplomático, pero la idea no sería plantearlo de un modo negativo o defensivo sino a favor de que los católicos estén capacitados para expresar con claridad sus propias convicciones. También me llamó la atención que se pidiera no criticar directamente las perspectivas de género sino usar una expresión más amplia: “algunas ideologías” que distorsionan el auténtico sentido del matrimonio. El obispo De La Rosa (de República Dominicana) se atrevió a leer esa propuesta que venía de unas mujeres, pero explicó que no lo hacía porque apoyara las corrientes más ideologizadas de género sino sólo para no cerrar el camino a los que están intentando un diálogo constructivo con esos sectores (en un recreo me contó que su hermana le pidió antes de la Conferencia que evitara los fanatismos conservadores en ese tema). Pero perdió. Tampoco se aceptó la propuesta de un mexicano de promover la “teología indígena”. Allí intervino el cardenal Levada (de la Congregación para la Doctrina de la Fe) diciendo que la Santa Sede tenía reparos al respecto. Entiendo que muchos obispos votaron en contra para evitar que estos temas ofrezcan argumentos a los pocos que quieren boicotear la V Conferencia. Pero hay que saber que 59 obispos votaron a favor de la teología indígena y que 58 votaron a favor de no criticar directamente todas las perspectivas de género. El hecho de que las propuestas fueran presentadas en público, y que tuvieran más de un 40 % de aprobación indica que hay un clima de pluralismo fiel que no existía hace unos años.


De todos modos, el documento en general tiene un tono positivo, alentador, esperanzador, espiritual, popular y social. Nadie puede pedirle a un documento que exprese la totalidad de los propios deseos, porque el texto debe representar a una gran asamblea, y no puede dejar de contener ciertos matices.


Por la noche los argentinos festejamos en el hotel. Nos visitó el obispo de Aparecida: Raymundo Damasceno Assis. Muchos dicen que será el próximo presidente del CELAM, que renovará sus autoridades en julio. Con Carlos Galli recordamos en voz baja el propósito que nos hicimos antes de venir, de no tratar de agradar a todo el mundo, sino más bien hacer lo posible para que saliera algo interesante para nuestra gente. Por supuesto que nos quedamos con ganas de hacer más aportes todavía, pero hicimos todo lo que estaba dentro de nuestras posibilidades. Aquí terminan mis crónicas. Mañana será la Misa de clausura. Vuelvo feliz, mucho mejor de lo que esperaba cuando preparaba las valijas para venir. No sé si en Roma harán modificaciones importantes al texto. Se cree que no. No puedo pasarles ahora el texto aprobado porque no se permite, pero creo que pueden esperar un renacer de la Iglesia latinoamericana y un despertar misionero.

 

 

Jueves 31 de mayo

 

Aunque ya me había despedido, creo que vale la pena comentarles lo que pasó esta mañana. Se entregó la redacción definitiva del documento y los obispos se disponían a votar cuando alguien pidió la palabra para decir que le molestaba una frase que se habría agregado a último momento. Se creó un mal ambiente porque la frase era discutible. Pero inmediatamente se comprobó que esa frase ya estaba en la versión anterior del documento, que ya se había votado parte por parte. De todos modos, es verdad que algunas cosas se podrían expresar mejor, que algunas frases se podrían mejorar e incluso suprimir. Pero creo que a la hora de leer un documento de consenso como este, no se pueden utilizar los mismos criterios que se usan para leer la obra de un autor, que escribe todo lo que quiere, como se le da la gana, y como único responsable. En estos textos colectivos que suponen un debate de cientos de personas en poco tiempo, hay que usar una hermenéutica adecuada, y buscar más bien cuáles son las grandes líneas, las insistencias y los núcleos profundos que se destacan.


Finalmente el documento se votó. Quedaban 130 obispos con derecho a voto, de los cuales 127 votaron a favor, 2 en contra y uno en blanco.
Después de tantas idas y vueltas quedó en pie aquel texto que pude escribir sobre la piedad popular. En el viaje de vuelta decíamos con el cardenal Bergoglio que el viejo Tello estará feliz y se sentirá expresado en esas palabras. También logré que se incorporaran unos párrafos sobre una espiritualidad más encarnada y misionera, otros sobre la dignidad humana y los pobres, y algunos más donde veo expresadas varias preocupaciones teológicas y pastorales de nuestro país. Pero no es un documento de los argentinos, porque allí hay algo de todos. Es un reflejo de la vida de la Iglesia latinoamericana. Sí podríamos decir que predominan las inquietudes del Como Sur (Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay).


La palabra que más se repite en todo el documento es “vida” (más de 600 veces). Se cumplió el objetivo de presentar todo como una oferta de vida para la gente. Las otras palabras más repetidas son: discípulos, misioneros, pobres. Eso dice mucho.


Terminada la votación habló el cardenal Re, con unas palabras mucho más cercanas y sentidas que las que dijo al comienzo de la Conferencia. Se notaba que la experiencia vivida a él también lo había modificado. Re es el presidente de la Conferencia y preside la Pontificia Comisión para América Latina. Muchos dicen que en la Curia romana fue el que más apoyó al CELAM, y aquí estuvo siempre de buen humor y alentando el trabajo. Leí un e-mail que decía que Re estaba controlando todo y que escribió modos terribles para darle otra orientación al documento. Creo que no es así. Yo miré los modos que llegaron, y los de Re no eran condicionantes, aparecían como sugerencias, algunos eran interesantes, y otros no fueron incorporados al texto. En su discurso final manifestó su complacencia por el clima de diálogo y de “sana confrontación de puntos de vista diferentes”. Agradeció el testimonio de fe del pueblo de Dios en el santuario y la presencia de observadores no católicos. También dijo que en América Latina hay motivos de gran esperanza “por los inagotables tesoros de alegría y de religiosidad que Dios le regaló al pueblo latinoamericano, con una fe sencilla pero robusta, indudablemente guiada por el Espíritu Santo”. Además se refirió a la necesidad de renovación en la Iglesia.


También invitaron a hablar a una laica, a un obispo y a un cura. La mujer llevaba su discurso preparado y lo leyó. Cuando llegó el turno del cura me llamaron a mí. Pero no me habían avisado, así que hablé con el corazón diciendo lo que comenté ayer: que había venido con poco entusiasmo, pero que sentía que en estos días renació la Iglesia latinoamericana y se puso nuevamente de pie. Muchos me felicitaron por la frescura, pero en realidad fue improvisación.


Al final de la  Misa hubo una procesión con las banderas de todos nuestros países, lo que provocó un fuerte sentimiento de identidad y de comunión latinoamericana.
Ahora sí me despido de ustedes y vuelvo a la pastoral ordinaria. Cuando llegue el documento con la aprobación del Papa, aprovéchenlo. Recuerden que, más allá de alguna que otra expresión que no les guste, interesan los grandes acentos y las líneas generales, que valen la pena.


Un abrazo a todos de este corresponsal que trató de hacerles compartir esta preciosa experiencia eclesial, con todas sus luces y sus sombras.

Nº 2328 » Julio 2007

Aparecida, ¿un nuevo Pentecostés en América latina y el Caribe?

por Galli, Carlos María · Comentar 

 

El primer lenguaje: el testimonio de una novedad

 

Quiero dar gracias a Dios por la gracia de haber participado como perito en la Quinta Conferencia General del Episcopado de América Latina y del Caribe celebrada en el santuario de Nossa Senhora da Imaculada Conceiçâo Aparecida en el Brasil, con el tema Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida.‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida’ (Jn 14,6).

A fines de marzo -un mes antes de la Conferencia, cuando ya se había difundido una lista en la que no estaba- recibí el nombramiento del Santo Padre como uno de los quince peritos, entre los cuales hubo pocos teólogos. La envió el Cardenal G. B. Ré, Prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina y, por eso, copresidente de la asamblea. Un perito sirve a la Conferencia “en orden a la elaboración de intervenciones y textos”. 1

El 12 de abril participé en el debate de CRITERIO: ¿Qué futuro tiene la Iglesia en América Latina? Lamentablemente mi intervención no pudo ser publicada, lo que permitiría confrontar lo que decía entonces, lo que dijo Aparecida y lo que ahora digo. Mi aporte previo a la Conferencia se limitó a mis ideas, propuestas y expectativas escritas. Publiqué dos artículos en Medellín, revista del Instituto del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) que se encuentran en la web de mi Facultad 2. En la Argentina se difundió Discípulos misioneros, 3 libro que escribimos con Víctor Fernández. Allí pensamos la misión como un servicio a la vida plena, digna y feliz en Cristo, y miramos a todos los bautizados como sujetos del discipulado misionero. Luego el P. Fernández elaboró con otros el Documento de Síntesis que resumió los aportes al Documento de Participación 4. Recuerdo esos textos porque fueron ensayos complexivos. Sumo el del querido P. Mario de França Miranda SJ, que colaboró en la Síntesis y también fue perito teológico en Aparecida, con quien trabajamos muy bien 5.

En varios ámbitos expuse mi esperanza realista de que Aparecida fuera un nuevo Pentecostés en el que el Espíritu de Dios irrumpiera para animar la comunión misionera respondiendo a los signos de los tiempos. Advertía señales de esperanza a pesar de que predominaba el escepticismo, acrecentado en la Argentina por la apatía ante la Conferencia, vinculado a la hipoteca de la frustada IV Conferencia de Santo Domingo -cuyo documento tiene muchos valores-, e imbuido de diversas lecturas de la situación eclesial. Se creó un clima pesimista y, en medios de algunos países, hubo una campaña en contra que vaticinaba “más de lo mismo” o, incluso, “otro golpe de timón más conservador”.

He leido textos, pocos serios y muchos inconsistentes, que alimentaron esa desconfianza, teniendo cierta base en la realidad pero desatendiendo las razones para esperar. Ese estado de ánimo negativo explica parte del desconcierto y la sorpresa que sienten varios católicos de buena fe ante Aparecida.

Creo que pasó algo similar, mutatis mutandis, a lo sucedido en el Concilio y en Puebla: la novedad que irrumpió superó expectativas y temores. Es difícil sintetizar la novedad percibida en la experiencia de una Conferencia de tres semanas y en su Documento final de 118 páginas, cuyos párrafos no puedo aún citar. Sin embargo, ensayo una primera lectura de esa novedad intentando fusionar pertenencia y horizonte, apropiación y distanciación, palabras que evocan a Gadamer y Ricoeur.

 

¿Hay un “acontecimiento” de Aparecida?

 

Las Conferencias de Río de Janeiro (1955), Medellín (1968), Puebla (1979) y Santo Domingo (1992) fijaron líneas comunes de un estilo eclesial y de una praxis pastoral a escala subcontinental. Este es un rasgo original de la Iglesia de América Latina, ya que otros continentes recién a fines del siglo XX llegaron a instancias similares con los Sínodos continentales. Nuestras iglesias, por los factores comunes que que tienen a nivel religioso, histórico, cultural, lingüístico, socioeconómico y geopolítico, se anticiparon al regionalismo. Esta Conferencia se sitúa en el mapa que forman bloques regionales y estados continentales en el Norte de América y en regiones de EuroAsia. En ese marco, la integración de América Latina y El Caribe que Aparecida promueve como una línea pastoral, en su Introducción y en su capítulo décimo, es una condición de supervivencia para nuestros pueblos.

En esa tradición colegial la Conferencia impulsa una renovación eclesial mediante el acontecimiento vivido como un nuevo Pentecostés -frase muy repetida- y los textos finales -Mensaje y Documento- que resumen las conclusiones del diálogo y trazan metas para la nueva evangelización regional.

Sólo la Iglesia latinoamericana y caribeña, con el 43% de los fieles del catolicismo actual, puede realizar un encuentro comunional que determine líneas tan misioneras con un altísimo consenso y a mediano plazo. Hice esta observación a muchos, pero recuerdo el consentimiento emocionado del Cardenal Hummes, prefecto de la Congregación para el Clero, y el comentario agradecido de Mons. Blázquez, presidente del Episcopado español. Él me dijo que en Europa era imposible realizar una Conferencia así y que ella era un gran estímulo para sus iglesias, especialmente para las de España.

Aparecida estaba llamada a ser un acontecimiento salvífico y eclesial. El lenguaje teológico dice que se “celebra” un Concilio, un Sínodo, una Conferencia. Aparecida fue un acontecimiento, que el paso del tiempo, la recepción eclesial y su influjo real dirán si llega a ser “histórico”. Ciertamente, el documento se entiende dentro del acontecimiento, en el que se vivió un espíritu, se trató el tema y se lograron conclusiones. El 16 de mayo se votó preparar un Documento; los días 30 y 31 éste fue aprobado en particular y en general por más del 90% de los votos. Yo hubiera preferido que la decisión de hacer un texto se tomara el lunes 21, cuando se votó el Esquema de Trabajo de la Presidencia, después de ordenar los aporte de los grupos y antes de pasar a elaborarlos en comisiones.

A los cuarenta años del Concilio escribí sobre su eclesiología y su cristología en el marco del evento de la renovación conciliar 6. La correlación entre acontecimiento, enseñanza y espíritu es decisiva para interpretar sus textos y los que emanan de cualquier encuentro eclesial, como Medellín, Puebla y Santo Domingo. Esta circularidad es un criterio hermenéutico para interpretar Aparecida. Por otro lado, la Conferencia será un acontecimiento-documento-espíritu significativo si lleva a la Iglesia a responder con una fuerte acción misionera a los nuevos desafíos de nuestro momento histórico, como las otras conferencias quisieron hacerlo en sus propios contextos civiles y pastorales.

Fernández, además de su gran servicio como delegado convertido en el perito dieciséis, escribió un Diario de Aparecida “desde dentro”, que nuestra facultad puso cada día en la web y ahora se publica aquí 7. La riqueza de su testimonio, información, opinión y estilo me exime de narrar hechos. Supongo todo lo que cuenta, pido leer en paralelo su relato y mi ensayo, y lo cito varias veces (cf. Diario).

 

Un acontecimiento religioso y comunicacional

 

* Aparecida ha sido un acontecimiento religioso en el que se sintió la comunión entre Dios y su Pueblo. Fue la primera Conferencia realizada en un santuario mariano, en el que se expresó la piedad del pueblo católico brasileño. Los participantes fuimos discípulos de tantos maestros de oración que expresaban su fe en las plegarias de la ternura, el dolor y la esperanza. Los fines de semana peregrinaban cientos de miles de romeiros del Brasil profundo. Nos conmovía estar en el santuario, el más grande de América y modelo de pastoral popular. Sólo la capilla de la reconciliación, en el subsuelo, tiene treinta salas-confesionarios, y a las ocho de la mañana había cinco sacerdotes atendiendo.

Los participantes rezamos mucho juntos; eso modeló la reunión y se refleja en los documentos que insisten en la oración, la Palabra y la Eucaristía. Cada día compartimos nueve horas in situ: seis de trabajo, una informal (dos pausas) y dos de oración entre la Misa y las horas litúrgicas (laudes, nona y vísperas), empleando un libro de oración y canto en varios idiomas (647 págs.). La Eucaristía estuvo muy bien preparada, alimentada por la homilía y sostenida por un magnífico coro. Conmovía cantar el himno Viva a Mâe de Deus o escuchar un canon eucarístico de Taizé. Era televisada por el santuario y se elevaba al satélite para ser proyectada en otros países, como el nuestro. Hubo momentos emotivos como la celebración penitencial en la que pedimos perdón por nuestras infidelidades eclesiales y pastorales, o la Misa final, con los gestos simbólicos de la procesión hacia el altar, la visita a la Virgen y el envío misionero. La Conferencia, que fomenta el primado de la Palabra de Dios en el pueblo católico y la animación bíblica de la pastoral, practicaba la lectio divina en las Vísperas.

El acontecimiento religioso habló con los lenguajes populares de los sentimientos, gestos, símbolos, palabras y silencios. Esa basílica es una enorme casa de oración que une el bullicio de un santuario y el silencio de un monasterio. Es impresionante el silencio de multitudes orantes que expresan lo que el Documento llama “espiritualidad o mística popular”, profundizando lo que el Papa dijo sobre “el precioso tesoro” de la piedad popular (DI 1). Su visita no tuvo las dimensiones de los encuentros de Juan Pablo II pero ayudó a hacer visible, en el mundo mediático, la imagen plástica y móvil del Pueblo de Dios peregrino al santuario. El trabajo oculto y la celebración pública de la Conferencia, que conjugó peregrinación, comunión y misión, acentuaron lo que dice un párrafo clave del Documento: en la Iglesia peregrina la comunión es para la misión y la misión es para la comunión.

* Pienso que Aparecida es un acontecimiento comunicacional innovador con respecto a sínodos, conferencias y asambleas. La Oficina de Prensa, conducida por Mons. Lozano, dió un gran servicio a mil doscientos periodistas acreditados, muchos especializados. Hubo ruedas de prensa diarias –participé en una con innumerables preguntas difíciles- y se daba el boletín CELAM.INFO. Todos los informes, homilías e intervenciones -salvo las redacciones provisionales de los textos- se publicaban en la web del CELAM, lo que permitió a leer esos aportes y sentirse parte del evento a la distancia.

El Cardenal chileno F. J. Errázuriz, presidente del CELAM y de la Conferencia, estableció nuevas reglas para la relación entre el “adentro” y el “afuera”, entre los que participamos en la asamblea y los que estaban en la ciudad -o más lejos- asesorando a obispos y elaborando textos, entre los cuales había miembros del grupo Amerindia. Esto significó para ellos un reconocimiento, permitió una comunicación fluida y evitó la sensación de un evento paralelo. También abrió la participación a mucha gente y se dió una señal de transparencia en plena cultura del celular, el mail y la Internet.

Los participantes no debíamos trasmitir textos en gestación pero algunos los filtraban y así llegaban a otros en el mismo momento en el que los conocíamos. Entonces noté esta paradoja: hubo cierta comunicación ampliada en la forma pero parcializada en el contenido. Situaciones que sucedían en la asamblea eran recibidas afuera por comentarios y versiones mezcladas de verdades y falsedades. Es doloroso constatar que aquí, donde la prensa informó poco, se dieron y se dan por ciertas noticias escritas desde el afuera -trasmitidas por mails, foros y páginas- que contenían algunas informaciones veraces y muchísimas simplificaciones, equívocos, malentendidos, suspicacias, anécdotas y chismes mediados por “teléfonos descompuestos” entre confidentes, divulgadores y receptores. Es paradigmática la versión de “supuestas” introducciones o sustracciones de párrafos en la tercera redacción.

También hubo “inventos”. Uno fue decir que distinguir capítulos sobre la familia (nueve) y la cultura (diez), que antes eran parte del siete y el ocho, se debió a dos figuras romanas. La verdad es que la subdivisión de la tercera parte en tres capítulos fue propuesta por un perito y su conversión en cuatro fue obra de otro, a altas horas de la noche, cuando sólo trabajaban miembros de la comisión redactora ampliada y los presuntos lobbistas dormían en sus hoteles. Se podría hacer un libro con las indicaciones, presiones y versiones orales y escritas sufridas por redactores y peritos de parte de grupos opuestos. Yo no lo escribiré. Noto, porque estudié las lecturas de Puebla y Santo Domingo, que un Documento suscita un razonable “conflicto de hermenéuticas”, porque cada texto abre un mundo y hay tantas lecturas como lectores. Pero un elemental rigor intelectual pide que quien esboza la historia de la redacción de temas o secciones se informe seriamente y no difunda macanazos sin sustento.

 

El logos y el dia-logos: los “documentos” de Aparecida

 

La Conferencia buscó la forma de comunicar la fe católica en tiempos de nueva evangelización. En la Introducción al Documento los obispos expresan, con Benedicto XVI, que el patrimonio más valioso de la cultura de nuestros pueblos es la fe en Dios Amor, que reveló su rostro en Jesucristo. Reconociendo luces y sombras en la vida eclesial, inician una nueva etapa pastoral marcada por un fuerte ardor apostólico para proponer el Evangelio como camino a la verdadera vida en Dios. En diálogo amoroso con todos los hombres y en comunión creyente con todos los cristianos, asumen “la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del Pueblo de Dios” (DI 3). Quieren renovar las comunidades eclesiales y estructuras pastorales para evangelizar a las nuevas generaciones. Buscan cultivar la vida teologal para renovar la existencia de las personas y las culturas de los pueblos. Con ese objetivo brindan sus conclusiones en el Mensaje a los pueblos y en el Documento final.

* Los textos del Papa.

Junto con el Documento es probable que se editen la Homilía en la Misa y el Discurso Inaugural (DI), 8 piezas de un gran valor teológico y pastoral, más allá de frases discutidas. Me llama la atención que, prescindiendo de ellos, se difunda una hermenéutica de Aparecida en la que coinciden las llamadas “derecha e izquierda” eclesiásticas. Esa interpretación subordina la Conferencia al viaje del Papa, cuando él dijo, desde que pisó tierra brasileña hasta que evaluó su visita en la Catequesis del 23 de mayo, que fue a ese fascinante país para inaugurar la asamblea. Ya en octubre de 2005 él propuso hacer la Conferencia en el santuario y no en otra ciudad. Pero, tanto unos sectores “más papistas que el Papa”, como otros “hipercríticos” del Pontífice, subordinan la Conferencia a dichos de su visita, en especial a puntos y acentos del discurso a la Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil. Pero, ¿qué importancia les otorgan a la peregrinación al santuario y a los textos inaugurales? En el Discurso -editado en la versión digital de CRITERIO- el Papa integró sus ideas-fuerza (vg. la vida plena en Cristo, Dios con rostro humano, la primacía del amor, la racionalidad de la fe, la acción por la justicia, los consensos morales), con nuestras realidades (vg. el mestizaje cultural, la piedad popular, la evangelización liberadora, la opción por los pobres, el debilitamiento de la fe, las estructuras injustas), desarrolló el tema general en forma creativa, y abrió cauces para el trabajo posterior.

* El Mensaje a los pueblos.

Dije que la Conferencia habló con los lenguajes universales de la oración y la imagen. Como palabra escrita se expresó en su Mensaje a los pueblos de América Latina y El Caribe, que se edita en este mismo número y que merece ser leido íntregro porque es la vía de acceso a Aparecida. Comunica el espíritu de la asamblea y el contenido del Documento en un tono kerigmático y sintético, espiritual y afectivo, profundo y sencillo. Este compendio fue preparado por una Comisión especial, tuvo varias redacciones e incorporó muchos aportes escritos, lo que en el lenguaje técnico se llaman “modos”.

Sus cinco títulos, acompañados por citas evangélicas claves, enmarcan un mensaje proclamado en el estilo de una buena noticia y con el lenguaje cordial y respetuoso querido por la asamblea. Su contenido resume los grandes ejes: Cristo y vida, discipulado y misión, pueblos y Continente, e integra verdades, valores, fines y prioridades transversales: la Palabra bíblica y la Eucaristía dominical, el protagonismo del Espíritu Santo y el servicio al Reino de Dios, el testimonio de los santos y la dignidad de los pobres, la pedagogía espiritual y la doctrina social, la comunión fraterna y la justicia estructural, el respeto a la vida y la cultura de la honestidad, el valor de la familia y la solicitud por los jóvenes, el desarrollo integral y la integración regional, el traslado a las periferias y la formación de dirigentes, la credibilidad del ministerio pastoral y el compromiso laical público, el diálogo ecuménico e interreligioso y la profecía del presente histórico. Cierra su confesión de fe en Dios y su declaración de amor a varones y mujeres con un canto de esperanza. Sus varios “esperamos” concluyen: ¡Que este Continente de la esperanza también sea el Continente del amor, de la vida y de la paz!

* El Documento final.

Los Obispos quisieron hacer un Documento. Sus destinatarios somos agentes pastorales organizados, laicos que se preocupan por la fe y la cultura aunque no participen en la pastoral ordinaria, y personas de otros medios religiosos, intelectuales y dirigentes. Tenemos derecho a esperar de los Obispos una palabra evangélica y significativa. Ellos se atrevieron a pensar y escribir juntos, en la unidad de la fe y la variedad de sus iglesias y sociedades. El ejercicio del pensamiento y la palabra en el diálogo entre 265 personas con voz -145 obispos con voz y voto- durante tres semanas, expresa la fe en Dios Logos y Dia-logos, 9 y el coraje de discernir en común. En su Homilía, a partir de la reunión de Jerusalén (Hch 14,4-21), el Papa dijo que el discernimiento comunitario, método que la Iglesia emplea en sus asambleas, expresa su misterio de comunión y no es un mero procedimiento.

Si pueden cuestionarse criterios fijados para elegir a los miembros -delegados de los episcopados- e invitados -representantes de estamentos eclesiales- e incluso a los peritos, los que estuvimos adentro sabemos que hubo una formidable participación. Ayudaron a eso el ambiente de libertad y confianza creado por la Presidencia y la Secretaría, la secuencia metodológica -69 pasos con aciertos y errores, cuidados y desprolijidades-, el Reglamento y el Manual de convivencia, celebración, comunicación y trabajo, las normas del debate en plenarias, grupos y comisiones, y la amplitud de obispos moderadores y relatores que facilitaron las intervenciones de todos con estilo fraterno y horizontal. A veces el diálogo sereno se volvía una discusión vehemente, y no sólo entre obispos. También laicos, religiosas y presbíteros argumentaban con respeto y firmeza ante cardenales de nuestros países y de Roma. Los tres obispos argentinos que estuvieron en Santo Domingo solían decir: acá hay otro clima.

La Comisión de Redacción estuvo integrada por ocho obispos y presidida por el Cardenal Bergoglio. Él, con una paciente y perseverante tarea de escucha y diálogo, condujo el discernimiento, asumió los aportes de las siete Comisiones (que resumían a las dieciséis Subcomisiones), incorporó a los peritos en diversas tareas e integró a algunos en la Comisión de redacción ampliada, y dirigió un proceso de reelaboración que logró pasar de los primeros borradores a un documento. Éste tomó forma, sobre todo, cuando en la segunda redacción se adoptó la actual estructura tripartita. Los cientos de aportes a la segunda y los miles de modos a la tercera indican que la asamblea fue el sujeto comunitario de la redacción, si bien la Comisión tuvo un rol decisivo en corregir, articular y sintetizar.

El Documento, con sus virtudes y defectos, es otro milagro de Aparecida. En su cuarta redacción, tiene 118 páginas y 573 numerales. Está escrito por muchas manos en pocos días, a partir de lo gestado en las subcomisiones, sin un texto de trabajo previo ni un equipo teológico-pastoral de apoyo, con temas muy elaborados y otros muy esquemáticos, con muchos méritos y varias lagunas, deficiencias y repeticiones. Queda en el silencio de Dios el enorme trabajo de sus principales redactores. No hablo de lo que uno propuso, hizo o escribió en el nivel reservado de los esquemas y textos. Como los de otras conferencias, éste es un Documento del Episcopado latinoamericaño y caribeño.

Creo que los obispos han visto reflejados sus grandes consensos, que ya emergían en los informes de los veintidós episcopados (cf. Diario 15-17/V), y los aportes particulares surgidos en las comisiones. De ahí la casi unanimidad de las aprobaciones del texto en su tercera y cuarta redacción (cf. Diario 30-31/V). Valorando el arduo trabajo de muchos, pienso que esta Conferencia -con su valor, comunión, dinámica, clima y novedad- no hubiera sido así sin el Cardenal Errázuriz, y que este Documento -con su estructura, contenido y estilo- no hubiera salido así sin el Cardenal Bergoglio.

Planteo un criterio hermenéutico para un Documento que desarrolla el tema general abordando muchísimos subtemas con riqueza, coherencia y articulación. Antes aclaro que no es una obra de autor y siento que no se integraron aportes previos de personas y reuniones, incluidos algunos de mis artículos. Pero celebro esta obra que los participantes preparamos en comunión y los obispos votaron con consenso. Recomiendo valorar los núcleos fundantes, las coincidencias principales y las líneas innovadoras -algunas sorprenderán- más que el asunto teórico o práctico que interesa individualmente por disciplina o tarea. Cada uno hallará varias de sus inquietudes, porque se abordan vitales cuestiones contemporáneas y latinoamericanas. Pero, además de buscar el propio centro de interés, propongo un doble ejercicio intelectual más fecundo: entender la lógica de la propuesta teológica-pastoral e interrogarse por su significado para el pensamiento y la vida en la propia vocación y misión.

Doy dos ejemplos personales. A pesar de mis esfuerzos, cuando se tratan los desafíos a la investigación y la enseñanza en las universidades católicas, no logré que se pusiera la frase integración del saber y, cuando se habla del servicio a la reflexión teológica y a la acción evangelizadora que prestan los “centros de teología y pastoral”, no conseguí que se agregara el modo especialmente las facultades de teología. No juzgo a quienes tuvieron la colosal labor de integrar muchos modos en ese capítulo. Más que lamentar la ausencia de esa referencia quiero, como Decano de una Facultad de Teología, dejarme afectar en mi realidad particular por la nueva perspectiva general. Por eso propuse que los miembros del claustro repensemos qué significa hoy y aquí, a nivel teológico, institucional y pedagógico, la formación académica de discípulos y misioneros al servicio de la Vida plena en Cristo.

 

Estructura y método del Documento final

 

En mis escritos sugerí que el Documento reordenara el enunciado del tema, que sigue la secuencia: agentes de la misión: discípulos y misioneros de Jesucristo; destinatarios: nuestros pueblos; contenido y fin: para que en Él tengan vida. Se quería poner la mirada en el sujeto discípulo y misionero para resaltar su unión con Cristo, el discipulado como itinerario y el compromiso en la misión. Algunos, compartiendo ese énfasis, no descuidamos a los destinatarios, nuestros pueblos, a los que pertenecemos los evangelizados enviados a evangelizar. El Resucitado envió a sus apóstoles así: Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos (Mt 28,18). No dice “enseñen a todos los pueblos” sino “hagan discípulos a todos los pueblos”, porque discípulos era una autodenominación de las comunidades cristianas (Hch 6,1.2.7). Para cumplir esa misión ordena: “bautizándolos… enseñándoles”.  El envío consiste en hacer comunidades de discípulos para compartir la vida nueva en el Reino de Dios.

A mi modo de ver el Documento debía analizar la realidad de nuestros pueblos desde la fe en el Amor del Padre; desarrollar dimensiones teológicas, espirituales y pastorales sobre Cristo como Vida del hombre; considerar a la Iglesia como comunidad de discípulos misioneros y trazar nuevos caminos evangelizadores. Así, la atención al sujeto evangelizado-evangelizador, punto de partida del enunciado del tema, se volvería punto de llegada del discurso y punto de partida de la acción.

Esto lo propuse antes del Documento de Síntesis, que asumió creativamente el método ver / mirar - juzgar / iluminar, obrar / actuar (DSint 31-39). En mi segundo artículo justifiqué teóricamente ese método de reflexión, asumido ya por Juan XXIII (MM 236) y practicado por el Magisterio desde la Gaudium et spes a varios documentos de Juan Pablo II (vg. ChL 4-6, PDV 10). Requiere ser practicado integralmente, porque los momentos histórico, teórico y práctico se interrelacionan circularmente. Ya en la asamblea, ante la falta de orden interno del primer Esquema de Trabajo de la Presidencia, repropuse en forma privada y pública mi esquema tripartido con variaciones. Indico sólo mi intervención en una plenaria (cf. Diario 21 de mayo) en la que sugiero este itinerario: mirar nuestro tiempo latinoamericano desde el amor del Padre, asumiendo los grandes desafíos de la realidad secular y eclesial; iluminar la vocación a compartir la vida con Cristo en nuestros pueblos, presentando a la Iglesia como sacramento del Reino en constante renovación; orientar los nuevos caminos que el Espíritu Santo impulsa para vivir un discipulado más misionero en América Latina y el Caribe.

Por varias causas y aportes, la Comisión de Redacción decidió articular la Segunda Redacción con un esquema tripartito, haciendo desplazamientos de secciones y lúcidas innovaciones, y tomando como eje la vida, lo que se refleja en los títulos de las tres partes (cf. Diario 28/V). Desde entonces el esquema se mantuvo hasta la versión actual, incorporando correcciones y desdoblamientos.

El Documento tiene tres grandes partes estructuradas según el método propuesto e incluso agrega una cita del Documento de Síntesis que lo fundamenta 10. Los obispos miran la realidad con ojos iluminados por la fe y un corazón lleno de amor, proclaman con alegría el Evangelio de Jesucristo para iluminar la meta y el camino de la vida, y buscan, mediante un discernimiento comunitario del soplo del Espíritu, las líneas de una acción realmente misionera, que ponga a todo el Pueblo de Dios en un estado permanente de misión. Este esquema tripartito está hilvanado por un hilo conductor en torno a la vida, en especial la Vida en Cristo, y está recorrido transversalmente por las palabras de Jesús, el Buen Pastor: Yo he venido para que las ovejas tengan vida y la tengan en abundancia (Jn 10,10).

 

Resumen del contenido y del espíritu del Documento

 

Aprovecho el Resumen del Documento final (30/V), disponible en la versión digital de esta revista.

* Primera parte: La vida de nuestros pueblos hoy

El capítulo uno, Los discípulos misioneros, comienza por los sujetos, pero no es autorreferencial. Expresa una (teo)lógica del don que canta el amor de Dios revelado en la entrega de Cristo y en la donación del Espíritu. Lo bendice por los dones recibidos, en especial por la gracia de la fe que convierte al ser humano en seguidor de Jesús y particípe de la misión evangelizadora de la Iglesia. Tiene el tono de un himno de alabanza y acción de gracias, como el de Efesios, que es uno de los primeros lenguajes de la cristología neotestamentaria. Es una de las secciones que esboza una cristología.

El segundo, Mirada de los discípulos misioneros sobre la realidad, hace una lectura pastoral de los grandes cambios que suceden en nuestro continente y en el mundo, y que nos interpelan. Analiza complejos procesos en curso ordenados en los niveles sociocultural, económico, sociopolítico, ecológico -“biodiversidad, ecología, Amazonia y Antártida”- y étnico -“presencia de los pueblos indígenas y afroamericanos en la Iglesia”, con sus luces y sombras. Discierne grandes desafíos, como la globalización multidimensional, las injusticias escandolosas, los cambios culturales, la consolidación de la democracia, la falta de desarrollo, la corrupción estructural, el pluralismo ético, la trasmisión de la fe, las amenazas a la vida, y otras realidades debatidas en este momento histórico que afectan la vida cotidiana de los pueblos, sin ser exhasutivo. En ese contexto analiza la situación de nuestra Iglesia en esta hora, haciendo un balance de signos positivos y negativos, y expresando una autocrítica. Los lenguajes del don, la bendición, la mirada y el discernimiento de esta parte, referidos a la presencia cristiana en el hoy de América Latina y el Caribe, llevan a ingresar en un núcleo del tema.

* Segunda parte: La Vida de Jesucristo en los discípulos misioneros

Muestra la belleza de la fe en Cristo como fuente de Vida para los hombres y mujeres que se unen a Él y entran en el discipulado misionero. Considera cuatro dimensiones: alegría, vocación, comunión e itinerario de los discípulos. Es la parte con mayor desarrollo bíblico-teológico, espigando temas cristológicos, eclesiológicos, antropológicos, teologales, espirituales, pedagógicos y pastorales.

El capítulo tres dice todo en su título: La alegría de ser discípulos misioneros para anunciar el Evangelio de Jesucristo. Anuncia a Jesucristo, Evangelio de Dios (Mc 1,1) y presenta como buenas noticias sus repercusiones en la existencia. Habla de la “buena nueva” de la dignidad humana en la vida, la familia, la actividad humana -trabajo, ciencia y tecnología- y el destino universal de los bienes, con expresiones que llamarán la atención. La sección no sigue el iter de Gaudium et spes (persona, comunidad, actividad) y carece de un apartado sobre la “buena nueva” de vivir en comunión y convivir en sociedad, aunque culmina con el tema “El continente de la esperanza y del amor”.

El cuarto, La vocación de los discípulos misioneros a la santidad, contiene un aporte bastante elaborado a nivel bíblico aunque, a mi gusto, podría haberse enriquecido con otros materiales disponibles. Considera el llamado a la santidad recibido en el encuentro y el seguimiento de Jesús, que se lleva a cabo por la animación del Espíritu Santo y Santificador. Pone la santidad en el centro de la vida y de la misión en cuatro tópicos: llamados al seguimiento de Jesucristo, configurados con el Maestro, enviados a anunciar el Evangelio del Reino de vida y animados por el Espíritu Santo.

El quinto, La comunión de los discípulos misioneros en la Iglesia, enseña que la vocación al discipulado del Señor es la con-vocación (ekklesía) a la comunión en su Iglesia. Todo el Pueblo de Dios y todos en el Pueblo de Dios somos sujetos históricos del discipulado y la misión en comunión. En una breve sección eclesiológica señala los espacios de la comunión a partir de las iglesias particulares, porque las diócesis son los ámbitos privilegiados de comunión misionera y pastoral orgánica. En la comunión diversificada de y entre las iglesias locales se ubican otras expresiones eclesiales y pastorales: parroquias, comunidades eclesiales de base y otras pequeñas comunidades, antiguas asociaciones apostólicas y nuevos movimientos eclesiales. En ese marco se contemplan las formas de existencia eclesial o “vocaciones específicas” desde una perspectiva discipular y misionera y empleando varios títulos cristológicos. Los fieles laicos y laicas son vistos como discípulos y misioneros de Jesús Luz del mundo, los consagrados y consagradas de Jesús Testigo del Padre, los diáconos permanentes de Jesús Servidor, y los pastores, tanto los obispos como los presbíteros, de Jesús Sumo Sacerdote y Buen Pastor. También se expresa la solicitud por los “bautizados alejados” de la comunión visible y se impulsa el diálogo ecuménico, el vínculo con el judaísmo y el diálogo interreligioso.

El sexto, El itinerario formativo de los discípulos misioneros, tiene dos secciones. La primera valora la riqueza espiritual de la piedad popular católica y presenta una espiritualidad trinitaria, cristocéntrica, mariana y misionera capaz de animar la vida y la acción. Ante las conferencias anteriores aporta dos novedades: un subcapítulo extenso dedicado a la espiritualidad y la consideración de la religiosidad popular como espiritualidad. La segunda analiza varios procesos formativos, con sus criterios (vg. una formación integral, kerigmática y permanente) y una especial atención a la iniciación cristiana, la catequesis permanente y la formación pastoral. Habla de los lugares de formación: familias, escuelas y parroquias, pequeñas comunidades y nuevos movimientos eclesiales, seminarios y casas de formación religiosa, universidades y centros superiores de educación católica. Otra de sus novedades está en plantear los caminos de formación bíblica, catequística, espiritual y social bajo la perspectiva discipular y misionera, para impulsar en los cristianos de cualquier condición el crecimiento en el seguimiento de Jesús. Debemos intensificar el potencial de todos los bautizados y promover distintos estilos laicales de formación permanente, porque “todo fiel está llamado a la santidad y a la misión” (Rmi 90) y todos los cristianos estamos llamados a ser discípulos y misioneros siempre.

* Tercera parte: La vida de Jesucristo para nuestros pueblos

El otro núcleo duro desarrolla líneas pastorales para el futuro con un marcado dinamismo misionero.

El capítulo siete, La misión de los discípulos misioneros al servicio de la vida plena, es decisivo. Considera la Vida nueva que Cristo nos comunica en el discipulado y nos llama a trasmitir en la misión, porque el discipulado y la misión son como las dos caras de una misma medalla. No hay discipulado sin misión y no hay misión sin discipulado. Para realizar aquello fomenta la conversión misionera de las comunidades eclesiales y organismos pastorales, y renueva el compromiso por la misión ad gentes pensando en la “otra orilla” del Pacífico. Aquí se ubican dos grandes opciones: una presenta la misión como la comunicación de la vida nueva en Cristo a nuestros pueblos, destacando las dimensiones de esa plenitud de vida. La otra recoge la voluntad de varios episcopados, incluyendo el argentino, de promover la conversión de toda la Iglesia en una comunidad más misionera. Desde estos ejes, los siguientes capítulos analizan ámbitos y prioridades de la misión de los discípulos.

El octavo, El Reino de Dios y la promoción de la dignidad humana, confirma y actualiza la opción preferencial por los pobres -y excluidos, agrega- que se remonta a Medellín, a partir del hecho de que en Cristo Dios se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza. Estas palabras paulinas (2 Co 8,9), repetidas por Benedicto XVI (DI 3), indican un acento típico de la Conferencia: reafirmar el fundamento cristológico de la opción preferencial por los pobres. La fe  afirma que “los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo”(SD 178), porque “cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos más pequeños, lo hicieron conmigo” (Mt 25, 40).

Luego fomenta una renovada pastoral social, reconoce nuevos rostros de los pobres (desempleados, migrantes, abandonados, enfermos, adictos, presos, parafraseando a Mt 25,31-46), y promueve la justicia y la solidaridad internacional. En Aparecida la Doctrina social de la Iglesia recobra vigor como fundamento de la convivencia social, a quince años de Santo Domingo y a dieciséis de Centesimus annus, si bien en 2005 se publicó el Compendio de la Doctrina social de la Iglesia y en Deus caritas est Benedicto XVI se refirió a cuestiones de doctrina y pastoral social (DCE 19-31).

El noveno, Familia, personas y vida, promueve la cultura del amor en el matrimonio y la familia, y la cultura de la vida y de su defensa en la Iglesia y la sociedad. Desea acompañar pastoralmente a las personas en sus diversas condiciones de niños, jóvenes y adultos mayores, y de mujeres y varones, y fomenta el cuidado del medio ambiente como casa común. Se podrían comentar cada situación elegida. Hay una gran preocupación por los jóvenes que forman la mayoría de la sociedad latinoamericana pobre y son los más vulnerables a los cambios culturales, como la crisis de sentido y de esperanza, y a los tragedias sociales, como la falta de educación y de trabajo. Sólo en San Pablo hay un millón de niños, adolescentes y jóvenes que no estudian ni trabajan, expuestos a la droga y la violencia.

Es significativo que Aparecida, al mismo tiempo que dedica una sección a “la dignidad y partipación de las mujeres”, no sólo a nivel familiar, sino también a nivel social y eclesial, dedica otra a “la responsabilidad del varón y padre de familia”, fomentando el respeto a la dignidad de la mujer frente al atávico machismo, y la responsabilidad familiar frante a la cultura del padre ausente. Ambas secciones pueden sorprender y ayudan a vivir nuestras relaciones de reciprocidad y colaboración mutua.

El décimo, Nuestros pueblos y la cultura, continúa y actualiza las opciones por la evangelización de la cultura de Puebla y la evangelización inculturada de Santo Domingo. No tiene un sólido desarrollo de los fundamentos pero trata con lucidez pastoral los desafiós de la educación y la comunicación, los nuevos aréopagos y los centros de decisión, las grandes ciudades, la presencia de los cristianos en la vida pública, en especial el compromiso político de los laicos por una ciudadanía plena en la sociedad democrática, la integración de los indígenas y afrodescendientes, y una acción evangelizadora que señale caminos de reconciliación y solidaridad en cada país, y de unidad y fraternidad entre nuestros pueblos, para que formen una comunidad de naciones en América Latina y El Caribe.

El Documento tiene un tono evangélico y pastoral, un lenguaje positivo y propositivo, un espíritu interpelante y alentador, un entusiasmo misionero y esperanzado, una búsqueda creativa y realista. En su primer capítulo recuerda que la Iglesia existe para evangelizar (EN 14) y en su Conclusión quiere renovar en sus miembros la dulce y confortadora alegría de evangelizar (EN 80). Echando las redes mar adentro, proclama con audacia a Jesucristo para que nuestros pueblos tengan Vida en plenitud. Con palabras de los discípulos de Emaús y del Discurso inaugural, el Documento concluye con una oración al Señor: Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba (Lc 24,29).

 

¿Un nuevo milagro en Aparecida? ¿Reaparición de la Iglesia latinoamericana y caribeña?

 

En 1717, humildes pescadores estuvieron días sin pescar en el río Paraíba. Amenzados por el hambre y el poder, lanzaron sus redes día y noche sin éxito. De repente, en la red de uno apareció la pequeña imagen de una Virgen negra y luego se produjo una abundante pesca milagrosa. La fe del pueblo percibió un signo de la providencia de Dios y de la protección de Nuestra Señora Aparecida.

El paso del tiempo y los frutos de la Conferencia permitirán decir si vivimos un nuevo Pentecostés. Pentecostés es la manifestación del Espíritu de comunión a la Iglesia y de la misión de la Iglesia a los pueblos - lenguas (cf. Hch 2,1-11). ¿Se dió en Aparecida una novedosa manifestación del Espíritu? ¿Es la aparición de una nueva figura de la Iglesia latinoamericana y caribeña en la Catholica? ¿Será el inicio mariano de otra pesca milagrosa para una evangelización más misionera del Continente, que extraiga del Evangelio luces nuevas para iluminar los nuevos problemas? Hay tiempo para responder estas preguntas en otro artículo. Cierro esta lectura con cinco reflexiones para el postAparecida.

* Siempre sostuve que convenía realizar la V Conferencia por tres grupos de razones: 1) expresar la comunión eclesial en el nivel subcontinental para afianzar la identidad cristiana en América Latina y El Caribe, y manifestar el rostro de la Iglesia católica latinoamericana y caribeña; 2) promover una nueva evangelización de la cultura en el inicio del tercer milenio impulsando, mediatamente, líneas pastorales comunes e, inmediatamente, una misión continental de todos y a todos; 3) animar, mediante la comunión, el testimonio y el servicio de nuestras iglesias, el ideal de una comunidad regional de naciones que haga efectiva la integración latinoamericana como una unidad plural.

El tiempo mostrará si el primero y el tercero de esos objetivos se convertirán en realidades. Con respecto al segundo, los Obispos aprobaron líneas pastorales y decidieron hacer una misión continental a partir de los episcopados y las diócesis. Tal revitalización misionera no es una contraofensiva frente al éxodo hacia otros cultos y espiritualidades, ni una reconquista de la región para la tradición católica ante el auge de “sectas” (palabra casi ausente). Tal vez algunos interpreten la Conferencia así, pero los textos no avalan ningún proyecto de neocristiandad latinoamericana. Hay signos de una actitud distinta, como notaron observadores no católicos. Aparecida habla de atracción por el testimonio del amor de Cristo y rechaza todo proselitismo. Confiesa que la Iglesia Católica bautiza a muchos hijos a los que no visita, ni acompaña, ni catequiza, y se siente abandonada por ellos cuando los ha abandonado primero. Quiere acercarse a sus bautizados, en especial a los alejados en las periferias humanas y urbanas, para que redescubran en su casa el Agua que colme su sed y el Fuego que les dé calor. A nivel ecuménico propone “nuevas formas de discipulado y misión en comunión”.

* La Iglesia ha estado presente en todo el tiempo y el espacio del continente latinoamericano. En 1863, la primera institución en el mundo que llevó ese nombre fue el Colegio Pío Latino-Americano de Roma. La comunión eclesial debería ayudar a construir una comunidad de naciones cultivando la cultura de la integración y el intercambio. La fuerza profética, educativa y simbólica de la Iglesia pueden contribuir a formar el nuevo imaginario integrador para tener un proyecto posible de vida en común. En la Argentina de la crisis nos preguntamos: ¿Queremos ser una nación? Ante los bicentenarios patrios conviene interrogarse: ¿Qué nación queremos ser? Con Aparecida cabe hacerse estas preguntas en profundidad y sin retórica: ¿Queremos ser una región? ¿Qué región queremos ser?

* Aparecida potencia la opción preferencial por los pobres y ahonda su fundamento cristológico. Para Juan Pablo II la parábola del juicio final es “una página de cristología” que “ilumina el misterio de Cristo” (NMI 49). Benedicto XVI, comentándola, expresó: “Jesús se identifica con los pobres… en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios” (DCE 15). En Cristo el grande se hizo pequeño, el fuerte se hizo débil, el rico se hizo pobre. La Iglesia confiesa, con Guamán Poma de Ayala, indio peruano de la primera generación cristiana de América, que donde está el pobre está Jesucristo 11. Hay que pensar el amor a los pobres como “un ámbito que caracteriza de manera decisiva la vida cristiana, el estilo eclesial y la programación pastoral” (NMI 49).

* Dios es Amor (1 Jn 4,8) y lo más grande es el amor (1 Cor 13,13). Nuestro patrimonio más precioso es la fe en el Dios Amor. El Amor de Dios es la base para construir “el Continente del Amor” (DI 4). Dios-Amor es Trinidad. El 21 de mayo propuse dos versiones para hacer una formulación cristocéntrico-trinitaria del tema. No tuve éxito pero veo necesario pensar nuestro cristocentrismo trinitario. La señal de la cruz invoca con la palabra al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo mientras confiesa con el gesto a Cristo que nos salva en la cruz pascual. La Conferencia profesó su fe trinitaria en credos, oraciones y textos. El Documento cita a Puebla: “la evangelización es un llamado a la participación en la comunión trinitaria” (DP 218). Para el postAparecida recuerdo esos enunciados: “el amor del Padre nos convoca a ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos tengan Vida plena, digna y feliz en su Espíritu”; y “somos discípulos y misioneros de Jesucristo que comunicamos el Amor del Padre para que nuestros pueblos tengan vida en el Espíritu Santo”.

* En Aparecida reaparecen los lenguajes del don, la belleza, la bendición, la esperanza y la alegría. La oración del Papa dice: enciende en nuestros corazones el amor del Padre que está en el cielo y la alegría de ser cristianos. La pastoral misionera debe mostrar la belleza de la comunión con la Trinidad y la alegría de la vida teologal. Compartir el Evangelio como un feliz sí de Dios al hombre para que tenga vida y ver “cómo la fe en el Dios que tiene rostro humano trae la alegría al mundo” 12.

Con los miembros del Pueblo de Dios peregrino por América Latina y El Caribe, los discípulos misioneros encontramos la ternura, belleza y alegría del amor de Dios en el rostro de la Madre de Dios. Desde la colina del Tepeyac el rostro mestizo de la Virgen de Guadalupe lleva a su pueblo en la pupila de sus ojos y lo cobija en el hueco de su manto. Desde el río Paraíba el rostro negro de Nuestra Señora Aparecida nos invita a echar las redes para acercar a todos a Jesús, “el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6), porque Él quiere que todos “tengan Vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).



1. Quinta Conferencia General del Episcopado de América Latina y del Caribe, “Reglamento” art. 2, punto 4.2, en Manual del Participante, CELAM, Aparecida, 2007, 14.

2. C. Galli, “Comunicar el Evangelio del amor de Dios de Dios a nuestros pueblos de América Latina y El Caribe para que tengan vida en Cristo”, Medellín 125 (2006) 121-177; “Discípulos misioneros para la comunión de vida en el amor de Cristo promoviendo la integración de los pueblos de América Latina y El Caribe”, Medellín 129 (2007) 113-163.

3. Cf. V. Fernández  - C. Galli, Discípulos misioneros, Agape, Buenos Aires, 2006, 126 págs.

4. Cf. CELAM, Síntesis de los aportes recibidos para la Quinta Conferencia, CELAM, Bogotá, 2007 (DSint).

5. Cf. M. de França Miranda, Aparecida. A hora da América Latina, Paulinas, Sâo Paulo, 2006, 71 págs.

6. Cf. C. Galli, “Claves de la eclesiología conciliar y posconciliar desde la bipolaridad Lumen gentium - Gaudium et spes. Síntesis panorámica y mediación especulativa”, en Sociedad Argentina de Teología (ed.), A cuarenta años del Concilio Vaticano II: recepción y actualidad, San Benito, Buenos Aires, 2006, 49-107; “Cristo, por su Espíritu, en su Iglesia y en el hombre. Centralidad de Cristo y nexos entre sus diversas presencias según el Concilio Vaticano II”, en V. Fernández - C. Galli (dirs.), Presencia de Jesús. Caminos para el encuentro, San Pablo, Buenos Aires, 2007, 9-63.

7. Cf. V. Fernández, “Diario de Aparecida. I”, CRITERIO 2327 (2007) 299-306. El resto se publica en este número.

8. Los textos se pueden ver en el Suplemento AICA-DOC 659 del Boletín AICA 2633 del 6/6/2007 y, en formato virtual, en la web del CELAM. El Discurso del Papa y el Resumen del Documento final se pueden leer en nuestra página www.revistacriterio.com

9. Tomo la idea y la frase de J. Ratzinger en Introducción al cristianismo, Salamanca, Sígueme, 1969, 151.

10. “Este documento continúa la práctica del método ‘ver, juzgar y actuar’, utilizado en anteriores Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano. Muchas voces venidas de todo el Continente ofrecieron aportes y sugerencias en tal sentido, afirmando que este método ha colaborado a vivir más intensamente nuestra vocación y misión en la Iglesia, ha enriquecido el trabajo teológico y pastoral, y en general ha motivado a asumir nuestras responsabilidades ante las situaciones concretas de nuestro continente. Este método nos permite articular, de modo sistemático, la perspectiva creyente de ver la realidad; la asunción de criterios que provienen de la fe y de la razón para su discernimiento y valoración con simpatía crítica; y, en consecuencia, la proyección del actuar como discípulos misioneros de Jesucristo. La adhesión creyente, gozosa y confiada en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y la inserción eclesial, son presupuestos indispensables que garantizan la pertinencia de este método” (DSint 34-35, en el capítulo uno).

11. Cf. G. Gutiérrez, “Donde está el pobre, está Jesucristo”, Páginas 197 (2006) 6-22. Cf. su reciente estudio “Benedicto XVI y la opción por el pobre”, en la web: Portal de Noticias de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 6/6/2007.

12. Benedicto XVI, “Ser testigos de Jesús resucitado. Discurso en la IV Asamblea eclesial nacional italiana en Verona”, 19/10/2006, L’Osservatore romano (edición semanal en lengua española), 27/10/2006, 9.

Nº 2328 » Julio 2007

A los pueblos de América latina y el Caribe

por , Documento · Comentar 

Reunidos en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida en Brasil, saludamos en el amor del Señor a todo el Pueblo de Dios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

 

Del 13 al 31 de mayo de 2007, estuvimos reunidos en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, inaugurada con la presencia y la palabra del Santo Padre Benedicto XVI.

 

En nuestros trabajos, realizados en ambiente de ferviente oración, fraternidad y comunión afectiva, hemos buscado dar continuidad al camino de renovación recorrido por la Iglesia católica desde el Concilio Vaticano II y en las anteriores cuatro Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

Al terminar esta V Conferencia les anunciamos que hemos asumido el desafío de trabajar para darle un nuevo impulso y vigor a nuestra misión en y desde América Latina y el Caribe.

 

1. Jesús Camino, Verdad y Vida

“ Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida ” (Jn 14,6)

Ante los desafíos que nos plantea esta nueva época en la que estamos inmersos, renovamos nuestra fe, proclamando con alegría a todos los hombres y mujeres de nuestro continente: Somos amados y redimidos en Jesús, Hijo de Dios, el Resucitado vivo en medio de nosotros; por Él podemos ser libres del pecado, de toda esclavitud y vivir en justicia y fraternidad. ¡Jesús es el camino que nos permite descubrir la verdad y lograr la plena realización de nuestra vida!

 

2. Llamados al seguimiento de Jesús

“ Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con Él ” (Jn 1,39)

La primera invitación que Jesús hace a toda persona que ha vivido el encuentro con Él, es la de ser su discípulo, para poner sus pasos en sus huellas y formar parte de su comunidad. ¡Nuestra mayor alegría es ser discípulos suyos! Él nos llama a cada uno por nuestro nombre, conociendo a fondo nuestra historia (cf. Jn 10,3), para convivir con Él y enviarnos a continuar su misión (cf. Mc 3,14-15).

¡Sigamos al Señor Jesús! Discípulo es el que habiendo respondido a este llamado, lo sigue paso a paso por los caminos del Evangelio. En el seguimiento oímos y vemos el acontecer del Reino de Dios, la conversión de cada persona, punto de partida para la transformación de la sociedad, y se nos abren los caminos de la vida eterna. En la escuela de Jesús aprendemos una “vida nueva” dinamizada por el Espíritu Santo y reflejada en los valores del Reino.

Identificados con el Maestro, nuestra vida se mueve al impulso del amor y en el servicio a los demás. Este amor implica una continua opción y discernimiento para seguir el camino de las Bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-26). No temamos la cruz que supone la fidelidad al seguimiento de Jesucristo, pues ella está iluminada por la luz de la Resurrección. De esta manera, como discípulos, abrimos caminos de vida y esperanza para nuestros pueblos sufrientes por el pecado y todo tipo de injusticias.

El llamado a ser discípulos-misioneros nos exige una decisión clara por Jesús y su Evangelio, coherencia entre la fe y la vida, encarnación de los valores del Reino, inserción en la comunidad y ser signo de contradicción y novedad en un mundo que promueve el consumismo y desfigura los valores que dignifican al ser humano. En un mundo que se cierra al Dios del amor, ¡somos una comunidad de amor, no del mundo sino en el mundo y para el mundo! (cf. Jn 15,19; 17,14-16).

 

3. El discipulado misionero en la pastoral de la Iglesia

“ Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos ” (Mt 28,19)

Constatamos cómo el camino del discipulado misionero es fuente de renovación de nuestra pastoral en el Continente y nuevo punto de partida para la Nueva Evangelización de nuestros pueblos.

 

Una Iglesia que se hace discípula

De la parábola del Buen Pastor aprendemos a ser discípulos que se alimentan de la Palabra : “Las ovejas le siguen porque conocen su voz” (Jn 10,4). Que la Palabra de Vida (cf. Jn 6,63), saboreada en la Lectura Orante y la celebración y vivencia del don de la Eucaristía , nos transformen y nos revelen la presencia viva del Resucitado que camina con nosotros y actúa en la historia (cf. Lc 24,13-35).

Con firmeza y decisión, continuaremos ejerciendo nuestra tarea profética discerniendo dónde está el camino de la verdad y de la vida; levantando nuestra voz en los espacios sociales de nuestros pueblos y ciudades, especialmente, a favor de los excluidos de la sociedad. Queremos estimular la formación de políticos y legisladores cristianos para que contribuyan a la construcción de una sociedad justa y fraterna según los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

 

Una Iglesia formadora de discípulos y discípulas

Todos en la Iglesia estamos llamados a ser discípulos y misioneros. Es necesario formarnos y formar a todo el Pueblo de Dios para cumplir con responsabilidad y audacia esta tarea.

La alegría de ser discípulos y misioneros se percibe de manera especial donde hacemos comunidad fraterna. Estamos llamados a ser Iglesia de brazos abiertos, que sabe acoger y valorar a cada uno de sus miembros. Por eso, alentamos los esfuerzos que se hacen en las parroquias para ser “casa y escuela de comunión”, animando y formando pequeñas comunidades y comunidades eclesiales de base, así como también en las asociaciones de laicos, movimientos eclesiales y nuevas comunidades.

Nos proponemos reforzar nuestra presencia y cercanía. Por eso, en nuestro servicio pastoral, invitamos a dedicarle más tiempo a cada persona, escucharla, estar a su lado en sus acontecimientos importantes y ayudar a buscar con ella las respuestas a sus necesidades. Hagamos que todos, al ser valorados, puedan sentirse en la Iglesia como en su propia casa.

Al reafirmar el compromiso por la formación de discípulos y misioneros, esta Conferencia se ha propuesto atender con más cuidado las etapas del primer anuncio, la iniciación cristiana y la maduración en la fe. Desde el fortalecimiento de la identidad cristiana ayudemos a cada hermano y hermana a descubrir el servicio que el Señor le pide en la Iglesia y en la sociedad.

En un mundo sediento de espiritualidad y concientes de la centralidad que ocupa la relación con el Señor en nuestra vida de discípulos, queremos ser una Iglesia que aprende a orar y enseña a orar. Una oración que nace de la vida y el corazón y es punto de partida de celebraciones vivas y participativas que animan y alimentan la fe.

 

4. Discipulado misionero al servicio de la vida

“ Yo he venido para tengan vida y la tengan en abundancia ” (Jn 10,10).

Desde el cenáculo de Aparecida nos disponemos a emprender una nueva etapa de nuestro caminar pastoral declarándonos en misión permanente . Con el fuego del Espíritu vamos a inflamar de amor nuestro Continente: “Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre Ustedes, y serán mis testigos… hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8).

 

En fidelidad al mandato misionero

Jesús invita a todos a participar de su misión. ¡Que nadie se quede de brazos cruzados! Ser misionero es ser anunciador de Jesucristo con creatividad y audacia en todos los lugares donde el Evangelio no ha sido suficientemente anunciado o acogido, en especial, en los ambientes difíciles y olvidados y más allá de nuestras fronteras.

 

Como fermento en la masa

Seamos misioneros del Evangelio no sólo con la palabra sino sobre todo con nuestra propia vida, entregándola en el servicio, inclusive hasta el martirio.

Jesús comenzó su misión formando una comunidad de discípulos misioneros, la Iglesia , que es el inicio del Reino. Su comunidad también fue parte de su anuncio. Insertos en la sociedad, hagamos visible nuestro amor y solidaridad fraterna (cf. Jn 13,35) y promovamos el diálogo con los diferentes actores sociales y religiosos. En una sociedad cada vez más plural, seamos integradores de fuerzas en la construcción de un mundo más justo, reconciliado y solidario.

 

Servidores de la mesa compartida

Las agudas diferencias entre ricos y pobres nos invitan a trabajar con mayor empeño en ser discípulos que saben compartir la mesa de la vida, mesa de todos los hijos e hijas del Padre, mesa abierta, incluyente, en la que no falte nadie. Por eso reafirmamos nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres.

Nos comprometemos a defender a los más débiles, especialmente a los niños, enfermos, discapacitados, jóvenes en situaciones de riesgo, ancianos, presos, migrantes. Velamos por el respeto al derecho que tienen los pueblos de defender y promover “los valores subyacentes en todos los estratos sociales, especialmente en los pueblos indígenas” (Benedicto XVI, Discurso Guarulhos No.4). Queremos contribuir para garantizar condiciones de vida digna: salud, alimentación, educación, vivienda y trabajo para todos.

La fidelidad a Jesús nos exige combatir los males que dañan o destruyen la vida, como el aborto, las guerras, el secuestro, la violencia armada, el terrorismo, la explotación sexual y el narcotráfico.

Invitamos a todos los dirigentes de nuestras naciones a defender la verdad y a velar por el inviolable y sagrado derecho a la vida y la dignidad de la persona humana, desde su concepción hasta su muerte natural.

Ponemos a disposición de nuestros países los esfuerzos pastorales de la Iglesia para aportar en la promoción de una cultura de la honestidad que subsane la raíz de las diversas formas de violencia, enriquecimiento ilícito y corrupción.

En coherencia con el proyecto del Padre creador, convocamos a todas las fuerzas vivas de la sociedad para cuidar nuestra casa común, la tierra, amenazada de destrucción. Queremos favorecer un desarrollo humano y sostenible basado en la justa distribución de las riquezas y la comunión de los bienes entre todos los pueblos.

 

5. Hacia un continente de la vida, del amor y de la paz

“En esto todos conocerán que son discípulos míos” (Jn 13,35)

Nosotros, participantes en la V Conferencia General en Aparecida, y junto con toda la Iglesia “comunidad de amor”, queremos abrazar a todo el continente para transmitirles el amor de Dios y el nuestro. Deseamos que este abrazo alcance también al mundo entero.

Al terminar la Conferencia de Aparecida, en el vigor del Espíritu Santo, convocamos a todos nuestros hermanos y hermanas, para que, unidos, con entusiasmo realicemos la Gran Misión Continental. Será un nuevo Pentecostés que nos impulse a ir, de manera especial, en búsqueda de los católicos alejados y de los que poco o nada conocen a Jesucristo, para que formemos con alegría la comunidad de amor de nuestro Padre Dios. Misión que debe llegar a todos, ser permanente y profunda.

Con el fuego del Espíritu Santo, avancemos construyendo con esperanza nuestra historia de salvación en el camino de la evangelización, teniendo en torno nuestro a tantos testigos (cf. Hb 12,1), que son los mártires, santos y beatos de nuestro continente. Con su testimonio nos han mostrado que la fidelidad vale la pena y es posible hasta el final.

Unidos a todo el pueblo orante, confiamos a María, Madre de Dios y Madre nuestra, primera discípula y misionera al servicio de la vida, del amor y de la paz, invocada bajo los títulos de Nuestra Señora Aparecida y de Nuestra Señora de Guadalupe, el nuevo impulso que brota a partir de hoy en toda América Latina y el Caribe, bajo el soplo del nuevo Pentecostés para nuestra Iglesia a partir de esta V Conferencia que aquí hemos celebrado.

En Medellín y en Puebla terminamos diciendo “creemos”. En Aparecida, como lo hicimos en Santo Domingo, proclamamos con todas nuestras fuerzas: creemos y esperamos.

 

Esperamos…

Ser una Iglesia viva, fiel y creíble que se alimenta en la Palabra de Dios y en la Eucaristía..

Vivir nuestro ser cristiano con alegría y convicción como discípulos-misioneros de Jesucristo.

Formar comunidades vivas que alimenten la fe e impulsen la acción misionera.

Valorar las diversas organizaciones eclesiales en espíritu de comunión.

Promover un laicado maduro, corresponsable con la misión de anunciar y hacer visible el Reino de Dios.

Impulsar la participación activa de la mujer en la sociedad y en la Iglesia.

Mantener con renovado esfuerzo nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres.

Acompañar a los jóvenes en su formación y búsqueda de identidad, vocación y misión, renovando nuestra opción por ellos.

Trabajar con todas las personas de buena voluntad en la construcción del Reino.

Fortalecer con audacia la pastoral de la familia y de la vida.

Valorar y respetar nuestros pueblos indígenas y afrodescendientes.

Avanzar en el diálogo ecuménico “para que todos sean uno”, como también en el diálogo interreligioso.

Hacer de este continente un modelo de reconciliación, de justicia y de paz.

Cuidar la creación, casa de todos en fidelidad al proyecto de Dios.

Colaborar en la integración de los pueblos de América Latina y el Caribe.

 

¡Que este Continente de la esperanza también sea el Continente del amor, de la vida y de la paz!

Nº 2328 » Julio 2007

Acerca de la propaganda de gestión

por Liberati, Enrique · Comentar 

Propongo una reflexión acerca de la libertad de prensa en el marco de la forma republicana de gobierno dispuesta por la Constitución argentina enfocando la cuestión de la publicidad y la propaganda de los actos de gobierno.

El derecho nos provee de operadores deónticos – “modos” de conducta: permitida, prohibida u obligatoria– para conocer los límites y los comportamientos esperados de los gobernantes cuando deben hacer conocer sus actos de gobierno. Nos detendremos brevemente en la legislación que contempla las obligaciones y las responsabilidades de los funcionarios públicos que disponen los gastos del tesoro del Estado, y las consecuencias de hacerlo en beneficio propio o del partido gobernante.

Publicidad y propaganda

 

El Diccionario de la Real Academia define la publicidad, en su segunda acepción, como “conjunto de medios que se emplean para divulgar o extender la noticia de las cosas o de los hechos”; en nuestro caso, al referido al estado de cosas o decisiones que afectan los intereses de la comunidad. Y cuando se refiere a la propaganda, expresa que es “acción y efecto de dar a conocer una cosa con el fin de atraer adeptos o compradores. Textos, trabajos y medios empleados para este fin” (tercera y cuarta acepción); en nuestro caso se aplicaría a la difusión de actos o hechos para despertar la adhesión de los receptores del mensaje.

 

República

 

En cualquier Estado moderno, los gobernantes se ocupan de la res publica, “la cosa pública, lo público”; administran los bienes públicos, recaudan impuestos y disponen, con los procedimientos estatuidos, del tesoro del Estado para alcanzar el bien común. En la forma republicana de gobierno, el soberano es el pueblo, y los administradores de turno se encuentran sujetos a los controles establecidos en las constituciones y en las leyes. Nosotros somos ciudadanos de la República Argentina y, nuestra Constitución, en los artículos 1º, 5º, 6º y 33º, lo establece en forma categórica. En ocasiones, se utiliza esta expresión como sinónimo de Nación Argentina, como por ejemplo en los artículos 10º, 23º, 61º y 75º incisos 21º y 30º.

 

El modelo republicano

 

De lo expuesto en los párrafos anteriores y acorde con la forma de gobierno adoptada, se pueden establecer algunos límites lógicos en el ejercicio de los poderes públicos de nuestros gobernantes. En tal sentido, nos valemos de los “operadores” permitido, obligatorio y prohibido como criterio de acción para las pautas operativas de la República.

 

Así, le está permitido al gobierno: disponer de los dineros públicos para propagandas relacionadas con campañas de vacunación, prevención de los desastres naturales, información sobre los daños y consecuencias por el consumo de drogas, directivas para la educación vial, etc.

 

Es obligatorio para los gobernantes informar los actos de gestión, es decir, poner en conocimiento de todos los ciudadanos el destino de los gastos públicos en los actos de administración y disposición. También es obligatorio el uso de los mecanismos de licitación pública en los gastos que superen determinados montos, según lo previsto por las leyes presupuestarias. Asimismo, la transparencia de todos los movimientos del Banco Central y las entidades autárquicas, sin ocultamientos y medias verdades.

 

A los gobernantes, les está prohibido (implícito en el modelo republicano) malversar los fondos públicos en cualquiera de sus modalidades. Me refiero, en especial, a la propaganda de gestión (con logotipo incluido) que tiende a exaltar, ensalzar, encomiar y glorificar los éxitos de los actos del gobierno de turno y de sus funcionarios que, de manera transitoria, están dirigiendo y administrando la fortuna y el futuro de los ciudadanos en su conjunto. Se trata de un despropósito mayúsculo ya que toda la población financia la campaña política del grupo que ostenta el poder y que pretende confundir los intereses personales partidarios con el tesoro público: el patrimonio del Estado al servicio del partido y del grupo que gobierna.

 

La legislación vigente

 

Si se acepta la forma republicana de gobierno, se debe legislar sancionando severamente a las personas que desvían fondos públicos para su beneficio o perpetuación hegemónica en el gobierno. Sin embargo, como veremos, las disposiciones legales relacionadas con penas o sanciones son irrisorias en algunos casos o inoperantes en otros. El sector político se ha cuidado muy bien prohijando conductas parasitarias 1 en el ámbito legislativo, manteniendo la impunidad de los funcionarios que desvían fondos hacia la propaganda de gestión.

 

El art. 260mo del Código Penal Argentino contempla la figura de “la malversación de caudales públicos del funcionario que diere a los caudales públicos o efectos que administrare una aplicación diferente de aquella a que estuvieren destinados”. Las dificultades de aplicación surgen de la escasa claridad conceptual utilizada en las leyes presupuestarias cuando mencionan, en forma ambigua y confusa, la palabra “publicidad”. La distinción señalada en los párrafos anteriores no es tomada en consideración por los exégetas judiciales, y la sanción mínima del art. 260º (inhabilitación especial de un mes a tres años) hace que resulte insignificante lo dispuesto en el Código Penal.

 

La Ley Electoral Nacional prescribe, en su artículo 64ºquater: “Durante la campaña electoral, la publicidad de los actos de gobierno no podrá contener elementos que promuevan expresamente la captación del sufragio a favor de ninguno de los candidatos a cargos públicos electivos nacionales”. Y el art. 133º bis establece la pena por la violación de lo reglado, de inhabilitación de uno a diez años para el ejercicio de cargos públicos. Su violación es permanente, en especial si consideramos que aquí la ley se refiere a propaganda de gestión cuando expresa “…la publicidad de los actos de gobierno…”. Cabe señalar también que no se conocen casos de aplicación de las sanciones establecidas en el art. 133º bis.

Por último, la Ley de Ética Pública patentiza la confusión entre publicidad y propaganda. En su art. 42º establece: “La publicidad de los actos, programas, obras, servicios y campañas de los órganos públicos deberá tener carácter educativo, informativo o de orientación social, no pudiendo constar en ellas nombres, símbolos o imágenes que supongan promoción personal de las autoridades o funcionarios públicos”. A pesar de la ambigüedad en el uso del término, fija con claridad los límites de la publicidad. Pero cuando miramos las sanciones por la violación de este artículo descubrimos que hasta la fecha no ha sido creada la Comisión Nacional de Ética Pública y, en consecuencia, no se aplica la ley. En otros términos, otro ejemplo de disposiciones legales dirigidas a las grandes y buenas intenciones que caracterizan a nuestros gobernantes.

 

* * *

Todos nosotros convivimos pacíficamente con estas irregularidades. Es preocupante. Las aceptamos como normales, como un “abuso esperable” de quienes ostentan el poder. Se puede ensayar una explicación de esta gigantesca anomalía, atribuyéndola al estado general de anomia que padece el país; no obstante, es preciso señalar que todas las acciones dirigidas a la honestidad, a la transparencia y al respeto por las instituciones son los pasos necesarios para comenzar a transitar el camino hacia una república.

 

¿Y la libertad de prensa? La prensa, en todas sus manifestaciones, debería hallarse comprometida en el fortalecimiento del control republicano constituyéndose en muchos casos en la última esperanza ciudadana para expresar necesidades y aspiraciones frente a los gobiernos autoritarios. ¿Comparte responsabilidades por la confusión y las arbitrariedades gubernamentales en materia de propaganda de gestión? Si la prensa ataca este perfil delictivo de los gobernantes, ¿sufrirá una considerable pérdida de ingresos por espacios publicitarios? En tal situación, es muy probable que las razones financieras impulsen o determinen el silencio de los medios de comunicación en relación con las irregularidades del gasto público orientado a la propaganda de gestión. Si perdemos la libertad, ¿qué otra cosa nos queda por perder?

 

 

   


1
. Ernesto Garzón Valdés, Instituciones Suicidas. Paidós. UNAM. 2000, pág.32.

Nº 2328 » Julio 2007

La caridad, la justicia, los pueblos y las naciones

por Llach, Juan J. · Comentar 

Es notable la aguda claridad del lenguaje de Benedicto XVI cada vez que se refiere a la justicia, especialmente en el plano internacional. Ya en Deus caritas est había escrito citando a San Agustín que “un Estado que no se rigiera según la justicia se reduciría a una gran banda de ladrones”. En su reciente libro Jesús de Nazareth, señala que en la sociedad globalizada de hoy el samaritano es África, cuyos pueblos han sido robados, saqueados y heridos en lo más hondo de su espíritu. Con una orientación más práctica, en su carta de diciembre pasado a la canciller alemana Angela Merkel –a cargo de la presidencia de la Unión Europea y del G8– detalló con precisión los deberes de los países desarrollados en el mundo de hoy. Mantener bien alta en la agenda la cuestión de la pobreza, en particular de África; abrir incondicionalmente sus mercados a los países más pobres, cancelando a su vez sus deudas y evitando que vuelvan a endeudarse en el futuro; cumplir los compromisos asumidos de donar el 0,7% de su ingreso nacional; investigar e invertir en remedios para el sida, la tuberculosis, la malaria y otras actividades tropicales; no imponer condicionamientos legales o económicos –léase patentes excesivas– para el acceso a medicamentos; reducir el tráfico legal o ilegal de armas y el lavado de dinero y erradicar la pobreza extrema para el año 2015. En la carta a la presidenta de la Academia, Mary Ann Glendon el Papa destacó tres desafíos: la urgente necesidad de preservar el medio ambiente; la defensa del concepto de persona humana creada a imagen de Dios, imprescindible para superar las brechas entre países, el hambre, la pobreza, las guerras, la explotación de los chicos y los tráficos ilegales de todo tipo y para dar protección legal a los no nacidos y, en tercer lugar, la prioridad a los bienes del espíritu tales como el conocimiento y la educación. En fin, dirigiéndose a los jefes de estado del G8 reunidos a principios de junio en Heiligendamm (Alemania), el Papa les pidió que «no retiren las promesas de aumentar sustancialmente la ayuda al desarrollo, en favor de las poblaciones más necesitadas, sobre todo las del continente africano». Y entre las ocho metas del milenio subrayó la segunda: “que todos los niños y las niñas completen el ciclo completo de enseñanza primaria para el año 2015″. Añadió que “se trata de una parte integrante del logro de todos los objetivos del milenio: es una garantía de consolidación de los objetivos alcanzados; es un punto de partida de los procesos autónomos y sostenibles de desarrollo”.

 

Estas intervenciones del Papa crearon un marco acogedor para quienes estábamos encargados de organizar la XIII sesión de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales en mayo pasado, dedicada a la caridad y la justicia en las relaciones entre los pueblos y las naciones 1. Además de sintetizar el trabajo previo, el documento introductorio 2 reseñó los signos de los tiempos, sin alabar ni vituperar sin más a la globalización. En el campo de la política y la gobernanza mundiales se destacan por un lado las amenazas a la paz mundial, tanto por el terrorismo como por las guerras de Irak y Medio Oriente, por la proliferación del comercio legal e ilegal de armas y sus vínculos con el crimen organizado y por el hecho de que por primera vez desde el fin de la guerra fría ha vuelto la amenaza de un conflicto nuclear. Se hace mención luego al peligroso debilitamiento del multilateralismo y de sus instituciones. Más allá de las tibias señales en contrario observadas en la última cumbre del G8, no hay aún estrategias comunes acerca del combate al terrorismo internacional, ni sobre el comercio y las finanzas internacionales. Dicho debilitamiento contrasta no sólo con las conclusiones del trabajo previo de la Academia –una de cuyas recomendaciones más claras es el fortalecimiento de las distintas formas de gobernanza mundial– sino también con las enseñanzas de la doctrina social de la Iglesia (DSI), desde Pacem in Terris en adelante. En paralelo se observa un debilitamiento de los estados nacionales, acosados tanto desde el fortalecimiento de los bloques regionales como desde las crecientes y generalizadas demandas autonómicas observadas en muchísimos países y, en fin, desde un proceso de producción y distribución de bienes y servicios de naturaleza global frente al que las regulaciones nacionales resultan muchas veces inoperantes. Asociado en parte a este fuerte avance de la globalización económica y poblacional se registra un resurgimiento del nacionalismo –tantas veces subrayado entre nosotros por Carlos Floria– una de cuyas manifestaciones más lacerantes es la construcción, por vez primera desde la caída del muro de Berlín, de otros muros anti-inmigrantes, entre los Estados Unidos y México, entre Israel y Palestina, entre India y Bangladesh e, increíblemente, entre Brasil y Paraguay. Cerrando la sección referida a la política en el nivel global, el documento destaca las crecientes y saludables demandas de participación política, muchas veces también realizadas, y las simientes de un consenso global que excluye los extremismos ideológicos estatistas o liberistas propios de distintas momentos de fines del siglo XIX y del XX.

 

En el campo de la economía el documento subraya la alta probabilidad de estar viviendo una onda larga de crecimiento mundial, con un protagonismo sin precedentes de los países en desarrollo o emergentes y con potencial suficiente para sacar de la pobreza a miles de millones de seres humanos. No se ignoran, empero, las amenazas originadas en los desequilibrios de balances de pagos –sobre todo el déficit de los Estados Unidos– y en los excesos de la especulación que podrían conducir a un sacudón financiero internacional. Se destacan, al mismo tiempo, las dificultades de la OMC (Organización Mundial del Comercio) para lograr una liberalización genuina del comercio internacional y las inequidades que surgen del actual régimen de patentes. Hasta el momento, el crecimiento no ha sido suficiente como para inducir una reducción generalizada de las brechas que separan a los países ricos de los pobres, aunque sí en los casos de los países de Europa Meridional y algunos de Asia. Sin embargo, contra lo que se cree, la información más responsable muestra una reducción tanto en el número como en la proporción de personas que viven en extrema pobreza, aunque también en este caso el fenómeno se explica sobre todo por China e India. En contraste, África tiene hoy el 75% de los muy pobres del mundo, y América Latina no puede mostrar una reducción sustancial. Aunque ya se estima que, no obstante su relativa modestia, las metas del milenio para el combate a la pobreza extrema no serán alcanzadas en 2015, sólo cinco de los veintidós países comprometidos en la ayuda al desarrollo han satisfecho la meta de aportar el 0,7% de su ingreso nacional (Dinamarca, Holanda, Luxemburgo, Noruega y Suecia). La distribución del ingreso, en fin, ha empeorado en casi todos los países. Sin embargo, y de nuevo por el crecimiento de Asia, y sobre todo de China e India, la distribución mundial del ingreso es hoy un poco menos desigual. No obstante, la distribución de la riqueza mundial puede llamarse escandalosa sin temor a errar, con el 2% (sic) de los adultos del mundo detentando más de la mitad de ella.

 

Otros aportes del documento introductorio se refieren al deterioro del medio ambiente, a la renuencia de algunos países –con los Estados Unidos a la cabeza– a ratificar el protocolo de Kyoto 3 y a la urgencia de adoptar medidas correctivas. Por último, se analizan los desafíos que enfrentan las comunidades locales frente a la globalización del comercio y la producción y las migraciones internacionales, y a la consecuente necesidad de llevar a cabo programas de desarrollo local que, al menos, atemperen estos efectos. El documento finaliza preguntándose si no estamos viviendo, en verdad, un cambio de alcance civilizatorio originado en un conjunto de factores muy diversos tales como el firme emerger de Asia, con sus propios valores, costumbres e instituciones; las serias amenazas que confronta la familia como institución central; los vastos alcances del cambio en el papel personal y social de las mujeres, los jóvenes y los viejos; la suerte de “suicidio demográfico” de muchos países occidentales; el probable ocaso del estado nación, al menos como se lo conoció durante la modernidad; en fin, las serias dudas que plantea el deterioro ambiental en cuanto a las posibilidades de reproducir los patrones actuales de vida y de consumo para todos los excluidos.

 

El programa de la reunión cubrió un vasto espectro de temas porque su propósito central era abrir las puertas de la Academia a expertos que pudieran alimentar la preparación del documento final. Casi todas sus ponencias fueron comentadas por miembros de la Academia 4. Las novedades aportadas por Deus caritas est fueron analizadas por monseñor Josef Cordes, presidente del consejo pontificio Cor Unum y por el padre Joseph Di Noia, subsecretario de la congregación para la Doctrina de la Fe. Hubo una conmovedora mesa redonda sobre el diálogo interreligioso y la paz mundial, con la participación del cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos; el rabino David Rosen, director de Asuntos Interreligiosos del Comité Judío Americano; el cardenal Sfeir Nasrallah, patriarca maronita de Antioquia, y monseñor Antonios Naguib, patriarca de Alejandría. El secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Tarcisio Bertone, se refirió a la justicia y la gobernanza internacionales en un contexto de crisis del multilateralismo y Phillip Allott, de Cambridge, analizó la cuestión de la sociedad internacional y la idea de justicia. En el plano de las cuestiones sociales, Giorgio Vittadini, presidente de la Fundación para la Subsidiariedad, se refirió al rol de las organizaciones de caridad y de la sociedad civil; Marcelo Suárez Orozco analizó el candente desafío de las migraciones internacionales y una mesa redonda fue dedicada al insatisfactorio estado de cumplimiento de las metas del milenio. En el plano de la economía, el ex canciller de México Luis Derbez Bautista expuso sobre la equidad en las relaciones financieras internacionales, dando lugar a un enriquecedor debate luego de los comentarios de Hans Tietmeyer, ex presidente del Banco Central de Alemania y miembro también de la Academia, José Raga Gil y François Perigot, presidente honorario de la organización internacional de empleadores. Siguió una mesa redonda sobre la ayuda internacional, con la participación de Jean-Pierre Landau, del Banco de Francia y con activa participación en este tema, y dos economistas sobresalientes y miembros de la Academia, Edmond Malinvaud, su anterior presidente, y Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía. La cuestión ambiental, esta vez referida específicamente al problema del agua, fue analizada por Jacques Diouf, director-gerente de la FAO. Por último, despertaron gran interés dos exposiciones. La de Henry Kissinger sobre las actuales tendencias internacionales y la paz mundial, destacó entre muchos temas la importancia del diálogo en la solución del conflicto de Irak y, en otro plano, registró que lenta pero inexorablemente el centro del poder económico mundial se está desplazando del Atlántico al Pacífico. Por su parte, José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, se refirió a la justicia internacional, el derecho internacional y la paz mundial, pero su ponencia escrita acerca de los logros y falencias de América latina es una de las más certeras que me ha tocado leer.

 

A la hora de cerrar el encuentro quedó planteada una rica agenda. Se subrayó que la magnitud de los desafíos es tal que difícilmente ellos puedan ser enfrentados con medidas específicas aquí y allá, según es propio de los debates usuales sobre estas cuestiones, tantas veces patéticos. Lo que hace falta son gestos de cambio cultural tan inéditos como los desafíos. Los países desarrollados deben liderar la apertura comercial equitativa, una regulación financiera internacional anti-crisis, el cumplimiento de sus promesas de ayuda, el diseño de un nuevo sistema de patentes y, por qué no, la devolución de los tesoros artísticos originarios de otros países (hay un oxidado proyecto de la UNESCO en tal sentido). Los países en desarrollo deberían mejorar la calidad de su gobernanza –como escribió el Papa en la carta a Merkel– combatiendo la corrupción y dando genuina prioridad a los pobres en las políticas públicas. Todos los países, en fin, deberían comprometerse en alcanzar la paz sobre bases justas, sobre todo en Irak y en Medio Oriente, a desarrollar modelos de liberalización del comercio con protección social y a avanzar decididamente en la protección de los bienes de la creación. Ciertamente, la Iglesia se encuentra en una posición privilegiada para desarrollar y afianzar su liderazgo en esta agenda, y nuestra Academia continuará apoyándola en esta dirección.

 

 

 


1
. Esta reunión dio continuidad a otras anteriores dedicadas a la globalización. En base a todas ellas se publicará un documento final a principios del año próximo. En la página de la Academia

http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_academies/acdscien/index_social_en.htm se pueden consultar los documentos de las sesiones anteriores.

2. Los interesados en acceder a este documento –por ahora sólo disponible en inglés– o a otros presentados en la reunión pueden solicitarlos a jllach@iae.edu.ar.

3. Algunas tibias señales de un cambio de posición de los Estados Unidos se han visto en la reciente cumbre del G8.

4. Como argentinos podemos sentir un legítimo orgullo por nuestra participación en la reunión. A la excelente tarea que desarrolla monseñor Marcelo Sánchez Sorondo como canciller de las academias pontificias de Ciencias y de Ciencias Sociales y participante activo en esta sesión, se agregaron las contribuciones de Antonio Battro, miembro de la Academia de Ciencias y participante en la mesa redonda sobre las metas del milenio, Marcelo Suárez Orozco, profesor de Harvard y el suscripto, que coordinó el encuentro.

Nº 2328 » Julio 2007

El anhelo de una comunicación verdadera

por Sannuti, Ángela · Comentar 

Hace ya tiempo se sabe que los trastornos en la alimentación, como la anorexia y la bulimia, suelen tener una causa netamente psíquica. Esto quiere decir que arraiga en profundos padecimientos emocionales que provienen de los vínculos primarios con los que se va estructurando la vida de una persona.

 

Aunque esta verdad ya es ampliamente aceptada en el ámbito científico, muchos médicos, psiquiatras y psicólogos aún no captan el idioma emocional de los síntomas que traen estos pacientes. Ante la ausencia de comprensión, se recurre a métodos que no hacen más que silenciar ese idioma.

 

Se apela a fármacos, a dietas híperestrictas –supuestamente personalizadas–, y se practican medidas autoritarias y meramente conductistas; es decir, se implementan una serie de reglas y técnicas “terapéuticas” que ignoran el verdadero mensaje de tanto dolor. Aquí, lamentablemente, hay que incluir a instituciones muy reconocidas en el medio con los más variados especialistas que sólo se ocupan de las fases posteriores de la enfermedad y no pueden explicar su origen.

 

Nuestro cuerpo conoce todo lo que nos ha sucedido en nuestra historia personal; la memoria corporal conserva con sorprendente precisión todas las situaciones que fuimos atravesando a lo largo de nuestra biografía. De niños, nos vemos forzados a reprimir y negar emociones naturales, sobre todo, las relacionadas con el dolor y, debido a esta represión, nuestro sistema cognitivo muchas veces sabe muy poco acerca de los sucesos antiguos que marcaron nuestro propio destino. Entonces, el cuerpo grita su tragedia a través de síntomas que no hacen más que escenificar, en clave cifrada, el mudo dolor que no se puede expresar con palabras.

 

El verdadero trabajo psicoterapéutico debería tender un puente entre el saber emocional del cuerpo –como guía primordial– y la conciencia cognitiva que, por miedos muy intensos, desecha las emociones que emergen en la vida cotidiana de una persona que sufre.

 

La anorexia –como otras enfermedades– muestra de forma inequívoca con qué claridad el cuerpo emite señales para advertir de su profundo dolor.

 

Entonces, ¿cómo captar el verdadero mensaje de dejar de comer? La cuestión es porqué estas personas renuncian a la vida, ya que, la alimentación –luego de la respiración– es nuestra primera manera de vincularnos con la vida; si no nos nutrimos, nos morimos.

 

¿Por qué estos pacientes no pueden confiar en sus familias (curiosamente, lo mismo que les sucede a las personas que padecen conductas adictivas)? ¿Por qué sienten la necesidad imperiosa de controlar forzosamente algo tan natural como la alimentación?

 

Una comunicación emocional auténtica, sin mentiras, sin reproches, sin miedos, sin sentimientos de culpa y sin manipulaciones es la condición indispensable para que todo vínculo sea nutricio. Sin vínculos nutricios, es decir, sin lazos afectivos apropiados y seguros que brinden cuidado, respeto y protección, el crecimiento y desarrollo de nuestro ser se verá seriamente amenazado.

 

Pero, ¿qué sucede cuando los padres –por sus propias carencias afectivas– no permiten expresar y articular al joven su ser más íntimo y genuino, aun en medio de falsas preocupaciones y supuestas atenciones meramente externas?

 

Cuando falta el verdadero alimento emocional que todo ser humano necesita para crecer y desarrollar su integridad, más tarde o más temprano, el rechazo –comportamiento anoréxico– o la incorporación indiscriminada –comportamiento bulímico– surgirán como reacciones emocionales muy primarias que reclaman –sin saberlo– una relación nutricia.

 

Una relación nutre cuando hay una genuina comunicación, cuando se da y se recibe lo que, de verdad, se necesita. En general, en estos esquemas vinculares se puede observar un severo problema de comunicación; desde el principio emerge la tragedia de una persona joven que no puede confiar a nadie sus verdaderos sentimientos y, por lo tanto, no se percata de sus conflictos, del trasfondo psíquico de su implacable autodestrucción.

 

La soledad y el aislamiento al que se ven confinados por sus conductas de ocultamiento revelan –para quien mire empáticamente tal situación y no desde un saber que sólo juzga y etiqueta– la necesidad inclaudicable de poder comunicar y compartir cuestiones esenciales como saber quién soy yo, saber realmente qué siento, qué percibo, qué quiero, qué necesito y por qué.

 

La enfermedad es el último recurso que se tiene para comunicar los sentimientos propios a alguien, vivir la experiencia de ser realmente escuchado, tener derecho al alimento emocional esencial y dejar de esconderse bajo una máscara de dolor.

 

El estado de salud empieza a mejorar cuando la persona afectada tiene la posibilidad de comunicar sus experiencias dolorosas a alguien con cuyo interés y confianza pueda contar, es decir, con un verdadero acompañamiento empático y profunda comprensión de su situación.

 

Sólo entonces sabrá que éste es el alimento que ha estado buscando durante toda su vida.

Nº 2328 » Julio 2007

La lengua castellana en el mundo de la ciencia y de la técnica

por Kovadloff, Santiago · Comentar 

El idioma español es hoy mucho más que la lengua de los hispanoparlantes. Se está transformando en una herramienta de comunicación planetaria. Catorce millones de estudiantes buscan acceder a su conocimiento, como lengua extranjera, en todo el mundo. Son seis millones los estudiantes de castellano en los Estados Unidos. Un millón en el Reino Unido. Dos millones en Francia. Medio millón en Alemania. En África, más de medio millón de personas aprende lengua y cultura en español en países tan remotos como Burkina Faso y Tanzania. En Senegal hay más de cien mil estudiantes de español. En Costa de Marfil, suman doscientos treinta y cinco mil. Próximamente, el Instituto Cervantes abrirá una sede en Nueva Delhi. Podríamos proseguir la enumeración. Pero lo dicho basta para advertir lo que importa. Se han multiplicado a lo largo y a lo ancho de la Tierra quienes no proviniendo de nuestro idioma buscan hacer de él un territorio propio.

 

A la satisfacción suscitada por lo dicho, cabe añadir una pregunta: ¿qué significa pensar en español? Con esta pregunta apunto a una responsabilidad ética y filosófica. ¿Qué significa pensar en español en el orden de la técnica, la ciencia y la diplomacia, por ejemplo? No voy a referirme aquí a los aportes estrictamente profesionales que en estos tres órdenes realizan y pueden realizar los expertos que entronquen su formación en la cultura hispanoamericana. Dejo sentado, no obstante, que sin ese aporte no será posible ganar el protagonismo que demanda el desarrollo indispensable de nuestras naciones. Voy a referirme a otra cosa. Lo haré de conformidad con mi propia inscripción vocacional en el campo de la filosofía y la literatura. Quiero referirme al desafío de pensar en español la dirección seguida por el mundo en que vivimos en estos tres terrenos: el de la ciencia, el de la técnica y el de las relaciones internacionales.

 

¿Estamos trabajando por el porvenir de nuestra especie? ¿Hay compatibilidad entre ética y conocimiento? ¿El progreso objetivo, connota progreso subjetivo? ¿Qué futuro tiene el homo sapiens? Estas son tan sólo algunas preguntas que es indispensable pensar también en español. Ellas deben encontrar en el marco de nuestra aptitud expresiva la posibilidad de configurarse como lo que son: una problemática insoslayable. Se trata de ir más allá de los menesteres estrictamente especializados que competen al quehacer de cada área, en ciencia, en técnica y en diplomacia. Es imprescindible elaborar una visión del presente y el futuro en los que aspiramos a vivir sin resignación y sin claudicaciones morales.

 

Los riesgos que la globalización actualmente evidencia, resultan, en gran medida, de que su concepción ha quedado en manos de expertos. Y los expertos suelen buscar la eficacia desentendiéndose de la ética, disociándola de ella y muchas veces menoscabándola. No es que no sepan lo que hacen sino que no suelen saber otra cosa que lo que hacen. Y esa otra cosa, tal como yo la entiendo, remite al problema de los valores éticos y el sentido solidario que no debe disociarse de ningún emprendimiento gnoseológico o productivo, si aspiramos a reconocernos como seres de diálogo en nuestras iniciativas.

 

Una concepción enajenada del progreso nos ha conducido hasta el umbral donde se inicia la agonía del planeta. Así lo prueba la patología climatológica que hoy cunde por todas partes, el envilecimiento de vidas humanas condenadas a la marginación y la muerte, el exterminio de incontables especies, que muchas veces parece preanunciar el de la nuestra, la confrontación entre fundamentalismos de toda laya y el hedonismo en que hoy parece consumirse la civilización occidental.

 

Tres son los desafíos del presente que abordaré. Ellos proponen cuestiones que no deberían estar ausentes en la teoría y la práctica de la ciencia, la técnica y la diplomacia en idioma español.

 

La naturaleza

 

Ser humano significó, durante centenares de miles de años, abrirle a la cultura un lugar en la naturaleza. El hombre, en tal sentido, se hizo hombre reduciendo el protagonismo de la naturaleza a favor del protagonismo de la cultura. Hoy ya no es así. Hoy es la naturaleza la que reclama lugar en el mundo de la cultura. Hoy es la naturaleza la que se encuentra acorralada por el hombre. Hoy es ella la que paga lo que al parecer entendemos por civilización. Es imposible volver atrás. Pero ¿qué significa avanzar sabiendo lo que pasa? ¿Es tan sólo nuestro entorno el que se extingue? ¿La contaminación de los ríos, del aire, la polución sonora, la concentración urbana, no hablan acaso de la agonía simultánea del hombre? Somos también lo que excede nuestra piel. Muy duramente estamos aprendiendo a descubrirlo. Empezamos a advertir que el cuerpo humano es un todo con cuanto lo rodea, como lo es con su propia alma. Redescubrimiento lento e indispensable de aquella antigua verdad que Heráclito de Efeso anunció con cegadora claridad, razón por la cual lo llamaron “El oscuro”. Sólo un hondo replanteo en torno de nuestra identidad puede llevarnos a un cambio en esta materia. Replanteo que debemos contribuir a efectuar quienes hablamos y pensamos en español.

 

El conocimiento

 

Nuestra situación, a este respecto, es, se diría, la opuesta a aquella en la que se encontraba Europa Occidental en la Alta Edad Media. A la visceral fragmentación geopolítica que por entonces distinguía al Viejo Mundo bajo el nombre de feudalismo, se contraponía una cosmovisión unívoca, abarcadora, totalizante: la cristiana. Ella, hundiendo sus raíces en la tradición hebrea y griega, buscó integrar lo desintegrado por obra de la caída del Imperio Romano en un conjunto espiritualmente armonioso y políticamente orientador. Hoy nuestra situación es, como decía, la opuesta. Se ha producido una creciente interdependencia en el orden geopolítico. Pero a la vez, como resulta evidente, una estremecedora segmentación del saber en áreas, campos y subterritorios que nos hablan de una creciente especialización. Paralelamente, carecemos de una visión integradora, de una cosmovisión, capaz de arrebañar lo disperso, de orquestar lo dividido. Contamos, no hay duda, con facultades. Pero carecemos de universidades. Es decir de centros capaces de enseñar a concebir las partes como partes de un todo. Nuestros facultados no son, en sentido estricto, universitarios, hombres y mujeres dotados de la indispensable visión integradora que nos permita enfrentar el porvenir conjugando lo particular con lo general. Debemos contribuir a llevar a cabo este replanteo quienes hablamos y pensamos en español.

 

El progreso

 

Ya lo anticipé al comienzo de estas reflexiones: el orden objetivo en el que tanto hemos progresado no ha redundado en un fortalecimiento cabal de la subjetividad. Contamos hoy, y ello ante todo en el Occidente desarrollado, con más consumidores que ciudadanos. Los objetos son el espejo bruñido donde los hombres buscan reconocer sus facciones. Las ciencias físicomatemáticas mucho contribuyeron, a principios del siglo XX, a replantear qué deberíamos entender por progreso. Ellas nos enseñaron (aun cuando no parezcamos estar dispuestos a terminar de aprenderlo) que el auténtico progreso no sólo connota la resolución de un problema, sino también la simultánea aparición de otro que sólo se hace evidente gracias a esa resolución. No hay entonces progreso donde los problemas se exterminan sino donde se renuevan. Las naciones auténticamente interesantes no son, pues, las que carecen de problemas sino las que periódicamente los renuevan. Y sólo éstas merecen el nombre de progresistas. Un hombre sin problemas es, lo sepa o no, un difunto. No menos difuntas están las naciones que se jactan de haberse convertido en paraísos terrenales, como suelen proponerlo todos los totalitarismos. Las antiguas divinidades que poblaban los cielos se han visto desplazadas por las nuevas de cuya promoción se encarga la tecnocracia. Sin ciencia y sin técnica, ya no podemos vivir. Pero la idolatría de lo técnico y de lo científico, el empeño en sustituir lo metafórico por lo cuantitativo, lo real por lo virtual, la alusión por la literalidad, pueden colocarnos al borde de la extinción de la subjetividad tal como aún hoy la entendemos. Si ello es provechoso o no y en qué sentido, es cosa que cabe discutir. Así lo exigen, por lo demás el maniqueísmo imperante en el orden político, la hegemonía unilateral del imperio dominante, la presunción de que la diferencia vale menos que la uniformidad. Debemos replantearlo. Y podemos contribuir a hacerlo quienes hablamos y pensamos en español.

Nº 2328 » Julio 2007

La cuestión de “género” o la derrota del hombre heterosexual en Occidente

por Arènes, Jacques · 1 Comentario 

La diferencia hombre-mujer es evidentemente un dato de la realidad: existen varones y de mujeres. Pero a medida que uno se aleja de la evidencia anatómica para explorar los sentimientos, los comportamientos, las representaciones de uno o de otro sexo, entra en terreno minado. Es decir, ¿las diferencias que tratamos de describir pertenecen realmente al orden de la naturaleza?, ¿son una función del condicionamiento biológico o, ante todo, un dato de la “cultura”, en el cual se reflejan los condicionamientos sociales, culturales y religiosos? (con las conocidas relaciones de poder y de dominación). En este debate es difícil no caer en posiciones apasionadas. Si uno insiste en los aspectos de la diferencia hombre-mujer es tachado de naturalista, incluso de “esencialista”. Por el contrario, la tendencia actual apunta más bien a un “constructivismo”, en el que los temas relacionados con la “sexuación” (lo determinativo de un sexo u otro) serían representaciones culturales que no necesariamente tienen que ver con la naturaleza en sí.

 

En este proceso, que se aleja de la mera noción de “naturaleza” para valorizar cada vez más la “cultura”, ha emergido la noción del “género” (gender). Y en primer lugar desde el “mundo psi”. Para el psicoanalista norteamericano Robert Stoller el sexo remite a un dominio biológico, mientras que el género es un estado psicológico referente a la masculinidad y a la feminidad, es decir, a la manera con que cada uno se apropia psíquicamente de su sexo 1. Pero, en cambio, para el pensamiento feminista el “género” designa la representación cultural del sexo (enfoque “social”).

 

La desigualdad entre hombres y mujeres se expresa en evidencias observables, e incluso en el de enfermedades que los afectan desigualmente. Además, numerosos aspectos del sufrimiento psíquico y de los comportamientos llamados “de riesgo” conservan rasgos en los que lo psico-social arraiga en lo biológico: la depresión parece afectar más a las mujeres mientras que los hombres serían más proclives a comportamientos violentos y de riesgo. Esta diversidad de comportamientos y de actitudes se origina en la esfera biológica, pero también en el campo imaginario y simbólico de la cultura. La discusión en torno de lo “natural” propio de lo masculino o de lo femenino resulta “tramposa” por su complejidad, y también por la imposibilidad de evocar otras hipótesis distintas a la de construcción cultural. En las investigaciones sobre género, los anglosajones identificados con el feminismo supieron estudiar y denunciar las construcciones culturales relacionadas con el género. Pero la gender theory va mucho más lejos, y replantea profundamente la noción misma de género. La cuestión homosexual, en particular, se convierte en el centro del rechazo del “hétero-centrismo”, sustento de la cultura héterosexual.

La problemática de la gender theory se desliza así de la repulsa al mundo patriarcal hacia el rechazo del modelo heterosexual. Las teorías tradicionales del psiquismo son acusadas de inscribir en el orden antropológico y simbólico datos jerárquicos establecidos. El psicoanálisis es denunciado como una “avanzada” de las religiones y de la opresión héterosexista. Algo así como el guardián del funcionamiento normativo que trata de imponer la “pureza sin más y sin mengua” de la norma heterosexual 2.

 

La reivindicación de la igualdad entre los sexos, desplegándose sobre un registro clásico de diferenciación, da lugar progresivamente a una lógica de indiferenciación. Las teorías del gender recusan cualquier significado sea del término género como de sexuación en tanto datos a priori, en el marco de un constructivismo donde nada es aceptado como “natural”.

 

La cuestión gay

 

Teniendo en cuenta el número de las personas involucradas, ¿por qué la cuestión homosexual ocupa hoy tanto espacio en nuestra cultura? El catalizador histórico fue la epidemia del SIDA que situó al mundo homosexual masculino como víctima concreta de una hecatombe. Con el SIDA, el imaginario colectivo de la homosexualidad cambió profundamente. El sufrimiento de la comunidad homosexual instaló en el inconsciente contemporáneo la idea del homosexual como víctima. Cierto sentido de culpa inspiró en nuestro inconsciente la idea de que la “homofobia” es un mal. La aflicción de los homosexuales ha actuado en estos años como una especie de lente sobre ese sentido de culpa de mayor o menor homofobia del mundo occidental. Descubrimos la homofobia –y la rechazamos– al mismo tiempo que los estragos de la epidemia. Poco a poco se plasmó un discurso reivindicativo de carácter victimario en una parte de los homosexuales, que se definieron cada vez más como comunidad.

 

El período-bisagra es el de los años 70, cuando el mundo homosexual salió del placard, y emergieron la identidad homosexual y las problemáticas comunitarias 3. Si bien el término “homosexual” ya se empleaba –Michel Foucault lo subraya–, “lo que existía era la sodomía” –un cierto número de prácticas sexuales condenadas–, pero “no existía 4” el individuo homosexual. En los años 70, la homosexualidad se convirtió en una cuestión de identificación. El libro de Guy Hocquenghem, Le Désir homosexuel, es, en este aspecto, profético de lo que llegará a ser la teoría del gender veinte años más tarde. Según él, la homosexualidad no es una sexualidad entre otras, sino un lugar de subversión de la “normalidad”. El deseo homosexual, tanto como el deseo heterosexual, serían cortes arbitrarios del flujo “polívoco” del deseo. Foucault, cuya obra fue central en las elaboraciones de la gender theory, sostendrá el lado subversivo de la homosexualidad, que se expresaría en la invención de nuevos estilos de vida. Intuyó que la producción de una estética de la existencia, de un modo de subjetivismo gay que apela a una “pratique de soi”, conducta parcialmente tomada del modelo de la Antigüedad, sería el centro de una (r)evolución 5. En la lógica foucaldiana, la sexualidad –como la locura– es definida por los poderes que tienden a excluir las formas desviadoras para que no encuentren justificación las luchas revolucionarias 6. Las fronteras de lo político avanzan sobre el ámbito de la sexualidad, de la filiación y de la familia.

 

El cambio personal ya no está centrado en el deseo sexuado y, por lo tanto, en lo que le falta. En la perspectiva “clásica”, psicoanalítica, el otro sexo es el registro de lo que siempre falta. En una cultura depresiva, la sexualidad concretaría esa huida de la angustia del vacío e intentaría un nuevo espacio donde el placer desbordara la sexualidad para llegar a ser un flujo de creación. En el erotismo sacralizado de nuestra sociedad, el modelo gay –en el que el placer sexual unge el espacio público– llega a ser una apuesta de transformación. Foucault quedó sorprendido ante la observación del historiador de la Antigüedad, Peter Brown, en cuanto al hecho de que en el transcurso de los siglos, desde el advenimiento del cristianismo la sexualidad había tomado importancia como sismógrafo de la subjetividad. En esta perspectiva, el Vaticano y los movimientos gay no se equivocan. La homosexualidad no es una cuestión periférica respecto de otros problemas aparentemente más graves en la marcha de nuestro mundo. La subjetividad occidental pende de la cuestión sexual, y el paradigma homosexual ocupa el primer lugar en el reino de una erótica donde el goce se libera de la sexuación.

 

Esta difusión de un sexo no diferenciado se configura entonces como algo neutro, por medio del cual la vida amorosa es pura producción de placer, sin marca de sexuación. El modelo gay afirma el principio de que “ninguna identidad es definitiva, sino siempre un ejercicio de exploración y de construcción de sí mismo” 7. Una óptica que concuerda con los caminos de subjetivación de los individuos de nuestra época, compleja y frágil.

 

Este deseo de transformación del mundo, en el que el lenguaje sobre las sexualidades es capaz de transformar género y sexo, es potenciado por la virtualidad de la realidad debido a la proliferación de las imágenes y de la técnica. Si en la gender theory la representación prima y la auto-transformación llega a ser un valor en sí misma, es porque la dinámica de la representación se ha desprendido de su anclaje corporal: el cuerpo mismo aparece como virtualizable y remodelable.

 

La derrota del varón heterosexual

 

Los ensayos y reflexiones sobre la cuestión masculina nunca fueron muy numerosos, probablemente porque, al ser el varón ese uno respecto del cual debía definirse el otro –lo femenino–, no era necesario abundar sobre el sexo masculino. Por lo tanto, resulta urgente reflexionar sobre la cuestión masculina, a fin de comprender la aparición de la gender theory. En nuestra cultura, las últimas tres décadas han visto una sociedad que se desprendía del patriarcado. Allí radica la cuestión gay, co-emergente con la declinación de determinadas imágenes de varón heterosexual, algunas de las cuales llegaron a ser detestables. La cuestión masculina no es, por lo tanto, nueva. Se pueden ya señalar los intensos interrogantes del mundo masculino entre 1870 y 1914 frente a la irrupción de lo que algunos llamaron la “nueva Eva 8”. Mientras tanto, la carnicería de la Primera Guerra mundial –honor a los caídos, nobleza obliga–, puso a la condición femenina en estado de viudez durante años. Por lo tanto, ya comenzada la segunda mitad del siglo XX la “liberación” de la mujer coincidió con la creciente dificultad de posicionamiento de los hombres.

 

Los cambios de las “condiciones” masculinas y femeninas son bien conocidos y complejos: la salida del patriarcado familiar, concomitante con una dominación masculina todavía muy real en el universo económico y político. De hecho hay ciertas imágenes de lo masculino que desaparecieron. La figura del guerrero “bueno”, por ejemplo, fue en parte borrada de la filmografía actual, salvo en las películas de chicos “malos” en los que el híper-masculino es, en efecto, más un trasgresor que un tipo humano realmente valorizado. La imagen de lo que uno puede aceptar o no de un hombre ha evolucionado 9. Se admite, por ejemplo, el carácter fuerte, pero no la conquista agresiva. Algunos “nichos ecológicos” de lo masculino, en su forma más agresiva, se mantienen, sin embargo, muy vivos, como por ejemplo en el mundo deportivo, verdadera nueva “casa de los hombres 10”.

 

Parte de la literatura occidental recorre las dificultades del sexo masculino y de la paternidad, como lo hacen notablemente en los Estados Unidos Russell Banks, Richard Russo, Richard Ford y Paul Auster entre otros. Reaparece insistentemente la imagen de la imposible transmisión de padre a hijo de la sufrida subjetivación masculina y de una muy difícil relación heterosexual.

 

Es sideral el contraste entre el discurso social que denuncia la dominación masculina –algo impuesto como “políticamente correcto”– y lo que se escucha en el tratamiento psicoanalítico 11. Por un lado, los hombres que se analizan, provenientes de clases acomodadas, sobre todo entre los 40-60 años, se sienten culpables, llegan a odiarse: no supieron escuchar a su compañera, tampoco hablarle, y no encontraron cómo ocuparse de sus hijos. Por otro lado, el mundo social muestra, especialmente en las clases más desfavorecidas, una real voluntad de dominación masculina emergente de su frustración ante la superioridad del nivel educativo de sus hijos 12. Este contraste marca una neta diferencia de clases y generaciones: algunas, por edad, están marcadas por la conflictividad entre los sexos (entre los de 40-70 años); otras parecen más pragmáticas. Ciertas mujeres jóvenes se acomodan así, no sin fatalismo, a la inconsistencia de una parte de sus congéneres masculinos. Por lo demás, la mayor parte de los jóvenes adultos escuchados en psicoterapia no sufren por el desdibujamiento paternal, más bien lo contrario. Su problemática es con frecuencia la inversa: una gran presencia de lo maternal y una imagen paternal esfumada. La nostalgia del padre –y del cuerpo del padre– es un rasgo, entre otros, de la homosexualidad masculina: también en esto la cuestión gay retoma el interrogante general de búsqueda y de pérdida de la figura paterna en ciertas generaciones emergentes.

 

El sabor de lo masculino

 

Por otra parte, se experimenta una disociación de los diferentes lugares y tiempos de la vida conyugal y familiar. La pareja ya no es algo necesario en la educación del niño. Frecuentemente, la monoparentalidad constituye un tiempo de la vida, que tiene sus secuencias biparentales y monoparentales. Esta vida des-diferenciada, irregular, a veces solitaria, se ve librada al ritmo de encuentros y ya no ordenada a la construcción de la familia institucional.

 

Lo masculino estaba en el centro del fastidioso andamiaje del patriarcado, en el corazón de la transmisión familiar y social con una verticalidad carente ya de lugar en nuestras esclarecidas horizontalidades 13. Evidentemente, el edificio patriarcal no era sostenido sólo por el padre, sino también por otros elementos tales como el deseo de transmisión compartido por hombres y mujeres. El mundo de antes no merece el oprobio con el cual es hoy estigmatizado. Si fue el universo de la dominación masculina, lo fue con relaciones vivas entre hombres y mujeres, donde existían también el sabor y el placer. El mundo de la desigualdad no era un mundo muerto, y estaba atravesado por una dinámica de igualdad en la cual lo judeo-cristianismo tuvo qué decir 14. Pero es verdad que este rechazo a una cierta imagen –en parte fantasiosa– del varón heterosexual, de una cierta figura de la autoridad, es el motor central del rechazo del “mundo de antes”. Este mundo heredado, transmitido, es percibido como no transformable y no fluido; los hombres con frecuencia se lamentan ante la idea de que ellos puedan ser asimilados a cualquier forma de violencia.Ahora es cuestión de ser flexible y pasar el tiempo negociando con los adolescentes para que comprendan obviedades educativas. En una cultura en la cual nada debe ser impuesto, el modelo “des-diferenciado”, en el que la elección del objeto puede ir tanto del lado de la homosexualidad como de la heterosexualidad, la fluidez obligatoria sirve de paradigma. Dicha fluidez escapa a cualquier definición a priori. Todo es posible y negociable. Pero también todo es una jugada implícita de poder. El mundo “neutro” de la fluidez ya no es una situación, sino un espacio en el que cada uno ejerce su poder.

 

Es cuestión, entonces, de comenzar una reflexión sobre lo masculino para construir una visión de la “casa de los hombres”, no como un lugar de violencia para con las mujeres o quienes tienen una orientación sexual diferente. Según la visión de género, la “casa de los hombres” sería un lugar donde se aprende a hacer sufrir y odiar al otro (la mujer y el homosexual). Es indispensable afirmar que esta visión es mentirosa. Hacer sufrir y poner a prueba al otro, que durante mucho tiempo fue un lugar de lo masculino y de lo paternal, no está ontológicamente unido al odio a la mujer o al homosexual. En un comunitarismo involuntariamente nostálgico, la “casa homo” fue una manera de reencontrar algo de la perdida “casa de los hombres”. El camino por el cual el varón reencontrará la “casa de los hombres” y la alegría de identificarse con otros varones, no es necesariamente la del placer sexual de los cuerpos. Cabe recordar que los varones no buscan necesaria ni primordialmente resolver entre ellos su angustia ante la guerra postmoderna de los sexos a través de prácticas “homo”.

 

En una pirueta conceptual, Judith Butler, teórica del gender, sostiene que la heterosexualidad es una forma de violencia interna construida sobre el rechazo de una “mismidad” primera: todo heterosexual sería nostálgico de los primeros momentos de su vida en los que el género es más ambiguo 15. Propongo dar vuelta el argumento: nuestra época siente nostalgia no tanto de las jerarquías del patriarcado sino de una cierta relación con la alteridad que liberaría de la autodefinición constante de sí mismo. Tendríamos que convencer a nuestros contemporáneos de que la alteridad no es fatalmente lugar de dominación. Y el avance del desdibujamiento de los géneros no supone el fin de los poderes. Por el contrario, quienes anteponen sin más lo positivo del placer de los cuerpos niegan que el placer, sea cual fuere, siempre tiene su sombra, como un cuerpo bajo el sol. El placer del cuerpo responde al de otro cuerpo en búsqueda de alteridad, pero también de poder, de señorío, de dominación. La competición narcisista acaba de comenzar.

 

 

 


Notas

1. Robert Stoller, Masculin ou féminin?, Puf, 1989, p. 21.

2. Didier Eribon, Echapper à la psychanalyse, Léo Scheer, 2005, p. 21. En la retórica de la gender theory, los “enemigos” son asimilados a los racistas, descubriendo un discurso de pureza racial.

3. Este es el sentido del coming out del espantoso placard en muchos aspectos. Bastan como ejemplo, algunos aspectos horroroso del empeño de “normalización”, hasta los años 50 en los Estados Unidos, con la lobotomía a personas homosexuales. Cf. Colin Spencer, Histoire de l’homosexualité, Le Pré aux Clercs, 1995.

4. Thierry Voeltzel, Vingt ans et après, Grasset, 1978, pp. 33-34, citado por Didier Eribon en Réflexions sur la question gay, Fayard, 1999.

5. La «pratique de soi» de los Antiguos, tal como es estudiada en su curso en el Collège de France, está más centrada en la transformación indefinida del sujeto que en el conocimiento del objeto. El logos griego llega a ser, en Foucault, la forma espontánea del sujeto operante. La verdad “ethopoiética” del sujeto, enunciada por Foucault, es definida por la trama de los actos realizados y de las posturas corporales, y no por la exploración judeo-cristiana de las conciencias.

6. En la obra de Foucault existe un paralelo entre Histoire de la folie à l’âge classique (Plon, 1961) y la Volonté de savoir (Gallimard, 1976), al introducir la historia de la sexualidad.

7. Didier Eribon evoca con admiración la utilización del neutro en los Fragments du discours amoureux de Barthes (no se sabe si el protagonista de este discurso es masculino o femenino).

8. Annelise Maugue, L’Identité masculine en crise au tournant du siècle, Payot, 1987.

9. Desde los años 70, la expectativa femenina en relación a la pareja masculina es, ante todo, la de una autenticidad y una connivencia expresivas. Cf. André Rauch, op. cit., p. 435.

10. Sociólogos y antropólogos evocan esta “maison des hommes”, imaginaria o real, en una “homosocialidad” por medio de la cual el ser humano varón se construiría fuera del mundo femenino. Cf. Maurice Godelier, La Production des Grands Hommes, Fayard, 1982.

11. Cf. mi libro Lettre ouverte aux femmes de ces hommes (pas encore) parfaits, Fleurus, 2005.

12. Cf. Daniel Welzer-Lang, “L’homophobie. La face cachée du masculin”, bajo la dirección de Daniel Welzer-Lang, Pierre Dutey, et Michel Dorais, La Peur de l’autre en soi. Du sexisme à l’homophobie. Este tipo de trabajos sociológicos infiere lo esencial de la descripción de la masculinidad y de su violencia a partir de observaciones sobre ciertos grupos de hombres, especialmente referidas a los medios deportivos o de los habitués de boliches.

13. De ahí la aversión al “dogma” paternal como efecto “religioso” oprimente. Cf. Michel Tort, Fin du dogme paternel, Aubier, 2005.

14. Especialmente por la libertad del matrimonio como limitación del poder de los padres. Cf. Jean-Claude Bologne, Histoire du mariage en Occident, Hachette, 1995.

15. Este es al menos el modelo de la heterosexualidad femenina, que supone una separación del cuerpo de la madre. “Consideramos la identidad de género como una estructura melancólica”, afirma J. Butler en Trouble dans le genre, op. cit., p. 163.

Nº 2328 » Julio 2007

Las miradas puestas en octubre

por Editorial · Comentar 

La victoria de Fabiana Ríos en Tierra del Fuego –uno de los ex territorios nacionales hoy devenido en provincia– es para muchos observadores políticos un acontecimiento más simbólico que real dado su exiguo número de votantes. Pero si bien en política, como en el imaginario social, los símbolos tienen su importancia, el triunfo de Mauricio Macri y Gabriela Michetti en la ciudad de Buenos Aires fue de una contundencia arrolladora, tanto por el caudal de votantes como por el porcentaje alcanzado antes y después del ballottage y su repercusión en el humor político nacional.

 

Conviene señalar que la ciudad de Buenos Aires, por motivos económico-sociales y culturales, como sucede en las grandes urbes, se diferencia marcadamente del resto del país en sus opciones políticas. El “microclima” político porteño poco concuerda con la realidad de grandes sectores del conurbano que, por otra parte, son determinantes en los comicios nacionales. De allí que los resultados capitalinos constituyan un capítulo aparte ante las expectativas nacionales para octubre.

Por otra parte, el electorado de la ciudad de Buenos Aires tiene tanto una tradición poco afecta al justicialismo como significativamente crítica con respecto al poder federal. Además, sería casi imposible hablar de votos cautivos en un distrito donde priman las coaliciones coyunturales o las personalidades frente a la fidelidad partidaria. Sirvan como ejemplo los últimos liderazgos políticos porteños, con hombres y mujeres poco identificados con la disciplina y la ideología de partidos: Aníbal Ibarra, Jorge Telerman, Daniel Filmus, Carlos Heller, Gabriela Michetti y el mismo Mauricio Macri. En todo caso, cuentan más los factores mediáticos o expresiones sociales que van desde la defensa de los derechos humanos hasta las propuestas de eficiente gestión.

 

Es de señalar que tanto en la Capital como en Tierra del Fuego las caras han cambiado, pareciera correr otro aire y asomarse una nueva generación en la política. Ni Fabiana Ríos (socialista militante del ARI y diputada nacional), ni Gabriela Michetti (presidenta del bloque de Pro, de formación política democristiana) ni Mauricio Macri (que desde hace algunos años trabaja activamente con sus equipos) pueden ser tildados de improvisados u oportunistas. También cabe observar que los tres llevaron adelante una campaña y un discurso respetuoso y propositivo, en claro contraste con las provocaciones oficialistas. Igualmente, el debate televisivo entre Filmus, Telerman y Macri demostró un nivel interesante y modales correctos.

 

La Reina del Plata

 

Después de un ballottage para algunos innecesario, pero conforme a la Constitución de la ciudad, “irreprochable” desde la ley y, finalmente, beneficioso en el ambiente de anomia que por momentos domina nuestra convivencia, el nuevo Jefe de gobierno deberá demostrar en los hechos antes que en las palabras su tan mentada capacidad de gestión. Son tantos y tan graves los problemas de la ciudad que con hacer unas cuantas cosas bien justificaría su elección. Uno de los principales objetivos estratégicos debería ser demostrar que el mejoramiento de la calidad institucional, además de ser posible, tiene una doble valencia: desde las mismas instituciones y como servicio a los vecinos.

 

¿Cabe hablar de centro-derecha y centro-izquierda o de “nacionalizar” las elecciones cuando se trata de elegir la administración de una ciudad que cuenta con recursos similares a los de una comuna media europea y ofrece, al mismo tiempo, un paisaje de exclusión, de inseguridad e inequidad inadmisibles? Un territorio donde parecen convivir Beverly Hills y Calcuta, en combinación explosiva. Frente a los graves y urgentes problemas de Buenos Aires, más que de derechas e izquierdas, se requieren soluciones eficientes y razonables.

 

Entre los muchos desafíos que esperan a Macri (las villas miserias, los cartoneros, la seguridad, el transporte, la salud y la educación…) uno no menor supondrá enfrentar a la paquidérmica y burocrática “familia” municipal, sindicalmente tan ecléctica y poderosa. En este sentido las promesas del presidente Kirchner y los acuerdos con Jorge Telerman son auspiciosos. Todos esperamos que el Ejecutivo nacional no boicotee a la ciudad desde sus flancos. ¿Cómo ordenar una metrópolis con marchas piqueteras y cortes de calles organizados en los cordones del Gran Buenos Aires? ¿Cómo gobernar a algunos millones de ciudadanos cuando trenes y subtes llevan a cabo paros salvajes?

 

El próximo futuro

 

En el horizonte político, al disipar un poco la niebla,  se advierte la desaparición en curso de los partidos tradicionales, fundamentalmente la Unión Cívica Radical y el Justicialismo. Reina la fragmentación no sólo en la oposición sino también, al menos como amenaza, en el oficialismo. Día tras día se descubren nuevas fisuras que van resquebrajando la hegemonía de Néstor Kirchner: las victorias opositoras ya mencionadas, el más que probable triunfo socialista en Santa Fe, los numerosos conflictos no resueltos (desde Santa Cruz hasta Entre Ríos), las crecientes denuncias de corrupción, el colapso energética, el peligro de una inflación que se dispare, la ausencia casi total de políticas de Estado en lo interno y en el orden internacional.

 

¿Cómo se vislumbra octubre desde este presente?

 

Para muchos está claro que nada cambiará en el equilibrio de fuerzas. Néstor Kirchner o Cristina Fernández  tendrían ganadas las elecciones nacionales en primera vuelta. La mera sospecha de que pueda existir un ballottage crispa los nervios en la Casa Rosada. En todo caso, el escenario podrá ser muy diferente cuatro años después; en gran medida según vaya la economía internacional y el creciente descontento interno. Para quienes sostienen esta mirada, la fragmentada cuando no ausente oposición es tema clave.

 

Para otros, acaso más intuitivos o proclives a la expresión de deseos, la escenografía política ya está cambiando: se corren los telones de cielos tersos y aparecen otros más oscuros y tormentosos. Más allá de los ejemplos teatrales, éstos advierten un creciente debilitamiento de la imagen presidencial y un deterioro importante en el ejercicio hegemónico del poder. Observan que Kirchner es un presidente más temido que amado, hábil y arbitrario controlador de los recursos económicos, urgido por las lanzas que ya tocan a gente de su entorno y que podrían herirlo también a él, susceptible de ser amenazado desde las propias filas peronistas.

 

A esta altura conviene recordar que así como existen radicales K, también hay radicales y peronistas en todas las reconfiguraciones políticas coyunturales. Una demostración más de la crisis terminal que parece socavar a los dos grandes partidos tradicionales de presencia nacional.

 

El escenario de fondo

 

La crisis de representación y la aludida muerte de los partidos tradicionales, por dolorosas que sean y con todo el peligro institucional que implican, constituyen datos de la realidad. No querer verlos es una manera de acrecentar las dificultades.

La fragmentación del escenario político y el desinterés ciudadano han ganado a buena parte del electorado. El reconocido politólogo italiano Giovanni Sartori hablaría de un pluralismo exacerbado. En nuestro caso, ese pluralismo casi anarcoide y posmoderno se enfrenta a la prepotencia hegemónica del gobierno. Surge así un panorama oscuro y preocupante donde toda mediación resultaría insuficiente por lo frágil.

 

Al mismo tiempo, se advierte una constante decadencia de la cultura política en la Argentina. Se trata de un fenómeno que lleva varias décadas y que no pareciera mostrar signos de recuperación. La cultura política de un país, si se la considera como una dimensión relativamente autónoma, poco tiene que ver con las manifestaciones artísticas, científicas o literarias. Una persona puede ser instruida y maleducada al mismo tiempo, puede contar con una formación académica y ser incapaz de relacionarse con el prójimo. En este sentido, nuestros vecinos chilenos y uruguayos tienen mucho que enseñarnos, tanto en cultura política como en ejemplaridad de sus clases dirigentes. Para los argentinos que se reconocen en una permanente historia de crisis y decadencia, acaso la última reforma seria y real, prometida y realizada, haya sido la de Sáenz Peña. Quienes juzguen exagerado este diagnóstico, reconocerán al menos el grado de responsabilidad, altruismo y proyecto que caracterizó a esa generación y a ese momento de la República. Hoy, al déficit de calidad institucional y al cúmulo de males ya citados, se suma una suerte de modelo político mercenario que impide toda previsibilidad.

 

Si, como señalamos otras veces desde estas páginas, la compleja y explosiva España posfranquista supo encontrar las personas y los caminos para una virtuosa transición (con un franquista como Adolfo Suárez, un socialista como Felipe González y una bien dispuesta pareja real, entre otros, sin olvidar al cardenal Vicente Enrique y Tarancón), ¿por qué no podríamos los argentinos ganar en conciencia cívica, ejemplaridad ética, visión de futuro, capacidad de consenso y laboriosidad?

Nº 2328 » Julio 2007

De política, género, cultura e Iglesia

por Poirier, José María · Comentar 

Confirmada la candidatura oficialista de Cristina Fernández de Kirchner –cosa que hoy se da por cierta pero mañana podría cambiar– y cuando arrecian las denuncias de graves irregularidades en la administración del gobierno y una debacle energética, las miradas están puestas en octubre, como titula nuestro editorial.

 

El triunfo abrumador de Mauricio Macri y Gabriela Michetti, unidos a otros de diferente signo político, han renovado un poco el humor social, pero difícilmente influyan en los resultados nacionales. Sigue siendo cierto que la oposición está fragmentada y la vocación hegemónica de Néstor Kirchner se mantiene intacta. ¿Podría cambiar sustancialmente el panorama en estos meses?

 

El artículo de Jacques Arènes sobre “La derrota del hombre heterosexual”, ilustrado en la portada con una sugestiva foto del polémico film norteamericano “Secreto en la montaña”, merece una lectura atenta, inteligente, libre de prejuicios.

              

Santiago Kovadloff escribe sobre la responsabilidad ética y filosófica de pensar en castellano la ciencia, la técnica y las relaciones internacionales.

 

Desde un enfoque psicológico, Ángela Sannuti sostiene que es preciso comprender el lenguaje emocional en los trastornos de alimentación, dado que en muchas personas hay una sufrida búsqueda de profunda relación humana.

 

Juan J. Llach, miembro de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, se refiere a la caridad y la justicia en un mundo necesitado de cambios radicales en lo cultural frente a enormes desafíos.

 

* * *

 

Gran parte de esta entrega sigue tras las huellas de la V Conferencia de obispos latinoamericanos en Aparecida, Brasil, a la que le hemos dedicado amplio espacio ya en los dos números anteriores y seguiremos proponiendo nuevos aportes. Con un resultado claramente más positivo y esperanzador de lo que muchos pensaban antes, Aparecida –en la línea de Medellín y Puebla– sugiere más un camino para la Iglesia en Latinoamérica que un acontecimiento acabado. Además de publicarse el mensaje final, escriben Carlos M. Galli y Víctor M. Fernández. Otro material puede consultarse en www.revistacriterio.com

« Anterior

Revista Criterio