Febrero 2008
El arte, al fin liberado de las cosas
De manera inesperada, el mundo del arte contemporáneo, que parecía condenado a vegetar en una enmarañada babel de lenguajes indescifrables, encontró su culminación. Se ha anunciado que la 28ª Bienal de arte de San Pablo, considerada como el mayor acontecimiento de las artes plásticas de América latina y prevista para octubre de 2008, será una celebración en vacío, sin artistas ni obras, y con el edificio construido por el arquitecto Oscar Niemeyer convertido en un espacio para la reflexión.
Por decisión de su director artístico, Ivo Mesquita, no habrá en
La bienal responde a un modelo de exposición del siglo XIX y estamos en el XXI. No creo que este modelo esté agotado, pero necesita una profunda revisión, dijo Mesquita al diario O Globo. Estoy proponiendo un debate, es una llamada a la controversia.
En rigor, lo que Mesquita propone es una post-controversia, ya que en esta era de las bienales signadas por los superpoderes del curador supremo, sólo se nos permite opinar apoyados contra el muro impenetrable de los hechos consumados. Recordemos, en efecto, que la anterior edición de
Sin embargo, es lícito sospechar que, a pesar de su arbitrariedad y de su aparente nihilismo, la decisión de Mesquita adquiere, como ya se dijo, el significado de una consumación, entendida como el arribo a un reino ideal, largamente preanunciado por el rumbo general del arte contemporáneo. ¿Qué fue, en efecto, el mingitorio de Duchamp, señalado como el inicio de una revolución artística, sino un primer gran paso hacia la separación entre arte y objeto? A partir de ese momento germinal, como si se hubiera tratado del disparo de largada, la parábola del arte contemporáneo siguió el rumbo señalado por su fuente de energía más poderosa y constante, casi una fuerza gravitatoria impresa en su ADN, que lo empuja hacia la desmaterialización total. Los espacios plásticos vacíos y los paneles monocromáticos de Ives Klein, el creciente despojamiento de la imagen iniciado por Malevitch y Mondrian, la nutrida corriente minimalista que fatigó el arte de las últimas décadas y la habitación vacía que mereció un premio Turner son sólo algunos de los hitos que anudan ese viaje hacia
A la luz de esos antecedentes, la próxima irrupción de una Bienal de San Pablo sin obras podría ser entendida entonces como la consumación de un prodigioso contenedor platónico, preparado para albergar el aura luminosa e inmaterial del Arte, que al librarse de la atadura de las cosas ingresará por fin a la dimensión de las estructuras celestiales que reclama el espíritu humano.
Por esta vía de interpretación podemos llegar a suponer que el propósito de Ivo Mesquita es lograr la virtual ascensión del Arte a la categoría de neorreligión, para terminar así con la caótica dispersión de las sectas que hasta hoy pretenden limitar su luminosa inmaterialidad, encerrándolo en los límites de videos, instalaciones, fotografías, peceras con formol y burdos alegatos políticos o ambientales.
Para compensar esas ausencias bienhechoras, Ivo Mesquita estima que en
En resumen, el afán de Mesquita por superar las concepciones del siglo XIX podría significar el comienzo de un ritual de contacto directo con el Arte, que a partir de octubre de 2008 podrá realizarse sin la penosa y previsible acumulación de escándalos y naderías que llenaba el espacio de las viejas bienales.
¿Tendremos que empezar a creer en el progreso del arte?
Creación y evolución
El artículo del presbítero y doctor Lucio Florio, publicado en el número 2331 de Criterio me ha devuelto la esperanza de ver finalmente en las filas católicas un decidido impulso a dialogar con el mundo de
Era hora de que salieran a la palestra intelectuales católicos decididos a dar batalla contra los agresivos comentarios de algunos científicos que persisten en considerar que sus lauros académicos en el campo de la biología evolutiva los autorizan a incursionar agresivamente en el ámbito filosófico-teológico promoviendo el ateísmo. Ayer fueron C. Sagan y S. J. Gould, hoy R. Dawkins y S. Weinberg, por citar sólo los más conocidos.
Como es sabido, el 22 de octubre de 1996, el entonces papa Juan Pablo II pronunció palabras definitivas sobre la compatibilidad de la fe cristiana con el proceso evolutivo mientras no se niegue en él la providencia divina. El 24 de julio de 2007 el actual papa, Benedicto XVI, expresó categóricamente que la polémica entre creacionismo y evolucionismo es absurda porque no pueden ser presentados como alternativas que se excluyen. Lamentablemente, pronunciamientos tan claros no han logrado el eco debido. Dicho lo que antecede, quisiera exponer aquí en breve síntesis mi propia visión del problema:
1) El origen de las diversas especies a través del proceso de selección natural es actualmente una realidad indiscutible para el mundo científico.
El concepto del origen evolutivo de los organismos es una conclusión científica establecida con una certidumbre similar a la de conceptos tales como la redondez de
Pero también debe destacarse que se desconocen algunas etapas de este proceso. La más importante es la relativa a la mecánica de la macroevolución, porque no se sabe aún cómo se acumulan y ordenan los cambios genéticos necesarios para constituir un nuevo órgano atributo de una nueva especie.
2) Está demostrado que el azar, por sí solo, es un factor insuficiente.
En su claro y categórico, aunque poco difundido, libro Azar y certeza (1975), George Salet demuestra que no bastaría toda la edad del Universo para dar tiempo a que se gestara un nuevo órgano por azar, como afirma desaprensivamente Jacques Monod en su conocida obra Azar y necesidad (1970).
Frente a este hecho los biólogos se vieron forzados a proponer un azar acotado que permita la gradual integración de los cambios genéticos necesarios, pero hasta el momento no se ha descubierto cuál puede ser el factor natural que produzca esta orientación. Lo que sí está suficientemente probado es que deben descartarse influencias de la herencia o del ambiente.
3) Es importante destacar que el hecho de que aún se desconozca la mecánica de algunas etapas no permite negar el proceso evolutivo.
La gradual transformación de las especies, que termina convirtiéndolas en sus propias sucesoras, es un hecho documentado, al margen de que no se haya descubierto aún el factor desconocido que actúa como mano invisible para orientar los cambios. Debe recordarse que nadie impugnó la ley de gravitación universal de Isaac Newton porque el genial científico inglés no pudiera explicar a qué se debía la recíproca atracción de las masas. Y esa ley permitió a los astrónomos tener un instrumento, de admirable precisión dentro de los parámetros requeridos, para calcular las órbitas de los cuerpos celestes.
4) No se puede pedir a la ciencia que invoque a Dios ni que lo niegue.
Faltaría a su cometido si así lo hiciera. Su misión es descubrir cuáles son las leyes de la naturaleza que permiten explicar los hechos. Según Richard Dickerson, miembro de
Recíprocamente es obvio que nadie, invocando la ciencia, puede negar a Dios, porque se saldría así del campo científico. La ciencia debe ser neutra en materia religiosa.
5) Es necesario que los cristianos, cuando nos introducimos en el ámbito de la ciencia, prescindamos de recurrir a lo milagroso.
Algunos se esfuerzan en señalar lagunas en la ciencia que parecen evidenciar la necesaria intervención de Dios. No es falsificando la evolución para introducir en ella un factor externo comparable a un plan, ni tampoco aceptando
intervenciones especiales de Dios en ciertos momentos
dando la impresión de que, el resto del tiempo Dios deja obrar a las causas segundas,
como se llegará a una síntesis entre ciencia y religión, ha dicho Paul Chauchard (La creación evolutiva, 1966).
No debemos empeñarnos en que la ciencia acepte la directa intervención de Dios en determinado proceso de la naturaleza por más asombroso que sea. Es a los filósofos a quienes les corresponde sacar conclusiones sobre la mayor o menor presencia de signos que revelen el accionar de una inteligencia superior. Dios se hace presente por ser el autor de las leyes que los sabios descubren. El científico no hace más que reproducir, en lenguaje académico, el modo con que Dios actuó sobre la materia, las leyes que le impuso y que sostiene con su poder.
6) En la observación de la naturaleza hay suficientes motivos de asombro tanto para los filósofos como para los propios científicos.
Es sabido que los primeros evolucionistas elaboraron sus teorías a partir de la existencia de la vida, sobre cuyo origen no se pronunciaron.
Que ciertas moléculas de la materia inerte hayan decidido, en un lejano momento de la historia, asociarse, organizarse y perpetuarse, hasta el extremo de idear mecanismos cada vez más perfeccionados para la asimilación, autocorrección y reproducción, tomando energía del resto del mundo y oponiéndose al principio general de degradación de la energía es algo que llama al asombro, aunque algún día se descubran los pasos del proceso.
También está claro que la aptitud desarrollada por algunas células (las cianobacterias) de captar la luz solar mediante la clorofila para formar los hidratos de carbono que permitieron su gradual desarrollo, es algo sorprendente. Tanto antes como después de que la ciencia descubriera el mecanismo de la fotosíntesis.
Llamamos naturales a los prodigios cotidianos y milagros a los prodigios intermitentes, escribió Juan Donoso Cortés hace cerca de doscientos años en su Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo.
Dios está presente en cada hebra de hierba que crece.
7) Es necesario ser muy cuidadoso al afirmar la existencia de un diseño inteligente en la creación.
Puestos a admitir la realidad del proceso evolutivo ha habido distintas reacciones entre los cristianos. Teilhard de Chardin afirmaba en El fenómeno humano que la técnica fundamental del proceso evolutivo es el tanteo: El tanteo, que no sólo es el azar, con el que se ha querido confundirlo, sino el azar dirigido. Por eso es necesario definir cuidadosamente de qué se trata cuando se habla de diseño inteligente.
¿Se trata de un proceso que tiene como fin crear al hombre al margen de los efectos colaterales que deje a su paso? No es difícil adherir a este criterio.
¿Se trata, en cambio, de un proceso cuidadosamente guiado en todos sus detalles por una inteligencia suprema para culminar en el hombre? Personalmente no coincido con esa posición. Hay muchos hechos desconcertantes, como la existencia de grandes cataclismos o la aparición de especies depredadoras: desde las variadas clases de dinosaurios hasta los microorganismos responsables de temibles enfermedades.
Hay suficientes hechos que sugieren la presencia de una inteligencia superior.
Por mencionar algunos basta, a mi criterio, hacer referencia al origen de la materia en forma de energía híperconcentrada que dio lugar al Big-Bang y al origen de las leyes que a partir del inicio respetaría invariablemente la materia.
También sorprende el proceso del origen de la vida: la constitución de una nueva célula necesita para materializarse las instrucciones que suministre su célula madre. ¿Cómo pudo originarse la primera? Para poder superar este círculo vicioso se requiere recurrir a un proceso gradual que tardará mucho en descubrirse, aun con el auxilio de las técnicas más modernas.
Ya se ha mencionado aparición de la fotosíntesis. Tampoco se ha descubierto aún el secreto proceso que guarda la naturaleza para producir las mutaciones creadoras de nuevos órganos. Debe agregarse la racionalidad humana, ejercida por un misterioso yo que usa su propio sistema neuronal para formar conceptos, emitir juicios y elaborar raciocinios. Por último no puede dejar de mencionarse la conciencia del bien y del mal que, para el gran filósofo alemán E. Kant, constituye una prueba directa de la existencia de Dios.
9) Un proceso evolutivo era inconcebible en un mundo que se suponía creado hacía unos pocos miles de años.
Ya nadie recuerda que tanto Kepler como Newton afirmaban que el universo tenía una antigüedad no mayor de 4000 años a.C. Fue necesario que estudios geológicos más modernos asignaran a
Debe tenerse presente que
La jerarquía eclesiástica se encuentra hoy frente a un problema difícil: renovar su enseñanza en el lenguaje propio de una época científica cuidando que nadie se escandalice por el aparente cambio. El tema del evolucionismo es quizá uno de los más importantes porque está vinculado al dogma del pecado original.
10) La adecuación del lenguaje de la fe religiosa a la actualidad científica es una tarea prioritaria.
Asumir la existencia de un proceso evolutivo en reemplazo del simbólico, aunque inspirado, relato simbólico del Génesis no es suficiente. Hay otros temas que deben considerarse a la mayor brevedad. Debe insistirse en demostrar la espiritualidad del alma frente a los avances de la fisiología de la conciencia. Debe explicarse la posibilidad de reconocer los verdaderos milagros diferenciándolos de los descubrimientos de la parapsicología. Debe probarse la validez del mensaje bíblico ante las críticas de la moderna exégesis.
Para responder al desafío de actualizar la exposición de la fe cristiana a un lenguaje coherente con el de la actualidad científica toca a los intelectuales católicos laicos ejercer el liderazgo. Sin miedo, como pedía Juan Pablo II en Ex Corde Ecclesiae.
Ira Levin, autor de El bebé de Rosemary
El último 12 de noviembre murió en Nueva York, a los 78 años, el dramaturgo y novelista Ira Levin, autor de la famosa obra El bebé de Rosemary (Rosemarys Baby, 1967), que en 1968 fue llevada al cine por el director polaco Roman Polanski, con la actuación protagónica de Mia Farrow, John Cassavetes, Ruth Gordon y Ralph Bellamy. Levin había nacido el 27 de agosto de 1929, en la misma ciudad.
Según The New York Times, la tensión en la obra de Ira Levin está vinculada de manera maravillosa con los acontecimientos cotidianos. La delgada línea entre creer y dudar se revela de manera extraordinaria. Hacia el final de su vida lamentó que algunas de sus novelas hubiesen incidido en la difusión de la subcultura popular del ocultismo y la demonología.
Hijo de un comerciante judío, se graduó en filosofía y literatura inglesa en
Es autor de siete novelas, todas best-sellers dentro y fuera de su país. En 1953 publicó Bésame antes de morir (A Kiss Before Dying), que ganó el premio Edgar Allan Poe concedido por
La primera data de 1956, fue dirigida por Gerd Oswald y protagonizada por Robert Wagner, Virginia Leith, Jeffrey Hunter y Joanne Woodward. La segunda fue realizada en 1991 por James Dearden, con la actuación de Matt Dillon, Sean Young, Max von Sydow y Diane Ladd. Es la historia de Jonathan Corliss, un psicópata y manipulador obsesionado con las apariencias, que intenta trepar en la escala social a cualquier precio.
Jonathan asesina a su esposa embarazada, arrojándola al vacío desde un rascacielos de Filadelfia, para casarse con su hermana gemela, con la peregrina idea de heredar la inmensa fortuna del padre, un magnate industrial. Sin embargo, nunca se asume como criminal porque considera que ésa es la vía natural transitada por todos los grandes empresarios.
A partir de que el espectador sabe que Jonathan es un asesino, el suspenso se organiza sobre la base del cómo, cuándo y dónde su nueva esposa se enterará de la verdadera identidad del marido y cuál será su actitud desde ese momento.
Con posterioridad, Levin publicó: El bebé de Rosemary (1967), Un día perfecto (This Perfect Day, 1970), Las poseídas de Stepford (The Stepford Wives, 1972), Los niños del Brasil (The Boys from Brazil, 1976), Sliver (1991) y El hijo de Rosemary (1997), que continúa la saga de la historia original y concluye con una batalla global entre el Bien y el Mal, de la que depende parcialmente el futuro de la humanidad.
En Los niños del Brasil, un chico descubre un complot en el que están involucrados viejos jerarcas nazis. Se comunica con un ex cazador de nazis (alusión a Simon Wiesenthal), cuya investigación permite identificar a un médico (obvia referencia a Josef Mengele) que en su residencia en Brasil, resguardada por perros Doberman, crea seres clónicos y los desarrolla de tal manera que física y mentalmente se parezcan a Adolf Hitler. Su propósito es lanzarlos como superhombres, capaces de dominar el mundo.
Esta obra maestra del suspenso fue adaptada para el cine en 1978 por Franklin J. Schaffner, con la actuación de Gregory Peck, Laurence Olivier (que realiza una labor antológica), James Mason y Lilli Palmer.
Las poseídas de Stepford también tuvo dos versiones para el cine. La primera en 1975 por Brian Forbes con el título Esposas complacientes, interpretada por Katharina Ross, Paula Prentiss, Peter Masterson y Nanette Newman. La segunda en 2004, con el título de Las mujeres perfectas. Fue dirigida por Frank Oz, a partir de un guión de Paul Rudnick, uno de los autores con mejor proyección dentro del cine estadounidense, y los personajes centrales corresponden a Nicole Kidman, Matthew Broderick, Glenn Close, Christopher Walken y Bette Midler.
Esta segunda versión es una sátira antimachista que por momentos deviene en sarcasmo, protagonizada por un despiadada productora de televisión de Manhattan, devota del dios éxito y del dios dinero. Cuando su reality show concluye en tragedia, el marido la lleva a vivir a Stepford, un barrio cerrado y suerte de paraíso habitado por hombres felices y mujeres robotizadas.
Algo así como mujeres-clones, sumisas, acartonadas, automatizadas, asexuadas y sonrientes, que se peinan con mucho spray y visten ropa de fiesta para sus ejercicios gimnásticos, réplicas de actividades domésticas: como lavar, fregar, cocinar o planchar. Son las mujeres perfectas del título. Los hombres, en tanto, poseen su club privado, en cuyo subsuelo hay un secreto bien guardado.
No es preciso ser muy perspicaz para descubrir hacia dónde apuntan los dardos de Oz y Rudnick. Cuando se publicó la novela, el feminismo comenzaba a cobrar bríos, pero hoy no es una novedad ni una moda. El machismo, en cambio, todavía es moneda corriente y los reality shows compiten por el premio a la estupidez.
Otra novela de Ira Levin llevada al cine fue Sliver, titulada en nuestro país Sliver, una invasión a
El rodaje concluyó en febrero de 1993, pero las respuestas negativas obtenidas en los screening tests (ensayos) forzaron la reescritura de cinco finales distintos, que también fueron desechados, para rodar finalmente un sexto desenlace, que provocó las iras de Tom Berenguer y no pocos conflictos con el director. Estas tensiones en el set se sumaron a las prolongadas disputas que Sharon Stone mantuvo con su partenaire William Baldwin y que en más de una ocasión pusieron en peligro la continuidad del rodaje.
Ira Levin también escribió nueve obras de teatro. La primera, No times for Sergeants (1956), adaptación de la novela homónima de Mac Hyman de la que posteriormente, en 1958, se hizo una versión para el cine. Otros títulos son: Interlock (1958), General Seeger (1962), Veronicas Room (1974) y Cantorial (1982).
La más conocida es Trampa mortal (Deathtrap, 1978), que se constituyó en un rutilante éxito en Broadway y en 1982 fue transcripta al cine por Sydney Lumet, con la actuación de Michael Caine, Christopher Reeve, Dyan Cannon y Joe Silver.
Su protagonista es un escritor que luego de varios fracasos, recibe el manuscrito de una novela enviada por un ex discípulo suyo, que le requiere su opinión. El escritor lo invita a su casa con la idea de asesinarlo y adueñarse de la obra, a la que considera perfecta. Pero la operación encierra un juego macabro la trampa mortal del título que involucra a la esposa del escritor, afectada del corazón, y una importante herencia.
El bebé de Rosemary
La obra más importante de Levin es, sin dudas, El bebé de Rosemary, cuya adaptación se convirtió, con el correr de los años, en un clásico del cine de terror psicológico. Un filme que lleva implícito una alegoría sacrílega y casi cuarenta años después sigue manteniendo intactas sus cualidades cinematográficas, las mismas que le permitieron trascender a nivel mundial.
Los personajes centrales son el matrimonio integrado por Rosemary y el actor de teatro John Guy. Ambos se instalan en un antiguo departamento de Nueva York. Luego de probar un postre que le envía una vecina, Rosemary cae en un estado de inconciencia y es poseída según ella por un ser de ojos felinos.
Durante el embarazo percibe una siniestra conjura en su contra y luego de dar a luz, descubre que su hijo es el anticristo. Pero Rosemary no puede negarse a lo evidente. Ella es la madre, aunque su hijo haya sido engendrado por el diablo. Y decide criarlo. Su mirada amorosa hacia el niño recostado en una cuna negra, causó en su momento una tremenda perturbación.
Siguiendo las enseñanzas de Aristóteles, que recomendaba a sus discípulos oscurecer la historia como esencia del drama, Polanski imprimió a su película la mayor ambigüedad posible, dejando la puerta abierta de tal manera que pudiera pensarse que toda esa historia era simplemente la fantasía de una mujer infantiloide, incapaz de asumir su embarazo.
¿El bebé de Rosemary no arrastra implícita la creencia en Dios?, fue una de las preguntas que Edgardo Cozarinsky le formuló a Polanski en una entrevista que realizó en Hollywood, publicada el 18 de marzo de 1969 en
Polanski logró atrapar al espectador sin recurrir a efectismos de receta. Prefirió que la historia evolucionara con cierta naturalidad, mientras embellecía a la película con elaborados encuadres, una iluminación más bien expresionista, un hábil montaje y la apoyatura de una eficaz banda musical provista por su antiguo colaborador Christopher Komeda, que falleció poco después de concluida la edición del filme.
Entresijos del rodaje
Polanski esperó que alguien sugiriera a Sharon Tate, su esposa, para el personaje de Rosemary, pero nadie lo hizo. La propuesta de los productores recayó en Mia Farrow, hija del director John Farrow y de
Estaba casada con Frank Sinatra, y aunque no correspondía a la descripción que Ira Levin hizo de Rosemary en la novela, Polanski la aceptó y quedó muy conforme con su labor. Sin embargo, esa actuación le significó su ruptura con Sinatra, que quería una esposa sumisa, mientras ella deseaba realizarse como actriz.
La separación matrimonial fue la comidilla de los medios de prensa y la actriz criticó con ironía ese tratamiento, según refiere Polanski en sus memorias. Mia Farrow atacó verbalmente a la prensa por cubrir un episodio tan insignificante, en lugar de dedicar sus energías periodísticas a la situación de los indígenas norteamericanos, que fueron desposeídos de sus derechos y no gozaban de los mismos privilegios que los demás ciudadanos.
Más difícil fue encontrar una figura para John Guy. Polanski ofreció el papel a Warren Beatty, pero no aceptó por considerar que no era lo suficientemente importante. Entre los candidatos también figuró un joven actor llamado Jack Nicholson, pero su perfil no se ajustaba a las características del personaje. El director pensó asimismo en Robert Redford, pero una absurda disputa entre él y
Finalmente, el personaje fue asumido por John Cassavetes, un actor neoyorkino y director de algunos filmes independientes, con quien Polanski tuvo dificultades. Era un poco demasiado Actors Studio. Lo mejor que sabe hacer es interpretarse a sí mismo. Hace demasiados gestos. Lo que estaba bien en él es que hacía su personaje bastante antipático.
Cassavetes, a su vez, definió a Polanski en estos términos: Es un cineasta genial, lleno de imaginación. Tiene ideas visuales muy estimulantes, pero como ser humano no me gusta en absoluto. Lo encuentro detestable y desprovisto de calor comunicativo.
En los Estados Unidos El bebé de Rosemary fue condenada por
La censura nativa, en cambio, objetó algunas alusiones al Sumo Pontífice y, por supuesto, los desnudos. Fiel a su principio de que nada es más pernicioso que la desnudez comentó Cozarinsky en el artículo referido, los catones pidieron una cantidad de breves cortes fragmentarios en la secuencia de la posesión satánica: cuando se veían en primer plano los senos desnudos de la doble de Mia Farrow (Linda Brewerton), cuando el marido-demonio se agitaba sobre ella, cuando sus garras arañaban el cuerpo desnudo visto de perfil, y hasta la panorámica de los viejos brujos desnudos apenas visibles en la penumbra, que asisten a la misa negra.
Dos aproximaciones a La flauta mágica
Creada en un contexto de gran adversidad, La flauta mágica tiene lugar luego de la muerte de José II que, además de significar pleno abatimiento en Mozart, trae como consecuencia la llegada al poder del hermano del monarca y el alejamiento de todo aquello que se estimara cercano al Iluminismo. A diferencia de José II, reformista inserto en el despotismo ilustrado, de la mano de Leopoldo II Santo Emperador Romano de
Mozart ingresó a
Toda la simbología masónica está presente en la obra: la cifra tres, el paso de la oscuridad a la luz, las pruebas del fuego y del agua, sumando algunos párrafos literales de
El argumento
La alegría de Mozart se compone de serenidad. Su simpleza es pureza, señalaba André Gide en una cita que Beni Montresor, el notable regisseur para la puesta en el Teatro Colón de 1996, remarcaba en el programa de mano de la representación. En esa ocasión, la labor de Sumi Jo como
La flauta mágica de Ingmar Bergman
El derrotero de La flauta mágica en el registro televisivo ha sido extenso, puesto que es una de las obras más populares de todos los tiempos (sólo en el escenario del Teatro Colón se presentó cuarenta veces en el transcurso de ocho temporadas entre 1941 y 1984). Pero en términos cinematográficos la obra realizada por Ingmar Bergman para la televisión sueca en 1975, y conocida en salas cinematográficas en todo el mundo, ha sido la única que observa una representación integral. El fallecido maestro sueco había incluido de manera anticipada un fragmento de ella en La hora del lobo (ver Criterio nº 2330), pero el esfuerzo de lograr una versión integral de la ópera de Mozart es también la de elevar los sentimientos por encima de la razón, intención que en la concepción de Bergman sólo la música puede alcanzar. En su autobiografía La linterna mágica2, el realizador se interroga sobre la columna troncal de la obra: La música traduce la sencilla pregunta del libreto en la más grande de las preguntas: ¿vive el amor? ¿es real el amor? La respuesta llega estremeciéndose, pero llena de esperanza, en una extraña división del nombre de Pamina ¡Pa-mi-na vive aún! Ya no es cuestión del nombre de una joven atractiva, es una contraseña del amor: Pa-mi-na vive aún. El amor existe. Externa e intrínsecamente, la obra en la mirada del realizador de El séptimo sello salva al hombre de
A diferencia de la versión de Kenneth Branagh, La flauta mágica de Bergman comienza con un resultado visual que, automáticamente, transmite lo sublime del arte hecho música.
El inicio de
La presentación de
La flauta mágica de Kenneth Branagh
La flauta mágica es una experiencia única en el cine y espero que puedan disfrutar de ella de una forma que no es posible en ningún otro medio. Para personas como yo, que conozco la ópera, es natural sentirse intimidado por su grandeza, aunque Mozart quería abrir puertas señaló el propio Kenneth Branagh al momento de la presentación de su versión de La flauta mágica en el Festival Pantalla Pinamar en diciembre pasado3. Figura del cine de autor de los noventa, sus reelaboraciones de la obra de Shakespeare son (en síntesis) de antología y Branagh acomete aquí la labor en una obra musical que cuenta con un precedente de los más ilustres que podían existir en la historia del cine: Bergman+Mozart. La diferencia esencial que le permite a Branagh evadir las comparaciones es que realiza una apropiación de la cultura popular y de la obra de anteriores directores tamizada con una estrategia de mediación que no escapa al aquí y ahora (en ese sentido es muy aleccionadora su labor en Sleuth, analizada por Daniel Sendrós en este número) y permite jugar en su traslación una ponderación sobre las posibilidades del cine posmoderno. Lo intertextual, a diferencia de Bergman, no se encuentra subordinado a la idea catalizadora sino como mediadora entre la cultura popular y la de cuño académico que se expresa, en Branagh, con el metadiscurso que permite relacionar diferentes alusiones que se formulan en relación con películas. En tal sentido, La flauta mágica de Kenneth Branagh posee resonancias más directas al infierno en las trincheras de La patrulla infernal que a cierta metateatralidad bergmaniana. La obertura es un paseo por la trinchera de la guerra con una orquesta como parte del teatro de operaciones de ese escenario de gran guerra y allí, volando entre el lodo y el humo de la pólvora, una mariposa blanca anuncia la búsqueda de la luz y lo bello frente a la oscuridad y
¿Por qué el escenario de
El libreto elaborado por Stephen Fry necesariamente adapta los diálogos al nuevo escenario y también, empero, contribuye con algunas modificaciones innecesarias (dolares, libras o francos o que Pamina acuse a Monostatos de violación) y acierta la reformulación al colocarle a Papageno como castigo no un candado sino una máscara antigas que no puede sacarse y en el tercer cuadro, cuando Tamino le canta al retrato de Pamina, al introducir un flashback para presentar una escena de bailes imperiales que deviene en ensoñación de Tamino al bailar con su amada (se repetirá en el final del cuadro 21, en el segundo acto). Fiel a su estilo, el realizador de la última versión cinematográfica de Henry V (de cuño metacinematográfico pleno), introduce esta particularidad para informar al público sobre el pasado antes del drama. De esta manera,
Algo sí une a Bergman y Branagh: la utilización de la ópera en lengua nacional y no en el original alemán. Contradictoriamente, la principal modificación deviene en realidad en la unión más directa al espíritu mozartiano de La flauta mágica, al ser concebida como una ópera popular comprensible por todos los públicos. En una carta a su esposa, Mozart señalaba, Tengo momentos de plenitud que me regala
El segundo acto en las dos elaboraciones otorga una riqueza conceptual que eleva sistemáticamente a las obras aunque desde vertientes diferentes. Aquí Branagh se acerca cada vez más a las informales miradas al mundo académico que realizó Ken Russell en los setenta. Queda en La flauta mágica el anhelo perpetuo del amor y la paz duradera junto con la permanente admiración por uno de los genios más sublimes de todos los tiempos. Aquél que hizo decir a Tamino, en palabras que bien pueden apropiarse sus espectadores, ¿Será esta la mansión de los dioses? Las puertas muestran
las columnas muestran, que aquí moran la sabiduría, el trabajo y las artes6.
El texto tiene como base la disertación sobre La flauta mágica realizada en Pantalla Pinamar.
Notas
1. Pola Suárez Urtubey: La flauta mágica como testamento espiritual de Mozart en el programa de mano del Teatro Colón, agosto-septiembre 1996, Buenos Aires.
2. Ingmar Bergman: Linterna mágica, Tusquets editores, 1995.
3. Discurso de Kenneth Branagh en la presentación de La flauta mágica en el cuarto encuentro cinematográfico argentino-europeo Pantalla Pinamar 2007-2008.
4. idem.
5. idem.
6. Traducción de La flauta mágica de Wolfgang A. Mozart y Emmanuel Schikaneder.
El futuro del mundo
El 13 de octubre de 2007, fecha coincidente con la fiesta islámica del Eid el Fitr, conclusión del mes sagrado de Ramadán, se publicó
La introducción comienza por afirmar que entre musulmanes y cristianos sumamos más de la mitad de la población mundial y que sin paz y justicia entre estas dos comunidades religiosas no puede haber paz significativa en el mundo. El futuro del mundo depende de la paz entre musulmanes y cristianos.
El texto sostiene que la base para tal paz y entendimiento ya existe, porque es parte de los principios fundacionales de una y otra fe, a saber: el amor a un Dios y el amor al prójimo. Estos principios, se señala, se encuentran reiteradamente en los textos sagrados del Islam y del Cristianismo. La unidad de Dios, la necesidad del amor a Él y la necesidad del amor al prójimo, reitera, es la base común entre el Islam y
El cuerpo principal de
La segunda parte, El amor al prójimo, describe primero su sentido en el Islam y luego en el Cristianismo, ambas con citas. El trabajo concluye con una tercera parte denominada: Para llegar a una palabra común entre nosotros y ustedes. Se aclara que existen diferencias entre ambas confesiones, pero que el terreno común tiene sus bases ya explicitadas, e incluyen en la comunidad de principios no sólo al Nuevo Testamento sino también a
El Papa abre la nómina de destinatarios, se encuentra al principio por ser la cabeza temporal de
Está destinada también a líderes de otras Iglesias cristianas, como el arzobispo de Canterbury, el presidente de
Se buscó un representativo nivel de receptores aunque incompleto, dada la gran variedad de confesiones existentes, sobre todo en los Estados Unidos, y no sólo allí. El criterio general parece haber sido a favor de las Iglesias afirmadas en el tiempo y las tradiciones. No obstante, no prevaleció un criterio excluyente sino más bien inclusivo.
Más notable es la variedad de procedencia, de calidad, de representatividad, de profesiones, etc., de los remitentes, es decir, los firmantes de
Veamos algunos casos, entre los mayores líderes de principales países islámicos de diversos continentes: miembro del Comité de Ulemas (académicos) superiores de Arabia Saudita; muftí (juez) de Estambul, Turquía; juez superior y presidente de académicos de Bosnia y Herzegovina; decano del Departamento de Estudios Islámicos, Academia de Ciencias de Irán; juez superior de Rusia; ministro de Asuntos Religiosos de Argelia; juez superior de
Fueron necesarios tres años de trabajo para coincidir en este texto común, firmado por tantos representantes. El trabajo fue sumamente cuidadoso, habiendo debido salvar difíciles diferencias culturales, lingüísticas, doctrinales y teológicas. Todo en un marco de relativa urgencia, digamos, política, debido a la creciente tensión desde 2001 en adelante.
La institución que publicó el texto es el Instituto Real Jordano Aal al-Bayat para el pensamiento islámico. Contó con la directa intervención de su director, el príncipe Gazi Bin Muhammad, miembro de
Un esfuerzo semejante, es decir, que agrupe a miembros de diversas Iglesias y confesiones genéricamente denominadas cristianas para consensuar un documento de coincidencias básicas dirigido a otra confesión, cualquiera sea ésta, no ha sido hecho todavía. Los hay, sí, de cada iglesia (católica, las protestantes), pero no uno que reúna a varias de ellas.
Este documento es una invitación a un diálogo teológico el primero, el inicial y a una comunión de criterios en el desarrollo de la fe con los musulmanes.
Consideremos el texto. Ya el título mismo debe destacarse, pues se inspira en el sura - versículo 64: Una palabra común. Históricamente y conviene ir adentrándose en la historia misma del Islam, con mayor profundidad que hasta ahora el contexto de esa comunidad de palabra se relaciona con la visita de una delegación de cristianos a Mahoma, cerca del final de su vida. Allí se exhorta a adorar sólo a Dios, además de no adorar a otros dioses. Es un manifiesto de monoteísmo pleno.
El documento intenta evitar la polémica, a diferencia de las centenarias disputas entre unos y otros. Algunos pueden opinar que quizá se va más allá de lo razonable al tratar de suponer puntos de acuerdo. No obstante, este documento es una especie de nuevo inicio, un nuevo punto de partida. Algunos ya han opinado así. El sentido mayor es el de respuesta, de urgencia, de necesidad, de una voz común, al menos entre todos los musulmanes o una mayoría sustancial de ellos sobre lo que entienden que es lo esencial de su propia fe, para contrarrestar, entre ellos mismos, a los extremistas que predican violencia, odio e intolerancia.
Recordemos que los padres conciliares en el Vaticano II, del que se cumplieron 40 años, exhortaron a la feligresía católica a reconocer, preservar e impulsar las buenas cosas, espirituales y morales, tanto como los valores socioculturales, que se hallan en los seguidores de otras religiones, a través del diálogo y la cooperación. Desde entonces el diálogo entre cristianos y musulmanes se ha desarrollado con intermitencias, idas y vueltas. La novedad de todo ello, la carencia de estructuras, como las hubo o se crearon con otras confesiones, los desarrollos políticos en especial en Medio Oriente, han hecho que el esfuerzo no pudiera mantenerse en forma constante. De allí el valor de esta Carta.
La respuesta más notoria es la del papa Benedicto XVI por intermedio del secretario de Estado de
Son interesantes algunas consideraciones del cardenal Jean-Louis Tauran, quien preside el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. Calificó al documento como significativo, entre otras cosas, por estar firmado por personalidades tanto sunitas como shiítas, lo cual no ocurre a menudo, además de usar un lenguaje con expresiones paralelas tanto de
Para el cardenal, la respuesta de
Tauran avanza sobre cuáles pueden llegar a ser los contenidos de un diálogo fecundo con el Islam. Dice que más allá del diálogo propiamente teológico, que aún no ha sido iniciado y que indudablemente presenta no pocas dificultades, él cree que puede ser muy fecundo el diálogo de las culturas y de la caridad y el diálogo sobre la espiritualidad. Junto con el Islam podemos ciertamente contribuir a la salvaguardia de algunos valores como la sacralidad de la vida humana, la dignidad de la familia y la promoción de la paz. Es esencial aprender a conocerse. Cada uno de nosotros, cristianos y musulmanes, tiene siempre algo que aprender del otro.
Plantea algunos ejemplos de aprendizaje: nosotros podemos apreciar de ellos, dice, la dimensión de la trascendencia de Dios; la propia fe en la vida pública. De nosotros, en cambio, los musulmanes pueden aprender el valor de una sana laicidad.
El cardenal agrega que subsisten las distancias en cuanto al derecho a la libertad religiosa, sobre el que hay notables diferencias. Pero por sobre todo, cree que existen esperanzas de continuar a partir de ahora con un diálogo fructífero sobre este particular tema, porque el proceso abierto incluye la confianza recíproca entre las partes. Ella contribuirá, insiste Tauran, al menos a discutir sobre este tema, aunque sin duda será un proceso largo.
Para el director del Cambridge Inter-Faith Programme, de
Primero, no tiene precedentes la reunión de tantas autoridades religiosas principales y académicos del Islam en una afirmación positiva y substancial. Se trata de un logro sorprendente de solidaridad sobre el que se podrá construir en el futuro.
Segundo, está dirigida a los cristianos en términos amistosos, involucrándolos respetuosa y cuidadosamente respecto de
Tercero: Abre un camino hacia adelante más esperanzador para el mundo que muchos de los que hoy existen en la esfera pública. Su combinación de solidaridad islámica en torno a enseñanzas centrales y actitud amistosa hacia los cristianos puede marcar una dirección para el siglo XXI. Desafía a que cristianos y musulmanes puedan estar a la altura de sus propias enseñanzas y busquen modos políticos, educacionales y personales de cumplir con ello para el bien común. Los invita a profundizar en la propia fe y en la fe de la otra parte.
Ford agrega que cualquier solución de largo plazo tendrá que incluir cuatro elementos:
- La solidaridad musulmana en torno a una comprensión de su fe que excluya, claramente, actos, programas y lenguaje violento e inmisericordes.
- Una mejor comprensión cristiana del Islam.
- Un involucramiento más profundo entre musulmanes y cristianos mediante los recursos que están en el corazón de su fe, tales como las Escrituras.
- Una preocupación por el mejoramiento de toda la familia humana y de todo el planeta.
Cabe destacar la conferencia del nuncio apostólico observador permanente de
De entre sus ideas menciono las citas que hace del teólogo Hans Küng, comenzando por el ya famoso enunciado: No habrá paz mundial sin paz entre las religiones, y el más reciente, extraído del monumental El Islam-Historia, Presente, Futuro (versión castellana, Editorial Trotta, Madrid) que dice: No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones. No habrá paz entre las religiones sin diálogo entre las religiones. No habrá diálogo entre las religiones si no se investigan los fundamentos de las religiones.
Agrega Migliore que el entonces cardenal Ratzinger, un año antes de su elección como Papa, en una conferencia conmemorativa del 60º aniversario día D (6 de junio 1944) se refirió al juicio de Küng así: Diría, modificando a Küng, que sin verdadera paz entre Razón y Fe no puede haber paz en el nivel mundial, porque sin paz entre Razón y Religión las mismas fuentes de
Por fin, conviene agregar aquí otra cita del arzobispo Migliore, la del teólogo libio Aref Ali Naced, principal vocero de
Queda por delante una ardua tarea para las partes con capacidad de involucrarse, la que no puede abordarse sin una esencial buena fe, que consolide poco a poco la mutua confianza. Hace falta sabiduría y otra sabiduría no menos grande: la del coraje.
* El texto en español puede verse en www.revistacriterio.com, en “Artículos Web”.
En América latina hemos tenido más laicismo que laicidad
- ¿Cuáles serían las posibles vinculaciones en torno a los conceptos de laicidad y secularización?
- Después de más de treinta años de discusión, la secularización se puede entender de muchas maneras. Se trata de un concepto muy complejo, pero básicamente podríamos afirmar que es un proceso de diferenciación social, mediante el cual la esfera religiosa deja de ser la que engloba a las demás en la actividad humana, y se convierte en una más entre las otras. La esfera política adquiere su propia dimensión y sus propios códigos para
-¿Y en cuanto a la laicidad?
- La laicidad es una forma de convivencia social, cuyas instituciones políticas ya no están legitimadas por lo sagrado sino por la soberanía popular. A través de las formas de legitimidad de las autoridades políticas, podemos entender que hubo una transición en el mundo moderno: de la soberanía que antes residía generalmente en una persona, en el soberano monarca, y era refrendada por las instituciones religiosas o de lo sagrado (por eso era tan importante la coronación de los reyes, porque nadie había votado por ellos, ¿de dónde venía su capacidad para hacerse obedecer?) se pasa a un momento en que, tanto en las monarquías institucionales como en las repúblicas, se da un cambio en las formas y en el origen de
- Aquí la ley del divorcio vincular se sancionó durante el gobierno de Raúl Alfonsín, y fue bastante conflictiva para algunos sectores de la jerarquía eclesiástica.
- Pero en el fondo, y es importante decirlo, la laicidad o las instituciones públicas laicas no imponen una nueva realidad. Por lo general, lo que hacen es reconocer la existencia de una secularización social que la gente ya vive como tal y adaptar la legislación.
- Pero pareciera que el problema se plantea en la percepción desde el otro lado, es decir: desde las comunidades religiosas o las instituciones religiosas, que tienden a verlo como un avance del Estado sobre las prerrogativas propias.
- Aquí no estamos hablando de prerrogativas, sino de libertades civiles que el Estado garantiza en la medida que reconoce en que la sociedad es plural, diversa y que necesita establecer un conjunto de reglas y de políticas públicas que respondan a esa diversidad, que otorguen las mayores libertades al mayor número de personas. Ello supone que no puede haber una sola doctrina, ni religiosa ni filosófica, que se le imponga al conjunto de los ciudadanos. La lógica es que el Estado se convierte en ese lugar donde se regula el bien público. Y el bien público no puede ser dictado por lo que una doctrina religiosa o filosófica específica decida. No se le puede imponer al conjunto de los ciudadanos una determinada doctrina. Desde esa lógica, se comienza a diseñar un esquema donde hay derechos facultativos para aquellos que deseen tenerlos. Por ejemplo, las leyes sobre el aborto. Estas leyes no dicen que las mujeres tienen que abortar, sino que aquellas mujeres que de acuerdo a su conciencia decidan que es mejor abortar, lo puedan hacer. Y quienes, de acuerdo con su conciencia, decidan que es mejor conservar el embarazo, también lo puedan hacer. Estamos hablando de leyes facultativas en donde no se le obliga a nadie a hacer algo en contra de su libre conciencia, que es muy importante. Aquí, el Estado laico básicamente es un Estado que garantiza la libertad de conciencia en una creciente diversidad social. Diversidad que siempre existió, pero que no siempre se reconoció.
-¿Está usted de acuerdo con la teoría de los umbrales de secularización?
- Sí, en efecto, junto con el profesor Jean Baubérot, que es el que ha planteado la idea de los umbrales de laicidad, y
- Volviendo a América latina, ¿cómo podría caracterizar brevemente el proceso histórico de la secularización y sus alcances?
- Estoy por publicar un artículo en
- ¿Por qué cree que las elites políticas liberales, más que las conservadoras, no tuvieron esa posibilidad o esa fuerza para plantarse en la relación con
- Hay que recordar que estamos inmersos en la época del fascismo, del corporativismo, en el derrumbe del liberalismo político, y que surgieron otras formas de entender la organización política, muy tentadoras en América latina. Los distintos corporativismos que conocimos fueron precisamente una salida a esos regímenes oligárquicos, identificados con el liberalismo. En algunos casos, como en
- Yo no me refería a esta etapa de crisis de los regímenes oligárquicos, sino al momento previo de su conformación, donde usted dice que tanto liberales como conservadores se apoyaron en lo religioso.
- Salvo excepciones, cuando realmente se buscó la construcción de un Estado separado de
- ¿Cómo ve usted la situación del campo religioso hoy en América latina? ¿Y cómo se posiciona el Estado frente a este nuevo escenario de diversidad religiosa?
- Lo que dije del laicismo vale hasta los años 70, principios de los 80 para América latina. Sin embargo, al mismo tiempo, hay por lo menos tres elementos que nos permiten ver la necesidad de construir una verdadera laicidad en nuestro continente. Por un lado, el proceso de democratización creciente en los últimos treinta años. Por primera vez en nuestra historia hemos visto cómo se construyen instituciones más democráticas. Y eso obviamente está ligado a la idea de soberanía popular, que es el punto central de
- ¿Qué lugar avizora para
- Pienso que
La espiritualidad hoy
Luisa Valmaggia
Este ciclo organizado por la revista Criterio nos pone hoy en situación de hablar y reflexionar sobre lo que la vida moderna nos impide o escatima, cuando nos impone: correr, producir y consumir, casi como si fuéramos autómatas. Hemos sido convocados para hablar de espiritualidad. Se trata de una propuesta más que importante porque obliga, de alguna manera, a hacernos tiempo y lugar para ingresar en ese terreno interno, íntimo, que es la esencia en última instancia del ser humano, y que algunos denominan lo espiritual, otros lo psíquico y otros la conciencia. Y como esta es una convocatoria plural, cada uno encontrará el término exacto. Nos referiremos a los desafíos que hacen a la espiritualidad, en este mundo vertiginoso, rápido, cambiante y muy individualista.
Insertos en la historia
Jorge Casaretto
Este encuentro se enmarca en los 80 años de Criterio y es muy bueno que la revista nos invite a reflexionar sobre lo que es la espiritualidad porque se trata de una realidad encarnada. Puedo decir, en este sentido, que Criterio es una publicación que siempre ha estado encarnada en la vida argentina. Durante años el laicado de nuestro país esperaba la revista en busca de orientación, ya que conforma una suerte de magisterio laical. Sigue siendo orientadora, porque siempre sus reflexiones sugieren una respuesta, de algún modo espiritual, al acontecer.
Es un tema apasionante el de la espiritualidad. Hace tiempo un teólogo dijo algo tan profundo como sencillo: el judeo-cristianismo es una religión religiosa, y lo explicaba señalando que es una religión que baja del Cielo y se introduce en
Mi gratitud por lo que Criterio ha significado, por su permanencia en los años, porque ha sido fiel. Por eso también podemos esperar que la revista nos siga acompañando y orientando en el futuro.
El Espíritu está en la escalera
Silvina Chemen
Me siento muy honrada, con una gran responsabilidad al estar acá representando la tradición judía; y me siento identificada especialmente con la invitación al diálogo en esta jornada. Esas sí son las aguas en donde me gusta nadar: en la búsqueda del otro como un auténtico otro, que me permita ser yo; y que yo pueda permitirle al otro ser quien es. A veces nos entendemos, a veces no, pero lo importante es que sigamos hablando.
La espiritualidad hoy. Busco, entonces, en las fuentes judías dónde aparece el espíritu por primera vez. Y así dice el Génesis: creó al hombre del polvo de la tierra, le insufló hálito de vida por sus narices. Eso que llamamos espíritu, alma, lo que nos hace únicos e irrepetibles a cada uno de los humanos, es la porción de Dios que llevamos dentro. A veces la silenciamos por estar en este mundo que, como decía Luisa, nos obliga a correr, producir y consumir. Otras veces silenciamos la conciencia de que somos una porción de Dios en esta Tierra. Por eso la distinción entre cuerpo y alma me es tan difícil de hacer. Quiero confesarles algo doméstico: el otro día mientras caminaba por la calle vi en un kiosco de diarios una revista de moda, con la foto de una actriz y un título que decía Yo soy muy espiritual. Me pregunto: ¿y quién no es espiritual? No hay gente más espiritual o menos. Somos todos parte del espíritu que Dios nos ha insuflado en el origen. La cuestión es que a veces no tomamos conciencia de ello. Sigo las fuentes judaicas y voy al patriarca Jacob quien, después de engañar a su padre y a su hermano escapa de su casa, tiene sueño y se recuesta apoyando en las piedras su cabeza. Dormido sueña con una escalera que une Cielo y Tierra, mientras algunos ángeles suben y bajan. Cuando se despierta dice: He visto a Dios aquí y no lo sabía. Llamó a ese lugar Bet-el, la casa de Dios. Me pregunto: ¿dónde está el espíritu en este sueño? Por suerte traje mi testimonio escrito y puedo dar fe, porque voy a decir cosas muy parecidas a las de monseñor Casaretto. Me alegra la coincidencia. Algunos pensarán que el espíritu está en los ángeles del Cielo, otros dirán que está en
Por último, si alguna persona quiere conocer la espiritualidad en la tradición de Israel, en principio debe pensar que la responsabilidad de sus actos tiene directa injerencia en este mundo. Somos parte del mundo. La espiritualidad significa reconocer que lo que hacemos no cae en saco roto. Lo que hacemos y lo que no hacemos, lo que decimos y lo que no decimos. Somos responsables y socios de Dios en la creación constante de este mundo. Una persona consciente de espiritualidad es la que practica la humildad, la que entiende que no se puede entenderlo todo, y que entiende que no va a poder nunca controlarlo todo, que hay una porción de asombro y de emoción que la debemos dejar al misterio divino. La espiritualidad probablemente nos lleve a reconocer que tenemos una misión que cumplir, como el patriarca Abraham que se animó a escuchar la voz de Dios cuando le dijo: Vete, camina hacia un lugar; no te doy garantías, pero ya te lo mostraré. Nosotros, como Abraham, debemos empezar a caminar para encontrar la misión que tenemos en esta Tierra. Como decía monseñor Casaretto, otra recomendación tiene que ver con el agradecimiento. Estar agradecidos por lo que nos pasa, por lo que nos dan, por lo que tenemos y aun por los escollos, que son los maestros que nos enseñan a mejorar, a crecer, a enfrentarlos. Dice el Talmud que no se está obligado a cumplir totalmente con la tarea, pero tampoco libre de no iniciarla. Ese es el camino de la espiritualidad. No estamos obligados a hacerlo todo, pero no porque no podamos hacerlo todo debemos dejar de iniciar el camino y hacer lo que para cada uno de nosotros está pensado en el plan de Dios.
Buscar la justicia. No hay mundo, ni espíritu, ni fe, ni religión, ni religiosos ni cultura que pueda decirse espiritual si no va de la mano de la búsqueda, la lucha, la pelea y el compromiso por la justicia en este mundo. Saber arrepentirse, saber disculpar. Dimensiones inherentes al espíritu. Reconocer lo que no hicimos bien y tener la grandeza de poder pedir perdón, tener la grandeza de disculpar, de mantener la esperanza. Aquella persona que crea que no hay nada más por hacer probablemente nunca descubra el espíritu de Dios que tiene dentro de sí. Desarrollar la confianza en uno mismo en principio, que es la mejor manera de ejercitar la confianza en Dios. Tener confianza en Dios es encontrar en el otro una porción divina y confiar en el prójimo, darle la mano y caminar juntos. Hacer el bien, siempre el bien. Es el mejor camino para llegar al espíritu.
¿Tiempos hermosísimos o calamitosos?
Diego Fares
Voy a decir cosas muy parecidas a las de mis colegas panelistas. En particular, lo que decía Silvina sobre la espiritualidad, cómo mirar al otro, especialmente al más pobre, y ver el rostro de Dios en él. Voy a terminar contando una anécdota del hogar de San José, donde trabajo. Al mirar el título que se nos ofreció para dialogar, una espiritualidad para nuestros tiempos, primero pensé en el tiempo amplio. Pero a la hora de escribir se me impusieron los diez o quince minutos que tenemos para exponer algo personal. Pensé que estos minutos deben ser tiempo concentrado. En TV quince minutos es muchísimo, títulos e imágenes. Y se me ocurrieron tres títulos e imágenes para compartir. El primero es una pregunta: Nuestros tiempos, ¿hermosísimos o calamitosos para la espiritualidad?. Una noticia que escuché por radio anteayer y que luego busqué por Internet me hizo sentir que son tiempos hermosísimos para la espiritualidad. Quizás la habrán oído, cuenta cómo Patrick, un joven norteamericano que iba escuchando música en el subte en New York, al levantar la vista quedó flechado por una muchacha de pelo castaño y mejillas sonrosadas. En medio de la gente no se animó a hablarle, pero al llegar a su casa puso manos a la obra. Programador de computación, describió la escena en su blog. Dibujó infantilmente la imagen de la chica y la suya, y puso como título: Esta noche vi a la muchacha de mis sueños en el subte. Preguntó si alguien la conocía. A las 48 horas un amigo de ella los puso en contacto. Dicen que Claire, la chica, por ahora sólo quiere ser su amiga. Lo primero que me llama la atención son los tiempos de este joven. Su estar atento a ese instante de gracia en que lo deslumbró la claridad de Claire, luego su actividad creativa para enviar su mensaje a la red, y esas 48 horas de espera paciente que dieron fruto. Obediente al amor que sintió como un regalo, se jugó con una acción audaz, simpática, y padeció con aceptación el tiempo de espera. Que esta carta no haya sido una botella en el mar sino que haya encontrado tan rápida respuesta, habla de que hay otra gente, otros espíritus, atentos al valor de lo personal. Como reflexión compartiría que los tiempos de Patrick son los tiempos esenciales, filosóficamente hablando, de una espiritualidad humana. El tiempo del Eros (Platón y toda su familia) que, en cuanto añoranza de un bien absoluto, es camino del espíritu que va hacia dentro. Percibe que ha sido tocado por el amor de alguien y añora ese bien. El tiempo de la acción objetiva, adecuada a la cosa (Aristóteles y toda su familia) que es camino hacia fuera, de realización, sin el cual la añoranza del bien queda en sueño. Y el tiempo de la paciencia (los estoicos, el siervo sufriente Israel, el estoicismo zen, la disponibilidad ignaciana). El tiempo de la paciencia, que es camino de pasividad, de confiarse en manos del otro, de dejarse formar por una verdad y un bien mayores; la escucha del espíritu de la que aquí se hablaba. La pequeña historia de Patrick y Claire nos invita a creer que nuestros tiempos son hermosísimos para los que están abiertos al espíritu de los demás, y confían que los otros están abiertos también.
El otro título dice así: ¿Una espiritualidad para nuestros tiempos, o muchas?. Acá también coincidimos con Silvina. Hace unos días se publicó en el diario
Volviendo a la pregunta ¿una espiritualidad o muchas?, plantearía que una, pero no abstracta, no estándar, sino la mejor que nos haga abrirnos a una búsqueda de lo trascendente, como decía monseñor Casaretto, a todos y cada uno de los seres únicos que somos. La espiritualidad más única y universal será la que esté más abierta a lo trascendente, y la que mejor se encarne en cada cultura.
Y el último título que propongo dice así: Una espiritualidad para estos tiempos: ¿necesidad de ver o amistosa invitación?. Retomo la historia de nuestros jóvenes que dejamos después del subte. Así como la filosofía se mantiene siempre como amor a la sabiduría, y nunca deviene en poseedora o controladora, así también la espiritualidad se mantiene siempre como amistad con el espíritu. Hablar de espiritualidad es situarse en la perspectiva amistosa de la relación discípulo-maestro. Paradójicamente, los grandes maestros de espiritualidad son los primeros en no considerarse fundadores o creadores de espiritualidad, sino obedientes seguidores y discípulos del espíritu. Von Balthasar decía que quien quiere crear una espiritualidad, lo que logra es parcializarla. Es el espíritu el que sabe en cada tiempo suscitar a los santos y a las personas espirituales que destacan un aspecto necesario para la época sin lastimar a los demás. Decía que la espiritualidad es cuestión de amistad. Habla de gratuidad y no de necesidad o deber. La necesidad proviene de una carencia. Cuando la carencia resulta satisfecha cesa el dinamismo que movía a buscar el objeto necesitado. El deseo espiritual en cambio no nace de una carencia, sino de la presencia positiva de un bien que el espíritu percibe en cuanto tal. El bien del amor gratuito que nos brinda la persona amada hace que no la queramos como bien para nosotros, sino que siga existiendo ella y que nos siga dando gratuitamente su amor. Porque no deseo al otro en cuanto bien para mí, me regocijo de que exista por sí mismo. Espiritualidad es ser capaz, como el muchacho del subte de New York, de percibir el don gratuito de una belleza que se nos regala en el candor de las mejillas de Claire, la belleza es claritas, esplendor. Y al confiar en que lo gratuitamente recibido es promesa de más, no ilusión, desear y buscar libremente y con paciencia el bien que se nos regaló como belleza gratuita es la fuente de toda búsqueda espiritual. Digo con paciencia, porque como afirma Paul Gilbert, en los tiempos del espíritu se trata de la paciencia del ser contra la impaciencia del tener. Y la admiración contemplativa que es fuente de la espiritualidad que quiere actuar en el mundo requiere tiempo y paciencia, y capacidad de padecer todo con tal de no renunciar a la gratuidad del bien. Paciencia contra la seducción de todos los atajos y contra la violencia de todas las imposiciones que pretenden aprisionar al espíritu quitándole su dignidad de ser único y libre, valioso por sí mismo, no comprable, impagable.
Para concluir deseo, antes que nada, agradecer a la revista Criterio esta amistosa invitación a dialogar sobre una espiritualidad para nuestros hermosísimos tiempos. Y además hacer una breve reflexión y compartir algo de la vida del hogar en el que trabajo con gente que no tiene casa y que valora quizás más esa escalera de la que hablaba Silvina. El camino que elegí para estos quince minutos fue el de buscar un piso común para dialogar sobre la espiritualidad. El piso común de un discernimiento de los signos positivos de nuestros tiempos, propicios al encuentro espiritual como nunca quizás. En el siglo XVI la aventura fue unificar el espacio físico del planeta. En el 2000, el desafío es unificar el espacio espiritual en el diálogo: el piso común de la afirmación de lo absoluto y único del espíritu, en lo cual hemos coincidido. El don de ser nosotros mismos no podemos pagarlo sino honrando y sirviendo la alteridad. Esta afirmación es necesaria, porque en muchos ámbitos se excluye al espíritu sin necesidad de agresiones explícitas, como si fuera uno más de los sobrantes de nuestro mundo globalizado. Y por fin, el piso común del ámbito propio para hablar de la espiritualidad: el de la invitación amistosa del espíritu, en la que nos reconocemos discípulos y no maestros. Con lo cual no tenemos que pactar espacios políticos con nadie para lograr consensos entre espiritualidades, ya que todos estamos en camino de seguimiento, mirando a los maestros más santos que van adelante y más alto para aprender, y a los maestros más humildes, los pobres, de quienes tantas lecciones espirituales recibimos mientras los servimos en sus necesidades materiales.
Concluyo compartiendo los resultados de una evaluación que pedimos hace una semana a los usuarios y comensales del hogar. Fue una jugada fuerte, porque nos podían decir cualquier cosa. Una de las preguntas era ¿qué le gusta más del hogar? Fue emocionante, leo algunas frases: el buen trato y la comprensión de los encargados, porque yo vivo aquí, la igualdad en el trato, el trato y la atención, impactante el trato, la cordialidad y el trato, el trato con las asistentes y psicólogas, la atención de los que trabajan, la atención personalizada, la atención está muy bien. La gente agradece la disciplina en los dormitorios a la hora de dormir, el compañerismo y el respeto, la amistad, el diálogo con el personal, poder sentirme útil a los demás con mis servicios, el esfuerzo que hacen por mantener este hogar, la sencillez y eficiencia, la gente que colabora desinteresadamente, las personas que se encuentran a cargo. Sólo unos poquitos agradecieron o reclamaron por cosas materiales. La inmensa mayoría expresó lo mejor de su humanidad, para destacar con alguna palabra especial la valoración de lo espiritual. Gente que uno ve tirada en la calle: nuestros maestros a la hora de reconocer el valor de una espiritualidad que se muestra más en las obras que en las palabras.
A propósito de Spe salvi
Nada más adecuado para el tiempo litúrgico de Adviento que la nueva encíclica del papa Benedicto XVI, ya que trata sobre
Llamada por el escritor francés Charles Péguy la hija menor del buen Dios, la esperanza parece ausente en un mundo que pretendió haber encontrado en la poderosa razón la clave de todos los secretos. Y en un bello poema advierte que la esperanza no cesa de sorprender al mismo Dios: Lo que me espanta, dice Dios, es la esperanza….
De refinada cultura humanista, filosófica y teológica, Benedicto XVI ofrece en su encíclica una profunda reflexión sobre esta virtud al mismo tiempo tan frágil y tan poderosa. Frágil, porque siempre se renueva, debe reinventarse a cada paso guiada por el soplo del Espíritu que
Sólo la esperanza, recuerda el Papa, puede llevar a experimentar alegría en medio del dolor, ver futuro donde la razón sólo vería escombros y cenizas. Sólo la esperanza es capaz de encontrar sentido en la entrega de la propia vida por los demás, realizando el amor hasta las últimas consecuencias. Sólo la esperanza permite seguir adelante cuando todos los caminos parecen definitivamente cerrados, buscando con la mirada y el corazón la luz que persiste en ocultarse o no dejar que se la descubra.
En la primera parte de la encíclica, en diálogo con varios pensadores contemporáneos, el Papa llama la atención sobre el sentimiento de parcialidad e insatisfacción ante las esperanzas experimentadas a lo largo de
Reconociendo el papel positivo de las utopías que día tras día nos permiten seguir la marcha, el Papa señala la precariedad de todas ellas, sea cual fuere su forma u origen. La única esperanza que no defrauda sólo puede tener origen en una fuente que mana gratuitamente y nos llega como don. Yendo al encuentro del dinamismo que, en nuestra finitud, aspira y busca el infinito, la esperanza ensancha nuestros espacios interiores y nos impulsa hacia delante, conscientes de que aquello que esperamos siempre nos precede y se encuentra más allá.
En diálogo con Kant, para quien una de las grandes cuestiones humanas reside en por qué esperar, el Papa reconoce en las frustraciones por las que atraviesa hoy la humanidad la falta de esperanza. Y sitúa su origen en el hecho de que el ser humano ha malogrado su vocación hacia lo absoluto en ideas provisorias, frágiles y fugaces. Sólo el Absoluto puede dar plenitud al corazón humano. Sólo Dios recuerda el Papa es el Absoluto que la humanidad espera.
En Jesucristo que precisamente en el Adviento es el Gran Esperado, Dios respondió definitivamente al deseo humano. En él, en quien el cristianismo reconoce al Mesías esperado, Dios nos ha comunicado ya la «sustancia» de las realidades futuras y, de este modo, la espera de Dios adquiere una nueva certeza. Se esperan las realidades futuras a partir de un presente ya entregado (n. 9).
Hermosa propuesta para este tiempo: buscar el don absoluto y definitivo en la simplicidad cotidiana. Aguzar los sentidos para percibir en la efímera realidad de las cosas el peso de la eternidad que les concede Aquel que se hizo carne y habitó entre nosotros. Esperar a Aquel que viene, al niño que llegó en Navidad, es sentir que el ser humano es capaz de esperar el Amor que a todo da sentido y nunca acaba.
Grandes invenciones del cristianismo
En una original publicación1, René Rémond (1918-2007), uno de los importantes historiadores contemporáneos, asumió la responsabilidad de reunir colaboraciones aplicadas a responder a esta breve y sustancial cuestión: ¿por qué la cronología que ordena la sucesión de los años es en función del nacimiento de Jesús y la admitida comúnmente la más universal hasta el punto de ser adoptada por todos los Estados e instituciones internacionales? Lo menos que puede decirse es que esa universalidad de hecho, en la que el nacimiento de Jesús es señal de referencia, implica que el acontecimiento y sus consecuencias directas cambiaron en alguna medida la historia de los hombres. Y es por lo tanto natural preguntarse sobre aquello que la irrupción del cristianismo ha podido aportar de nuevo y original o, para formular la cuestión en otros términos, en qué el cristianismo modificó creencias, la visión del mundo y las relaciones entre los hombres y entre los pueblos. En suma, ¿cuáles fueron las invenciones del cristianismo?
No se trata de un balance exhaustivo, sino de un inventario de aportes que aparecen como los más típicos o los más esenciales, o ambas cosas a
Los aportes de la obra contienen un señalamiento del mensaje de universalidad expuesto por las Escrituras, en el sentido de que superan los límites de la vida cotidiana y étnica, para englobar el mundo. Toda reflexión sobre las religiones nos remite al problema de las naciones y del nacionalismo. Pero como insistía Martin Buber, no se integra la humanidad en tanto individuos aislados sino en cuanto miembros de una comunidad cultural o nacional. Juan Pablo II se mostró así sensible a una teología de las naciones desde la perspectiva de una comunidad universal de los pueblos.
En esa línea se sitúan los fundamentos judeo-cristianos de la noción de persona, los aportes de Jacques Maritain sobre el tema cuando debió tratarlo en
En ese camino marcha el aporte personal de René Rémond cuando irrumpe con el tema de la laicidad, que él sitúa en un momento decisivo: la revolución de 1789. No se trata de ceder al triunfalismo viendo la historia universal a través de la historia francesa. Simplemente reconoce la adopción, por
No era un retroceso táctico dictado por cálculos estratégicos. Era una conversión sincera o, más exactamente, un redescubrimiento de la especificidad del aporte de la revelación cristiana. La libertad religiosa tiene en la laicidad su expresión jurídica. No parece ilegítimo sostener que la laicidad no es ajena, desde sus orígenes, a la revelación cristiana.
Jean-Yves Calvez recuerda, por su parte, una de las últimas formas que tomó el llamado al compromiso social en el cristianismo: la teología de la liberación. Polémico y pujante movimiento que tuvo sostenes varios, pero un punto de origen que puede hallarse en el libro Teología de
Como sostendrá Jean-Paul Willaime, sociólogo director de la École pratique des hautes études en excursión histórica y doctrinaria comparada aunque tomando a Europa como punto de partida, el cristianismo, plural y deliberativo, aparece en el tercer milenio como una religión del porvenir de la religión….
1. Les grandes inventions du christianisme, bajo la dirección de René Rémond, de
Reflexiones de verano
Con este número de enero-febrero 2008, que marca el receso del verano, concluye el año 80 de la revista; en efecto, con la entrega de marzo cumpliremos ocho décadas y comenzaremos a transitar el año 81 de Criterio.
Después de una entera edición especial, como fue la de diciembre, dedicada al tema ¿Adónde va el cristianismo?,
Sigue una breve nota de la teóloga brasileña Maria Clara Lucchetti Bingemer que vale como introducción a la segunda encíclica de Benedicto XVI sobre la virtud de la esperanza.
A continuación se transcribe parte de las exposiciones en el diálogo en torno a la espiritualidad hoy, que tuviera lugar en noviembre pasado en el Centro Cultural Borges, donde participaron
La entrevista de la historiadora argentina
El embajador Luis Mendiola, también integrante del consejo de la revista, analiza el importante documento de los intelectuales islámicos y su repercusión en el diálogo intercultural e interreligioso. El texto completo, traducido al castellano por Criterio, puede visitarse en nuestra página web (www.revistacriterio.com).
Nuestro colaborador Pablo De Vita compara con detenimiento la filmación reciente de La flauta mágica de Mozart por parte de Kenneth Branagh con la ya clásica de Ingmar Bergman. Un erudito y excelente análisis de arte.
El crítico y ensayista Agustín Neifert recuerda a Ira Levin, el controvertido autor de El bebé de Rosemary, obra que marcó un jalón en el cine de la segunda mitad del siglo XX.
El ingeniero Florencio José Arnaudo se interna en un tema apasionante: la relación entre ciencia y fe a propósito del evolucionismo.
Completan el número otras notas y las secciones sobre libros, teatro, cine, música, además del correo de lectores.




