Marzo 2009
Conversaciones con Julio
Lo descubrí paseando por
¿Cuándo nos olvidamos de jugar? Jugar a ser, dejar de ser, palabras que cuelgan de un tendal mientras un fuerte viento intenta llevárselas. Y finalmente se vuelan para que yo me encuentre cara a cara con él, como tantas otras personas que inician sus conversaciones con Julio. Desde este lugar escribo sobre él, sobre Julio Cortázar, con un poco de vacilación y con mucho amor.
La prohibición y el anhelo van de la mano: un límite precario se dibuja entre ambos. Un flamenco esconde una de sus patas y se dispone a saltar la rayuela que Julio dibujó a los nueve años. Te deja jugar y experimentar lo que él mismo sintió cuando estaba escribiendo o pensando esas líneas que uno lee en un vagón de subte o en algún rincón de la casa, o tal vez en la terraza de cierto edificio.
Viajamos a un lugar personal, distinto del que Julio percibió cuando el Lucas de sus cuentos se le apareció frente a frente, lugares tan del autor y tan del lector que en algún punto se conjugan para ser el mismo. Las casualidades se suceden cuando leo a Cortázar: esa suerte de magia que transporta al lector a un lugar siniestro donde está todo tan al alcance de la mano que da miedo. Todo allí mismo, frente a nuestros ojos; y nada podemos hacer, más que mirar y tal vez crear algo con los ingredientes que él nos propone.
Julio se dedicó tanto a su pasión por escribir que logró llegar a apasionar a lectores como la que escribe aquí hoy. Sus cronopios siempre jugando con un tiempo propio, sus Lucas comprando fósforos en alguna farmacia, Oliveira junto a
Julio propone pequeños fragmentos de un río metafísico sin tiempo, donde flotan dudas existenciales en diversos paradigmas, ríos que mutan. Y lectores del siglo XXI abrazan ese mundo subterráneo donde el tiempo convencional se desorganiza para presentarse justo allí, entre las cejas de Julio.
Los acontecimientos se suceden cuando lo leemos, sólo hay que oírlo. Cuando él escribió Rayuela, a sus cuarenta y tantos años, pensó que los lectores que tirarían la piedrita para jugar serían gente de su misma edad; no sospechaba todavía que le escribía a todos los soñadores, a los que son llamados locos, sin que cuente la edad, a los que creen que ciertos acontecimientos todavía pueden ocurrir en sus vidas.
En el Año Darwin. A propósito del evolucionismo en CRITERIO
Es sabido que este año se celebra el bicentenario del nacimiento de Charles Darwin (12 de febrero de 1809 - 19 de abril de 1882) y el sesquicentenario de la aparición de El origen de las especies (1859). A principios de la década del 70 Marcelo Montserrat se ocupó de la recepción del evolucionismo en
MacDonagh fue un naturalista argentino de ascendencia irlandesa que desarrolló la parte más importante de su carrera en el Museo de Ciencias Naturales de
La evolución
En ningún párrafo de sus muchos artículos expuso MacDonagh explícitamente sus opiniones sobre la teoría de la evolución de Darwin. Sus enunciados al respecto son siempre tangenciales y difíciles de organizar en una síntesis. A esto contribuye su manera de escribir. Su prosa puede ser sobria y analítica, como la de un científico, y a veces se manifiesta cromática y de bordes difusos, como la de G.K. Chesterton, a quien tradujo.
En un comentario bibliográfico sobre la obra del médico y biólogo francés Étienne Rabaud, un neo-lamarckiano que en su libro L’Adaptation et l’évolution (París, 1922) criticaba el concepto biológico de adaptación, MacDonagh defiende esta noción con citas de Alfred Russel Wallace, inventor, simultánea e independientemente de Darwin, de la teoría seleccionista (Criterio n° 6, año 1928, p. 170). En otro artículo bibliográfico del año siguiente sobre un libro del neurólogo Walter Russell Brain, defensor de los aspectos lamarckistas de El origen de las especies, MacDonagh elogia la ortodoxia darwinista de Wallace, George Romanes y Lloyd Morgan (luego dedicado a la filosofía). El naturalista de
En una conferencia pronunciada en 1936 en los Cursos de Cultura Católica en homenaje al arzobispo monseñor Santiago Luis Copello con presencia del nuncio apostólico, MacDonagh disertó sobre lo que llamaba la libertad intelectual del investigador (Criterio n° 428, año 1936, p. 36-39 y n° 429, año 1936, p. 63-65). La charla se abría con una crítica contra los por él denominados apologetas, quienes defendían a Karl von Linneo (1707-1778) para atacar el evolucionismo. MacDonagh trata muy mal al botánico de Upsala (a quien compara desfavorablemente con Aristóteles). Al fixismo inconsciente y a la zoología estática de Linneo, dice, siguió un evolucionismo demasiado despabilado en sus intenciones. Darwin, sigue, deísta primero, agnóstico después y siempre cauteloso en sus intenciones fue empujado por sus discípulos a dar el paso final de su filosofía subyacente y ese sería el significado del primer capítulo de The Descent of Man, cuando enumera las pruebas según las cuales hay en el cuerpo humano órganos y caracteres que probarían su descendencia desde un animal inferior. El cual, dicho sea de paso, Darwin no dijo explícitamente que sea un mono. MacDonagh consideraba que esto que alguien investigase todos los órganos del cuerpo humano para confirmar una teoría que se le ha ocurrido a él o a su maestro entraría en la órbita de la absoluta libertad de investigación científica. Anteriormente había invocado a santo Tomás de Aquino (a quien probablemente leyó con la guía de nuestro profesor, el Padre Octavio Derisi) para afirmar que no es cosa de espantarse porque se diga la verdad respecto de los caracteres físicos de tipo animal que hay en el hombre. El conferencista recordaba, entonces, la vieja idea aristotélica del ser humano como animal, nunca puesta en duda por
Todo esto era, por supuesto, antes de
El último artículo sobre darwinismo publicado por MacDonagh en Criterio (n° 1169, año 1952, p. 561-565) fue una recensión de un libro de Vera Barclay titulado El darwinismo no es para los niños. El libro era una crítica al evolucionismo, del tipo que hoy llamaríamos fundamentalista. MacDonagh critica el enfoque de Barclay, pero acuerda en la peligrosidad no del darwinismo, no el de la mera teoría de la evolución sino el de la lucha por la existencia, el de la supervivencia del más apto, bajo la cruda, implacable selección natural. Por cierto MacDonagh no descarta del todo la selección natural, sino la cruda, implacable selección natural, es decir, aquella considerada como único mecanismo evolutivo. Que MacDonagh sostenía una interpretación finalista de la evolución es evidente y consonante con sus principios. En una larga reseña sobre una obra francesa (AA. VV., Le Transformisme, Paris, 1927) alaba que se afirme que la teoría de la evolución no llega a ser racional sino a partir del momento en que se superpone una interpretación finalista a la explicación mecanicista corriente (Criterio n° 44, año 1929, p. 9-12). Como veremos a continuación, parecería que pensaba en un evolucionismo en el que la selección natural jugaría un papel restringido.
En todo caso, en el artículo de 1952 MacDonagh cita a Mivart. Se trata del anatomista británico St. George Jackson Mivart (1827-1900), quien en su Genesis of Species (1871, el mismo año en que Darwin publicó El origen del hombre) intentó demostrar que la evolución se desplegó bajo control divino, en el sentido de que Dios planteó las leyes de desarrollo y estas siguieron su curso. De tal modo, Mivart sostenía que los escritos de los Padres no excluían la evolución del cuerpo, una posición también adoptada por MacDonagh. Poco antes de morir Mivart fue excomulgado, pero no por sus opiniones sobre evolución sino por sus ideas sobre el infierno. (De hecho, su Genesis of Species le valió un doctorado en ciencias otorgado por Pio IX). Volviendo al artículo de MacDonagh de 1951, éste distingue entre una primera concepción de Darwin respetuosa del concepto de creación y la aserción cruda de tipo mecanicista (aunque él [Darwin] no era un ateo). Probablemente se refiera a la distancia que media entre El origen de las especies (1859) y El origen del hombre (1871), distancia entre una teoría sobre las especies que omitía al ser humano y una que lo incluía. En un artículo de 1929 (Criterio n° 56, 403-405) MacDonagh había señalado la inesperada síntesis final de Darwin [
] con su admisión de la grandeza de la creencia en un Creador como explicación de la armonía que encontrara en la naturaleza.2 El naturalista efectúa una crucial distinción entre esta concepción de Darwin y la de sus continuadores, los seleccionistas puros, con su mundo viviente librado al azar (o sea, Darwin es resguardado y la noción de selección natural pura atribuida a sus seguidores). Hay que tener en cuenta que la síntesis neodarwiniana o teoría sintética de la evolución no se alcanzó hasta mediados de la década de 1930 y que en las primeras décadas del siglo XX circulaban explicaciones alternativas a la selección natural, como el neolamarckismo (siempre popular en Francia, de donde MacDonagh se alimentaba científica y culturalmente) o la teoría de la formación de especies por macromutaciones.
A pesar de su admiración por Darwin, la postura de MacDonagh se parece en un punto más a
El status epistemológico de la biología
Si bien es difícil de caracterizar cuál sería el tipo de evolucionismo que esposaba MacDonagh, es posible entender el marco epistemológico dentro del cual hablaba, que se asociaba a una postura definida respecto de las relaciones entre ciencia y religión (entendida por él como
Una triología de artículos de 1932 aclara aun más la postura de MacDonagh respecto a la ciencia (el inicial es La ciencia y el arte de no creer en la ciencia, Criterio n° 234, año 1932, p. 180-181). Los que creen que existe algo denominado ciencia son los vulgarizadores, un sabio de endeveras no cree en la ciencia [
] porque esa ciencia, como núcleo de todas las ciencias particulares, no existe. Volvemos entonces a un pluralismo epistemológico y a un orden de saberes. Estos vulgarizadores (categoría amplia que incluye a los apologetas) son castigados en capítulo aparte (Criterio n° 235, año 1932, p. 204-206). Es muy perceptiva la idea de MacDonagh de que el concepto de ciencia como una especie de divinidad, es detestada por todos los hombres de ciencia que mantienen su lucidez (el énfasis es mío). Aquí trae a colación la teología sin Divinidad que es
Ciencia y fe
En 1935 monseñor Gustavo Franceschi publicó un artículo con un título no demasiado original (Ciencia y Fe) pero con un contenido muy significativo (Criterio n° 375, págs. 37-39). En primer lugar, Franceschi distingue tres tipos posibles de relaciones entre ciencia y fe: (a) el conflicto, ejemplificado por el libro de John W. Draper History of the Conflict between Science and Religión (1875), (b) la noción de que ciencia y fe son extrínsecas una a la otra o caminan dándose la mano, (c) la idea, que él defiende, de que entre ciencia y fe deben existir relaciones intrínsecas. Es notable que Ian Barbour, un destacado especialista en el tema de las relaciones entre ciencia y religión, en su libro Religion in an Age of Science (1990) planteara la misma categorización de las posibles relaciones entre ciencia y religión: conflicto, independencia y diálogo-integración.5 La exposición de Franceschi sigue las líneas de la síntesis tomista y otorga un fundamento más profundo y un marco más filosófico al tipo de reflexión en la que estaba embarcado MacDonagh. Franceschi comienza afirmando la tesis tradicional de que entre ciencia y fe no puede haber conflicto pues el objeto de la ciencia es una parte de la obra realizada por Dios, quien es el objeto de
En el segundo artículo que MacDonagh había publicado en Criterio (n° 3, año 1928, p. 73-74), distinguía entre el hombre de ciencia (la denominación científico la encuentra desagradable) y el sabio, en lo cual sigue al geólogo francés Pierre Terrier (1859-1930), al que profesaba una gran admiración y cuya frase La ciencia está hecha para dar al hombre el sentido del misterio repite una y otra vez. Ni en Franceschi ni en MacDonagh queda claro si la preferencia por el modelo entre ciencia y religión que Barbour llamó integración operaría en el ámbito intelectual, es decir, se trataría de una integración de contenidos, o más bien de una integración en el plano moral, vinculada a los fines de
Conclusión
Durante poco más de dos décadas y antes de
Notas:
1. Estos datos están tomados de un currículo impreso (sin datos de edición) depositado en
2. El texto del Origen, que ya aparece en la primera edición es: There is grandeur in this view of life, with its several powers, having been originally breathed into a few forms or into one; and that whilst this planet has gone cycling on according to the fixed law of gravity, from so simple a beginning endless forms most beautiful and most wonderful have been, and are being, evolved.
3. La discusión de las relaciones entre Mivart y Zahm la debo a Phillip Sloan, Bringing Evolution to Notre Dame: Father John Zahm, C.S.C. and Theistic Evolutionism (manuscrito de un artículo en preparación). Agradezco la gentileza de enviarme su trabajo al autor, quiendicho sea de pasofue mi profesor de historia de la biología en Notre Dame.
4. El caso del Piltdown es muy conocido. Para el otro ver E. Tonni, R. C. Pasquali y M. Bond, Ciencia y fraude: el hombre de Miramar, Ciencia Hoy 11, n° 62, 2001, págs. 58-62.
5. Ver Miguel de Asúa, Ciencia y religión, Criterio año 68, n° 2136, 1994, 329-336 e idem, Armonía, independencia, conflicto: una interpretación histórica de las relaciones entre religión y ciencia, ponencia en el coloquio Experiencia religiosa y comunicación, Universidad Nacional de San Martín, 22-24 de noviembre de 2008 (en prensa).
Alimentos propios en tierra ajena
Antes del pánico que atravesó al mundo financiero después de la bancarrota de Lehman Brothers el 14 de septiembre, hubo otro pánico mundial, hoy casi olvidado. En abril de 2008, los precios de los alimentos básicos de maíz y arroz se habían duplicado respecto del último año. Hasta marzo, el trigo había aumentado 130% en 12 meses. El costo de los alimentos se disparaba en Haití, Egipto y Bangladesh y en muchos países llegó a poner en peligro la propia seguridad alimentaria.
El colapso financiero global que se aceleró en el último trimestre de 2008 registró una anticipada y más atenuada caída de los precios de los alimentos que el posterior derrumbe del petróleo. Pero la señal de alarma ya había sonado en países con extensas poblaciones y sin suficientes áreas cultivables para el abastecimiento interno. Se debatían ante un futuro en el cual las condiciones globales no les permitían alimentar a su propia población, y comenzaron a explorar caminos para prevenir la catástrofe.
Cuando los países hablan de seguridad nacional se refieren a capacidad militar y de policía, pero un nuevo tipo de seguridad irrumpió repentinamente en el ranking de prioridades de los gobiernos: comenzaron a alarmarse por la seguridad alimentaria.
El camino para encarar el problema era obvio: si no se confía en la capacidad de los mercados para abastecer suficiente alimentos para la población, y no se dispone de suficiente terreno para producirlos, la mejor solución es adquirir, si se puede, la tierra de otros para cultivarla. Esto es lo que algunos países en Medio Oriente y Asia han comenzado a hacer. La crisis de alimentos ponía en evidencia la celeridad de este proceso cuando el mundo tuvo conocimiento de un espectacular acuerdo. El Financial Times informaba a mediados de noviembre que una de las multinacionales líderes surcoreanas, Daewoo Logistics, adquiría a Madagascar una porción equivalente a la mitad de Bélgica para el cultivo de granos destinados al propio consumo o la venta.
Se informó que las 1,3 millones de hectáreas de tierra, arrendadas por 99 años, son más de la mitad de las 2,5 millones de ha cultivables de la isla, la cuarta más grande del mundo (después de Groenlandia, Nueva Guinea y Borneo). Hong Jong-wan, directivo de Daewoo, fue muy franco acerca de las razones de la operación: Queremos plantar granos en resguardo de la seguridad alimentaria. El plan es cultivar sólo maíz en 1 millón de hectáreas en el oeste del país y palma de aceite para biocombustible en
Por cierto, Madagascar no tiene suficientes recursos propios para su seguridad alimentaria. Según el World Food Programme de
Según los términos del acuerdo de Madagascar, que aún no se concluyó, todos los alimentos producidos en la tierra arrendada serán enviados a Corea del Sur, o exportados al mundo por Seúl.
Daewo prevé invertir 6 mil millones de dólares en infraestructura en los próximos 20 años (instalaciones portuarias, caminos, usinas de energía, sistemas de irrigación), necesaria para semejante proyecto agrícola. Se crearían así miles de puestos de trabajo y Madagascar podría importar más alimentos.
O tal vez no. La señal de alarma no sonó esta vez en los países angustiados por su seguridad alimentaria, sino en los preocupados por la pobreza global, el deterioro del medio ambiente, la explotación del mundo pobre por parte del mundo rico y la autonomía nacional.
Desde que irrumpió la noticia de Madagascar hubo cautela en las manifestaciones respecto del estado actual del convenio. El Gobierno afirma que está esperando los informes de factibilidad de Daewoo, habría trabas ambientales que despejar antes de la firma del convenio. Daewoo fue autorizado a presentar una solicitud formal para la tierra, pero eso no significa que la obtenga, dijo el ministro de Reforma Agraria, Marius Ratolojanahary.
No obstante, cualquiera sea la forma que finalmente tome el acuerdo, forma parte de lo que es hoy un fenómeno global. Los especuladores de tierras China, Japón, Malasia e India en Asia; Corea del Sur, Arabia Saudita, Bahrein, Jordania, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos en Medio Oriente; y Egipto y Libia en África están adquiriendo grandes extensiones de Sudán, Pakistán, Laos, Burma, Camboya, Indonesia, Filipinas, Ucrania, Uganda, Brasil, por mencionar algunos de los países elegidos como objetivo y se apropian de ellas.
El mapa del mundo se está dibujando nuevamente y el proceso continuará acelerándose en 2009.
El paso de Pio Laghi entre nosotros
Conocí a Pio Laghi en 1974, cuando mi obispo de entonces, monseñor Antonio M. Aguirre, me pidió que lo acompañara a Río Gallegos y a Ushuaia y oficiara de secretario en ese viaje en el que debía ocuparse del nombramiento del futuro obispo del lugar.
Todos sabemos que las primeras impresiones son fundamentales. Ni bien nos sentamos en el avión me aleccionó sobre el sentido del viaje y me hizo sentir su colaborador. En ese vuelo de cuatro horas tuve la intuición de estar ante una personalidad deslumbrante. Hablamos de todo. Estaba leyendo El 45 de Félix Luna para interiorizarse sobre el fenómeno Perón. Hacía poco tiempo que había llegado al país y, sin embargo, me pareció estar ante un experto en
El impacto que me produjo fue muy fuerte: yo esperaba encontrarme con un típico diplomático que pregunta todo y evade emitir juicios comprometidos. Todo lo contrario. Comprendí sin dudas que su principal misión era renovar el episcopado y regular las relaciones entre el poder político y Roma.
Le tocaron tiempos dificilísimos. La muerte de Perón, el gobierno de Isabel, y el más complicado de todos: convivir con el gobierno militar. A su llegada había cerca de ocho diócesis vacantes y enfrentaba un episcopado con posiciones claramente diferentes, a veces con enfrentamientos internos que trascendían a través de los medios de comunicación. Una Iglesia comunicada con Roma pero bastante incomunicada con el CELAM y con América Latina.
En 1977 el Papa me nombró obispo de Rafaela. Pio Laghi me adoptó como una especie de hijo y sin jactancia debo decir que me sentí especialmente querido por él. De algún modo, fui partícipe de algunas confidencias que me permitieron conocerlo y también quererlo particularmente. Laghi expresó muchas veces que su misión principal en el orden eclesial durante su estancia en
Al tiempo, monseñor Eduardo Pironio fue llamado a Roma para ser nombrado por Pablo VI prefecto de
Pio Laghi cuidó de manera especial que la relación de los obispos con Roma pasara siempre por él, evitando interferencias que tanto perjudican la necesaria comunión. Los obispos encontrábamos en él un interlocutor claro en el que el sí era sí y el no, no.
Todos sabemos que el aspecto más discutido de su misión fue su relación con el gobierno militar. Aquí podemos distinguir dos cuestiones. En primer lugar, su actitud (y, por lo tanto,
Durante esos dificilísimos años la nunciatura contribuyó a salvar muchas vidas y los obispos encontrábamos siempre un nuncio dispuesto a ayudarnos a ayudar.
En cuanto a sus relaciones directas con el gobierno, precisamente por sus confidencias personales, sé de los difíciles diálogos mantenidos; en muchos de ellos expresando con firmeza y dureza verbal la posición del Santo Padre en lo referente a los derechos humanos.
Mucho después, en 1999, los periodistas Bruno Pasarelli y Fernando Elenberg escribieron un libro acerca de la misión de Laghi en esos años: Il cardinale e i desaparecidos.
La tesis del libro es que un nuncio, por su propia misión, no puede unilateralmente romper su relación con un gobierno. A lo largo de los diversos capítulos se describe la ingente y esforzada labor de Laghi ante las Fuerzas Armadas y a la vez la contención y escucha a tantas familias afectadas, en muchos casos logrando salvar vidas. Tuve la gracia de presentar este libro en Roma por invitación del mismo cardenal Laghi.
Cabe suponer que Laghi, como todo ser humano, cometió errores y omisiones. Más de una vez me dijo, con gran dolor, que le hubiera gustado sentirse más acompañado en la difícil misión que tuvo que afrontar en esos años.
Pero algo que la historia no ha rescatado suficientemente es que el hecho de no haber roto el diálogo con el Gobierno le permitió a
En esa instancia la misión de Laghi fue fundamental. Tuvo que convencer a los militares y también a los más cercanos colaboradores de
Todos los hombres, pero particularmente los vehementes y decididos, cometen errores. La vida de cada uno de nosotros está llena de grises, en muchos casos impuestos por una realidad compleja. No todo es blanco o negro. La revisión de la historia puede caer en actitudes cátaras que nos dividen, sobre todo cuando se califican como culpables o inocentes a los protagonistas de momentos tan críticos como los que vivimos en los terribles años setenta, a la manera de las antiguas películas de cowboys. En la historia de
Escribo estas líneas en homenaje a un hombre al que quiero mucho, sin que el afecto me impida juzgar el paso de Pio Laghi por
Lo que a mí me quedó muy claro de su persona y de su misión es que en todo se dejó guiar por su amor a
El ejemplo del cardenal Laghi
De Pio Laghi, sacerdote, obispo, nuncio, cardenal se pueden referir muchas cosas: una vida plena como la suya invita a un largo elogio. El Papa lo hizo el pasado 20 de enero, cuando quiso concluir su funeral en San Pedro, bendiciendo sus restos y despidiéndolos hacia el lugar de su reposo terreno. Él estaba ya en la presencia de Dios, donde su vida continúa y se transforma fuera de todo condicionamiento mortal. Allí no importa mucho lo que se diga o no se diga. Está ya en la luz de la verdad eterna y, si se inclina a mirar nuestros comentarios, tal vez esboce una simpática sonrisa, como lo hacía en este mundo.
Esto que ahora escribo no es un elogio fúnebre ni tanto menos una apología. No la habría necesitado; como dice
Poco después, en julio de 1974, llegó a
Yo todavía no había vivido en
También jugaba al tenis. Felizmente. Esa actividad vital, supongo, lo ayudaba a sobrevivir en semejante reino de mentiras y de muerte. Además de su vida de cristiano y sacerdote. Y de que nuestras autoridades en Roma le prestaban atención y tomaban buena nota de sus informes semanales, de lo cual es prueba suficiente la alocución de Pablo VI al primer embajador enviado allí por el gobierno militar, el doctor Rubén Víctor Blanco, en su presentación de credenciales: aquí (en Roma) y allí (en los palacios de gobierno) fue preciso leer más de una vez para convencerse de que el país y su situación real no eran ignorados ni disimulados, a pesar del fino lenguaje diplomático. Ante la circunstancia nos alegramos y felicitamos por el nuncio y
Esto explica por qué, en septiembre de 1977, en un increíble comunicado de un (así llamado) Partido Nacional Socialista Argentino, recibido por los destinatarios pero nunca publicado en el país, aunque sí en el exterior, monseñor Laghi y otras personas de figuración más o menos pública y quien esto escribe eran informados de su sentencia de muerte, a ejecutar en cualquier lugar y momento; por lo cual se recomendaba a los eventuales lectores no estar cerca de los condenados, para evitar otras muertes. La misma noche de la jornada en la que había recibido semejante mensaje (aún era director de
Unos meses antes habían sido vilmente asesinados los sacerdotes y seminaristas palotinos de San Patricio. Allí no hubo sentencia de muerte sino directamente ejecución, lo cual, dicho sea de paso, no nos animaba demasiado cuando recibimos
Muchas veces en mi largo período en la curia romana hasta hoy (y el día del solemne funeral), se me ha presentado a la mente esa libertad interior, apostólica y evangélica, y esa entereza de carácter: un ejemplo para quien, como yo, en otras misiones y ante otros conflictos, he podido preguntarme cómo se reacciona. Quizás, como he pensado al escribir lo que precede, el ejemplo pueda ser útil para otros. Y en primer lugar para quienes, con excesiva ligereza, dicen o están tentados de decir: Pio Laghi en
Vaticano, 25 enero 2009. Conversión de San Pablo Apóstol
La censura de voces molestas. Entrevista a Nelson Castro
El episodio que me toca vivir se enmarca en una estrategia del gobierno, a través de empresas afines inundadas de publicidad oficial, para sacar de circulación las voces más molestas. Así, con la claridad y serenidad que lo caracterizan, Nelson Castro (Buenos Aires, 1955) sintetiza la operación que concluyó con el levantamiento de su programa Puntos de vista en Radio del Plata. Sin embargo, el ciclo televisivo en TN (El juego limpio), su trabajo de difusión musical en Radio Nacional Clásica (Lo que el viento no se llevó), las notas semanales para el diario Perfil y sus colaboraciones en
- ¿Cómo se dieron los hechos que llevaron al levantamiento de Puntos de vista en Radio del Plata?
- Radio del Plata era de Marcelo Tinelli, él nos había llevado en 2006 y teníamos un contrato hasta el 31 de diciembre de 2009. En noviembre Marcelo vendió la radio y la compró Electroingeniería, una empresa que se dedicaba a la construcción de tableros electrónicos y que a partir del advenimiento del kirchnerismo comenzó a tener un crecimiento espectacular. Uno de sus dueños, Gerardo Ferreira, fue compañero de injusta cárcel durante los años de la dictadura de Carlos Zanini, el secretario Legal y Técnico de
- ¿Y cuál fue la respuesta?
-Me dijeron: Nelson, nosotros hemos venido a esta reunión para decirle que vamos a mantener la programación de Radio del Plata, queremos que usted siga con el programa en el horario fuerte de la primera mañana. Queremos que usted se quede. Hubo una segunda reunión en la que estábamos los mismos más los dos dueños de la empresa, el ingeniero Osvaldo Acosta y el ingeniero Gerardo Ferreira. Y ahí planteé la misma pregunta: ¿Quieren que nos quedemos? Estamos a tiempo. Y la respuesta fue: Nosotros queremos que usted se quede. En ese momento Radio del Plata no tenía repetidoras en Córdoba y la empresa tiene su sede allí, cosa que me lleva a pensar que quizá no conocían bien mi programa. Planteé un segundo tema, les dije Nos interesa saber qué van a hacer cuando la empresa aparezca mencionada en hechos de interés público, controversiales, denuncias, críticas a las que están expuestos, como pasó con el caso Skanska, porque nosotros tenemos una conducta profesional, no vamos a ignorar el tema por ser ustedes los propietarios de la radio. Además nos va a interesar que ante una situación crítica la empresa dé respuestas. La contestación fue: Por supuesto, Nelson. Entendemos su conducta profesional que debe ser así. Más claro que el agua.
- Pero en enero todo cambió
- El día 4 el diario
-Vos dijiste que es una estrategia en el año electoral.
- Creo que al gobierno le interesaba que esto ocurriera pronto, lejos de octubre. Y como expresó un funcionario del círculo presidencial: de esto se habla 15 días, no todo el año; y para octubre la gente se olvidó del asunto. Este es otro elemento de la estrategia del gobierno que me interesa señalar, y que lamentablemente constituye un rasgo antidemocrático: el concepto que se tiene de la prensa independiente. El gobierno no la tolera ni la comprende, cuestión peligrosa para la democracia misma, no solamente para los periodistas. También tenemos constancia de funcionarios del gobierno que no comparten esto y que, por supuesto, lo mantienen en silencio porque sería motivo de reprimenda o de alguna torpeza peor por parte del matrimonio presidencial. Por eso yo quiero ser muy claro: esto es algo que tiene que ver con el matrimonio Kirchner y su entorno más íntimo.
- Resulta difícil de explicar la posición de algunos intelectuales pro-kirchneristas, como los de Carta Abierta, y de algunos periodistas que en otras épocas sufrieron censura y ahora parecen no darse por enterados de estas actitudes autoritarias, ¿verdad?
- Comparto esa preocupación. Es penoso porque cuando la intelectualidad, más allá de sus posiciones, pierde la capacidad crítica y la aptitud de aceptar al que piensa diferente, está renunciando a uno de los preceptos esenciales de la convivencia democrática. En el mundo de las ideas, el debate debe ser permanente. Nadie puede sentirse dueño absoluto de la verdad y, más allá de defender las propias ideas, tiene que aceptar al otro. Siempre recuerdo la frase cuanto más ideas hay, mejores ideas hay. Aceptar al otro es tal vez uno de los desafíos más interesantes de la actividad cultural. Resulta preocupante para la evolución del debate de ideas en
- Cuando uno se entrevista en Uruguay o en Chile, por ejemplo, con intelectuales que provienen de la izquierda, los encuentra con otra apertura y dispuestos a colaborar en los fundamentos republicanos. ¿Cómo explicarnos lo que muchas veces pasa en nuestro país donde parece prevalecer el autoritarismo y el desprecio?
- Hay un problema muy grave. Uno mira a esos países vecinos y a Brasil con un poco de envidia. Por ejemplo, Lula y Cardoso, que han tenido diferencias, demuestran un gran nivel de respeto, de convivencia, de aceptación, de reconocimiento uno del otro. Lamentablemente en
- Grave carencia institucional
- Cristina no mantiene ni siquiera reuniones con sus ministros o con los legisladores de su partido. Los Kirchner tienen una concepción monárquica del poder. ¿Cómo no ser crítico frente a esas cosas? ¿Cómo no ser crítico frente a un discurso de
- O, sean solidarios
- Exacto, sean solidarios. ¿Quién va a ayudar a un gobierno que no acepta ninguna idea diferente de la propia? Además se trata de un gobierno con una aberración institucional terrible, como cuando el ex presidente en funciones asigna recursos públicos: un hecho de ilegalidad absoluta, de un deterioro institucional mayúsculo.
El conflicto de un periodista médico
- ¿Cuándo comenzó tu carrera como periodista y por qué?
- En 1975 como periodista deportivo y en 1984 con un programa en Radio Municipal de información general y política. Siempre me apasionó el periodismo. Concluidos mis estudios en este campo obtuve una beca que me permitió especializarme y colaborar durante un año en varios medios de los Estados Unidos, donde antes había hecho mi posgrado en medicina. Fue la ocasión de conocer y entrevistar a numerosas personalidades de la política y de la intelectualidad.
-¿Por qué, después de ejercer durante 14 años como médico neurólogo, abandonaste esa profesión? ¿Era incompatible con el periodismo?
- Como siempre ocurre con las enfermedades de los presidentes, lo que le sucedió a Carlos Menem el 14 de octubre de 1993 dio pie para todo tipo de comentarios. Ese día Mariano Grondona me invitó a Hora clave para que explicara como médico el accidente. El programa tuvo un enorme rating y se generó un incremento inesperado de mi popularidad como neurólogo, lo que provocó que en cuatro o cinco meses prácticamente se cuadruplicara la demanda de consultas. Entonces advertí que el fenómeno de popularidad mediática comenzaba a contaminar mi condición de médico y era incompatible con los principios éticos de la profesión. Había llegado el momento de dejarla. Me venían a consultar personas que estaban en manos de excelentes colegas, y por ninguna otra razón que la popularidad que había generado ese episodio en la radio y la televisión.
- Ahora, además, estás por publicar un libro, ¿verdad?
- Sí, para mayo, será presentado hacia el final de
El atentado a las Torres Gemelas
- ¿Cuál fue el momento más interesante que te tocó vivir como periodista?
- Muchos
pero en mi carrera hubo sin duda algo único e irrepetible: el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. El destino quiso que fuera el único periodista argentino que se encontraba allí en ese momento. Además, dado que la ciudad quedó cerrada durante tres días, no había posibilidades de que saliera ni de que entrara nadie. Todavía hoy mucha gente recuerda aquellas transmisiones. Creo que además se valoró la calidad de la cobertura: había que describir momentos terribles pero sin agregar nada que no fuera necesario.
- ¿Qué imágenes te quedaron grabadas?
- Te diría que tres muy fuertes: cuando vi chocar al segundo avión mientras estaba transmitiendo en directo, cuando salí del estudio, a unas diez cuadras de donde había ocurrido el desastre, y la impresión de cuando llegué ante el escenario mismo. Al bajar del estudio, encontré vacía la avenida Broadway. Siempre refiero la anécdota de que cuando ya me había encaminado a pie se detuvo un ómnibus. Era pleno verano, un martes, un día estupendo. El micro estaba vacío, el conductor abrió la puerta y me preguntó: ¿A dónde va?. Le expliqué que era un periodista argentino y que iba hacia el lugar de la explosión. Me dijo: Suba, lo voy a acercar porque seguramente hoy no voy a llevar a ningún pasajero más. El señor lloraba. Cuando llegamos, el humo era tan denso que cubría el sol. Una inmensa nube de humo
y ese olor del incendio.
- Cuando después oís sobre teorías auto-conspirativas, poco convincentes a mi juicio, ¿qué pensás?
- A mí tampoco me convencen
Yo no tengo ningún elemento, nada que me pueda probar que haya sido una conspiración interna. Allí la gente vivió un terrible shock. Se dio un vuelco muy importante en la sociedad. Yo viví dos años y medio en los Estados Unidos, de manera que conozco el ambiente, y puedo afirmar que se alteró brutalmente la sensación de invulnerabilidad que los norteamericanos tenían. Ese día, para mí, comenzó el siglo XXI. Después, como todos sabemos, la tragedia fue aprovechada por Bush.
- Pero esa es otra historia.
- Sí, otra historia.
Música para todos
- El programa de música que tenés en Radio Nacional Clásica, ¿a qué responde?
- Siempre pensé que el periodismo y la medicina eran mis vocaciones, pero la música mi pasión. En mi juventud fui concertista de guitarra. Hoy estudio música como hobby: me gusta muchísimo. Claro que cuando uno hace un programa en función del público tiene que ser ecléctico, ya que no solamente cuenta el propio gusto sino también el de los demás. El programa quiere ser una aproximación a la música académica, a la música clásica, desde un enfoque no muy solemne, para mostrar que los compositores y los intérpretes son o eran personas como nosotros. Lo que expresa esa música está al alcance de todos, como lo está esa otra música igualmente valiosa llamada popular. Para mí no hay música seria y no seria, sino música buena y mala. Mozart componía muchas veces para diversión de la gente, no para los intelectuales. Beethoven hacía lo mismo, Verdi también. Y Bartok componía incorporando temas populares húngaros, ¿no es cierto?
¿Cuál es el perfil del oyente de Lo que el viento no se llevó?
El programa es seguido por mucha gente joven también, quizá porque se trata de una aproximación muy desde lo cotidiano, sin acartonamientos.
- Sorprende gratamente que ciertos programas de iniciación musical como el de Víctor Hugo Morales o el tuyo tengan repercusión. Son propuestas de divulgación que incorporan nuevos públicos.
- Hablamos mucho con Víctor Hugo y siempre ronda la idea de hacer alguna vez juntos un programa.
Los errores del Papa
Benedicto XVI ha cometido numerosos errores. Juan Pablo II también. Y si retrocedemos en la historia, veremos que todos los Papas, excepto aquellos que se murieron a los pocos días de ser elegidos, han cometido errores. De esta ley o constancia no se salva ni el primero, el apóstol Simón Pedro. San Pablo dice que tuvo que reprenderlo públicamente por el doble comportamiento que llevaba, con los judíos por un lado y con los no judíos por otro (Gál. 2, 11-14). Confieso que más de una vez he pensado que Simón Pedro tenía su parte de razón, procurando la unidad en la naciente Iglesia y que Pablo a veces exageraba un tanto sus puntos de vista. Pero al margen de esta opinión personal, existía conciencia de que la cabeza del colegio de apóstoles podía equivocarse.
Por suerte, los papas son humanos y no robots programados para trabajos perfectos ni mensajeros enviados por el cielo para dar a conocer la voluntad de Dios. Muy pocos días antes de ser elegido, el cardenal Ratzinger dijo, con cierta ironía, que en algunos cónclaves o elecciones papales no se veía que hubiera estado presente el Espíritu Santo. Recordemos casos como el de Alejandro VI, que compró el cargo (1492), mientras que otros ejercieron todo tipo de presiones, acompañadas de promesas, utilizando digamos el garrote y la zanahoria, para lograr el objetivo. Por suerte, en los últimos siglos no se han visto esos abusos, pero no concluyamos de allí que el dedo de Dios señaló al que debía ser elegido. De modo similar, no pensemos que todas las decisiones de los papas vienen dictadas por una voz divina. La Iglesia es humana y, como todo lo humano, progresa cometiendo errores, al igual que los científicos.
El problema entonces no consiste en que el papa no se equivoque, sino en ver cómo la Iglesia puede dar un paso adelante aprovechando los tropezones de los papas, de los obispos y de todos los fieles. El inefable Juan XXIII cometió el error, en 1962, de ordenar que en las Facultades de Teología se volvieran a dictar las clases en latín. Los profesores obedecieron por breve tiempo, pero viendo que muchos alumnos no comprendían bien el latín, retornaron espontáneamente al idioma del país. Otro error de Juan XXIII fue haber propuesto las conclusiones del Sínodo de la diócesis de Roma como modelo para otros. Pero el Concilio desplegaba sus alas y aquel sínodo diocesano cayó en el olvido. Una conclusión posible es que en el tema de los errores pontificios es importante la relación entre el papa y el conjunto de la Iglesia. No somos un ejército que obedece ciegamente al comandante en jefe, sino una comunidad donde el Espíritu Santo reparte sus carismas a todos los fieles.
Una segunda conclusión sería que la compensación de los errores de los papas debe llegar en el momento y el modo adecuados. Pablo VI le prohibió al Concilio tratar el tema de la paternidad responsable porque lo estaba estudiando él personalmente. A mi modesto entender fue un error que provocó después mucha confusión. Cuando Pablo VI publicó la encíclica Humanae Vitae (1968), los episcopados más importantes que venían estudiando también ese tema, como los de Francia, Alemania, Estados Unidos, etc., emitieron declaraciones que completaban lo enseñado por el Papa. Pero sólo algunos estudiosos captaron el equilibrio entre la palabra del Papa y la de los obispos. La mayoría de los fieles se quedó sólo con una mitad.
Juan Pablo II publicó, por intermedio de Ratzinger, un importante documento sobre la Teología de la Liberación. Pero cometió el error de entregarlo en dos partes, dejando transcurrir un tiempo entre ambas. En la primera se indicaban los errores de esa corriente teológica. En la segunda se ponderaban sus valores. Pero la sensación que quedó fue la producida por la primera: que el Papa condenaba la Teología de la Liberación. Otro ejemplo sería el del teólogo Jon Sobrino. Fue público que la Santa Sede cuestionaba la ortodoxia de algunas afirmaciones suyas. Ante ese hecho, importantes teólogos europeos defendieron la ortodoxia de sus escritos. Pero salvo un selecto grupo de expertos, que pudo leer a estos teólogos, la impresión popular dominante es que Jon Sobrino está condenado en la Iglesia, lo que constituye una llaga abierta en toda América Latina.
La evolución de la excomunión
Viniendo a Benedicto XVI, creo que uno de sus errores en el tema de los lefebvristas es haber olvidado que la mayoría de los fieles, y de la opinión pública en general, no posee una noción precisa del sentido de la excomunión, confusión provocada por los cambios que ha tenido esta medida a lo largo de los siglos, de los cuales indicaré sólo algunos. En la Edad Media la excomunión tenía un sentido marcadamente político, sin excluir otros. El papa y el emperador dirimían sus disputas en la cumbre para no quedar ninguno un escalón más abajo que el otro. El primero disponía de la excomunión y, más temible aún del entredicho, por el cual prohibía que se celebrara misa en todo el imperio. El segundo se las ingeniaba para avanzar con sus ejércitos sobre Roma y hacer entrar al papa en razón. El emperador o rey excomulgado no se sentía un pecador especial sino una víctima de tramoyas palaciegas.
En una segunda etapa, durante las luchas de la Reforma y la Contrarreforma, la excomunión adquirió un marcado acento dogmático. Los herejes eran excomulgados. Lutero recibió una primera Bula (1520) en la cual se lo conminaba a retractarse de una serie de afirmaciones, 41 en total. Como no se retractó, una segunda Bula (1521) le aplicó la excomunión. En realidad, Lutero no podía retractarse de todas esas afirmaciones, ya que una de las condenadas por el Papa decía: Quemar herejes es contra la voluntad del Espíritu Santo. En este punto, al menos, el que debía retractarse era el papa León X. Por los errores e imprecisiones que contenían ambas Bulas, pienso que podrían ser consideradas nulas, lo que constituiría un aporte al diálogo ecuménico, aunque ese gesto no suprimiría lo producido por el conflicto entre Lutero y el Papa, que merece un tratamiento específico.
Otro sentido de la excomunión fue el puramente jurídico. Cuando santo Toribio de Mogrovejo, arzobispo de Lima, convocó al III Concilio de Lima (1583), fundamental para la aplicación del Concilio de Trento en estas tierras, surgieron algunos conflictos entre obispos, que habían venido de muy lejos, ya que la arquidiócesis de Lima se extendía desde Panamá hasta el sur de Chile. Un día desaparecieron las Actas del Concilio. El arzobispo Mogrovejo lo declaró suspendido hasta que reaparecieran las Actas. Pero los obispos decidieron continuar sesionando. Entonces, para sorpresa nuestra, santo Toribio los excomulgó, aunque ningún obispo pestañó por eso. El sentido de la excomunión era puramente jurídico. Si los obispos aprobaban alguna medida y la enviaban al rey, Felipe II la consideraría nula por estar excomulgados sus autores. Santo Toribio dio marcha atrás, levantó la excomunión, sin que los obispos acusaran recibo, y el Concilio concluyó felizmente, con medidas como la edición de catecismos en lenguas quechua, aymara y posteriormente guaraní.
La excomunión medicinal
Ahora bien, el sentido que prevaleció durante el siglo XIX y la mayor parte del XX fue el de una severa sanción o castigo por alguna falta gravísima. Los mayores recordamos la alegría del antiperonismo cuando llegó la noticia de la excomunión de Perón (1955) y el desconcierto en el peronismo cercano a la Iglesia. Como opinión personal, considero que Perón no quedó excomulgado, ya que el Derecho Canónico exigía que un jefe de Estado fuera mencionado por su nombre y apellido para aplicarle esa medida. Pero tanto Perón como la mayoría de los legisladores peronistas pidieron al Papa el levantamiento de la excomunión ad cautelam, por las dudas. Y este sentido, el del castigo por una falta grave, es el que hemos heredado y prevalece actualmente. No se le podría levantar la excomunión a quien no diera muestras de arrepentimiento. Con este presupuesto, suspenderles la excomunión a los cuatro obispos ordenados por Lefebvre en 1988, sin asegurarse de su arrepentimiento, de la aceptación plena del Concilio y de otros puntos fundamentales en la Iglesia, como el pedir perdón por la Shoá (Holocausto), constituía un desatino. La medida del Papa era inadmisible.
Lo que muchos olvidan es que desde el Concilio Vaticano II la Iglesia viene realizando un giro en el tema de las excomuniones y de otras sanciones. La tendencia actual es a considerarlas como medicina. Esto se pone más de manifiesto en los cánones de las Iglesias Orientales Católicas. El juez se convierte en médico. Esto vale también para el sacramento de la reconciliación. En la antigua confesión, el sacerdote podía interrogar al penitente para asegurarse de que había mencionado todos los pecados, indicando su mayor o menor gravedad. Sin esta información precisa, no podía dictar una sentencia justa. Ahora, en cambio, más que mirar el pasado, con su carga de pecados, el sacerdote procura que el penitente recupere su esperanza, orientado hacia el futuro. No se niega el pasado, pero lo importante es que el que se confiesa salga más sano, y no meramente absuelto.
Si consideramos la excomunión como una sanción, el Papa cometió un error al levantarla sin la debida satisfacción dada por los sancionados. Pero si la consideramos una medicina, el enfoque es diferente. Muchas veces el médico suspende una medicación, lo que no significa que el enfermo esté liberado de su enfermedad. Desea provocar una reacción del paciente y quizás administrarle otra medicina. Es lo que intentó Benedicto XVI con los cuatro obispos lefebvristas. Su error fue olvidar que la mayoría de los fieles continúan con la mentalidad preconciliar, castigando delitos. Hubiera sido preferible que, con el levantamiento de las excomuniones, se publicara una carta suya aclarando el sentido de esa medida, porque para algunos equivalía a convalidar todas las ideas y actitudes de los cuatro. Era sólo un tenderles la mano para continuar el diálogo, sin que ello significara que los cuatro obispos cismáticos fueran equiparados al colegio de los obispos católicos. Y los lefebvristas respondieron a ese gesto separando al obispo negacionista de su cargo de rector del seminario de La Reja. Aún hay mucho por conversar, pero está clara la posición del Papa en relación a la Shoá, reafirmada cantidad de veces, como lo volverá a hacer seguramente en su viaje a Israel. Sin embargo, no parece que sus colaboradores hayan sido muy eficientes ya que no supieron presentarle un cuadro más preciso de la situación.
La Iglesia en China
La situación de los obispos lefebvristas guarda similitud, al menos aparente, con la de los más de 40 obispos ordenados sin autorización del papa y designados por el gobierno comunista chino. Ahora bien, es interesante recordar la carta enviada por Benedicto XVI a los católicos de China (2007), que rompe los esquemas tradicionales. Fue un tenderles la mano no a grupos tradicionalistas sino a los progresistas, a los que habían buscado un acuerdo con los marxistas. Y quizás esta carta les dolió a algunos de la Iglesia tradicional, la subterránea, la perseguida por el gobierno. Pero el Papa mira hacia el futuro y habla de una sola Iglesia en China, no de dos Iglesias, como es lo común, aunque reconoce las tensiones y divisiones existentes.
Mi opinión personal es que los obispos de la Iglesia patriótica no incurrieron en la pena de excomunión prevista en el Derecho Canónico. Se vieron en situaciones límite y actuaron como los obispos misioneros de los primeros siglos que no podían recurrir al papa para lograr la aprobación de sus medidas. En todo caso, el Papa no los trata como si estuvieran excomulgados. Expresa más bien el deseo de que se logre la plena comunión del episcopado chino, tanto en el interior de ese país como en relación al episcopado universal, cuyo punto de referencia es el obispo de Roma. Y a los fieles que están en plena comunión con Roma les sugiere que si no encuentran sacerdotes en la misma situación, que se dirijan a los otros, a los que aún no han accedido a esa plena comunión. No los considera sancionados sino peregrinos hacia la plenitud de la unidad.
Un número apreciable de obispos designados por el gobierno comunista le ha hecho llegar al Papa el deseo de estar en plena comunión con él. A todos ellos les ha respondido afirmativamente, sin ponerles condiciones, sin hablar de excomuniones precedentes. Quizás haya quien no acepta algún punto del Concilio, pero eso quedará para más adelante. Lo único que lamenta el Papa es que algunos de los que restablecieron la plena comunión, no lo hayan comunicado todavía a sus fieles. Pero tampoco los intima a que lo comuniquen bajo pena de suspender nuevamente la plena comunión. Supongo que algunos están esperando la ocasión propicia para hacerlo, evitando de momento nuevos conflictos con el gobierno de Pekín.
No estamos lejos de un acuerdo entre la Santa Sede y el gobierno de la República Popular China. A partir de ese momento, se dejará sentir en la Iglesia universal el peso de la Iglesia china. Y se recordará como un pilar fundamental la carta de Benedicto XVI. No es un error del Papa sino nuestro el no habernos interesado por esa larga carta, tan amplia y paternal respecto de todos los católicos chinos, en particular de los llamados progresistas, carta que se puede leer por Internet (www.vatican.va). Los famosos ritos chinos, creados por misioneros jesuitas hace 400 años para integrar la fe cristiana y la cultura china, podrán hacerse realidad en una Iglesia unificada por los gestos de Benedicto XVI. Y en su carta el Papa cita palabras del padre Matteo Ricci, escritas desde Pekín en aquellos tiempos fundacionales.
Superar el papalismo
Al comenzar sostuve que lo importante no consiste en evitar los errores de los papas, que son ineludibles, como en toda institución humana, sino en compensar esos errores con los carismas de toda la Iglesia. Juan XXIII fue completado por los profesores de teología, en un caso, y por los obispos del Concilio en otro. Pablo VI lo fue, con retraso, por las declaraciones de diversas conferencias episcopales. Benedicto XVI se ha completado a sí mismo en numerosos casos. En la visita a Turquía, una breve oración en dirección a La Meca borró su desliz en el discurso de Ratisbona. Poco después de elegido cometió el error de despedir al arzobispo encargado del diálogo interreligioso, colocando estas actividades bajo el responsable del diálogo intercultural. Pero después dio marcha atrás, reconociendo lo específico de cada diálogo.
Un papa puede corregirse en numerosos casos, pero éstos son la excepción más que la regla. Necesita de la Iglesia universal, si no queremos recaer en el papalismo pre-conciliar. Y una medida para lograr ese objetivo sería contar con una curia más eficiente. No es lo más importante pero quizás lo más urgente. Como lo reconoció el vocero papal, el jesuita Lombardi, no hay una buena comunicación entre todos los organismos de la curia. La reciente designación del obispo Wagner, en Austria, despertó descontento en ese país, tanto de obispos como de sacerdotes y fieles, a tal punto que el designado le pidió al Papa que revocara su nombramiento. ¿No informaron al Papa de ese malestar en la Iglesia de Austria? El cuenta con valiosos colaboradores, entre ellos el cardenal Kasper. Este hombre genial ha estado corriendo como un bombero, apagando incendios que no debían haber comenzado. El Papa cometerá errores, pero el desafío consiste en que les conceda mayor responsabilidad a sus mejores hombres, como Kasper, para que los inevitables tropezones pontificios sean una ocasión para dar pasos adelante.
Benedicto XVI, el lefebvrismo y la Shoá
José María Poirier y Juan G. Navarro Floria
¡Qué difícil ayudar a discernir en el confuso panorama que se fue creando a partir de la decisión papal de levantar excomuniones, de las declaraciones negacionistas de un obispo cismático y de las oscuras aclaraciones de ciertos cardenales de la curia romana que alimentan ad infinitum las interpretaciones periodísticas sobre los seguidores de Marcel Lefebvre! A ello se sumaron los pedidos de explicación por parte de líderes políticos y las manifiestas perplejidades de numerosos cristianos en todo el mundo.
Ciertamente no atravesamos una circunstancia feliz para
¿Una causa perdida?
Defender el perfil mediático de Benedicto XVI pareciera ser un tema por demás arduo. Empresa análoga a la del Quijote con los molinos de viento, esa espantable y jamás imaginada aventura. Por más que algún devoto soñador nos sugiera que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios, como ponía Cervantes en boca del hidalgo, siempre habrá algún amigo de Sancho que, como él, nos advierta con realismo que conviene abandonar la causa y dejar que Dios lo haga como puede.
Este teólogo, atraído ciertamente más por el estudio que por el trabajo pastoral o el acierto político, encuentra graves dificultades frente a la opinión pública.
Dificultades que parecieran ya ser insalvables. Lo admite incluso su vocero, el jesuita Federico Lombardi, quien, haciendo malabarismos, reconoce los desaciertos de la política de comunicación de
Sin embargo, más allá de los entredichos, conviene siempre distinguir entre las imágenes públicas y los verdaderos contenidos, entre los hechos y las impresiones, entre verdades y opiniones.
La posición de Ratzinger
No pocas veces los medios de comunicación son más dogmáticos que la doctrina católica, sobre todo cuando califican de manera inapelable a un personaje. Para gran parte de la opinión pública Benedicto XVI es inequívocamente un conservador, cuando no un feroz inquisidor.
Observaba el escritor triestino Claudio Magris, en el Corriere della Sera, el mismo día de la muerte de Juan Pablo II, después de elogiar su enorme coraje y sus muchos aciertos: este papa ha supuesto una singular simbiosis de rancio tradicionalismo, sentido sagrado de la vida e instintiva, incluso juguetona familiaridad con la sociedad mediática más secularizada, con sus instrumentos y sus ritos, que ha usado y dominado sapientemente y, a veces, hasta con un desparpajo carente de prejuicios.
Karol Wojtyla, marcado por su Polonia natal, abierto hacia afuera de
Joseph Ratzinger, por su parte, es un teólogo importante y reconocido de nuestro tiempo, erudito preciso y agudo, amante de las artes y prestigioso interlocutor de las mejores mentes occidentales.
Tal como el popular Juan XXIII, Wojtyla fue una rara combinación de conservador y espíritu sensible a los cambios de la historia: verdaderos carismáticos. Para Ratzinger, la fe nunca puede prescindir de la enunciación lógica. Si bien no alcanza el vuelo, tan rico en matices, del fino y gran humanista latino que fue Pablo VI, Ratzinger es un sólido intelectual en el estilo de los notables catedráticos germanos.
El Concilio y Lefebvre
El Concilio Vaticano II (1962-1965) convocado por Juan XXIII y luego magistralmente conducido por Pablo VI, marcó un antes y un después en la historia de
El Concilio significó una extraordinaria apertura de
El tan mentado caso Lefebvre comenzó después del Concilio, cuando el ex-arzobispo francés de Dakar, misionero durante muchos años en África, no quiso reconocer las posiciones que proponía
A pesar de la amorosa insistencia de Montini y de la obediencia que le exigió
Los lefebvristas son, en su mayor parte, nostálgicos de un idílico pasado imaginario, amantes de las viejas liturgias y de los latines (que no fueron las liturgias ni el idioma de muchos de los apóstoles ni de Jesús), propensos a mirar sólo el pasado y a no aceptar el dinamismo propio de
Evangelio y nazismo
Las vergonzosas declaraciones tendientes a negar o minimizar
Sin embargo, corresponde recordar que el Papa siempre ha sido claro en estos puntos: defiende el Concilio Vaticano II y sostiene que el diálogo con los judíos nuestros hermanos mayores en la fe, al decir de
Suturar las redes
El levantamiento de las excomuniones no tuvo en mira, ni consideró siquiera, los indefendibles juicios históricos de un personaje menor, como es Williamson. El Papa quiso anunciarlo durante la semana de oración por la unidad de los cristianos, ya que sería contradictorio buscar la comunión plena con ortodoxos o protestantes y al mismo tiempo expulsar a quienes, aún rebeldes o errados, se reclaman católicos.
Benedicto XVI dijo con claridad que su gesto no era un premio ni el final de un camino, sino un comienzo que reclamaba actitudes correspondientes de sus destinatarios en orden a aceptar plenamente el magisterio actual de los papas y, en particular, el del Concilio Vaticano II. Todavía un gesto osado y unilateral por parte del Papa, dado que los lefebvristas no han manifestado una actitud suficientemente clara de arrepentimiento y perdón por el daño causado a
Nuevas constituciones, viejos problemas
El 15 de febrero los venezolanos concurrieron a las urnas una vez más para resolver sobre la posibilidad de otorgarle la reelección ilimitada a Hugo Chávez. Triunfó esta vez el sí, pese a que sólo un año atrás la ciudadanía había expresado lo contrario.
Chávez es precursor de un movimiento latinoamericano tendiente a reformar de manera categórica las constituciones vigentes. El año 1999 fue testigo de la modificación integral de
Ecuador y Bolivia, con matices, siguieron el ejemplo de Venezuela al reformar de manera integral sus cartas magnas. En ambos casos, la cuestión indígena tuvo un papel relevante, y en los tres nuevos documentos abundan las declaraciones y derechos, y flaquea el equilibrio republicano.
Conviene repasar brevemente los fundamentos del constitucionalismo clásico contractualista, en donde el texto constitucional buscaba plasmar una forma de organizar el poder mediante su división en departamentos de gobierno (la clásica diferenciación entre poder ejecutivo, legislativo y judicial), para luego avanzar en la determinación de los derechos y garantías que no pueden ser eliminados por una mayoría circunstancial, o en su caso ni siquiera objeto de reforma o derogación por vía legislativa.
Quizá
También estas cartas magnas establecen la manera en que pueden reformarse, ya sea por vía de enmiendas al texto original (el caso de los Estados Unidos) o por convenciones constituyentes que limitan o no las partes a reformar. En general, las reformas requieren sumas de votos especiales, intentando de este modo preservar los textos constitucionales de los avatares de las eventuales mayorías.
Sin ánimo de entrar en discusiones técnicas acerca de las facultades del poder constituyente (originario o derivado) de cambiar de manera radical un texto constitucional, lo que sí está claro es que el intento de los constituyentes, en oportunidad de dar una constitución a ciudadanos y habitantes, es la búsqueda de un texto que perdure a través de las generaciones, un documento que refleje el proyecto de una nación. Proyecto que necesariamente intentará dotar a quienes ejerzan el gobierno de facultades para ofrecer el mayor bienestar a la mayor cantidad de personas, con pisos de igualdad y fraternidad, dentro de los límites impuestos por la propia carta magna. Basta revisar el preámbulo de cualquier constitución vigente en América para encontrar estas metas.
El documento debería cumplir al menos desde el punto de vista teórico con la doble misión de otorgar un marco de previsibilidad pero también de la flexibilidad suficiente para adaptarse a los cambios y vaivenes políticos producto de la evolución de cualquier sociedad. El esquema de división de poderes otorga al judicial el rol de interpretación constitucional, cediendo por esta vía a los jueces la posibilidad de adaptar los textos fundacionales a los tiempos y a las exigencias políticas de cada época.
Ejemplos de este caso sobran:
En suma, son textos que intentan poner en práctica la república democrática, mediante el pacto entre los ciudadanos de determinada nación para darle forma a un estado de derecho.
Una simple y desapasionada lectura de las constituciones hoy vigentes en Venezuela, Ecuador y Bolivia permite avizorar una modificación en el concepto constitucional que acabamos de esbozar de manera simplificada.
En estos casos, la austeridad brilla por su ausencia, y el articulado es la exposición de una enorme cantidad de derechos que se otorga a los ciudadanos, legislando incluso sobre los detalles más nimios.
Tanto los nuevos textos como sus precedentes, o aquellos aún vigentes que están en línea con sus matices y reformas con los conceptos antes descriptos, tienen objetivos comunes: el bienestar, la felicidad y el desarrollo. No obstante, los medios que los nuevos textos emplean, difieren y mucho de aquellos que probaron ser un marco de desarrollo en ejemplos como los Estados Unidos.
Pareciera que los medios exitosos de algunas naciones no lo fueron en estos países reformadores. Si profundizamos en esta línea de razonamiento, es posible concluir que aquellos textos de cuño tradicional no pudieron cumplir con los objetivos de igualdad, bienestar y desarrollo para todos.
Venezuela, Bolivia y Ecuador eligieron políticos que, de alguna manera, lograron apoyo popular construyendo poder sobre las cenizas de estructuras tradicionales que no supieron o no quisieron hacer extensivo a todos sus habitantes los ideales de bienestar previstos en los textos. Mediante declaraciones y derechos de variada índole, las nuevas constituciones persiguen suplir esta carencia.
Queda por reflexionar: ¿es suficiente plasmar derechos en una constitución para que automáticamente se cumplan? Y, por caso, ¿resulta prudente semejante inflación de derechos? Por el contrario, palabras, derechos y declaraciones parecen esconder apetitos hegemónicos de quien gobierna, desdibujando así el concepto de equilibrio republicano frente a una democracia fundada en liderazgos personalistas. Es de esperar que la praxis constitucional modere de algún modo lo que de los textos se desprende como un sistema desequilibrado y proclive a la hegemonía.
También queda por verse si efectivamente estas nuevas constituciones podrán cumplir los objetivos comunes que los viejos textos y sus intérpretes no supieron aplicar de manera igualitaria.
La corta experiencia de la constitución venezolana parece demostrar que estas soluciones no resultan necesariamente satisfactorias para derrotar los problemas y desencuentros que motivaron su promulgación.
Comentario: Ciego en Gaza
“Eyeless in
Más que el análisis político, militar, estratégico o mediático, cabe una reflexión sobre la guerra reciente y el prolongado conflicto que desembocó en la desatada violencia en la franja de Gaza. ¿Es consciente la conducción política y militar israelí de lo que arriesga? ¿Lo es acaso la palestina, versión Hamas, del sentido profundo de lo que afirma y pretende?
Al escribir estas líneas se ha pactado la tregua. La decisión del electorado israelí, el 10 de febrero, fue por un Gobierno presidido por el Likud, con una amplia alianza, más a la derecha, en lugar del precedente gobierno regido por el Kadima. La oposición triunfó en Israel, y en Jerusalén se instalará un nuevo Gobierno presidido, según parece, por Netanyahu.
Hamas fue vencido militarmente, pero no fue aniquilado. Y el Gobierno israelí, que consiguió imponerse a un alto costo humano para los palestinos civiles en Gaza, también cederá el poder. En principio, la nueva alianza gubernamental en Israel será ideológicamente más dura y, en la práctica, más firme que
Políticamente Israel arriesgó mucho en la acción bélica, pero no parece haber sido una “apuesta” adversa. A diferencia de antecedentes recientes, como el del Líbano hace dos años, contó inicialmente con mayor apoyo político. Hasta podría hablarse de cierta justificación, en virtud del objetivo que se proponía: acabar con los ataques permanentes de Hamas contra civiles en Israel. Algunos en Europa, en minoría, reclamaron “proporción”, mesura y consideración por los civiles de Gaza. Pero no se advirtió simpatía para con Hamas, tanto en los Gobiernos como en la inmensa mayoría de la opinión pública. En el mundo árabe de la región hubo criterios contrapuestos e incluso explícita antipatía hacia Hamas, considerado por algunos el verdadero responsable de la tragedia.
La idea de destruir y acabar con el Estado de Israel, proclamada por Hamas, no cuenta con la aceptación que pudo tener en el pasado, salvo por parte de Irán. El punto actual de la disputa se reduce a lograr un modus vivendi que conduzca luego a una negociación concluyente, en la clásica solución de los dos Estados.
En Washington, Barak Obama asumió la presidencia y Hillary Clinton la secretaría de Estado. Las primeras medidas de esta nueva era ya están planteadas, incluyendo el negociador especial para Medio Oriente, George Mitchell (el mismo de
Seguramente Israel no podría actuar hoy en Gaza con la brutalidad con que lo hizo bajo
No obstante, nuestras preguntas iniciales no son meramente retóricas. La responsabilidad de la solución del permanente conflicto recaerá, con toda probabilidad, en el nuevo gobierno israelí. De su conducción se espera, si no todo, el mayor esfuerzo. Esto implica mucho peso, responsabilidad e inteligencia para llevarlo a cabo. Parece agotada la vía de la crítica injusta y desmedida que en el pasado afrontó Israel, alguna incluso con toques antisemitas. Ni los gobiernos, ni las opiniones públicas en Europa, en Norteamérica y en los países de mayor importancia en el mundo, muestran simpatía o siquiera tolerancia hacia ideologías como
También es necesario agregar que cualquiera fuera la lógica, urgencia o necesidad política de Israel para actuar como lo hizo, las miles de víctimas inocentes (muertos y heridos, muchos de ellos niños) en el sufrido pueblo palestino, cuestionan severamente la legitimidad moral de
Los palestinos de Gaza, y en su medida los de Cisjordania, viven (desde antes de Hamas) sometidos a un régimen brutal y degradante, privados de los bienes más esenciales, comenzando por
Sin embargo, al mismo tiempo, se pretende encontrar una real solución, no bélica, al conflicto. Israel parece haber jugado sus últimas cartas en Líbano y en Gaza, sobre todo para evitar un futuro agravamiento de las condiciones cuando parecen existir mejores chances de lograr acuerdos, por ejemplo, con el gobierno palestino presidido por Fatah, y hasta con Siria.
Pasado lo peor de la acción militar con su saldo nunca justificable de muerte y destrucción, la comunidad internacional (y especialmente los Estados Unidos, principal aliado y sostén de Israel, y los países árabes) tienen la seria responsabilidad de disponer todos los medios para darle a Palestina los recursos y el auxilio necesarios para constituir un Estado viable, y a su pueblo un nivel de vida digno; y de exigir que Israel acepte y colabore.
De alguna manera, la relativa “victoria” militar y política de Israel ha sido quizá pírrica: un nuevo intento puede convertirla en derrota. De allí el recuerdo del poema de Milton, Samson Agonistes, uno de cuyos versos Ciego en Gaza… “, sirvió de título a Aldous Huxley para una de las novelas más notables del siglo pasado. Es de esperar que Israel no repita lo de Sansón en Gaza.




