Editoriales
Editorial: Mal de ausencias
Acontecimientos como el “permiso de paso” a los hinchas de fútbol argentinos y el posterior impedimento a los ciudadanos uruguayos que querían ir a votar a su país, actualizan el debate sobre el corte en el puente internacional que vincula las ciudades de Gualeguaychú y Fray Bentos, que se mantiene en el tiempo, como una suerte de aduana paralela, prohibida en nuestra Constitución Nacional. Leer más
Editorial: Otras batallas perdidas
La ley de medios no es en realidad la “madre de todas las batallas”, pero lo cierto es que con el frustrado debate se perdió otra oportunidad para fortalecer las instituciones y buscar consensos sociales que nos permitan crecer. El penoso caso del fútbol, un ingrediente más. Si el Gobierno no se presta al diálogo, difícilmente pueda entender la importancia de una comunicación libre y plural. Leer más
Editorial: La pobreza en el umbral del Bicentenario
Tres hechos simultáneos han confluido estos días para dar presencia en la agenda pública y en los medios de comunicación al tema de la pobreza: la próxima colecta Más por Menos y el habitual mensaje de apoyo de Benedicto XVI; la certeza sobre la manipulación de la información del INDEC; y relacionado con ello, la difusión de los datos de la nueva edición del Barómetro de la Deuda Social que elabora la UCA con información diferente de la oficial. Leer más
Más allá de la declinación
Los ciudadanos vivimos un clima de expectativa en la que se mezclan los sobresaltos con la esperanza. Al resultado de las recientes elecciones/plebiscito, se agregan los escasos dos años que quedan para definir el signo del próximo equipo gobernante. Los discursos de la reciente campaña electoral nos muestran cautivos de una política literaria indiferente a la realidad. Leer más
El Teatro Colón en cuatro actos
Por más que puedan molestar algunas expresiones del nuevo director general, Pedro Pablo García Caffi, nadie duda de la existencia y el progresivo crecimiento de bolsones de ineficiencia laboral, producto de nombramientos, edades, intereses e incompetencias que son una rémora significativa para la pesada y difícil gestión directorial.
Como en los argumentos de ópera más estrafalarios, la saga del Colón cerrado transita una trama complicada, plagada de personajes, circunstancias y digresiones que no ayudan a una clara lectura de la situación, y que todavía tiene un desenlace incierto. Resulta flaco consuelo pensar que se repite una historia similar a la de hace casi 120 años, cuando se iniciaron las obras del actual teatro con la idea de inaugurarlo en 1892 en coincidencia con el cuarto centenario de la llegada de Colón a América, aunque la apertura oficial se logró dieciséis años más tarde, el 25 de mayo de 1908 (si bien hubo obras del foyer y del Salón Dorado que se terminaron dos años después). O sea, un plazo cinco veces más prolongado que el previsto originalmente, un presupuesto mucho mayor y sucesivos cambios de administraciones, modalidades y protagonistas, pedidos de informes y pleitos judiciales, además de dos arquitectos fallecidos y varios empresarios fallidos. Claro que de allí en adelante surgió el Colón que fue durante cien años el centro musical latinoamericano de mayor calidad internacional, verdadero emblema de la imagen y la cultura de Buenos Aires. Si pensamos que esta historia triste con final alegre puede repetirse, es lícito y sobre todo oportuno suponer también que pueda reeditarse un resultado parecido, y que Buenos Aires vuelva a tener un Colón recuperado para el resto del siglo XXI.
Ante todo, hay que tener en cuenta que las dificultades en la gestión del Teatro, el deterioro de su eficiencia como organismo artístico y la natural obsolescencia del edificio y sus instalaciones no son cuestión de estos últimos años, sino que llevan, como mínimo, un cuarto de siglo de tropiezos. O sea que las acciones u omisiones al respecto afectan a varias gestiones de gobierno municipal e incluso del nacional, porque más allá de su pertenencia institucional a la ciudad el Colón es una bandera que fue usada y sigue usándose para ser desplegada o enrollada según los casos por las máximas autoridades de
Para tratar de aclarar la actual complejidad de la reapertura del Colón, es menester analizar cuatro elementos fundamentales del problema: la voluntad política oficial, el trámite de las obras en curso, la situación laboral y sindical, y los objetivos específicos del futuro teatro. Cuatro aspectos que se integran en un único continuum, pero de los que es necesario conocer sus fortalezas, sus debilidades y su dirección posible.
Acto I: La voluntad política oficial
Cualquier organismo de la importancia y complejidad del Colón, sea dependiente o autárquico, necesita recibir gran atención y amplio respaldo de la autoridad, sobre todo en tiempos de conflicto como los que se dan hoy. Sea por falta de conocimiento del tema, atención de otras prioridades de gestión o desconfianza ante la situación heredada de Jorge Telerman, lo cierto es que el gobierno de Mauricio Macri perdió casi un año en encarar el problema del Colón; y esto, en términos de gestión política, es irrecuperable. En su transcurso se detuvieron trabajos, se acumularon deudas, se inflaron los pedidos de modificación de proyecto, se perdieron recursos económicos y se propició la desconfianza en la opinión pública. A río revuelto, ganancia de pescadores. No ayudaron en nada las endebles idas y venidas respecto de la autarquía, el titubeo en las designaciones del nuevo directorio y la ineficaz gestión del director Horacio Sanguinetti, enlazados en una comedia de equivocaciones aprovechada por algunos antagonistas políticos, periodistas y sindicalistas para acercarla justificadamente aunque exagerando los conflictos al terreno de la tragedia.
Seamos claros, el Colón no puede funcionar con normalidad si las autoridades de gobierno especialmente los legisladores de la ciudad no lo defienden por lo que es y por lo que representa, y no respetan la continuidad de las gestiones directoriales que correspondan. Un período de dirección de cinco años es lo mínimo que puede pedirse para pretender resultados positivos y recomponer la confianza internacional (en los últimos cinco años, en cambio, se han sucedido cinco directores).
Acto II: El trámite de las obras en curso
El Master Plan de la gestión Telerman preveía cinco años de cateos, diagnósticos, proyectos y licitaciones (2001-2005) y dos años de obras a teatro cerrado (2006/2007).
El desafío era grande, el optimismo fue mucho quizá excesivo pero el equipo convocado para el proyecto y las asesorías resultó muy bueno, y es el que en líneas generales sigue en funciones. Como sucede en tópicos similares de conservación patrimonial y renovación funcional, hubo polémicas previsibles, que reflejaron diversos puntos de vista teóricos y personales. La documentación de anteproyecto realizada entonces es la que, a grandes rasgos, se mantiene actualmente. No se trata del proyecto de teatro ideal y es verdad que contiene, en varios casos, soluciones de compromiso, pero hay que comprender que la reorganización funcional depende de un límite insuperable: la superficie total y absoluta del Colón, incluidos los subsuelos, es de
El proyecto que se está ejecutando no afecta el perfil productivo integral del teatro, rasgo característico que lo destaca en el panorama internacional y que se ha decidido mantener a ultranza. Todo se ha previsto en función de privilegiar la producción, preparación y realización del espectáculo con centro en el escenario. La segunda confitería y el fantasioso shopping fueron dos anécdotas desmedidamente agigantadas en los medios; la confitería seguirá siendo la actual y el sitio de venta será mucho más recoleto que lo que es dable imaginar en un teatro de su proyección. Lo que se relocalizará son áreas de depósitos en parte ya trasladados y talleres o instalaciones de riesgo, además de la biblioteca y centro multimedial de última generación, que no hay posibilidad de incluir dentro del edificio actual. Un escollo cierto, en cambio, es que la única gran sala existente en subsuelo la 9 de Julio no puede seguir albergando indistintamente ensayos de las dos orquestas con sede en el teatro, además de los de ópera y ballet. Esto obliga a que hasta la construcción de una segunda sala, prevista en un sector subterráneo sobre Libertad y Toscanini, postergada por falta de presupuesto se deberá utilizar para ensayos el taller para decorados de grandes dimensiones, que a su vez se mudaría a uno, un poco más reducido, del segundo subsuelo.
Por la operatividad imprescindible y por la seguridad de las personas, el teatro permanece cerrado para empleados y visitantes desde fines de 2007 (el Master plan preveía cerrarlo en 2005). Unos meses antes, dentro del Ministerio de Desarrollo Urbano de
Así, si bien el problema de las obras es técnicamente muy complejo y está sumamente limitado en los plazos y en los recursos, se prevé que tenga un desarrollo exitoso, en tanto no medien nuevas interrupciones. El Gobierno de la Ciudad ha previsto instalar una pantalla de televisión que muestre las obras en ejecución, así como un sistema de visitas de público cuando el avance de las obras lo permita.
Acto III: La situación laboral y sindical
Un problema de larga data en el Colón reside en la azarosa relación contractual con los distintos sectores que conforman su personal, y que ha derivado en huelgas, quites de colaboración, demoras sorpresivas y suspensión de espectáculos. El tema presente con intermitencias desde fines de los años cincuenta, pero muy acentuado desde 2000 está habitualmente centrado en reivindicaciones sobre sueldos, horarios, horas extra, saldos impagos, situaciones de revista, etc. Es indudable que la burocracia municipal se ha mantenido históricamente incólume frente a la necesaria agilidad con que debe manejarse un organismo artístico como el Colón, situación que la flamante autarquía deberá demostrar que es capaz de solucionar en el nivel estructural y de procedimientos.
Sin duda habrá que revisar y solucionar temas pendientes que dan razón a las frecuentes demandas de los trabajadores de la casa, así como a los reclamos de contratados locales y extranjeros por honorarios y servicios impagos, incluso desde hace varios años.
Pero también es cierto que a lo largo de sucesivas gestiones el personal del Colón ha crecido hasta llegar a los más de 1300 integrantes de la planta actual, lo cual es a todas luces excesivo. Es razonable pensar que el Teatro puede conservar intacta su capacidad de producción integral con 800 / 850 personas, de las cuales 250 serían instrumentistas de sus tres orquestas Estable, Filarmónica y Académica, 150 coreutas y bailarines, y 20 directores de estudios y maestros internos. Por más que puedan molestar algunas expresiones del nuevo director general,
La decidida acción encarada por el gobierno de la ciudad al respecto personalizada en el director ejecutivo Mariano Emiliani ha logrado ya la reubicación de un centenar de trabajadores en otras órbitas administrativas, pero ha generado también la previsible reacción de los dos sindicatos SUTECBA y ATE que operan en el teatro. Negociación dura, siempre oportuna y bienvenida dentro de las reglas democráticas, pero que se ha subvertido por la violencia del segundo de estos gremios (incomparablemente menor en cantidad pero muy afianzado en su ambición de protagonismo y su ánimo combativo) que ha llegado a los insultos y amenazas de viva voz y a la agresión física a las autoridades, intentando una toma del teatro a fines de diciembre, o impidiendo la lectura del informe de García Caffi ante
La propia dinámica de la campaña electoral en curso añade a esto sus componentes de rivalidades e intereses explícitos e implícitos de varias procedencias, para acentuar la crispación general y la dificultad para encarar acciones de largo aliento. Y no cabe duda de que cualquiera sea el resultado eleccionario de junio, el clima crispado seguirá hasta fin de año y se instalará en el próximo, que es prólogo de nuevas elecciones. En ese sentido y en esas circunstancias, el Colón es un boccato di cardinale para ser despedazado por propios y ajenos. Ojalá prime el buen tino y la constancia de la mayoría silenciosa que forma parte del Teatro, y que quiere que las mejores condiciones a las que aspiran no se sigan alejando por falta de oportunidad de trabajar.
Acto IV: Los objetivos específicos del futuro teatro
El cuarto y último punto se refiere al tipo de teatro que se buscará revivir. Esta no es una elección obvia sino una reflexión que deberá hacerse carne, puesto que en todo el mundo se ha hecho difícil mantener un teatro lírico de calidad internacional; cuánto más en nuestro país, solo y alejado del circuito internacional y de la facilidad para encarar coproducciones o participar en la red de intercambios que son habituales en Europa y América del Norte. Es cierto que el Colón carga sobre sus hombros el desafío de ser un elefante autosuficiente y muy caro para las arcas de la ciudad, pero ésa es también su naturaleza, su razón de ser y su destino.
Existe el riesgo de querer utilizar el símbolo como vidriera y administrarlo con un criterio prioritario de marketing. Voces críticas se han levantado aquí frente a la probabilidad de privilegiar en el Colón áreas de gastronomía o espacios de venta, y también se han dado ejemplos de alquileres muy poco edificantes para la currícula del Teatro. Quizás fue much ado about nothing (mucho ruido y pocas nueces), pero el peligro de tomar el camino más fácil siempre está cerca.
Esperemos que no se siga el atajo y que reviva un Colón de excelencia, adaptado a los requerimientos artísticos propios de su género, que en la actualidad se han globalizado y son mucho más exigentes. Eso depende de sus directivos no caben dudas de que su actual director conoce el tema y es un sincero defensor de este objetivo y de los funcionarios ejecutivo y legislativo de la ciudad, pero también depende de que el personal y los amigos de la música y del teatro apoyen cada paso que se dé en esa dirección. Los teatros de ópera sufren tanto con el silencio de quienes debieran hablar o cantar, como con los gritos y las desafinaciones de quienes harían mejor en callar.
En los últimos años el Colón ha soportado la inacción y el silencio cómplice de muchos, junto a los rencores y gritos de otros tantos. Ahora ha vuelto a arrancar, un poco a los tumbos, con unos primeros pasos titubeantes y esquivando zancadillas, pero con un rumbo bien orientado. Todavía es una cáscara muda que hay que llenar nuevamente con músicas y armonía; una cáscara que hoy está medio vacía o a medio llenar, según se quiera ver (ambas miradas tienen razón). La propuesta es tender a ayudar para que el llenado sea de la mejor calidad y esté listo lo antes posible. Y que al final de esta folle journée (días locos) podamos cantar con Mozart y Da Ponte: Questo tempo di tormenti, di capricci e di follìa, in contento e in allegria corriam tutti a festeggiar (En este tiempo de tormentos, de caprichos y locura, corramos todos a festejar contentos y en alegría).
La insuficiente política exterior
En la vida democrática, los gobiernos deben dar cuenta de sus actos de política interna pero también de lo que se refiere a la posición del país en el mundo. En la Argentina, hay una “sensación” ampliamente difundida en la opinión pública: la política exterior del Gobierno parecería oscilar entre la ausencia y el abandono; un marcado signo de ideologización la priva de consistencia y de relevancia. Leer más
Política y testimonio
El 29 de junio, los diputados y senadores electos deberán esperar casi seis meses para asumir sus bancas, mientras que los representantes que abandonen sus escaños tendrán la tarea de continuar legislando en ese período, con una legitimidad renga. Este es sólo un ejemplo de la anormalidad por la que transitan las próximas elecciones de medio término. Leer más
Benedicto XVI, el lefebvrismo y la Shoá

¡Qué difícil ayudar a discernir en el confuso panorama que se fue creando a partir de la decisión papal de levantar excomuniones, de las declaraciones “negacionistas” de un obispo cismático y de las oscuras aclaraciones de ciertos cardenales de la curia romana que alimentan ad infinitum las interpretaciones periodísticas sobre los seguidores de Marcel Lefebvre! A ello se sumaron los pedidos de explicación por parte de líderes políticos y las manifiestas perplejidades de numerosos cristianos en todo el mundo. Leer más
Recuperar la economía amenazada
La economía argentina atraviesa un frente tormentoso. El famoso viento de cola internacional, cuyo impulso fue decisivo para la recuperación económica iniciada en
Pero más acá del mundo, ha habido impericia en nuestro puente de mando (circunstancia traducida en la disparada del riesgo país y el derrumbe de la bolsa) al influjo de la resistencia a devolver al INDEC una credibilidad laboriosamente ganada y brutalmente destruida y del vaudeville de los bonos vendidos a Venezuela. Si el supuesto amigo presta a más del 15% anual en dólares, no caben dudas: hay problemas.
Hace ya varios años advertíamos que la muy exitosa recuperación de la economía argentina dependía demasiado del viento de cola y se estaba desaprovechando la oportunidad para sentar bases sólidas para un desarrollo sostenido; mientras, en cambio, se cultivaban pesadas herencias como la alta inflación, precios relativos distorsionados y una solvencia fiscal algo precaria por su dependencia de los precios externos. Se rehuía, y se rehúye, una mirada de más largo plazo, y su lógico resultado es un país a la deriva en el mundo, sin una estrategia de desarrollo, ineficientes contrarreformas del estado como puede terminar siendo la reestatización de Aerolíneas Argentinas, y un sistema impositivo centralista y plagado de distorsiones. Esta mochila curioso obsequio del gobierno anterior al actual será más difícil de cargar en el marco mundial 2008-2009.
Los desafíos más urgentes son restaurar la confianza perdida, mostrar un programa de estabilización coherente, superar las amenazas que se ciernen sobre la solvencia fiscal, hasta ahora la principal clave interna de la recuperación, y presentar un plan financiero coherente para el año 2009. Para reconquistar la confianza es crucial colocar al INDEC bajo una dirección creíble y competente, y empezar a producir números acordes, sobre todo en los precios al consumidor, la pobreza y la indigencia, que han sido los más afectados por las manipulaciones. Estabilizar la economía requerirá una política fiscal más austera, con menor crecimiento del gasto y aumento del superávit. Esto exige atravesar el trago amargo del ajuste de los precios de la energía y los combustibles, hasta ahora evitado con subsidios que este año casi alcanzarán a 30.000 millones de pesos, nada menos que un 3% del PIB.
Puede hacerse gradualmente, sin llegar a un rodrigazo. Pero hay que hacerlo por razones de lógica económica y también de equidad. En el primer caso, porque si no se alienta decididamente la exploración y la producción de petróleo y gas, en poco tiempo
En cuanto a la equidad, por dar sólo un ejemplo, resulta insólito que hoy el interior del país y el sector agropecuario, con su aporte a las retenciones a las exportaciones, subsidien el consumo energético de los sectores sociales pudientes del Gran Buenos Aires. Hay distorsiones aún peores, por ejemplo, que el precio del gas natural domiciliario sea casi seis veces menor que el de la garrafa que consumen los más pobres. Una mejora de la situación fiscal reduciría el nivel de riesgo soberano de
Estas medidas encontrarían también algunos datos de contexto favorables. Una es la caída del precio del petróleo, que permitiría reducir los subsidios. La otra es que la inflación, aunque todavía muy alta, muestra signos de desaceleración, por el insólito enfriamiento político de la economía, la nueva política monetaria de tipo de cambio bajo y la caída de los precios de las commodities. Más allá de esto, seguimos creyendo que la tendencia de fondo de crecimiento de los países emergentes es sólida y que, depurados los excesos especulativos, los precios externos de los alimentos de los próximos lustros serán claramente más altos que los del último cuarto del siglo XX.
La situación es compleja aunque técnicamente manejable, si se actúa rápidamente. Las dudas importantes surgen en torno de las decisiones políticas. ¿Serán las adecuadas? No se trata de una rectificación integral sino más bien de recurrir a la sensatez: respetar las estadísticas, recomponer la solvencia fiscal, atacar en serio la inflación y anunciar un plan financiero creíble.
Es mucho lo que está en juego. Porque significa también mostrar que
Apuntes del día después
El Congreso de
La política vernácula tiene la rara virtud de tornar extraordinario lo que debería ser normal. En una república democrática, el debate parlamentario de las grandes decisiones de política económica debería ser algo de rutina, y las medidas en esa materia que pudiera tomar el Poder Ejecutivo, la excepción.
Pues bien, hoy contemplamos, con algún atisbo de esperanza, un pequeño esbozo de regreso a la normalidad: el Congreso debatió política económica. Más allá de la criticable técnica utilizada, en la que el Poder Ejecutivo solicitó la ratificación legislativa de una resolución ministerial con escaso (por no decir nulo) contenido constitucional, rescatamos la actitud del Parlamento de intentar recorrer el camino de la república democrática, a través del debate intenso y el intercambio de ideas. El Poder Ejecutivo utilizó muchos de los recursos a su alcance para imponer su voluntad, presionado por el Partido Justicialista en la figura de su actual presidente, Néstor Kirchner. El Congreso mostró independencia de criterio y finalmente rechazó el pedido de
No es nuestro propósito ahora discutir el angustioso derrotero de las retenciones durante los últimos 130 días, ni su oportunidad y conveniencia económica. No obstante, caben trazarse algunas líneas de análisis que entendemos importantes para el futuro cercano. Una ley del Congreso podría o no resultar inconstitucional; materia tribunalicia finalmente. Hasta tanto, será ley de
En ese contexto, en el que la crisis del campo absorbió la agenda política desde el 11 de marzo pasado, queda el interrogante acerca del día después. Temas que ya hemos tratado en estas páginas: energía en sus más variados aspectos, inflación, gasto público y la injerencia permanente del Poder Ejecutivo en un variopinto muestrario de actividades económicas. Todo ello precisa para su solución de una dosis contundente de legitimidad de ejercicio, que permita la instrumentación de políticas económicas consensuadas, generales y sectoriales, de largo aliento, que quizá en el corto plazo no sean todo lo populares que a cualquier político con mirada corta le gustaría. Esta masa crítica de legitimidad política no se obtiene con soluciones unilaterales tomadas en círculos cerrados de poder, para luego apelar a un arsenal de argumentos de lo más inverosímiles y contradictorios para intentar su posterior justificación.
Los temas mencionados no son menores. La inflación, por tomar uno, es un problema que afecta de manera directa a los que menos tienen, y cuya solución hoy el gobierno no ha comenzado a esbozar porque aún ni siquiera la reconoce (o no le conviene reconocer o no sabe qué hacer). No obstante, los sindicatos aliados al gobierno (valga ahora esta aclaración, en razón de los últimos sucesos) piden y negocian aumentos salariales que en mucho exceden los índices oficiales. Esta manera de hacer política, que tuvo su cenit en la crisis de las retenciones, provoca dinámicas de negación, rechazo y polarización, que intentan esconder las verdaderas dificultades. El resultado de la tristemente célebre resolución 125 demostró la futilidad de esta estrategia.
¿Cómo encauzar la discusión de políticas de estado de largo plazo, en un ambiente con tendencias a la polarización y la crispación generalizada? La pregunta parece huérfana de respuestas, si apelamos al ejemplo de la primera medida importante en materia de política económica que intentó imponer
En el fragor de las discusiones,
Estas ideas, al parecer sencillas, no están suficientemente arraigadas en la sociedad y tampoco en la clase política. La visión plebiscitaria de la nación, en la que la presidenta en ejercicio se considera legitimada para tomar cualquier medida con fundamento en el respaldo popular, genera la creencia también plebiscitaria de que ante el desacuerdo, la manera de oponerse es ganar
Reconstruir la confianza en la política, en el Congreso, en la representación, parece ser el camino a recorrer para solucionar los problemas que hoy tenemos, que exceden en mucho el tema del campo. No obstante, la visión de corto plazo de la mayoría de los actores (oficialismo, oposición e intereses sectoriales) es hoy uno de los mayores obstáculos para esta reconstrucción.
La república democrática, por oposición a la democracia plebiscitaria, requiere de la construcción paciente de consensos en torno de los grandes temas que nos afectan a todos. La institucionalización de tales consensos otorga la legitimidad necesaria para llevarlos adelante en el tiempo.
Los debates recientes en el Congreso parecen ser un primer paso, acaso endeble y frágil. Pero no debemos olvidar que si bien la falta de práctica genera entumecimientos y rigidez, con ejercicio y gimnasia pueden superarse. El desafío es volcar hacia este camino toda nuestra confianza y energía. Soluciones distintas aunque nos cueste reconocerlo no han demostrado eficacia en el pasado.




