Cultura
Roberto Benigni: Tutto Dante
por Sendrós, Daniel · 2 Comentarios
Sin su principessa, pero con el Sumo Poeta, como llaman sus fanáticos a Dante Alighieri, el cómico Roberto Benigni dio el 17 de junio su única función en Buenos Aires. Lo hizo ante un Gran Rex colmado en sus 3.000 y pico de butacas, y seguro que volvería a llenarlas. Pero… ¿cómico? ¿función?
Más bien maestro, y clase, un maestrino que apareció dando saltitos como ante los escolares de La vita é bella, y haciendo gestos de quitarse la ropa y arrojársela al público, y arrojarse él también, lleno de “un’emozione che mi mangia indietro” ante tantas ovaciones.
Primero hizo chistes, burlas, payasadas, agradecimientos, proclamas de admiración hacia “la ciudad italiana más austral del mundo” (“¡qué maravilla, una parte de Italia sin Berlusconi!”), elogios conjuntos a Bioy Casares, il grande “Borgues”, y a los jugadores argentinos de fútbol, “que no juegan, danzan, con una bravura única”, y enumeró diversas creaciones italianas, como el soneto, el purgatorio y la costumbre de estrecharse las manos en cada saludo.
Luego cayó en vulgaridades sobre las andanzas sexuales del primer ministro y otras figuras, señalando de paso una debilidad humana: “En unas elecciones, el oponente habló largamente de la necesidad de recuperar la moral pública. Berlusconi dijo sólo una frase: ‘Bajaré las tasas un 20%’, y el otro perdió”. Recordó aparte al’onorevole Giulio Andreotti, “que vino a ver mi espectáculo vestido de Andreotti, un mito como Polifemo”, inesperadamente elogió a Santo Tomás de Aquino (sin privarse luego del famoso “Señor, dame castidad y continencia, pero no enseguida”), y, con igual entusiasmo y ánimo festivo, empezó a analizar los versos del Canto Quinto de La Divina Comedia.
De hecho, a esa altura buena parte del público esperaba una noche de jarana a costillas del Dante y su poesía, y el Canto Quinto alienta expectativas para ello, ya que habla de los condenados al Infierno por amores lujuriosos, carnales, interesados, incestuosos, e tutt’altro, con nombre expreso de unas cuantas figuras célebres. Cada una de ellas tuvo, por supuesto, su comentario informativo y gracioso, a medida que iba leyendo el texto original, y se proyectaban los versos traducidos (única parte con traducción en toda la noche). Pero esos comentarios, a veces muy jocosos, fueron siendo también, y cada vez más, muy reflexivos, siempre admirativos, y, poco a poco, hasta espirituales. “¿Por qué el poeta quiere visitar el Infierno?”, anticipó. “Porque al Mal hay que mirarlo de frente, y atravesarlo, si queremos merecer el Paraíso”.
Cosa interesante, el cómico iba usando su energía para explicar, con asombro, con entusiasmo, fascinado, el sentido de modernidad y religiosidad del Dante, y la belleza impagable de versos como el “amor, que á amar obliga al que es amado”, “llegué a un lugar de toda lumbre mudo”, “la boca me besó todo temblante” (“ella sabe que entonces se abrirá el infierno, pero, por un instante, se abrirá también el paraíso”). Así se inclinó ante los poetas, porque sin las palabras que ellos inventan no sabríamos explicar nuestros sentimientos, comparó con elementos históricos la sensibilidad pagana con la cristiana (“la piedad nace con el poeta más grande del mundo, Jesucristo, la piedad es una creación cristiana”), reverenció originalmente a la Virgen María (“Dios la amaba tanto que quiso ser hecho por ella”) y aclaró como volando, porque todo lo hace volando, su pensamiento religioso: “Dentro nuestro es una lucha perpetua de Jacob contra el ángel, no sabemos si Dios existe o no, pero estamos hechos de Dios desde hace como 2000 años”.
Era como escuchar un Dolina sin melancolías ni sentencias o, más raro aún, como si Pepito Marrone hubiera empezado una noche del teatro de revistas con chistes de balnearios, y terminado analizando y recitando con toda emoción “La ciudad sin Laura”, de Francisco Luis Bernárdez, o más aún “El buque”, el otro gran poema hoy olvidado del mismo autor.
A esa altura ya nadie en la sala se reía. En cambio, dos veces explotaron los aplausos, ante sus exaltaciones del amor y la poesía. Cuando terminó los últimos versos (“Mientras un alma esto me decía, / la otra lloraba tanto que, apiadado, / me sentí desmayar como quien muere, / Y caí, como un cuerpo muerto cae”) simplemente dijo: “Así debiéramos morirnos, al final de un canto tan hermoso”. Y, como ya todo el mundo había ido incorporando el texto, de inmediato lo recitó entero, bien serio, sin ningún chiste, sin traducción, sin gesticulaciones, sólo con un ahogo de emoción en las últimas palabras, saludó, debió salir dos veces más a saludar, hizo señas de que quería irse a descansar, y se fue.
No era “tutto Dante”, como anunciaba el título del programa. Era sólo uno de los cantos. Pero daban ganas de volver la semana siguiente, y la otra, para que el maestro Benigni nos siguiera explicando. O verlo por televisión, como hizo la RAI, debidamente. Al comenzar la noche, había bromeado: “si el mismo día que llegué me hicieron visitante ilustre, ¡en una semana me nombran obispo!”. No lo harán, pero si sigue así, bien merecería un título de profesor honoris causa en filosofía y letras.





Sólo una pregunta al autor de este artículo: ¿cree Vd. que es necesario ser fanáticos de Dante Alighieri para reconocerle la categoría de “sumo poeta”? Los que no son fanáticos de él, que supongo serán la mayoría de los aficionados a la poesía, ¿cómo lo llaman? ¿Poeta de segunda fila, o de tercera? ¿A cuento de qué viene esa ironía? Me gustaría saber si usted conoce lo suficientemente a Dante para poderlo juzgar
Tutto Dante es lo que hace falta en nuestra sociedad: un amor a la cultura, a lo bello de la literatura que nadie más sabe transmitir como lo hace Roberto Benigni….Lástima que a veces se le van las luces y por muchos euros se torna una persona excesivamente vulgar!!