Revista Criterio
Cultura
Nº 2381 » Mayo 2012

Cine: El admirable Schindler judío

por Sendrós, Daniel · 2 Comentarios 

Diálogo con la directora norteamericana Gaylen Ross a propósito de su película Killing Kasztner, la historia de un judeo-húngaro que consiguió que Adolf Eichmann le autorizara sacar un tren de Alemania con 1685 judíos.Que Schlinder, germano puro, negocie con los nazis, es una cosa. Pero que un judeo-húngaro se siente a negociar con el propio Adolf Eichmann, y le saque un tren cargado de 1685 judíos rumbo a Suiza, es otra muy distinta y más asombrosa. Ese fue Israel Kasztner, a quien recién ahora reconocen como héroe. Lástima que en 1957 sus propios paisanos lo mataron “por haber vendido su alma al diablo”. De eso trata Killing Kasztner, que Gaylen Ross, norteamericana, trajo semanas atrás al 9° Festival de Cine Judío de Buenos Aires. Charlamos con ella.

 

–¿Cómo surgió esta obra?

–Estaba en Suiza produciendo Blood Money: Switzerland’s Nazi Gold, sobre el dinero nazi que los bancos suizos administraron durante la guerra (y del que después dijeron no tener noticia), y una señora me dijo que había llegado a ese país “en el tren de Kasztner”. Yo no tenía idea. ¿Un judío negociando con Eichmann? Este podía mandarlo a Auschwitz en cualquier momento, sin embargo lo recibió varias veces y cayó engañado. Era 1944, Himmler mandaba buscar una salida, y el doctor Kasztner, con gran poder de seducción, les hizo creer que podía conseguir 10 mil camiones de los Aliados a cambio de un millón de judíos. Telegrama va y viene con la Agencia Judía, mensajero va y viene de Budapest a Estambul, la cuestión era ganar tiempo. Entretanto, y como prueba de buena voluntad, negoció el viaje de 1685 judíos húngaros a territorio neutral. Por cada pasajero hubo que pagar mil dólares de aquella época.

 

–¿Quién financió ese viaje?

–Un grupo de 150 judíos ricos, que también viajaron. La mayoría del pasaje era gente pobre, refugiados, huérfanos, rabinos. Después dijeron que Kasztner puso a toda su familia. Salvó 19 parientes, pero más de cien murieron en los campos. También lo acusaron de salvar unos pocos y no avisar a todos. ¿Avisar por teléfono, diarios, televisión? Él ya había dado advertencias, pero muchos se creyeron seguros en Hungría hasta que fue demasiado tarde. Aun así, después del tren siguió salvando gente, incluso arregló con el intendente de Viena el envío de trabajadores con sus familias. Miles se salvaron de esa forma. Tras la guerra se instaló en Israel con su familia, y fue vocero del gobierno hasta que un sector de derecha logró ponerlo en el banquillo de los acusados. La peor acusación fue su testimonio a favor de cuatro nazis incriminados por crímenes de guerra. ¿Por qué lo hizo? ¿Les debía favores? ¿Temía venganzas? ¿Esperaba sacarles una lista de bienes en poder de ellos para devolver a sus dueños? No se sabe. Lo cierto es que dio esos testimonios autorizado por la Agencia Judía, pero cuando llegó el momento lo dejaron solo. Nadie se hizo cargo. Se convirtió en una vergüenza nacional, y blanco directo de un grupo ultraderechista.

 

–Para su film, usted contactó al asesino.

–Estaba ahí, esperando alguien a quien contar su historia. Yo lo escuché y logré incluso hacerlo hablar con la hija y las nietas de Kasztner. Entonces tenía 22 años, y la cabeza envenenada por ideólogos que le dieron un arma y lo usaron, como pasa en cualquier grupo extremista. Hoy mira las cosas de otra manera. También el director del diario que hizo toda la campaña contra “el infame”. Entonces dirigía un diario de ultraderecha. Hoy conduce un movimiento pacifista de ultraizquierda. ¡Pero sigue orgulloso de las ventas que logró en aquella época! Un adelantado del amarillismo: ponía el escándalo político en la tapa, y una señorita de escasas ropas en contratapa.

 

–¿La sociedad también ha cambiado?

–Cada época requiere un tipo de héroe. Entonces sólo apreciaban a los miembros de la Resistencia. Ni siquiera los sobrevivientes del Holocausto eran respetados; los acusaban de débiles. ¡Pero sobrevivir era su resistencia! Recién ahora comienzan a valorar la tarea del negociador. Estrenamos esta película en Israel en plena guerra de Gaza, era algo loco, las salas llenas, los sobrevivientes en primera plana, la gente hablando del rol del negociador. La liberación del sargento GuiladShalit, rescatado a cambio de prisioneros palestinos, es un ejemplo. Ahí tuvieron que sentarse a negociar. Es lo que corresponde. Agrego algo más: hubo varios otros judíos salvando judíos, que falsificaron pasaportes, contrabandearon niños, etc.; recién ahora se los reconoce. Más y más historias empiezan a salir a la luz.

 

–¿Y cómo negoció la financiación de su película?

–Fue una lucha. Les contaba esta historia a los posibles financistas y me decían “Mejor andá a buscar una historia más linda del Holocausto, que tenga final feliz”.                 

 

Un testimonio

Stefan Bergner vive entre nosotros. Este es su testimonio: “Tenía 18 años y me sentía seguro dentro del ejército húngaro. Un conocido de mis padres los puso en una lista de judíos que eventualmente podrían irse a un país neutral. Fui a visitarlos, no quería perderlos y les pregunté si podía ir con ellos. Mi padre preguntó y le dijeron que sí. Entonces deserté y me fui con ellos. Papá no pagó nada, no tenía una moneda. Había huérfanos, refugiados polacos, yo diría que el 90% de los pasajeros no pagó nada. El dinero del viaje lo aportó un puñado de gente muy rica. Kasztner era un triunfador, y quería ser un triunfador como tipo capaz de solucionar los problemas de los demás. Cuando supimos del juicio que le hacían en Israel nos pareció evidentemente una acusación infantil: ¿cómo hubiera podido salvarnos si no negociaba?

El viaje duró cuatro meses, con una larga parada en Bergen Berger. Mirábamos por las ventanillas cada estación, a ver si nos llevaban a algún campo del Este, o a Suiza. Cuando cruzamos la frontera, en las calles de Basilea nos daban bombones, éramos el primer contingente de judíos que llegaba. Ahí estuvimos dos años como refugiados, hasta que papá consiguió trabajo en una curtiembre argentina. Desde entonces soy argentino. Como inmigrante, digo que la Argentina es el país ideal para los inmigrantes: te reciben con los brazos abiertos, cuando ven que no tenés un mango te ayudan. Ser inmigrante en la Argentina es una cosa buena”.

Comentar con mi usuario de Facebook

comentarios en Facebook

Deje su comentario en nuestro sitio Web

Escriba su comentario aquí

Comentarios

2 comentarios to “Cine: El admirable Schindler judío”
  1. iseko kanaka dice:

    Tal vez se entienda alguna vez en Argentina que hay gente del Proceso que salvó a gente en la medida que pudo?
    Y también se entienda alguna vez en Argentina que hubo jóvenes “idealistas” que cometieron crímenes contra inocentes totales y que si tuvieron formas de estar seguros, delataron a otros o los mandaron a morir desde sus cómodos refugios?
    Y alguna vez se entienda en Argentina que algunos “loadores de los jóvenes idealistas”, en su momento lucraron y ascendieron en pleno proceso, concordando con su accionar activo, como Timmerman hijo, por medio de un periódio, o como Zaffaroni, que aceptó ser juez y continuar como Juez violando la Constitución Nacional en 1976/77?.
    El ojo tuerto de la ideología o del negocio, del rencor o la envidea, produce casos como el del “judio que salvó judicios”, pero los propios lo masacraron.

  2. Así es el hombre, capaz de lo mejor y de lo peor. La película, la entrevista, es toda una lección de antropología. Gracias por darla a conocer.

    Prof. María Teresa Rearte

Revista Criterio