Revista Criterio
Cultura
Nº 2348 » Julio 2009

Don Pasquale

por · Comentar 

La Asociación Juventus Lyrica presentó en el Teatro Avenida el primer título de la temporada luego de la gala del 10º aniversario celebrada en marzo. La elección recayó en una ópera buffa de Gaetano Donizetti (1797-1848), que descolló en ésta como así también en el género serio donde anota, entre otras, a Lucia di Lammermoor. Don Pasquale, la seleccionada por la agrupación de ópera porteña, se incluye dentro del género ligero junto a L’elisir d´amore como dos de sus más agradables y recordadas obras.

 

Indudablemente, la obra de Donizetti evidencia un genuino estilo que no oculta las melodías de sencillez y magnificencia al servicio de la progresión narrativa. De igual manera sus composiciones son muy exigentes con los cantantes, que deben exhibir una cuidada técnica vocal unida a un sólido desenvolvimiento en escena. Dicho esto, interpretar a Donizetti puede parecer fácil pero no lo es. Dan testimonio las de Paul Plishka y Alfredo Kraus, dos grandes Don Pasquale o la célebre versión de Tito Gobbi del Dr. Malatesta. A menos de un año de la puesta del Teatro Argentino de La Plata, aquí Juventus Lyrica arriesgó su elaboración del clásico del bel canto. El estreno de la obra en Buenos Aires tuvo lugar en el Teatro de la Victoria el 16 de mayo de 1851 y en el actual Teatro Colón se ofreció en 1910. Cabe recordar que en nuestro primer coliseo, el rol de Don Pasquale estuvo a cargo del mítico Salvatore Baccaloni y entre los directores se destacaron Tullio Serafín y Arturo Toscanini.

 

El elenco que tuvimos ocasión de ver estuvo encabezado por Mario De Salvo como Don Pasquale, en lugar de Alberto Jáuregui Lorda quien lo hizo en la noche del estreno. Si bien correcto, su desenvolvimiento careció de brillo tanto en lo histriónico como en la faz vocal. El Ernesto de Santiago Bürgi, con indudable dominio escénico, sucumbió ante la necesidad de un caudal de voz acorde a su agradable timbre, y aunque la evolución del relato fue ajustando los requisitos del conjunto, desde el comienzo Fabián Grassi, como el Dr. Malatesta, tuvo una sólida intervención. Al igual que Laura Polverini, cuya Norina hizo aparición cuando la representación no encontraba su exacto término. A partir de la misma obertura tuvo lucimiento la eficiente orquesta con la conducción de Antonio María Russo y, en el acto final, sumó el coro preparado por Miguel Pesce.

 

La precisa régie de Oscar Barney Finn aprovechó líneas renacentistas tanto en el “punto de fuga” de los decorados como en la vista de la ciudad al fondo, lo que permitió extender visualmente las reducidas proporciones del escenario. Interesado en la luminosidad de la historia no profundizó en las motivaciones del patético vejete que da título a la obra. Seguramente, Barney Finn quiso recuperar el espíritu que –imaginamos– el compositor le imprimió en su première. Un indicio es que Don Pasquale fue estrenada el 3 de enero de 1843 en el Teatro Italiano de París al día siguiente del estreno de El holandés errante de Richard Wagner. Indudablemente, la melancolía ya había sido protagonista de la escena donde Gaetano Donizetti desplegó su música brillante y cristalina.

 

Deje su comentario

Escriba su comentario aquí

Revista Criterio