Revista Criterio
Cultura
Nº 2383 » Julio 2012

Un autor polaco, un creador flamenco

por De Vita, Pablo · 1 Comentario 

de-vita-2El estreno de El molino y la cruz permitirá tomar contacto con Lech Majewski, realizador de prolífica pero desconocida labor para el espectador argentino.Pieter Brueghel, apodado “El Viejo”, vivió en el siglo XVI y fue uno de los de-vita-1grandes nombres sobre los cuales se erigió la pintura flamenca. Su vida es un cúmulo de hipótesis y conjeturas desarrolladas por los historiadores partiendo del certero dato de su muerte en 1569, aunque también se sabe que viajó por Francia e Italia, cruzó los Alpes y se mezcló con la vida campesina. Buena parte de su obra se encuentra en el Museo de Historia del Arte de Viena, en uno de los palacios de la Ringstraße.

En dicho ámbito se exhibe Camino del calvario; uno de los trabajos más importantes de Brueghel y que integra el paisaje como una referencia inequívoca cargada de diversas alegorías religiosas. E.H. Gombrich, en el capítulo “La teoría del arte renacentista y el nacimiento del paisajismo” de su monumental Norma y forma, estudios sobre el arte del Renacimiento, señala: “La intención de este artículo es con toda certeza la de afirmar que el paisajismo, tal como lo conocemos, nunca hubiera surgido sin las teorías artísticas del Renacimiento italiano”. En su paleta, y en sus diferentes etapas creativas, confluyen las diversas tendencias pictóricas que entonces hacían eclosión en Europa.

Por su ironía, su tratamiento fantástico, su manierismo, su gusto por el paisaje como expresión simbólica, Brueghel resultó de interés para creadores tan diversos como Andrei Tarkovsky y Lars von Triers en el cine, o Wystan Hugh Auden en la literatura. Pero el polaco Lech Majewski es quien, decididamente, se sumerge en su obra.

Lo consigue con el óleo aludido, que es abordado por el realizador consiguiendo una conmovedora tableau vivant que, a diferencia de históricos ejemplos como Viridiana de Buñuel y su Il cenacolo de Da Vinci, no se concreta como simple representación (o incluso fuga de los personajes del formato que los contenía), sino recreando el espacio del cuadro para incluir a su creador, y al espectador mismo, dentro de los límites de la obra como una sublime reflexión sobre el tiempo y la historia, distorsionando asimismo la relación de esta última con la ficción. En ese paisaje Brueghel explica a su amigo y coleccionista Nicholas Jonghelinck algunos elementos de la composición en ciernes. 

Ajeno a la narración tradicional, en la película El molino y la cruz se presentan varias de las escenas que encierra esa gran obra del arte flamenco y, valiéndose de la tecnología digital, logran descomponerse las siete perspectivas originales pintadas por Brueghel, que de un aparente caos compositivo demuestra una cuidada concepción del espacio.

Del centenar de sus personajes, Majewski se detiene en algunas situaciones que permiten hilvanar el sentido de la obra en su conjunto y realizar un recorrido visual. Así esas viñetas enmarcan a Brueghel (a cargo de Rutger Hauer) imaginando su obra, pero también el calvario de Cristo; la labor del molino o el flagelo de un hombre y su encuentro con la muerte, cuando Flandes estaba bajo la dura dominación española. El sentido de la experimentación de Majewski y aquel que llevó a Brueghel a ocultar el principal tema de su obra pareciera encontrar total transparencia en la definición del director polaco: “Cuando las cosas importantes suceden, nadie las nota, porque todos estamos inmersos en nuestras propias desgracias”. De gran labor fotográfica, acompañan a Hauer en los roles principales Michael York y Charlotte Rampling.

El molino y la cruz no es sólo una maravilla técnica sino una obra maestra de la narración al extraer una serie de historias del exuberante lienzo resignificándolas para siempre. En nuestra vertiginosa sociedad contemporánea, presa del olvido, Lech Majewski realiza una aproximación de gran belleza a la meditación y la contemplación como una metáfora sobre la relación del artista con el tiempo. Un espacio que queda en suspensión al introducirse el espectador en él y que sólo el creador puede hacer andar.

 

Sobre Lech Majewski

 

Artista plástico, director de cine, poeta y regisseur, el polaco Lech Majewski estudió Bellas Artes y luego cine en la famosa Escuela de cine de Lodz. En 1982, sobre el río Tamesis, realizó una singular puesta de la Odisea de Homero. Cuatro años más tarde se trasladó a Río de Janeiro donde filmó Prisionero de Río sobre el famoso ladrón Ronald Biggs. En 1992, con producción de David Lynch, dirige Gospel according to Harry, donde debuta Viggo Mortensen en el rol protagónico. Tres años después realiza en la Opera Nacional de Polonia una aclamada puesta de Carmen de Bizet. En 1995 escribe y coproduce Basquiat que dirige Julian Schnabel. Un año después, Pokoj Saren lo encuentra en su debut como compositor con la cantata que estructura la obra.

En 2006 el Museo de Arte Moderno de Nueva York realiza una completa retrospectiva. A posteriori de El molino y la cruz, Majewski realizó Brueghel Suite, instalada primero en el Museo del Louvre y luego en la Biennale de Venecia.

 

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Comentarios

1 comentario to “Un autor polaco, un creador flamenco”
  1. roberto dice:

    La obra no esta en Viena sino en priorato de Nostell y se exhibe alli desde hace 200 años.
    Saludos.

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