Cultura
Vida líquida
por Bauman, Zygmunt · 2 Comentarios
La vida líquida y la modernidad liquida están estrechamente ligadas ( ) La sociedad moderna líquida es aquella en que las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y unas rutinas determinadas.
Zygmunt Bauman es catedrático emérito de Sociología en las universidades de Leeds y Varsovia, y está considerado un influyente pensador de nuestro tiempo. Ha publicado, además del que comentamos, otros libros, entre ellos La cultura como praxis y La ambivalencia de la modernidad y otras conversaciones (con K. Tester).
Vida líquida es un inventario de comportamientos de la sociedad actual que, según el autor, vive una vida devoradora (que) asigna al mundo y a todos sus fragmentos animados e inanimados el papel de objetos de consumo. Una vida en que los individuos, reducidos a su condición más indigente de soledad y desamparo, con el mercado como único vínculo social, juegan el doble papel de consumidores y de mercancías, y viven en el temor permanente de precipitarse por la tolva de los desechos que van a parar al tacho de la basura.
La sociedad moderna líquida (modernidad tardía, postmodernidad, hipermodernidad) otorga a cada sujeto social la condición irrenunciable de individuo, asignándole la improbable tarea de ser un individuo único entre sus iguales de una sociedad masificada. La renuncia a la condición de individuo con su carácter de homo eligens, de ciudadano empoderado para elegir bienes de consumo es penada por la sociedad con la exclusión del mercado, es decir con el exilio de la condición de ciudadano. Es que el sistema, para sobrevivir, necesita que se consuma, y sobre todo que se deseche, cada vez en mayor cantidad y a mayor velocidad.
Bauman concluye su reflexión con la misma metáfora referida a la oscuridad con que Eric Hobsbawm termina su Historia del siglo XX, y titula el último capítulo de su libro Pensar en tiempos oscuros, citando como referentes a Hannah Arendt y Theodor W. Adorno. El umbral ante las tinieblas en el que se detenía Hobsbawm para alertar a la humanidad de que cambiara el rumbo si, en el siglo XXI, no quería precipitarse al abismo, parece haber sido cruzado ya en el pensamiento de Bauman.
La tarea de la búsqueda de la felicidad, que el hombre moderno consideraba una responsabilidad colectiva, ha sido depositada por la globalización unilateralmente empresarial de la modernidad líquida sobre los hombros del individuo que debe buscarla por sí mismo y para sí mismo. En un clima social en el que prevalece la inestabilidad y la liviandad, el mártir de las grandes religiones ha sido reemplazado por la víctima televisiva, pasajera e intercambiable, y el héroe moderno por el famoso, cuyo fundamento de celebridad es el mismo hecho de ser célebre. Bajo esos supuestos líquidos la precarización laboral, consolidada por una educación funcional a los mercados globales, se ha convertido en la nueva estrategia de dominación que ha sustituido el control del panóptico por el miedo inducido por la inseguridad y la vulnerabilidad. En esta atmósfera de lo efímero, se ha generado una élite transnacional del conocimiento que se siente cómoda dentro de la cultura de la hibridación global y de la vida líquida. Gimnastas del cambio constante del saber, de las habilidades, de los lugares diferentes e indistintos de las ciudades globales; gentes que se mueven ágilmente en una sociedad de valores volátiles, despreocupadas ante el futuro, egoístas y hedonistas. Por debajo de ellas, sobrevive una especie de clase media que no tiene más remedio que jugar a contragusto el juego que le es impuesto si no quiere precipitarse al abismo que habita la masa de residuos humanos (personas excedentes, superfluas, carentes de una función, excluidas del grupo de las detentadoras de derechos humanos y privadas de dignidad humana).
Zygmunt Bauman pinta con tintes tenebristas un cuadro ajustado de la modernidad tardía. En busca de una alternativa a las tinieblas, propone desarrollar una lógica de la responsabilidad planetaria que permita llevar a cabo una (cita a Habermas) política recuperada frente a los mercados globalizados.
Vida líquida, escrito en un lenguaje claro y sencillo, no es un libro dirigido exclusivamente a especialistas sino que está al alcance del lector culto que se preocupe por la realidad acechante que lo rodea.





Esta buenisimo este articulo. Era justo lo que necesitaba!
Gracias!
El consumismo es casi un sinónimo de capitalismo, buscando la autedestrucción para poder seguir existiendo. El paradigma de la era consumista es algo que será muy dificil de cambiar sobre todo pensando que la era que sigue es la tecnológica, productos cada vez mas desechables, donde a modo de metáfora, la gente también se hace desechable.
Si vivimos como consumistas no forjamos los cimientos con bases firmes que nos proporcionen un buen futuro sino que sólo buscamos un momento de vida lo disfrutamos y antes que termine ya estamos pensando en otro y eso nos hace cada vez mas individualistas, pensando en nuestros momentos de vida sin contemplar la ausencia de razon, sólo argumentandonos con la abundancia de una falsa satisfacción.