Editoriales, Iglesia, Notas de Tapa
Benedicto XVI, el lefebvrismo y la Shoá
por Poirier, José María - Navarro Floria, Juan G. · 4 Comentarios

¡Qué difícil ayudar a discernir en el confuso panorama que se fue creando a partir de la decisión papal de levantar excomuniones, de las declaraciones “negacionistas” de un obispo cismático y de las oscuras aclaraciones de ciertos cardenales de la curia romana que alimentan ad infinitum las interpretaciones periodísticas sobre los seguidores de Marcel Lefebvre! A ello se sumaron los pedidos de explicación por parte de líderes políticos y las manifiestas perplejidades de numerosos cristianos en todo el mundo.
Ciertamente no atravesamos una circunstancia feliz para la Iglesia y, particularmente, para la imagen del Papa.
¿Una causa perdida?
Defender el perfil mediático de Benedicto XVI pareciera ser un tema por demás arduo. Empresa análoga a la del Quijote con los molinos de viento, esa “espantable y jamás imaginada aventura”. Por más que algún devoto soñador nos sugiera “que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios”, como ponía Cervantes en boca del hidalgo, siempre habrá algún amigo de Sancho que, como él, nos advierta con realismo que conviene abandonar la causa y dejar que “Dios lo haga como puede”.
Este teólogo, atraído ciertamente más por el estudio que por el trabajo pastoral o el acierto político, encuentra graves dificultades frente a la opinión pública.
Dificultades que parecieran ya ser insalvables. Lo admite incluso su vocero, el jesuita Federico Lombardi, quien, haciendo malabarismos, reconoce los desaciertos de la política de comunicación de la Santa Sede. Las inexactitudes y los errores han generado indignación y dolor, dejando la impresión de que además falta la buena voluntad en la burocracia de Roma. ¿Tendrá Ratzinger enemigos entre sus propios colaboradores? Quienes no lo admiten, sostienen que la prensa no lo comprende y que él no se deja asesorar suficientemente.
Sin embargo, más allá de los entredichos, conviene siempre distinguir entre las imágenes públicas y los verdaderos contenidos, entre los hechos y las impresiones, entre verdades y opiniones.
La posición de Ratzinger
No pocas veces los medios de comunicación son más dogmáticos que la doctrina católica, sobre todo cuando califican de manera inapelable a un personaje. Para gran parte de la opinión pública Benedicto XVI es inequívocamente un conservador, cuando no un feroz inquisidor.
Observaba el escritor triestino Claudio Magris, en el Corriere della Sera, el mismo día de la muerte de Juan Pablo II, después de elogiar su enorme coraje y sus muchos aciertos: “este papa ha supuesto una singular simbiosis de rancio tradicionalismo, sentido sagrado de la vida e instintiva, incluso juguetona familiaridad con la sociedad mediática más secularizada, con sus instrumentos y sus ritos, que ha usado y dominado sapientemente y, a veces, hasta con un desparpajo carente de prejuicios”.
Karol Wojtyla, marcado por su Polonia natal, abierto hacia afuera de la Iglesia y con rasgos autoritarios hacia adentro fue, de alguna manera, un monarca en el Vaticano. Intensamente aclamado, y quizás más admirado que escuchado, estableció una corriente de empatía y afecto con grandes auditorios. Viajero incansable y actor nato.
Joseph Ratzinger, por su parte, es un teólogo importante y reconocido de nuestro tiempo, erudito preciso y agudo, amante de las artes y prestigioso interlocutor de las mejores mentes occidentales.
Tal como el popular Juan XXIII, Wojtyla fue una rara combinación de conservador y espíritu sensible a los cambios de la historia: verdaderos carismáticos. Para Ratzinger, la fe nunca puede prescindir de la enunciación lógica. Si bien no alcanza el vuelo, tan rico en matices, del fino y gran humanista latino que fue Pablo VI, Ratzinger es un sólido intelectual en el estilo de los notables catedráticos germanos.
El Concilio y Lefebvre
El Concilio Vaticano II (1962-1965) convocado por Juan XXIII y luego magistralmente conducido por Pablo VI, marcó un antes y un después en la historia de la Iglesia. Entre los conservadores estaba Karol Wojtyla y entre los progresistas, Joseph Ratzinger.
El Concilio significó una extraordinaria apertura de la Iglesia al mundo moderno, el decidido camino del diálogo ecuménico e interreligioso y la conciencia de una Iglesia que se descubre pueblo en comunión mientras transita la historia.
El tan mentado caso Lefebvre comenzó después del Concilio, cuando el ex-arzobispo francés de Dakar, misionero durante muchos años en África, no quiso reconocer las posiciones que proponía la Iglesia, a las que se había llegado luego de intenso estudio, intercambio y oración. Fiel al mensaje evangélico y a la más pura tradición de los Padres de la Iglesia, el Concilio fue el gran acontecimiento del Espíritu en el catolicismo moderno. Paradójicamente, en contraposición con la postura de Lefebvre, el patriarca ortodoxo Athenágoras (“cismático” para los romanos), comprendió con espíritu iluminado los signos de los tiempos. Él y Pablo VI (“cismático” para la Iglesia de Oriente) decidieron terminar con las seculares excomuniones entre Roma y Constantinopla.
A pesar de la amorosa insistencia de Montini y de la obediencia que le exigió Juan Pablo II, Marcel Lefebvre no quiso aceptar lo dispuesto por la autoridad y consagró sin permiso de Roma a nuevos obispos cismáticos; de allí el motivo de la excomunión, automática según el derecho de la Iglesia.
Los lefebvristas son, en su mayor parte, nostálgicos de un idílico pasado imaginario, amantes de las viejas liturgias y de los latines (que no fueron las liturgias ni el idioma de muchos de los apóstoles ni de Jesús), propensos a mirar sólo el pasado y a no aceptar el dinamismo propio de la historia. Según el teólogo Hans Urs von Balthasar, el lefebvrismo fue el único cisma no apoyado en ideas. Criterio repetidas veces se ha manifestado a este propósito tanto en editoriales como en artículos firmados.
Evangelio y nazismo
Las vergonzosas declaraciones tendientes a negar o minimizar la Shoá por parte del obispo inglés Richard Williamson, residente hasta entonces en la Argentina (que crearon incluso desconcierto en las filas más conservadoras), y la desafortunadamente simultánea actitud de acercamiento a los lefebvristas por parte de Benedicto XVI, que no habría sido informado a tiempo de los dichos de Williamson, ponen al descubierto tanto la injustificable posición de un prelado cismático como las ineficiencias graves de la curia romana.
Sin embargo, corresponde recordar que el Papa siempre ha sido claro en estos puntos: defiende el Concilio Vaticano II y sostiene que el diálogo con los judíos –“nuestros hermanos mayores en la fe”, al decir de Juan Pablo II– es tarea irrenunciable y misión primordial de todo cristiano. El desvarío de un clérigo que no tiene ningún oficio en la Iglesia, no puede poner en riesgo la doctrina ni el compromiso en el diálogo, a propósito del cual Criterio se enorgullece de tener una larga trayectoria.
Suturar las redes
Urge, en todo caso, distinguir lo que un error magnificado por muchos medios –acaso no sin intenciones- ha relacionado de forma indebida.
El levantamiento de las excomuniones no tuvo en mira, ni consideró siquiera, los indefendibles juicios históricos de un personaje menor, como es Williamson. El Papa quiso anunciarlo durante la semana de oración por la unidad de los cristianos, ya que sería contradictorio buscar la comunión plena con ortodoxos o protestantes y al mismo tiempo expulsar a quienes, aún rebeldes o errados, se reclaman católicos.
Benedicto XVI dijo con claridad que su gesto no era un premio ni el final de un camino, sino un comienzo que reclamaba actitudes correspondientes de sus destinatarios en orden a aceptar plenamente el magisterio actual de los papas y, en particular, el del Concilio Vaticano II. Todavía un gesto osado y unilateral por parte del Papa, dado que los lefebvristas no han manifestado una actitud suficientemente clara de arrepentimiento y perdón por el daño causado a la Iglesia. Las redes de la Iglesia, dijo, tienen que acoger a muchos peces, y la responsabilidad del Papa es evitar que se rompan. Lo más grave en las posiciones de los lefebvristas no es su apego al latín o sus juicios históricos, sino su resistencia casi caprichosa a doctrinas centrales del Concilio, como las referidas a la libertad religiosa por ejemplo. Son ellos quienes deben dar un paso en esa dirección; mientras tanto continúan suspendidos a divinis (sin poder ejercer lícitamente el ministerio sacerdotal), sin ningún oficio (cargo) en la Iglesia, y sin que su Fraternidad tenga reconocimiento canónico alguno. Se trata de una situación compleja y delicada, que merecía ser analizada al menos con prudencia por quienes opinan desde fuera, y de la que correspondía haber dado mejores explicaciones a los que vivimos dentro de la barca de Pedro.
José María Poirier y Juan G. Navarro Floria





El concilio no marcó un antes y un después.. lo dijo el Papa, no hay ruptura sino continuidad.
La confusión la trajo el concilio, que dicho sea de paso es un concilio PASTORAL y NO DOGMATICO, por tanto ES CUESTIONABLE y DISCUTIBLE.
Me parece que lo urgente y primordial es que comencemos a dialogar entre nosotros, los católicos, sin preconceptos de progres, tradi o moderados. Creo entender que dialogar es compartir el logos o dejarse iluminar por él. Mejor dicho, dejarse iluminar por el Logos.
Muchas veces confundimos dialogar con charlar y caemos en la cháchara mentada por un afamado legislador calchaquí.
He visto que la mayoría de las veces le damos el nombre de “diálogo” al batifondo de voces lorunas sin ninguna escucha.
Si los católicos somos un batifondo y cada cual se cree sabio anclado en su posturas (la revista Criterio incluida, Uds. no son el último descenso de la verdad), es muy difícil que podamos ser sal de la tierra.
Después que hayamos puesto en orden, más o menos, nuestra Casa, podemos salir al mundo a tratar de convencer a los otros (Dios iluminando) de entrar en ella, a los fines de hacer partícipes a los mismos de lo que dice el Vaticano Segundo en la Constitución sobre la Dignidad Humana : DECLARATIO DE LIBERTATE RELIGIOSA DIGNITATIS HUMANAE”Primum itaque profitetur Sacra Synodus Deum Ipsum viam generi humano notam fecisse per quam, Ipsi inserviendo, homines in Christo salvi et beati fieri possint. Hanc unicam veram Religionem subsistere credimus in catholica et apostolica Ecclesia, cui Dominus Iesus munus concredidit eam ad universos homines diffundendi, dicens Apostolis: “Euntes ergo docete omnes gentes baptizantes eos in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti, docentes eos servare omnia quaecumque mandavi vobis” (Mt 28,19-20). Homines vero cuncti tenentur veritatem, praesertim in iis quae Deum Eiusque Ecclesiam respiciunt, quaerere eamque cognitam amplecti ac servare.” En Castellano dice: ” En primer lugar, profesa el sagrado Concilio que Dios manifestó al género humano el camino por el que, sirviéndole, pueden los hombres salvarse y ser felices en Cristo. Creemos que esta única y verdadera religión subsiste en la Iglesia Católica y Apostólica, a la cual el Señor Jesús confió la misión de difundirla a todos los hombres, diciendo a los Apóstoles: “Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado” (Mt., 28, 19-20). Por su parte, todos los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida, a abrazarla y practicarla.”
El resto ………si Williamson, ………si Benedicto o …….Von Rey Mago, se presta para que unos y otros puestos sobre sus cátedras se levanten como pavos reales doctorales ( perdón la cacofonía) y quieran sacudir sus plumas por sobre las de los demás. “Todos saben”, lo cual es señal de que nadie sabe. Es una perinola media enclenque.
Para dialogar hay que tener criterio, una gran humildad, un oído inmenso y un corazón zambullido en Dios.
Qué sé yo. Quizás yo parezca un pavo real. Perdón y me rapo de mis plumas.
Caí aquí navegando por Internet.
Un laico, Antonio
POR DESGRACIA NOS ESTA PASANDO LO QUE A LA IGLESIA ANGLICANA…NOS ESTA COMIENDO UN LIBERALISMO QUE CORROE LA FE…PLATICAS PROPUESTAS POR DIRIGENTES ECLESIASTICOS ACERCA DEL MITO DE LA RESURRECCION???CELEBRAR SIN ORNAMENTOS??HACER A UN LADO LAS IMAGENES,LA DEVOCION A LOS SANTOS Y UN LARGO ETC PISTOYESCO,JANSENISTA Y PELAGIANO…..
¿¿¿¿Oye cuantos idiomas sabe Richard Williamson????