Revista Criterio
Cultura, Notas de Tapa
Nº 2350 » Julio 2009

¿Está en la electrónica el futuro del libro?

por Spadaro, Antonio · Comentar 

“Los libros no han muerto”. Así titulaba en noviembre de 2007 la revista Newsweek. Y continuaba: “pero serán digitales”. En la cubierta del famoso semanario se apreciaba a Jeff Bezos, que en 1994 fundó la librería on line Amazon; su mano sostenía un pequeño objeto blanco con teclado y pantalla. Su nombre: Kindle. En inglés el verbo to kindle significa “encender”. Quizá se eligió ese nombre porque pretende evocar una metáfora de la lectura y del conocimiento. De todos modos se trata de una lectura digital de libros. Es un instrumento que permite guardar los libros en formato electrónico y leerlos por medio de la pantalla.

¿Cómo funciona en la práctica? El Kindle vive en relación indispensable con Amazon. Mediante una conexión inalámbrica se conecta, como si fuese un celular, con la librería y puede adquirir libros en formato digital, de un catálogo que comprende tanto los clásicos como las novedades, por un total –hasta el momento– de más de cien mil títulos. La conexión es gratuita, y se da a través de un sistema llamado Whispernet, activo solamente en los Estados Unidos mediante un operador telefónico específico. En resumen, tener el Kindle es como poder visitar una biblioteca. El costo de cada volumen descargado varía: las novedades y los best seller cuestan 9,99 US$. La continuidad de la lectura está garantizada por una batería de treinta horas de duración, recargable en sólo dos horas. El paso de las páginas se hace con un simple botón.

Pero el uso del Kindle es más amplio. Se pueden descargar diarios, tanto los grandes norteamericanos como los europeos y otros locales. Lo mismo semanarios y revistas mensuales. La suscripción mensual al New York Times cuesta 13,99 US$, y al Wall Street Journal, 9,99. Para leerlos basta encender el Kindle y, automáticamente después del cierre, aparece la última edición, antes de que llegue a los puestos de diarios. El Kindle es un “libro” que puede contener centenares de libros u otras publicaciones. Pero, a diferencia del libro común, puede aumentar las letras o buscar dentro del texto tal palabra o expresión.

 

El libro electrónico y la tinta digital

 

En realidad el Kindle es solamente uno de los lectores del ebook (electronic book) actualmente presentes en el mercado; podemos decir incluso que es el de menor resultado estético. Pero quizá es el que ha dado mayor visibilidad a este tipo de dispositivo.

La particularidad del digital reader de última generación es el uso de la “tinta digital”, cuya característica consiste en su elevada legibilidad. Es una experiencia común tanto en la lectura sobre papel como en la pantalla: a la larga se hace fatigosa la lectura de un libro. El monitor es brillante y tiene iluminación interior; se ve claramente en la penumbra y, por el contrario, si la luz externa es demasiado fuerte, se ve peor. Los nuevos dispositivos de lectura, en cambio, utilizan una tecnología estudiada desde 1996 y puesta a punto por la sociedad eInk, que está desarrollando un proyecto de “tinta electrónica” o electronic paper display (Epd), que tiende a imitar el aspecto y la legibilidad de la tinta sobre la hoja de papel, gracias a una concertación de medios químicos, físicos y electrónicos.

El documento electrónico, a diferencia de un display, no está iluminado por detrás. En concreto, la película de plástico que constituye este “papel” se compone de microcápsulas cargadas eléctricamente. Cada una contiene cargas positivas (partículas blancas) y cargas negativas (cápsulas negras) en suspensión en un fluido transparente. Por medio de campos eléctricos externos se pueden orientar las partículas esféricas para obtener el cambio de color del folio, es decir, el display electroforético, del blanco al negro. Por consiguiente, es una onda eléctrica de voltaje variable en el tiempo (waweform) al mezclar las partículas blancas y negras de la tinta para componer de manera correcta las imágenes digitales. Si la waweform transmite impulsos brevísimos a ambas partículas, blancas y negras, obtenemos el matiz del gris.

El resultado final es un “folio” que se puede leer incluso a plena luz del sol, que no deslumbra y no cansa la vista, porque es opaco y no iluminado por detrás. Se puede mirar también en ángulo, e incluso se puede plegar sin que se dé ninguna distorsión de la imagen. Es, por consiguiente, integrable en dispositivos flexibles. Así, el designer Sarina Sung ha proyectado el E-paper Music Score, un dispositivo eInk que puede archivar centenares de partituras musicales. Las páginas son flexibles y enrollables sobre un soporte central, y el resultado visible es óptimo. Pero sobre todo hay que señalar la aparición del anunciado Readius de Polymer Vision, un “libromóvil” que se sirve de la tecnología de la pantalla de cinco pulgadas extraíble y extensible.

 

Posibilidades en el mercado

 

El primer digital reader basado en la tecnología eInk aparece en 2004, cuando Sony sacó su Librié. Hay que señalar el modelo Reader de la misma empresa, el iLiad de iRex y el Cybook de Booken. Pero la lista de los productos y de las firmas que los fabrican se extiende progresivamente. En realidad la tecnología está en continua evolución; se experimentan nuevos productos, que anuncian el display en colores, como el ya disponible del modelo FLEPia de Fujitsu.

Nuestra experiencia directa se basa en el uso del iLiad de la holandesa iRex, difundida en Italia por el Simplicissimus Book Farm, que se propone implantar en este país la “cultura” del lector digital. La peculiaridad consiste en que resuelve una de las carencias más señaladas en el uso de un digital reader: la capacidad de tomar apuntes. El iLiad es un lector que permite también escribir e insertar anotaciones tanto en el texto del libro que se está leyendo como en una página nueva, como si fuese un book notes. Todos los apuntes, las notas y subrayados pueden siempre ser tachados y reescritos.

El Kindle de Amazon, a diferencia del resto, está disponible solamente en los Estados Unidos. El de Sony, por el contrario, puede ser utilizado en cualquier parte aunque siempre y necesariamente conectado a una computadora porque no está dotado de conexión a red.

En la Feria del Libro de Turín de 2008 fue presentada la versión inglesa del diario La Stampa en formato digital optimizado para la lectura a través del iLiad. Era posible “navegar” entre páginas y artículos, y también subrayar, anotar y marcar un texto.

¿Qué pueden leer los digital reader? Algunos pueden leer y escuchar trozos musicales mediante auriculares: buen sistema para leer escuchando música de fondo. Pero esencialmente estos dispositivos están dirigidos hacia la lectura. Leen, por lo tanto, ebook, libros digitales, que son documentos de texto en formato electrónico paginados como los normales libros en papel, en formato Pdf.

 

Ventajas y límites

 

La ventaja de un digital reader es hacer posible llevar consigo centenares de libros en un dispositivo que pesa unos 300 gramos. Además, este sistema de lectura no hace necesaria la impresión, y por consiguiente no comporta los gastos y la necesidad de distribución. Por otro lado, las personas con dificultades en la visión podrán prescindir hasta de los anteojos porque es capaz de ampliar el tamaño del cuerpo tipográfico. Por último, considérese el impacto ambiental positivo al poder prescindir de las talas de árboles para fabricar pasta de papel.

En cuanto a las desventajas, el ebook necesita, para ser leído, un dispositivo electrónico que debe ser alimentado, aunque no con frecuencia. Está dotado de un software que, si bien es de uso sencillo, requiere un mínimo de instrucción; y posee un hardware que puede ocasionar problemas técnicos. Por otro lado, si bien hoy podemos leer los libros impresos de hace 500 años, nadie nos garantiza que dentro de poco los digital reader serán capaces de leer los ebook en el formato en el cual actualmente se producen.

Por fin, el libro es un objeto sólido y compacto; no se rompe e incluso puede ser maltratado, manteniéndose legible. No así un delicado dispositivo electrónico. En muchos aspectos el libro clásico es un top tecnológico insuperable. No depende de nadie para ser leído, y tiene características propias inimitables.

El problema para los defensores o los detractores del libro digital es si será capaz de sustituir o no al libro de papel. Es un problema mal planteado. Lo que merece reflexión es lo que se refiere a la lectura y su futuro, su destino. Por libro no se entiende sólo el contenido; leer un libro es una experiencia particular, que se basa también sobre la materialidad del libro entendido como objeto. Evoca a veces un contexto, un ambiente preciso que mueve al “recogimiento”. Son muchos los testimonios que componen una fenomenología de la lectura; todos se refieren al objeto-libro que los realiza.

Hay una mística e incluso una erótica del libro. La misma forma del libro puede evocar, como sucede con Walt Whitman, una especie de abrazo: “esto no es un libro,/ el que lo toca, toca a un hombre,/ …Yo salto de las páginas a tus brazos”. En tal sentido, los instrumentos son lectores digitales de texto, no verdaderos “libros”.

Vale la pena tener en cuenta que la investigación debe evaluar mejor qué tipo de experiencia nueva de lectura pueden dar los dispositivos electrónicos, y apreciar su significado y calidad, antes de insistir en la mera imitación de la página impresa. Se deberá desarrollar e “implementar”, como se dice en la jerga informática, precisamente aquellas características que un libro tradicional no puede ofrecer.

La fortaleza principal de un lector digital consiste en poder mantenerse siempre “abierto”. Cabría imaginar para la literatura de ensayo, por ejemplo, una forma de suscripción al libro, sujeta a renovaciones periódicas. Así se podría siempre disponer de la última edición, establecer un enlace abierto con el autor o grupos de lectores. Una de las mayores fortalezas podría consistir en disfrutar de un texto no sólo como si fuese un libro de papel sino acceder a otro tipo de disfrute, considerarlo como un “nudo” de una red de informaciones, de ideas e incluso de relaciones humanas entre el que escribe y el que lee, o entre varios lectores. Se trataría, en resumen, de considerar al ebook como parte de aquel social network, la red social de participación que es la conquista reciente, para bien y para mal, de la Red.

 

Fragmentos del artículo publicado en Razón y fe, número 1322, diciembre de 2008

Deje su comentario

Escriba su comentario aquí

Revista Criterio