Notas de Tapa, Política-Economía
Obama dixit: Ave Fénix
por Mendiola, Luis · 1 Comentario
Podríamos decir que fue un líder mundial dirigiéndose a la umma, la comunidad o la nación de los musulmanes, concepto que trasciende definiciones políticas, étnicas o lingüísticas. Obama le habló a los musulmanes de todo el mundo, como no lo haría, por ejemplo, a los católicos, a los ortodoxos o a los judíos. Su oratoria brillante y efectiva, con una retórica pocas veces oída, tuvo la intención de dar vuelta una página histórica, algo que no muchos pueden pretender, en ese nivel. Pero un presidente de los Estados Unidos como Obama, sí. Se puede dar el lujo del coraje y exhibir la inteligencia de las ideas. La esperanza americana, esa Ave Fénix, le permite hacerlo porque es más creíble que cualquier otra alternativa. Otro no podría hacerlo, aunque tuviera más poder material. Barak Obama puede y se anima a exponer con sinceridad cómo cree que son las cosas hoy y cómo hay que tratar de cambiarlas. Plantea lo que une, por encima de lo que separa; mira hacia el pasado con conciencia de la historia y a pesar de repetir argumentos conocidos (el brillo de la civilización islámica, las confrontaciones sangrientas) logra que parezca un planteo más honesto y leal que los anteriores. Incluye lo anecdótico y lo personal, y a él le viene muy bien, no suena ni falso ni oportunista. Parece un milagro.
El presidente Obama recuerda a todas las audiencias, no sólo a la islámica, los principios fundacionales de la Constitución americana respecto de la libertad religiosa, que otras latitudes debieran escuchar, recordar y de ser posible también practicar.
En la parte más política del discurso, a pesar de algunas fuertes críticas, no sólo ni principalmente desde el Islam, Obama repasa la agenda pendiente en la actual coyuntura. Dice que es necesario enfrentar al extremismo violento, explica en qué consiste y aclara una permanente sospecha contra su país: no pretenden bases, territorios, ni recursos ajenos. Se refiere luego a la cuestión palestino-israelí, auspiciando la clásica solución de los dos Estados y recomendando a cada parte lo suyo, no sólo el fin de la violencia terrorista, sino también el de los asentamientos. Para el primer caso, ofrece ejemplos de triunfos de la justicia por vías pacíficas, como en su propio país, o en Sudáfrica, algo que pudo haber sido dicho antes, pero que suena mucho más fuerte en su boca.
Respecto de Israel, todo hace suponer que ésta puede ser una nueva era en la relación con los Estados Unidos, más allá de su insistencia respecto de la alianza incólume y sólida entre ambas naciones. ¿Qué mejor que confesar: “diremos en público lo que decimos en privado”?
El tercer tema es el del armamento nuclear, en un contexto crítico como el actual. Allí hay dos juicios que conviene destacar: “Ninguna nación debe elegir qué otra puede tener armamento nuclear”; y aún más: “Afirmo con solidez el compromiso de los Estados Unidos de alcanzar un mundo en el que ninguna nación tenga armamento nuclear”.
Obama se refiere también a la democracia, sobre lo que son bien conocidos los principios americanos. Hace hincapié en los derechos de las minorías: “las elecciones, por sí solas, no constituyen una verdadera democracia”. Un sayo que le cabe a unos cuantos, islámicos y no.
Obama dedica el quinto punto a la libertad de religión, insistiendo en que ésta es “central para la posibilidad de los pueblos de vivir juntos”, y recuerda algunas de las recientes iniciativas del diálogo entre musulmanes, cristianos y judíos (que ya se han tratado en estas páginas).
No dejó pasar la cuestión de los derechos de la mujer, subrayando lo central de la educación como clave para la igualdad. Sobre este punto, uno de los más complicados a tratar ante los musulmanes, algunas voces en Occidente no quedaron satisfechas, reclamado que Obama profundice y exija más.
Al fin, el Presidente se refirió al desarrollo económico, comenzando por la percepción de la amenaza de la globalización sobre las costumbres y la identidad en algunas sociedades. Hizo bien en plantearlo así, porque es real ese temor. Pero luego volvió a recurrir a muy buenos ejemplos de cambio y continuidad de tradición cultural.
Al cierre del discurso corona una muy positiva intervención, reafirmó las clásicas ideas americanas: las de un nuevo inicio, abrirse a un nuevo futuro, superar el pasado, la necesidad de que la juventud “reimagine” y rehaga el mundo. Y una nota kantiana, la que según Obama yace en el corazón o en el núcleo de toda religión: obrar con los demás como quisiéramos que lo hagan con nosotros, para finalizar con tres citas, la coránica, la talmúdica y la evangélica. Un gran discurso. Ojala tenga éxito, porque lo necesitamos todos, no sólo la audiencia, los Estados Unidos e Israel.
¿Alguna vez oiremos a Obama pronunciar un discurso así, referido a nuestro continente? Inshallah!





Todo termina en discurso,porque queda demostrado que Obama no tiene el poder ni en su País,atacó a Yemen,sigue apoyando militarmente a Israel,manda tropas a Afganistán,justifica el gobierno de Honduras,sigue militarizando Colombia,no levanta el embargo a Cuba,sigue con la base militar en Paraguay,invade Haití,sigue teniendo el presupuesto militar más grande del mundo 10 veces más que China,siguen las bases de Guántanamo,las torturas etc.