Han pasado ya casi quince años desde que, junto al padre Bernardo Olivera, en aquel momento abad general de la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (más conocidos como “trapenses”), escribimos sobre los siete monjes asesinados en Argelia el 21 de mayo de 1996. Lo recuerdo como si fuera hoy. Finalizaba una de sus charlas durante un encuentro del Movimiento de espiritualidad “Soledad Mariana” (fundado por él en la Argentina). Nos había relatado lo acontecido en el monasterio Nuestra Señora de Atlas, a donde había tenido que viajar al enterarse del anuncio de la muerte de los monjes. Al llegar le confirmaron la noticia y le hicieron saber que habían aparecido unos despojos. Dos días más tarde supo que se trataba sólo de las cabezas y que se ignoraba el destino de los cuerpos. Tuvo que participar luego en el reconocimiento de los restos, misa de  exequias y entierro en el cementerio del monasterio. Inmediatamente, le sugerí que debíamos escribir sobre el tema y darlo a conocer. ¿Por qué? Era importante que la gente supiera de la existencia de mártires cristianos en el siglo XX. Ya no se trataba de  personajes casi imaginarios devorados por leones en el circo romano, sino de hombres de carne y hueso, asesinados por su fidelidad a Cristo, al Evangelio, a su compromiso monástico y a una comunidad islámica con la cual convivían y trabajaban en paz.

Dom Bernardo, por un instante, dudó si podría interesarle el tema al público en general, pero al cabo de unas semanas me escribió desde Roma proponiéndome relatar una crónica, basándonos en los escritos de los monjes de aquel perdido monasterio en las colinas de los montes Atlas, sobre todo el “testamento” del padre Christian de Chergé y el diario de Christophe. Hoy, cuando tomo conciencia de que la historia no sólo fue relatada en varios libros que aparecieron posteriormente en Europa, sino que fue llevada al cine con un éxito inusitado en Francia, a través de la película De dioses y de hombres (llegando a obtener el segundo premio en el Festival de Cannes), me doy cuenta de que no nos equivocamos. Es que hoy en día, más que dar cátedra, hay que dar testimonio; más que decir, hay que obrar, sobre todo en temas ligados a la trascendencia espiritual. De lo contrario, nadie se conmueve ni se mueve, porque vivimos en un mundo secularizado y en extremo escéptico y racional, principalmente en Occidente. De allí que el “testamento” de Christian de Chergé (prior del monasterio) haya conmovido a tanta gente, puesto que tres años antes de su muerte, en un pequeño escrito, prefiguraba su martirio mostrándose dispuesto a “dar” la vida y a “perdonar” a su posible asesino del futuro. Y lo encabezaba con una frase por demás profética: “Cuando un A-Dios se vislumbra…”. Frase que mezclaba despedida con encuentro, un ver el final que sería para el alma que espera, el principio. Me ocurrió algo parecido al ver la película, conociendo el final, pero esperando meditar el desarrollo desde el comienzo. Y no salí defraudado, porque ver este testimonio llevado al cine fue como una gota de agua fresca cayendo en el desierto apagado de un mundo al que le cuesta nombrar a Dios, como una pizca de sal sobre la masa insulsa del espectáculo acostumbrado. Se destaca no sólo al mostrar pinceladas de la vida sencilla de los trapenses en la meditación, el silencio, el trabajo y la oración, sino al bosquejar la forma de vivir en clave de comunidad monástica y la toma de decisiones tan trascendentales donde puede estar en juego hasta la propia vida.

Individualidad y comunidad que se percibían en los escritos rescatados del monasterio por Dom Bernardo Olivera, como era aquel diario del padre Christophe Lebreton, que moriría a los 45 años. Unos meses antes del secuestro y martirio escribía: “Presencia de la muerte. Según la tradición, ella es la asidua compañera del monje. Esta compañía ha tomado una intensidad más concreta debido a las amenazas directas, a los asesinatos que han tenido lugar muy cerca de nosotros y a ciertas visitas.…La muerte violenta de uno de nosotros o de todos a la vez, no sería más que una consecuencia de esta opción de vida en seguimiento de Cristo…”. Y días después, terminaría un poema diciendo: “Por favor, tómame”. Muchos no comprendieron el por qué de la decisión de los monjes de permanecer en el monasterio, pese a tener el permiso y hasta la sugerencia de la Orden para salir de Argelia ante las amenazas esgrimidas contra todos los extranjeros por los grupos integristas islámicos (“Los que se queden, morirán”). Se trataba de estar dispuestos a “dar la vida” por los amigos, que no sólo eran los miembros de la comunidad monástica, sino las familias musulmanas de los alrededores, a quienes no querían abandonar.

No todos estamos llamados a vivir la gracia del “martirio rojo”, el de la sangre, pero, si “martirio” significa, precisamente, “dar testimonio”, esta gracia está abierta para todos en la posibilidad de vivir el “martirio blanco”, muriendo cada día a nuestras propias debilidades y optando por el camino del amor.

Por último, recuerdo de aquella crónica el haber colocado al comienzo del libro el escudo del monasterio, que llevaba como figura una cruz sobre un monte y la frase de la mística inglesa Juliana de Norwich: “Tout finira bien, Alleluia” (Todo terminará bien, Aleluya). ¿Pero cómo podía haber terminado bien, si siete de los monjes fueron degollados?

La mejor respuesta fue la frase evangélica utilizada por Juan Pablo II en una carta de condolencias a los trapenses: “Si el grano de trigo caído en el suelo no muere, permanece solo, pero si muere, produce fruto en abundancia”. El éxito de la película De dioses y de hombres muestra parte de los frutos obtenidos.

 

El autor, junto a Bernardo Olivera, escribió el libro Los mártires de Argelia (Paulinas). De próxima aparición: Tengo sed. Tras los pasos de Teresa de Calcuta (Lumen).

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  1. Juan Carlos Lafosse on 11 julio, 2011

    Todos los datos que he podido recoger, que la película confirma en buena medida, hablan del martirio de los monjes. Para la Iglesia, el martirio es morir por la fe, es el testimonio máximo que se puede dar de Jesús.

    Me pregunto porqué hoy día no son ya santos declarados los monjes mártires. No comprendo como no nos son presentados como ejemplos de vida.

    Necesitamos santos como ellos, que dieron su testimonio en la soledad y fueron olvidados, mucho más que santos exitosos y mediáticos. El éxito artístico y de público de esta película excelente, tan alejada de los patrones comerciales, debiera dar que pensar al Vaticano.

    Lo que sigue está tomado de la página Espiritualidad Cisterciense:
    http://wwwespiritualidadcisterciense.blogspot.com/2009/10/el-testamento-del-padre-christian-de.html

    Sábado 10 de octubre de 2009
    El Testamento del Padre Christian de Tibherine.

    Como sabéis la noche del 26 al 27 de marzo de 1996 fueron secuestrados y luego asesinados los hermanos de la comunidad de Nuestra señora de Atlas, en Tibherine, Argelia. Todo el pueblo argelino estaba sufriendo en una especie de guerra civil entre el ejército y los islamistas radicales, los asesinatos de gran número de argelinos y de extranjeros hacían aconsejable abandonar el país. La Comunidad, cuyo superior era el P. Christian decidió compartir la suerte del pueblo de Argelia permaneciendo en su monasterio.

    Los monjes eran queridos por la gente, realizaban una labor social a través de un dispensario médico (uno de los hermanos era médico) y tenían una fuerte sensibilidad ecuménica, siendo el monasterio un lugar de reunión de los monjes con una tariqa sufí, con la que compartían oración y diálogo espiritual. El Amor al Islam y al pueblo argelino fue uno de las razones que les llevó a permanecer en el lugar. Como sabéis en la espiritualidad del amor al lugar es importante en Císter.
    Muchos consideraban que no era posible la convivencia de cristianos y de musulmanes, tildaban de «ingenuos» a los monjes. Sin embargo, la comunidad era un ejemplo de esa convivencia y amor mutuos.

    En su muerte rodeada de misterio, atribuida a los fundamentalistas del GIA, y ahora parece que debida al ejército argelino, se mezclaron diversos intereses políticos y propagandísticos de los que los monjes fueron víctimas inocentes, como tantos hombres y mujeres de Argelia.
    Francia, el gobierno argelino y los grupos fundamentalistas parecen tener responsabilidad en todo este asunto, que destapa la hipocresía de Occidente y la brutalidad fundamentalista. De todas formas, todo sigue rodeado de bastante misterio y de manipulaciones diversas para evitar que se aclare la cuestión que tendría consecuencias diplomáticas y de Estado, de probarse la culpabilidad del ejército argelino y de los servicios secretos franceses.

    Aquí os dejo el testamento de Christian, escrito un año antes, consciente de la posibilidad de morir asesinado. Quizá lo más destacado de estos hechos es el sentido comunitario de su muerte, es una comunidad que, vinculada al pueblo, es asesinada por fuerzas irracionales movidas por intereses políticos diversos. Y, sin embargo, su testimonio consigue vencer a sus enemigos denunciando al fundamentalismo y a los manejos de Occidente como igualmente enemigos del islam y del cristianismo, de la gente pobre y sencilla de ambos mundos, a la que intentan asustar para que se enfrente y no se una frente a sus verdaderos enemigos: los que viven centrados en el dinero, el poder, el prestigio a costa de lo que sea, y estos se encuentran en ambas frontera confesionales.

    La comunidad de Tibherine es un testimonio de que el amor vence siempre sobre el odio de quienes quieren que Occidente y el Islam se enfrenten para poder así seguir engañando y aprovechándose de la buena gente de ambos mundos.

    TESTAMENTO
    Cuando un A-Dios se vislumbra…

    Si me sucediera un día –y ese día podría ser hoy– ser víctima del terrorismo que parece querer abarcar en este momento a todos los extranjeros que viven en Argelia, yo quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recuerden que mi vida estaba ENTREGADA a Dios y a este país.
    Que ellos acepten que el Único Maestro de toda vida no podría permanecer ajeno a esta partida brutal.

    Que recen por mí.

    ¿Cómo podría yo ser hallado digno de tal ofrenda?

    Que sepan asociar esta muerte a tantas otras tan violentas y abandonadas en la indiferencia del anonimato.

    Mi vida no tiene más valor que otra vida. Tampoco tiene menos. En todo caso, no tiene la inocencia de la infancia.

    He vivido bastante como para saberme cómplice del mal que parece, desgraciadamente, prevalecer en el mundo, inclusive del que podría golpearme ciegamente.
    Desearía, llegado el momento, tener ese instante de lucidez que me permita pedir el perdón de Dios y el de mis hermanos los hombres, y perdonar, al mismo tiempo, de todo corazón, a quien me hubiera herido.

    Yo no podría desear una muerte semejante. Me parece importante proclamarlo. En efecto, no veo cómo podría alegrarme que este pueblo al que yo amo sea acusado, sin distinción, de mi asesinato. Sería pagar muy caro lo que se llamará, quizás, la «gracia del martirio» debérsela a un argelino, quienquiera que sea, sobre todo si él dice actuar en fidelidad a lo que él cree ser el Islam. Conozco el desprecio con que se ha podido rodear a los argelinos tomados globalmente. Conozco también las caricaturas del Islam fomentadas por un cierto islamismo.

    Es demasiado fácil creerse con la conciencia tranquila identificando este camino religioso con los integrismos de sus extremistas. Argelia y el Islam, para mí son otra cosa, es un cuerpo y un alma. Lo he proclamado bastante, creo, conociendo bien todo lo que de ellos he recibido, encontrando muy a menudo en ellos el hilo conductor del Evangelio que aprendí sobre las rodillas de mi madre, mi primerísima Iglesia, precisamente en Argelia y, ya desde entonces, en el respeto de los creyentes musulmanes.

    Mi muerte, evidentemente, parecerá dar la razón a los que me han tratado, a la ligera, de ingenuo o de idealista:»¡qué diga ahora lo que piensa de esto!» Pero estos tienen que saber que por fin será liberada mi más punzante curiosidad.

    Entonces podré, si Dios así lo quiere, hundir mi mirada en la del Padre para contemplar con El a Sus hijos del Islam tal como El los ve, enteramente iluminados por la gloria de Cristo, frutos de Su Pasión, inundados por el Don del Espíritu, cuyo gozo secreto será siempre, el de establecer la comunión y restablecer la semejanza, jugando con las diferencias.

    Por esta vida perdida, totalmente mía y totalmente de ellos, doy gracias a Dios que parece haberla querido enteramente para este GOZO, contra y a pesar de todo.En este GRACIAS en el que está todo dicho, de ahora en más, sobre mi vida, yo os incluyo, por supuesto, amigos de ayer y de hoy, y a vosotros, amigos de aquí, junto a mi madre y mi padre, mis hermanas y hermanos y los suyos, ¡el céntuplo concedido, como fue prometido!

    Y a ti también, amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías.

    Sí, para ti también quiero este GRACIAS, y este «A-DIOS» en cuyo rostro te contemplo. Y que nos sea concedido rencontrarnos como ladrones felices en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío.

    ¡AMEN! ¡IM JALLAH!
    Argel, 1 de diciembre de 1993 Tibhirine, 1 de enero de 1994Christian.+

    También os dejo aquí una noticia publicada por el ABC el 11- 07- 2009 relativa a las últimas investigaciones sobre las causas reales de su muerte.

    MATANZA DE LOS MONJES EN ARGELIA: SARKOZY DESENTIERRA UN ESCÁNDALO DE ESTADO DE LOS AÑOS DE CHIRAC.
    JUAN PEDRO QUIÑONERO PARÍS

    Actualizado Sábado, 11-07-09 a las 23:56

    La fe, esperanza y determinación de las familias de siete monjes cistercienses, asesinados en Argelia, está consiguiendo vencer tenebrosos misterios y secretos de Estado, enterrados durante trece años, culpando de la matanza a los Grupos Islámicos Armados (GIA) para “maquillar” un “error dramático” del Ejército argelino.

    La noche del 26 al 27 de marzo de 1996 fueron secuestrados siete monjes cistercienses, a unos 60 kilómetros de Argel. Unos confusos comunicados atribuidos al GIA pretendían la “liberación” inmediata de terroristas y presuntos terroristas encarcelados en Francia.

    Pocos días más tarde, se descubrieron las cabezas de los cuerpos degollados de los monjes cistercienses… Argel y París culparon al unísono al GIA, con quien el Ejército argelino sostenía, por aquellos años, una ensangrentada guerra civil que se cobró unos 100.000 muertos.

    Las familias de los mártires cistercienses y su jerarquía religiosa tuvieron sus dudas desde el primer día: nunca aparecieron los cuerpos de los monjes cistercienses. Durante una larga década, las familias de las víctimas pidieron la apertura de una instrucción judicial, para intentar esclarecer tan oscura matanza.

    El poder político supremo, en París, encarnado por el presidente Jacques Chirac, frenó y enterró políticamente el caso, hasta que, en 2004, las familias consiguieron que un juez pudiese indagar. Cinco años después, un testigo capital ha hecho declaraciones explosivas, ante el juez instructor.
    Explosivas declaraciones de un testigo

    Según el general jubilado François Buchwalter, consejero militar en la embajada de Francia en Argel, en 1996: los verdaderos asesinos habrían sido militares argelinos, que acribillaron a tiros, desde un helicóptero, a los siete monjes cistercienses.
    Según la versión del general Buchwalter, los monjes del monasterio de Tibérine, a unos sesenta kilómetros al norte de Argel, habrían sido víctimas de un ensangrentado “montaje” destinado a “convencer” a Occidente, en general, y Francia, en particular, de gravedad de la amenaza terrorista islámica…

    Según esa versión, los cistercienses habrían sido secuestrados con el fin de ser liberados “más tarde”. Pero dos helicópteros los habrían “confundido”, amordazados, “ocultos” en una gruta montañosa, y los habrían acribillado a tiros “por equivocación”. El general Buchwalter habría conseguido esa información del hermano del comandante de uno de los helicópteros que protagonizaron la matanza, antiguo compañero de armas en la escuela militar de Saint-Cyr.

    Filtradas a la prensa las declaraciones del general Buchwalter, el presidente Nicolas Sarkozy se apresuró a declarar: “Las relaciones entre Francia y Argelia no pueden fundarse en la mentira. Entre amigos, es necesario decirse la verdad. La justicia francesa tendrá acceso a todos los documentos clasificados hasta ahora como secretos de defensa”.

    Pidiendo que la justicia “haga toda la luz” sobre la matanza de los monjes cistercienses, el presidente Sarkozy corre el riesgo de un enfrentamiento diplomático con Argelia, y puede facilitar revelaciones sobre secretos de Estado del presidente Jacques Chirac.

    La prensa oficial y oficiosa ha reaccionado en Argel con mucha vehemencia, insistiendo en el riesgo de una crisis diplomática grave. En París, los hombres de Sarkozy insisten en que la matanza de los monjes fue “enterrada” por los hombres de Chirac, hace más de una década. Mientras que Chirac, su primer ministro de la época, Alain Juppé, y su ministro de asuntos exteriores, Hervé de Charette, callan o intentan “diluir” responsabilidades.

    Patrick Baudoin, uno de los abogados de los mártires cistercienses, víctimas de la razón de Estado argelina, “cubierta” por la razón de Estado francesa, denuncia la “hipocresía” de los gobernantes franceses, prestos a enterrar la matanza perpetrada “por error” por el Ejército argelino.

    http://wwwespiritualidadcisterciense.blogspot.com/2009/10/el-testamento-del-padre-christian-de.html

  2. Ayer (11/07/ fui con mi esposa y unas monjas amigas a ver la película. Es de un belleza y profundidad nada común en el cine de hoy. El proceso de discernimiento de los monjes, cada individuo en sí y la comunidad en su totalidad es desgarrador, y su testimonio, en la ofrenda de sus vidas, es para nosotros, habitantes urbanos de la Argentina de este 2011, casi inexplicable. ¿Cómo no se fueron?¿Por qué quedarse a sabiendas que iban a morir?. Viendo la película (que se desarrolla con un ritmo casi monástico), escuchando sus liturgias, oyendo sus testimonios uno lo entiende y se da cuenta que para ellos no había otro camino que el de seguirlo a Jesús.
    La recomiendo calurosamente, pero sólo para personas que puedan tener esa sensibilidad necesaria para ver todos los matices de unas vidas excepcionales.

  3. Graciela Moranchel on 13 julio, 2011

    Excelente película desde todo punto de vista, que refleja acabadamente la historia real de estos monjes y su cruento martirio.
    El director y los actores han sabido transmitir en todo momento una serie de sentimientos humanos de lo más contrarios y complementarios: el temor a la muerte, el miedo al sufrimiento físico, las dudas, los cuestionamientos sobre la vocación, la debilidad humana, pero muchísimo más, han sabido mostrarnos cuál es la fuerza del amor que es «más fuerte que la muerte».

    Me parece una gran película porque nos da la posibilidad de tomar contacto con las biografías de estos monjes santos que han dado su vida por amor a Cristo. En estos tiempos de discursos vacíos, los testimonios valen mucho más que las palabras. Me parece hermoso que los jóvenes, sobre todo, puedan ver que aún existen personas que son capaces de entregar su vida por Amor. Qué belleza. Qué parecidos a Jesús!
    Saludos cordiales,

    Graciela Moranchel
    Profesora y Licenciada en Teología Dogmática

  4. Graciela Moranchel on 14 julio, 2011

    Muy buenos los datos y el material aportados por Juan Carlos Lafosse sobre el crimen de estos monjes cristianos. Comparto plenamente su perplejidad al verificar que en la Iglesia Vaticana no ha habido hasta la fecha ninguna iniciativa (al menos no la conocemos) de canonizar, ya mismo, sin dilaciones, a estos santos mártires contemporáneos, que han dado la vida por Cristo Jesús, con un preclaro ejemplo de coherencia de vida, de valentía, de apertura al diálogo con todas las religiones, y de amor a Dios y al prójimo.
    Los fieles no necesitamos que se quieran inventar «milagritos» para subirlos a los altares. El mayor milagro es el testimonio de sus vidas santas, unidas a Dios hasta el fin.

    Saludos cordiales,

    Graciela Moranchel
    Profesora y Licenciada en Teología Dogmática

  5. Enrique Cheli on 25 julio, 2011

    Jesús María Silveyra
    Comparto siguiente peticiones de oraciones que solicitara en su oportunidad a la Basílica de Guadalupe por los Mártires de Argelia
    Enrique Cheli
    educador
    Nuestra Señora de las Américas
    Córdoba
    Argentina

    From: Enrique CHELI

    To: Maria Vision

    Sent: Saturday, May 21, 2011 12:26 AM

    Subject: Fw: solicitar oraciones

    LÍNEA DE ORACIÓN
    MARÍA VISIÓN

    BASÍLICA DE GUADALUPE

    CIUDAD DE MÉXICO

    HOLA, QUE TAL¡¡¡ SALUD

    AGRADEZCO DESDE ARGENTINA, INCLUIR EN LA ORACIONES DE PETICIÓN A JESÚS DE LA DIVINA MISERICORDIA, NUESTRA SRA. DE GUADALUPE Y SANTA FAUSTINA KOWALSKA LAS SIGUIENTES INTENCIONES

    / Rogamos, para recordar en el aniversario de su martirio a los siete monjes trapenses -cistercienses de la estricta observancia – los que fueron secuestra­dos de su monasterio de Nuestra Señora del Atlas, en Tibhirine, Argelia y murieron degollados el 21 de ma­yo de 1996 por miembros musulmanes radicalizados del grupo fundamentalista terrorista islámico GIA , quienes venían amenazando que matarían a todos los extranjeros de la Región( a pesar que habían demostrado «una profunda humanidad para ayudar a los mas necesitados, un respeto por el Islam y su generosidad con sus vecinos» )

    / Oramos, a fin de tener presente que uno de los monjes, Christian de Chergé, había dejado escrito premonitariamente su Testamento Espiritual en 1993 :

    «Si me sucediera un día -y podría ser hoy- ser víctima del terrorismo que parece querer involu­crar ahora a todos los extranjeros que viven en Argelia, desearía que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recordaran que mi vida, estaba

    entre­gada a Dios y a este país. Que aceptaran que el único Señor de toda vida, no podría permane­cer ajeno a esta partida brutal. Que oraran por mí» :

    / Rogamos, para no olvidar , que así mismo , aquel monje, expresara :» Llegado el momento, querría tener ese ins­tante de lucidez que me permitiera solicitar el perdón de Dios y el de mis hermanos en la hu­manidad, y al mismo tiempo perdonar de todo corazón a quien me hubiera golpeado. No po­dría desear una muerte semejante. Me parece importante declararlo»

  6. VI la película me gustò, pero es triste y mas aún ahora al saber que tuvieron un muy triste final, bueno muchos opinan que deberían canonizarlos, pero para nosotros ya son santos por su vida abnegada que tuvieron al servicio de la gente y a la vez de Dios ¿no? A veces no puedo entender tanta entrega, tanto martirio.

  7. Maria Ines on 26 julio, 2011

    .’……esta gracia está abierta para todos en la posibilidad de vivir el “martirio blanco”, muriendo cada día a nuestras propias debilidades y optando por el camino del amor.’
    Aún no he visto la película.
    Leyendo el rico documento no pude menos que conmoverme y reconocer que dieron su vida por el mismo Dios que está conmigo, con cada uno y con todos.
    Soy laica, argentina, vivo en una comunidad…. el texto me ha llevado a considerar seriamente profundizar en mi vida la frase que saqué del texto y puse en el inicio de mi comentario…. no puedo distraerme !!! no sé si en el momento histórico que vivimos en nuestro mundo, seré semilla, sembradora … no creo que me ocupe de la cosecha. Pero son pensamientos que no me corresponden, le corresponden al Gran gestor de la historia … ‘ la verdadera historia, quien quiera oir que oiga ‘ … solo sé que puedo ser fiel al amor en el presente. Es lo pequeño lo que puedo hacer…pero hoy con ésta nota, comprendí que es necesario. Gracias
    Gracias por utilizar los medios para comunicarnos verdades realmente revolucionarias que nos permiten conocer la causa

  8. Hace años que he leído el libro de Jesús Silveyra, sobre los mártires de Argelia, estaba haciendo un retiro en la trapa de Azul, y recordaba que cuando sucedieron estos horribles crímenes, me encontraba en París. Quizás nunca en mi vida, experimenté esa mezcla de admiración por los trapenses del Atlas, y de horror por sus muertes. Estos asesinatos no fueron en vano, han sido una demostración que aún en nuestros tiempos, el martirio es una elección, una entrega a Dios de la vida, en pos de la redención del género humano. El libro de Bernardo Olivera, quien fuera el superior de los trapenses, también hace hincapié en esta entrega de la vida, de esos extraordinarios monjes, que sabían los peligros que corrían. Meses antes. otros sacerdotes, monjes y simples cristianos, y también musulmanes, fueron víctimas de esta organización. La lección que nos dejan los trapenses, es que debemos siempre estar preparados, para lo que Dios nos demande, incluso de nuestras propias vidas para dar testimonio de la Fe.

  9. MIS QUERIDOS AMIGOS PIENSO QUE LOS TIEMPOS HAN CAMBIADO, LA SITUACION MENTAL DE LOS INDIVIDUOS DE AMERICA DEL SUR ES DIFERENTE, NOSOTROS NO TENEMOS RELIGION PROPIA TODO LO HEMOS HEREDADO DE OTRAS CULTURAS, NO TENEMOS LIDERES, QUE HALLAN RESIBIDO LA VERDAD DE JESUS EN ESTE SIGLO, Y SI LOS HAY ESTAB OCULTOS, LA RAZON INTERIOR DE CADA INDIVIDUO, EN BUSQUEDA DE LA PAZ INTERIOR, LE OBLIGARIA A LOGRARLA CREO QUE EL DIVORCIO ES NECESERIO, EN AQUELLOS CASOS EN LOS QUE LA CONVIVENCIA ES IMPOSIBLE.

  10. BUENO, YO LEI UN ARTICULO DEL DIVORCIO Y JESUS, NO SE PORQUE APARECIO EN LA PAGINA DE LOS MARTIRES DE ARGELIA PERO MIS QUERIDISIMOS HERMANOS, PIENSO QUE ESTA HISTORIA LLEVADA AL CINE ES UN EXITO, PUES EL MARTIRIO DE ESTOS SACERDOTES, ES UN SEGUIMIENTO A LA VIDA DE CRISTO, CADA UNO PASAMOS A SER UN CRISTO EN LA IGLESIA, LA PERSECUSION CLARA Y DIRECTA A AQUELLAS ALMAS EN CUYO CORAZON ESTA JESUS ES CLARA, YO LAMENTO MUCHO EL SUFRIMIENTO DE TANTA GENTE QUE SON MARTIRES TODOS LOS DIAS, DEBIDO A LA MALA ORGANIZACION SOCIAL ESPECIALMENTE EN LOS PAISES EN VIAS DE DESARROLLO DONDE EL SISTEMA LES PRIVA DE SU SEGURIDAD EN SALUD, EDUCACION, NO SOLO EL GOBIERNO SINO LA PROPIA FAMILIA DONDE LAS MUJERES O LOS HOMBRES SOMENTEN CONSTANTEMENTE A SUS PAREJAS A UNOS SUFRIMIENTOS GRANDES QUE DE HECHO ESTAN CONDENADOS POR DIOS, ASI EN NUESTRA TIERRA, EXITE MUCHA BRUJERIA HAY MUJERES QUE LE DAN BEBEDISOS A SUS PAREJAS PARA SOMETERLOS, SOMETIENDOLOS A GRANDES MARTIRIOS, YO CREIA QUE ESTO NO EXIXTIA PERO CUANDO HABLO CON MUCHA GENTE CONOCEDORA DE ESTOS TEMAS PARECE REAL, TAN A MENUDO HABLO CON PERSONAS DE MI TIERRA CON UNOS SUFRIMIENTOS DIARIOS MUY PROFUNDOS QUE LOS CONSUMEN Y DIA A DIA LOS MATAN, SON LOS MARTIRES DEL DIA A DIA, ES LA PELICULA QUE CADA UNO REDACTAMOS HASTA LA MUERTE, ME CONMOVIO UN CASO DE UN HOMBRE QUE TIENE, UN PEQUENO HIJO, TIENE UNA RARA ENFERMEDAD LOS MEDICOS NO LE HAN PODIDO DIAGNOSTICAR CLARAMENTE NADA AL PARECER SE RASCA MUCHO LOS TESTICULOS Y SE LOS LASTIMA, ME DIJO QUE FUE DONDE UN SACERDOTE QUIEN LE HABIA DICHO QUE SU PROPIA MUJER LE HABIA REALIZADO BRUJERIA, Y QUE POR ESO SU HIJO ESTABA ENFERMERMO, YO PENSABA EN ESTE PEQUENO MARTIR. COMENZANDO SU PROPIO LIBRETO, LES ENVIO A TODOS UN FRATERNO SALUDO . Y LES RUEGO OREN POR LAS NECESESIDADES DE MUNDO ENTERO SIN CANSARSE, YO POR MI PARTE PROCURO HACERLO, MIL BENDICIONES PARA TODOS VOSOTROS

  11. Roberto González on 8 agosto, 2011

    Es cierto lo que dice Juan Lafosse. «Necesitamos santos como ellos, que dieron su testimonio en la soledad y fueron olvidados, mucho más que santos exitosos y mediáticos. El éxito artístico y de público de esta película excelente, tan alejada de los patrones comerciales, debiera dar que pensar al Vaticano.» Pero… 2 cosas:
    1.- ¿que esperar del Vaticano …que no piensa, que está tan ensimismado y por eso a la vez incapaz de escuchar la voz y los signos de los tiempos?¿no Alcanzaron ni Juan XXIII, ni Pablo VI, ni el Vaticano II, olvidados y acallados? ni el martirio de comunidades enteras en los hornos crematorios que cocinan los grandes intereses del mercado en toda africa, en Medio Oriente, en Palestina, en Afganistan, en Centroamerica?
    2.- ¿Por qué no esperar de nosotros mismos, ya, una mayor disposición a poner nuestras pequeñas vidas en manos de Dios y de esa comunidad humana concreta, en el límite entre la miseria más abandónica y la delincuencia, que nos rodea y nos hace ese pedido de atención, tiempo, esfuerzo, plata a veces con tan malos modos… que nos atemoriza del mismo modo que el GIA argelino a los monjes trapenses?Por qué no optar por asumir nuestra casa, nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestra patria, así como está, como don de Dios y tierra de nuestra Misión para amarlas aunque duela?

  12. Juan Carlos Lafosse on 9 agosto, 2011

    Gracias, Sr. Roberto González, por proponernos asumir a nuestros hermanos como el don de Dios que son, a amar nuestra realidad con todas sus miserias. Esto es lo que yo creo que nos pide Cristo, ese testimonio de los monjes desde nuestro lugar, desde donde estamos.
    Es verdad que a veces puede darnos miedo, pero por poco que se mire aparece el dolor, aparece el hombre dejado por muerto de la parábola del samaritano que nos exige ser su prójimo.

  13. DorisDayana moreno. on 20 agosto, 2011

    LOS MARTITRES SON UN TESTIMONIO DE AMOR, YO LOS AMO Y LES AGRADEZCO POR SU TESTIMONIO, ESPERO SEGUIRLOS Y LLEVER MI MARTIRIO CON MUCHO AMOR Y FORTALEZA, PARA LA GLORIA DE DIOS

  14. jorge s de chile on 24 mayo, 2013

    os ruego a todas persona y religiosos qe me ayuden a ver la luz oren por mi jorge s de chikle ,para sanacion y liberacion

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